¡Música, maestro!

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 13-04-2014

Cuba era el destino preferido por los emigrantes avilesinos para buscarse la vida en el continente americano, donde iban para procurarse un trabajo y si pintaba bien la cosa hacer dinero, cosa que era casi imposible en la empobrecida Asturias.

Generalmente llegaban con una mano delante y otra detrás. Pero hay excepciones, faltaba más.

Porque hubo gente que llegó a Cuba no para trabajar en un negocio, sino para fundarlo. Es el caso del pianista avilesino Benjamín Orbón, que según la escritora cubana Irina Pacheco «desde que se radicó en Cuba, en 1910, se dio a la tarea de fundar y consolidar esta prestigiosa institución que hoy es el Conservatorio Orbón de La Habana».

Pero si lo del pianista avilesino en Cuba fue una excepción en la aventura indiana, lo de ser músico y vivir en Avilés, era más habitual de lo que se cree Y merece la pena conocerlo.

Es un fenómeno singular, éste del gusto avilesino por la música por lo que es objeto de estudio de importantes instituciones como la Universidad Complutense de Madrid, a través de un trabajo realizado, en 2008, por Carmen Julia Gutiérrez –profesora y directora del Departamento de Musicología– titulado «La Atenas de Asturias: el asociacionismo musical en Avilés entre 1840 y 1936». La cosa tiene canto.22.MUSICA MAESTRO. sociedad coral avilesina bis 300x204 ¡Música, maestro!

Debemos saber que la Academia o Sociedad Filarmónica de Avilés (más conocida como ‘El Liceo’) que funcionó entre 1840 y 1891 fue una de las primeras sociedades instructivo-recreativas musicales creadas en España, junto con las de Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla, Murcia, Alicante y Granada. Ahí queda eso.

Y tampoco está de más enterarse de que según cálculos referidos a 1868 –cuando Avilés contaba con 7.500 habitantes– tenía ya un centenar (número increíblemente alto, para entonces) de músicos en agrupaciones culturales.

A todos los estudiosos en la materia, les llama la atención que a principios del siglo XX, una villa ya entonces de 12.000 habitantes tuviera tres teatros funcionando (‘La Peña’ o ‘Somines’, el ‘Palacio Valdés’ y el ‘Iris’), donde aparte de actuar artistas de relieve nacional, abundaban compañías de aficionados locales que ofrecían representaciones, mayormente, líricas. Hablo de zarzuelas e incluso óperas, aparte de masas corales de categoría contrastada.

En 1890 el Ayuntamiento, siendo alcalde Atanasio Carreño Valdés –uno de los 13 hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés– decide la creación de una Escuela de Música, básica para la creación de una Banda Municipal de Música.

22.musica maestro.MOERENITO NUEVA. FOTO DE MARIA.FOTO 184 212x300 ¡Música, maestro!

Mario Ramón Fernández

Este ambiente cultural de Avilés –musical a todo trapo– lo tiene narrado el escritor Armando Palacio Valdés o escrito en prensa por críticos de prestigio como José Francés, secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Tengo leído que Concepción Arenal, que dedicó gran parte de su vida a la extensión cultural por toda España, tuvo una orquesta sinfónica en misión cultural ‘circulando’ por todo el país. La dirigía el destacado músico Jesús de Monasterio, quien le comentó a Concepción que «en Avilés interpretamos a Beethoven y a Mozart. El ‘minueto’ del cuarteto en re menor de Mozart entusiasmó a los avilesinos. El auditorio fue muy numeroso, paciente y educado, porque si la música de Mozart les satisfizo no ocurrió lo mismo con la de Beethoven que soportaron con gran resignación… Sin embargo en Gijón ocurrió todo lo contrario».

Siendo la música el medio de lenguaje más universal (aparte de los WhatsApp, claro), estos romances de Mozart con Avilés y de Beethoven con Gijón dan que pensar. Y es cosa fina, sociológicamente hablando, por lo afinado del tema.

De momento quede constancia de las asociaciones musicales históricas avilesinas: Academia Filarmónica de Avilés (1840–1891). Academia de Sabugo (1861–1874). Sociedad Santa Cecilia (1875–1891), Banda de Música La Industrial (¿….?– 1897). Banda Municipal de Música de Avilés (1891– ….), Agrupación Musical Obrera (1904–¿1908?). Asociación Coral Avilesina (1904–1915 y 1983–….). Sociedad Filarmónica Avilesina (1918–1930 y 1957–….). Sociedad de Amigos del Arte (1923–1951). Orfeón de Avilés (1925–1934). Coro del Ampurdán (1931–1932). Coro Avilesino (1932–….)

22.musica maestro. alvaro alvarez BIS1 266x300 ¡Música, maestro!

