El rodaje de ‘King Kong’ en Gijón fue memorable. Se habÃa elegido el Cristo de la Iglesiona para la escena final, aquella en la que el gorila se encaramaba a la cima de un edificio, en este caso de la gran escultura situada sobre la iglesia del Sagrado Corazón, al estar en el corazón de la ciudad y, al mismo tiempo, a escasos metros del mar. La persecución desde el parque inglés, donde King Kong se escapó del circo montado por sus captores, hasta la iglesia, a lo largo del Muro de San Lorenzo, fue una de las escenas más complejas de la historia del cine, requirió miles de extras y una tecnologÃa punta para la época. Al llegar a la Escalerona, King Kong giró hasta el ParchÃs rodeado de coches de policÃa y helicópteros y fue allà donde comenzó a trepar iglesia arriba. Jessica Lange fue detrás. TenÃa una resaca brutal, tras haber asistido la vÃspera a una fiesta en el Oasis, pero hizo de tripas corazón y allá se fue, esplendorosa, detrás de la bestia. Entonces llegó la escena de los helicópteros, los disparos y la caÃda de King Kong frente al Antiguo Instituto, que hizo retumbar el suelo, rompió los cristales de algunas zapaterÃas y derramó los cafés del Bariloche.
Aquellas escenas estaban recogidas en las portadas de EL COMERCIO exhibidas en aquel gran escaparate de la calle San Bernardo. El periódico tenÃa una estanterÃa entera dedicada a los hitos de la época dorada del cine en Gijón. Allà nos detuvimos Tarita y yo en aquellos dÃas que pasamos en la ciudad, tras la gran fiesta en la finca de nuestros padres en la senda del Cervigón. La nostalgia nos invadió rápidamente. Bodas de famosos en San Pedro, fiestas nocturnas tras los rodajes, grandes comilonas, flashes de fotógrafos por todas partes, entrevistas para las revistas de cine de medio mundo… Y ahora estábamos allà en la acera ignorados por los peatones. Tarita no hacÃa una pelÃcula desde hacÃa treinta años y yo habÃa permanecido siempre en un segundo plano, dedicado primero al periodismo y luego a una editorial.
Ahora la fama se la llevaba su prima. La ‘Metro’ habÃa llevado de los dibujos animados al cine un episodio de Superratón con enorme éxito. Nadie como ella gritaba desde las vÃas de tren, atada por unos malechores, el auxilio de su héroe. “¡Superratón, superratón!”. El llegaba in extremis, con el tren casi encima de su amada, en la parada de Pinzales, y tras el rescate se producÃa una boda de pelÃcula. A aquel capÃtulo, rodado Ãntegramente en Gijón, le siguieron muchos más y alguna revista del corazón llegó a publicar con cierta mala intención ‘De Tarita a Lucita’, sin que eso hiciera mella en sus afectos.
Seguimos caminando por San Bernardo hasta la Plaza Mayor. En una terraza nos aguardaban Cráneo y Seseña. Enseguida distinguimos el sombrero de paja de él. Nos sentamos y escuchamos su propuesta, que nos habÃan avanzado la vÃspera. Mientras decidÃamos entre quedarnos en Gijón a vivir el resto de nuestros dÃas o regresar a la Polinesia a nuestra choza nos proponÃan una travesÃa por las islas griegas en un pequeño yate que acababan de comprar. QuerÃan ver mundo y nos invitaban a sumarnos a su aventura. Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos embarcados en el Muelle, con la proa hacia Luanco, donde harÃamos la primera parada para almorzar. Cráneo querÃa hacer escalas en Oporto, Cádiz y Cabo de Gata, para surcar luego el Mediterráneo e ir picoteando Grecia de isla en isla. Qué mejor epÃlogo para aquella vida de cine…


Este fin de semana os firmo unos autógrafos….
La dolce vita instalada en Gijón! Cuesta imaginarlo, pero suena atractivo. Nos falla el orbayu y el cielo gris perla que nos acompaña y que no pega nada en esta historia.