Álvaro Álvarez

Luego está –y ello será un episodio aparte– una generación intermedia, que abarca desde los años cuarenta, del siglo XX,  a los ochenta. Es la que lleva a cabo refundaciones corales y fundación de grupos nuevos. En ella hay gente de gran trascendencia socio–musical, de la que avanzo hoy algunos como Mario Ramón Fernández (Ramón ‘El Morenito’), Álvaro Álvarez, Jesús Muñiz (padre e hijo, más conocidos como ‘Los Perlitos’). Pero hay más, como veremos en su día.

Y finalmente, la generación la actual. Lo que va desde la producción musical a lo Béznar Arias –una suerte de embajador plenipotenciario de Bob Dylan en el norte de España– a la creación de orquestas como ‘Sabugo Filarmonía’ o ‘Julián Orbón’. Sin olvidar certámenes como el de ‘Música Religiosa’, al que le da alma, corazón y vida, José María (‘Chema’) Martínez y que celebra este año su treinta y siete edición.

Mientras tanto quédense ustedes, con Mozart en Avilés o en Gijón con Beethoven.

Esto de las preferencias musicales está estudiado también por el profesor Adrian North, de la Universidad Heriot-Watt de Escocia, en 2008. Después de entrevistar a mas de 36.000 personas estableció muchas categorías, por ejemplo, que los aficionados a la música clásica y el jazz son creativos; los amantes del pop trabajadores a sueldo y los fans del heavy metal -para que luego digan- tienen un carácter suave.

El caso es dar la nota.

El caso del ocaso de ENSIDESA

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 06-04-2014

El otro día charlando en la radio, sobre Avilés, salió a relucir la demolición de empleo sobrevenida aquí hace treinta años, o sea en la década de los ochenta del pasado siglo.

Como se sabe, la Villa del Adelantado, había sido convertida por decreto-ley en una nueva ciudad, allá por los años cincuenta del siglo XX del calendario cristiano. Un hecho actualmente considerado como el más transformador de la –ya de por si tan rica como antigua– historia avilesina.

El asunto consistió en que el Estado –valiéndose de aquel todopoderoso INI (Instituto Nacional de Industria)– sembró docenas de instalaciones para producir acero en la margen derecha de la Ría de Avilés. Componían una factoría que medía –desde los muelles del puerto hasta Tamón– más de once kilómetros de largo, dando empleo a miles de personas de Avilés, Asturias, España y parte del extranjero. Ahí queda eso. Puede parecer un remate de copla de Pasión Vega, pero las cifras cantan que Avilés pasó de unos 20.000 habitantes, en 1950, a 90.000 en 1988. Aquello fue la caraba.22.el caso del ocaso de Ensidesa HORNOS ALTOS 300x223 El caso del ocaso de ENSIDESA

El coloso, llamado ENSIDESA (Empresa Nacional Siderúrgica S.A.) era de tal calibre que ensombrecía las luces largas de otras importantes factorías de multinacionales del cristal, aluminio y zinc establecidas en la comarca avilesina.

Aparte de problemas a manta y sin cuento, que transformaron y trastornaron furiosamente la vida avilesina, aquello generó ríos de empleo.

Trabajar en ENSIDESA era como un seguro laboral para toda la vida. Aquel maná, caído del cielo, empleaba a 21.000 personas y generaba cerca de 25.000 puestos de trabajo inducidos en Asturias y unos 30.000 en el resto de España. Funcionaba el dicho –seguramente inventando por algún fracasado en el intento– de que ‘El que vale, vale, y el que no  ¡pa ENSIDESA!’

Pero, ay amigo, con chorradinas andábamos cuando la crisis siderúrgica mundial se presenta, sin saludar, en Avilés. Y empezamos a sudar tinta china en japonés, al ver como las pérdidas de ENSIDESA se medían por miles de millones de pesetas y aumentaban sin cesar.

Vimos como se paralizaron, cerraron y luego se merendaron, por arte de goma dos, instalaciones gigantescas que aún no habían cumplido ni los treinta años de vida. El gigante tenía los pies de barro, no en vano se había edificado sobre marismas.

Y nos dio el tembleque al comprobar que teníamos un porvenir incierto, después de veinte años de certeza consumista. No quisimos, o no supimos, ver lo que se nos venía encima –anunciado años antes en todo el mundo, pero que si quieres arroz Catalina que aquí no pasaba nada– por lo que la costalada que llevamos fue tan descomunal que aún seguimos, a día de hoy, en rehabilitación.

La respuesta –no había otra– fue un enloquecido remolino de asambleas, paros, manifestaciones y huelgas, que consiguieron –aparte de poner a los pies de los psiquiatras a buena parte del personal– identificar a ENSIDESA con Asturias y viceversa. ‘Salvar ENSIDESA es salvar Asturias’, rezaban las pancartas. Todavía quedan por ahí pintadas, que nos devuelven a aquella feroz decadencia industrial. Un tiempo de angustia, ansiedad y miedos. Parecido, de lejos, a lo de ahora.

Para Avilés y para Asturias, aquello no fue declive que valga, sino debacle a lo bestia, que derivó en brutales regulaciones de empleo en las pequeñas y medianas empresas, que vivían a la sombra de ‘la empresa’ (como llamaban sus trabajadores a ENSIDESA) y de ‘la empresona’ (como seguramente llamarán en Gijón a Hunosa).

Sin embargo con los empleados de las dos empresas estatales hubo más consideración, o sea miedo por parte de la autoridad competente, dulcificándose el conflicto con prejubilaciones anticipadas. Hubiera sido tentar al diablo –social y sindicalmente hablando– meter a los gigantes Hunosa y  ENSIDESA en el mismo saco que a las empresas que de ellos vivían.

La gran crisis siderúrgica mundial, agravada en España por el hecho de haberla abordada tarde, como casi siempre, hicieron de nosotros una historia de perdedores.22.EL CASO DEL OCASO DE ENSIDESA. Ensidesa e iglesia de Sabugo 196x300 El caso del ocaso de ENSIDESA

Y más cosas. Porque después de tantos años viviendo en INIlandia, la mayoría de habitantes de Avilés se habían dormido tan profundamente en los laureles de sus poderes adquisitivos, que no apreciaron que la ciudad estaba excesivamente dependiente de la gigantesca empresa estatal. No advirtieron, o no vieron, o no quisieron ver, como ENSIDESA había llegado a ‘tapar’ al Avilés histórico y a su meollo patrimonial. Parecían no existir más valores que los industriales, que cegaban cualquier tradición por antiquísima que fuera.

La empresa dominaba y protagonizaba en exceso la vida de Avilés. Y se juntó el hambre con las ganas de comer, porque al tiempo muchos estamentos de la ciudad (económicos, sociales, etc.) se dejaron dominar. Y en casos avasallar.

Un ejemplo de lo que digo y de la desorientación que se había adueñado de todo, fue la fusión futbolística del histórico Real Avilés con el ENSIDESA CF creando un nuevo club de fútbol bautizado como Real Avilés Industrial.

¿Industrial cuando la industria se estaba yendo directamente al carajo?

Pues sí Industrial. Porque lo impuso ‘la empresa’ en lo que tuvo toda la pinta de ser un gratuito acto de arrogancia de ENSIDESA, que aún perdiendo miles de millones a espuertas, todavía tenía poder para dejar sentado quien mandaba aquí. Lo había venido haciendo desde la década de los cincuenta. Y además, para rematar la faena, el nuevo equipo jugaría en Llaranes, el barrio siderúrgico, ya que el estadio del Real Avilés (propiedad municipal) era una ruina, por dejadez del Ayuntamiento en su cuidado.

Todo aquel proceso y sobre todo las formas utilizadas en el mismo supo, en algunos ambientes ciudadanos, a humillación. Y todavía hoy, a poco que revuelvas ese potaje, compruebas que este asunto de la fusión futbolística sigue constituyendo una herida abierta, quizás la más evidente para mostrar, y demostrar, las complicadas relaciones, que siempre hubo entre los representantes de la ciudad y los responsables de la siderúrgica estatal.

Total, que en Avilés, y a pesar de que el Rey de España inauguró, al final de aquella década, una nueva acería que supuso una muleta para sobrellevar la cojera siderúrgica no conseguimos salir de la depresión social, que desde entonces ya nunca aflojó hasta que llegó el Niemeyer, que esa es otra. Otra historia quiero decir.

Hoy la cosa sobre aquel caso del ocaso de hace treinta años –en la década de los ochenta– cuando la industria se desplomó, en caída libre, arrastrando con ella al empleo y este, a su vez, arrambló con dimes y diretes, como aquel de que ‘Dios creó a Adán y colocólo en ENSIDESA’.

En fin. Que pasaron varios años y solo los whiskys envejecieron bien.

En busca del tiempo perdido, entre La Magdalena y Versalles

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 30-03-2014

El lunes pasado estuve charlando con personas, en torno a los siete años de edad, entre La Magdalena y Versalles. Una gozada.

Y conste que ocurrió en Avilés. Porque dicho así parece que anduviese uno sentado en los jardines parisinos de Versalles, leyendo ‘En busca del tiempo perdido’ la gigantesca obra literaria de Marcel Proust, donde, como se sabe, rememora recuerdos de su infancia al comer una magdalena. Le salieron siete tomos, a este caballero francés. A mí me sale folio y medio, pero conste que estoy escribiendo en ayunas.22.A LA busca del TIEMPO MURAL CON ALUMNOS1 300x267 En busca del tiempo perdido, entre La Magdalena y Versalles

Fui al colegio ‘Marcos del Torniello’ para a hablar sobre las calles de Avilés, aunque no niego que puede que aprovechase la invitación del centro, como una perfecta excusa para camuflarme en el tiempo perdido de mis siete años.

Situado entre los barrios avilesinos de Versalles y La Magdalena, este colegio te recibe con un mural impresionante donde, en forma de banderas se reflejan las nacionalidades de los alumnos. Realizado con la intención de que los niños de otros países se sientan aquí como en casa, es una magnifica información visual sobre la mezcla de razas y nacionalidades que hoy se funden y confunden en Avilés.

Mis contertulios habían nacido, ya digo, hace unos siete años, edad húmeda, de esponjinas que todo lo succionan. Un tiempo en el que todo te moja y te mojas en todo y con todo.

Moló mogollón. Me quedé con la espontaneidad. Y con las ‘confidencias’ que te sueltan por lo bajini, por ejemplo uno me sopló al oído, que lo de las calles era un rollo. Hubo de todo, pero destaco a otros que querían saber el porqué había calles llamadas Concordia o Amistad, las que más conocen por ser de su barrio. Este fue uno de los mayores aciertos en los cambios de los nombres efectuados por la primera Corporación democrática en 1979, y que aquí en Versalles se tradujo en cambiar nombres de calles con batallas de guerras (Brunete o Ebro) por otros que remitieran a la avenencia. En sustituir la guerra por la paz. Glorioso.

Y es que los diversos nombres que a lo largo del tiempo han tenido las calles de Avilés son, generalmente, un reflejo del tiempo histórico español.

Pero la ciudad ha sido tan rigurosa a la hora de colocar en paralelo su callejero con los acontecimientos sociopolíticos nacionales, que muchos, estudiosos y curiosos, acaban hasta el moño de tanta nomenclatura alterada y trastornada, con calles que cambiaron hasta cinco veces de nombre.

En Avilés (en cuyo centro y radiales hay 238 calles, 16 avenidas, 22 plazas, 11 travesías, 22 caminos, 3 callejas y 1 pasaje) el asunto de los nombres viarios es a veces conflictivo y pone a algunos al borde de un ataque de nervios.

Por ejemplo, cuando, en 1892, el Ayuntamiento cambió el nombre a una calle transversal de La Cámara (que la gente ya había bautizado como ‘De Los Cuernos’) para ‘dignificarla’ con el nombre de Alfonso VII, monarca castellano que refrendó el Fuero medieval de Avilés. La medida originó un pifostio cuyo reflejo, en la prensa de entonces, fue una encendida soflama rimada por José Martín Fernández –un escritor tan ingenioso y divertido como ignorado– y que titulada ‘Alfonso VII’ rimaba con coña el cabreo de algunos:

22.a la busca del tiempo perdido.Calleja los cuernos. cimg2822 BIS1 234x300 En busca del tiempo perdido, entre La Magdalena y Versalles

Calle Alfonso VII (Calleja Los Cuernos)

‘Alfonso VII es nombre

que han querido dar

a una estrecha travesía.

No hay avilesino hoy día

que la quiera así llamar,

pues, lector, como sabrás

hay nombres que son eternos

y calleja de los cuernos…

¡será por siempre jamás!’.

Un encabronado asunto callejero este, si encimas damos por cierta la teoría de que esta estrecha calle fue llamada así, más que por un matadero que dicen allí ubicado, por los cuernos que una joven ardorosa, residente en la calle y de conocida familia (y este es el morbo de la cosa) le ponía a su marido.

También hubo pintorescos comportamientos como el de quien habiendo sido distinguido  con una calle, dijo que con una calella iba que chutaba. Es el caso del popular y sardónico poeta local  ‘Marcos del Torniello’ (cuyo nombre lleva el colegio del que hablo) quien en la inauguración de su calle celebrada en un caluroso día, dio las gracias a las autoridades armonizadas de esta guisa:

‘Con este calor que fai

azúmbame la pellella,

con este guirigay

d’honráme con una cai

sobrándome una calella’.

1490 CALLES 300x190 En busca del tiempo perdido, entre La Magdalena y Versalles

Calle Ruiz Gómez (Calle La Cárcel)

Luego está la calle Ruiz Gómez, un ministro avilesino que ha pasado a la historia del callejero, pero no de la popularidad. Porque a la calle que le dedicó el Ayuntamiento, casi nadie la conoce por su nombre, sino por el de ‘La Cárcel’, asunto que tiene coña, para dar y tomar, sobre todo cuando se sabe que en dicha calle hubo un establecimiento penitenciario –construido en el siglo XIX con piedras de la muralla– que hoy en día es Oficina de Turismo, y a la que los empleados municipales se refieren –o se referían hasta no hace mucho– entre ellos, familiarmente para nombrarla, como la cárcel.

Tuve yo, hace años, un conocido empeñado en que Avilés se internacionalizara valiéndose de iniciativas como ponerle el nombre de calles a famosos universales, y la primera en la lista era su idolatrada María Callas. Y pasó una temporada mandando cartas a los periódicos, razonando que si Avilés era la Atenas de Asturias, que menos que dedicarle una calle a la gran diva de la ópera griega que incluso tenía un museo en Atenas. Fíjate.

La cosa acarreaba las consiguientes dosis de coña, cuando le preguntábamos, con retintín: ¿Qué? ¿Calle Callas? Y él contestaba iracundo, siempre lo mismo: ¡Cállate! Y reventábamos a carcajadas.

Total, que el otro día volví a darle un bocado a la magdalena de Proust, aquí en La Magdalena de Avilés, lugar en el que nunca cayó el novelista francés.

Y ya me callo. Que hoy los como. Ya dije antes que estaba en ayunas.

‘Guantanamera’, el gran éxito de un son cubano con retoque avilesino

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 23-03-2014

Si les digo que ‘soy un hombre sincero de donde crece la palma y antes de morirme quiero echar mis versos del alma’ no les estoy cantando nada, sino contando algo sobre una de las canciones –en lengua castellana– más famosas que se conocen. Y en eso han tenido un considerable protagonismo el español, Julián Orbón, y el cubano José Martí.

Echo mano de un par de apuntes. Uno, sobre José Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853 – Dos Ríos, Cuba, 19 de mayo de 1895), hijo de emigrantes catalanes en Cuba, que lo enviaron a España a cursar Derecho y Filosofía en Madrid y Zaragoza. Fue un importante político y un gran escritor con una destacada labor poética. Está considerado uno de los padres de la independencia cubana y su figura es venerada. Esto por un lado.

22.guantanamera. JOSE MARTI. IMG 7159 225x300 ‘Guantanamera’, el gran éxito de un son cubano con retoque avilesino

Plaza José Martí, en Avilés.

Que por el otro, está Julián Orbón de Soto (Avilés, 7 de agosto de 1925 – Miami. USA, 21 de mayo de 1991), llegado muy joven a Cuba, donde fue un destacado músico, profesor y sobre todo compositor de música clásica. En 1986 se le concedió el título de “hijo predilecto” de Avilés, donde el Conservatorio municipal lleva su nombre.

Pero las sinfonías, sonatas y cuartetos de Julián Orbón están bajo la larga sombra de una popularísima canción. Se trata de una antigua tonada cubana –‘La guantanamera’ la llamaban– que fue aireada por el músico Joseíto Fernández en programas radiofónicos en La Habana. Julián Orbón –que era un gran estudioso de la música popular– adaptó la tradicional canción a unos hermosos versos, por él escogidos, de José Martí.

Cintio Vitier escribe en su libro ‘Lo cubano en la poesía’: «Era una experiencia inolvidable oír a Orbón cantar los versos de Martí con la música de La Guantanamera».

Y así estaban las cosas hasta que, en 1962, llegó a Cuba Pete Seeger, a quien en una visita a un campamento escolar, los niños le pidieron que interpretara una canción que les había enseñado uno de sus instructores. Se referían a Héctor Angulo, un alumno aventajado de Julián Orbón. Al mítico cantante folk le fascinó el son y a partir de ahí ‘Guantanamera’, con su ritmo pegadizo, prendió y comenzó a volar.

Y la incorporan a su repertorio multitud de intérpretes, de Pete Seeger a Julio Iglesias pasando por Plácido Domingo, de Joan Baez a José Feliciano o de Celia Cruz a Luciano Pavarotti.

22.GUANTANAMERA. El Padrino 300x229 ‘Guantanamera’, el gran éxito de un son cubano con retoque avilesino

Los Corleone con música guantanamera.

Pero también trasciende a ellos y se convierte en ritmo espontáneo de multitudes en los campos de fútbol, con miles de aficionados (peñas, hooligans, ultrasur, etc) que la utilizan, generalmente, para desalentar al contrario. Se puede oír, constantemente, de fondo en la retransmisión de los grandes eventos deportivos.

Por ejemplo, el estribillo ‘Guantanamera, guajira, guantanera’, lo sustituyen miles de voces en el Camp Nou, de Barcelona, por ‘Vete a la mierda, Mourinho, vete a la mierda’. O en el Santiago Bernabeu, de Madrid, corean latiguillos como: ‘Sal de armario, Guardiola, sal de armario’. Es moda nacida en Irlanda, que pasó a Inglaterra y luego saltó al continente. En América más lo mismo. Un fenómeno socio-musical.

Está en varias películas, pero destaco la, hoy, considerada como una de las mejores de todos los tiempos, ‘El Padrino’, de Francis Ford Coppola y en su ‘Parte II’ (1974), suena –con altibajos– ‘Guantanamera’, cerca de tres minutos, como música de fondo en un parque [ambientado como] de La Habana donde –a la sombra de un sombrilla de encaje y seda– están Michael Corleone (Al Pacino) y su hermano Fredo (John Cazale), tomando una soda y un ‘banana daiquiri’, mientras hablan de chantajes, venganzas y de su padre, Vito Corleone (Marlon Brando). Se puede localizar, esta secuencia, a partir de 1 hora, 24 minutos y 36 segundos del inicio de película. Docenas de decenas de millones de personas han visto, ven y verán este clásico cinematográfico, donde ha quedado archivada la Guantanamera ‘pa’ los restos.

22.guantanamera.Julian Orbón.1 219x300 ‘Guantanamera’, el gran éxito de un son cubano con retoque avilesino

Julián Orbón

En Avilés, hay una reciente plaza formada por la trasera de un edificio del siglo XIX, una pawlonia, un paredón y una medianera, cubiertos estos dos por espléndidos murales –de Ramón Rodríguez– y tal parece aquello un islote caribeño. La plaza, ubicada aledaños del casco histórico, lleva por nombre José Martí y su busto está al pie del mural ‘Cubavilés’, gigantesca recreación de la hoja de la palma caribeña y del carbayo asturiano. Esta estampa –que deja a sus espaldas el gótico palacio de Valdecarzana (siglo XIV) – mira hacia la armonía arquitectónica, tan sensual la condenada, del Centro Cultural Internacional “Oscar Niemeyer” (siglo XXI).

Cualquier visitante que descubra este espacio urbano valorará, de sopetón, el bendito cosmopolitismo del que ha gozado esta ciudad a lo largo de su historia y también de su estrecha relación con Cuba, meta de miles de emigrantes avilesinos en el pasado. Y fue el dinero de los indianos avilesinos en la isla del Caribe, el que hizo posible gran parte de la antigua industrialización de Avilés, donde también hay una calle dedicada a Cuba. A la fuerza tiene que haber ritmo, chispa, compás, cadencia, destello o fulgor –al derecho o al revés– entre Cuba y Avilés.

Y dejo de contar porque me pongo a cantar aquello de… guantanamera, guajira, guantanamera…

¡Aire!

Marta y María, famosas hermanas de mucho realce en Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 16-03-2014

Este diario que tiene usted entre las manos, o que le sostiene virtualmente su ordenador, es nada menos que el vicedecano de la prensa asturiana.

LA VOZ DE AVILÉS nació el domingo 26 de enero de 1908. Su primer número fueron cuatro páginas en formato sábana, donde se entremezclaban parabienes, editoriales, noticias locales y unas ‘pingaratas’ de nacionales, que entonces la información estaba tan cara como estrecha de cauces por donde discurrir. Pero el signo de calidad (dejando aparte el carácter pionero de LA VOZ), la guinda de aquel histórico pastel informativo, fue la publicación del primer capítulo de un folletín  de Armando Palacio Valdés «el mas grande novelista español y el más conocido en el extranjero» según el nuevo diario.  El folletín (elemento, entonces, muy usado por la prensa) transcribiría diariamente y hasta el 17 de septiembre la famosa novela ‘Marta y María’. Y el autor –al que tiene tan estudiado Francisco Trinidad– era por entonces escritor de relumbrón nacional e internacional.221.MARTA Y MARIA. PARECE LA MEJOR DEL telon teatro palacio valdes. 246x300 Marta y María, famosas hermanas de mucho realce en Avilés

Marta y María de Betania, son nombres de resonancia religiosa, a cuyo hermano Lázaro, según los Evangelios, resucitó Jesucristo. Por ello el arte se ha preocupado de la figura de estas dos mujeres de Judea, siendo motivo de maravillosos cuadros de pintores geniales como Tintoretto o Caravaggio, aunque ninguno, creo yo, como el Velázquez, autor de un magnífico ‘Cristo en casa de Marta y María’.

Pero regresemos a la tierra de Carreño Miranda, donde también  son famosas otras dos hermanas del mismo nombre, aunque de apellido Elorza, por el hecho de ser las protagonistas de la segunda –y una de las más famosas– novela de Armando Palacio Valdés: ‘Marta y María’.

La escribió en 1893 y la acción –que transcurre en un Avilés disfrazado para la ocasión con el nombre de Nieva– recuerda en cierto modo el episodio evangélico, que Palacio Valdés traspone de tal forma que María representa el amor místico, mientras su hermana Marta tiene un sentimiento más ajustado a la realidad. Al final, será Marta la que se lleve el gato al agua, casándose  con el antiguo prometido de María.

El escritor, que había pasado su niñez en Avilés, situó el escenario principal de la obra en el palacio de García Pumarino (también conocido como de Llano Ponte) situado frente a su anterior domicilio avilesino, en el número 8 de la calle Rivero, cosa de la que intenta informar una placa ilegible, allí colocada. El libro abunda en la descripción de diversas zonas de la Villa que el autor tanto y tan bien conocía. En 2010 ha sido reeditado, sépanlo quienes quieran, que al tiempo que gozar de una buena lectura pueden conocer un poco más Avilés.222.MARTA Y MARIA. estatua.Marta y Maria.Favila.CIMG4383 300x225 Marta y María, famosas hermanas de mucho realce en Avilés

En su estreno fue un éxito de crítica y público. Y no fue llevada al cine, como muchas de las novelas de Palacio Valdés, pero el cine vino a ella, en 1949, cuando un empresario avilesino tuvo la idea de dedicar el antiguo palacio –que también fue colegio y convento– a sala cinematográfica. Claro, que a costa de arrasar el interior palatino, artística capilla incluida.

Yo creo, y algo tengo escrito, que esta mansión es el colmo de la inspiración encadenada, ya su arquitectura está imbuida por la del cercano municipal, y si para Palacio Valdés fue uno de los motivos de inspiración para escribir su novela al propietario del inmueble le influyó tanto la obra literaria que bautizó el nuevo local de exhibición cinematográfica como ‘Marta y María’.

Antes de eso, cuando el coliseo avilesino (llamado ‘Palacio Valdés’, como se puede imaginar quien no conozca Avilés) abrió sus puertas en agosto de 1920, el público se preguntaba por la gran pintura plasmada en el telón del escenario. Pocos sabían que había sido obra del andaluz Manuel Marín Magallón (1866-1933), escenógrafo y profesor de Bellas Artes de San Fernando, que reprodujo una escena de la novela, en la que María interpreta un fragmento de ‘La Traviata’. Y ahí sigue –sube y baja– el telón.223.MARTA Y MARIA. LIBRO DE PALACIO VALDÉS 202x300 Marta y María, famosas hermanas de mucho realce en Avilés

Marta y María han entrado también en el mundo de la escultura, de la mano de Amado González Hevia ‘Favila’. Es una obra realizada en 1999 e instalada en la calle Constantino Suárez ‘Españolito’, en un entrante del hotel ‘Silken’ de Avilés ya que es propiedad del dueño del edificio. Su sitio quizá debería ser otro, más cercano a la vivienda que en la calle Rivero habitó Palacio Valdés y al palacio situado frente a la misma, tan ligado por su nombre –como sala de cine– al gran autor asturiano. Pero las cosas son como son, estas esculturas de bronce y a tí te encontré en la calle.

Caso notable, el de este palacio que por ser dedicado a cine se quedó solo en fachada, y que ahora que ya no hay cine – cerró en septiembre de 2013– le vendría al pelo una estatua allí delante, aunque solo sea para que aquel espacio siga recordando a Palacio Valdés, cosa que no hace una desgracia de placa, que no hay su tía que la lea, cosa que intentan mascullando improperios los, nativos y forasteros, que pasean y admiran el casco histórico de Avilés.

Con lo fácil que sería aplacarlos.

El alfolí de Avilés, aquel fabuloso salero medieval

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 09-03-2014

El puerto de Avilés era la principal puerta de mercancías por vía marítima del norte atlántico. Una ruta comercial, de la que formaban parte en el interior peninsular las entonces ciudades más importantes: Oviedo, León, Astorga y, por un pelín, Valladolid. Por Avilés entraba y salían la mayoría de los productos destinados, o procedentes, de dichas poblaciones.

Así estaban las cosas hace unos 600 o 700 años, cuando el más importante puerto asturiano era –tanto por la seguridad que procuraba a las embarcaciones su situación al fondo de una ría ausente de oleaje bravo, como por su cercanía a los centros de poder de las poblaciones citadas– uno de los más activos del Cantábrico.

22.alfoli de aviles.BIS 1 223x300 El alfolí de Avilés, aquel fabuloso salero medieval

Rutas del comercio de la sal (Gráfico de J. I. Ruiz de la Peña)

Por si esto fuera poco disponía, Avilés, en el muelle de unos importantes almacenes de sal o alfolíes. Y esto ya era el acabóse.

Tener sal en abundancia era riqueza por un tubo. El recordado Cronista Oficial de la Villa de Avilés, Justo Ureña, lo ilustraba diciendo que ‘Avilés fue entonces una especie de Kuwait medieval’.

Ya los emperadores romanos, siempre tan espabilados –menos algún piernas como Nerón– pagaban a sus legionarios con pequeños saquinos de sal, era el llamado ‘salarium’, o sea el salario. El valor de la sal venía dado, no solo por su uso como condimento de las comidas o en la industria curtidora de pieles, sino –y principalmente– como conservante.

Quien tenía sal podía almacenar alimentos sin que se le pudrieran y eso comercialmente hablando era un pozo sin fondo, de dinero. O sea, de poder. Un poder que duró hasta que inventaron la electricidad y llegaron congeladores, frigoríficos y demás familia.

Para explicar el Avilés salado y resalado, hay que bajar hasta el siglo XII, cuando ya tenía murallas que la defendían y espadaña sobre una iglesia de traza románica bajo la advocación de San Nicolás de Bari, santo turco cuyas cenizas fueron llevada a Italia que, como no, exportó su devoción. Por entonces, en Inglaterra, era asesinado, por orden de Enrique II, el arzobispo de Canterbury, Tomas Becket (1118-1170) que se enfrentó al poder real y Real. Y como la cosa va de santos, pues también fue el siglo en que Francisco de Asis (1182-1226) fundó la orden de los franciscanos, que llegarían a Avilés en la centuria siguiente, justo cuando en el pueblo de Sabugo -separado de la Villa por los muelles del puerto y el río Tuluego, pero sobre todo por eso tan de siempre llamado clases sociales- comienza a construir su iglesia dedicada Tomás de Canterbury, santo inglés, de película protagonizada por Richard Burton y Peter O’Toole.

Saco a relucir el santoral para que a través de él se vea que en Avilés, en aquel siglo XII, ya estábamos a la última. Teníamos información y contacto con otros países por vía marítima, la más rápida que había, una especie de Internet a remo o con vela.

No es que fuera como las moderneces de Bill Gates o de Steve Jobs, pero la comunicación del puerto de Avilés con otras de aquí y del extanjero, procuraba cosmopolistismo cosa fina. Es decir: conocimientos e ideas, y el correspondiente intercambio con otros pueblos y culturas. Intelectualmente estábamos en la pomada.

22.alfolies bil.99.IMG 6655 300x225 El alfolí de Avilés, aquel fabuloso salero medieval

Al lado de la histórica iglesia y al fondo, en el lugar que hoy ocupan el grupo de casas, estuvieron situados los alfolíes avilesinos.

Materialmente, de todos los productos con los que traficaba Avilés, sin duda fue la sal la que provocó un mayor desarrollo comercial en la población. Muy pronto se demostró su valor estratégico en lo económico y muy poco tiempo tardó la Corona en hacerse con el monopolio de su almacenamiento y distribución, por el que percibiría sustanciosas rentas.

Teníamos el más importante almacén de sal de Asturias. Y de él dependían el resto de los núcleos de almacenaje más próximos (Villaviciosa, Llanes, Luarca, Gijón y Pravia), fijándose desde Avilés las normas e incluso las unidades de medida para el comercio de sal, que tenía variada procedencia, por ejemplo la que nos llegaba desde el puerto francés de La Rochelle, la famosa sal de Saint Nazaire, hoy ciudad hermanada con Avilés.

Los alfolíes, estaban a pie de obra, o sea en el muelle tradicional de Avilés, donde sazonaban el pescado para su traslado al interior peninsular que también necesitaba de sal empaquetada, para sazonar las carnes.

Los almacenes salíferos estaban en el meollo urbano del poder medieval avilesino. Unos escasos metros donde se amontonaban el puerto, dos puertas de la muralla (la del Mar y la del Puente), la casa palacio de Los Alas y también luego Camposagrado, la iglesia de San Nicolás de Bari (hoy ‘De los Padres’), plaza de Carlos Lobo (entonces plaza San Nicolás), capilla de los de Las Alas (delante de la cual se reunía el Ayuntamiento) y el tramo final de la calle mayor, o sea La Ferrería.

Fue una época dorada para Avilés. Y a efectos de ‘grandeur’, de poderío, para ver algo parecido a la riqueza generada por los alfolíes de la sal, hubo que esperar a que en el siglo XX nos cayera una ENSIDESA encima y nos hiciera líderes europeos en la industria del acero.

Pero ‘La Empresa’ –como llamaban sus trabajadores a la siderúrgica– también desapareció y con ella empleos a millares. Y en la calle de Los Alfolíes, una de las mas cortas de Avilés, cerraron, el otro día como el que dice, ‘La Parra’ (Merluza a la avilesina) y ‘El Llagarón’ (Rioja quinto año Berberana). Hoy solo quedan cuatro faroles y a media luz, por lo que te puedes topar de sopetón con la crisis en cualquier esquina, sin comerlo ni beberlo.

Son tiempos de sangre, sudor y lágrimas. Elementos del cuerpo humano, todos ellos, con sabor a sal. Lo que son las cosas, oiga.

Menos mal que después de una semana de aguaceros y huracanes, hoy, aquí en Avilés, donde estuvo el fabuloso alfolí de la sal, salió el sol.

El que no se consuela es porque no quiere. 

Cuatro, de los trece, hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 02-03-2014

22.carreño valdes. calle Ferreria.mas fondo 219x300 Cuatro, de los trece, hijos de Pantaleón Carreño y Dominica ValdésPantaleón Carreño García vivía en la calle de La Ferrería, casi en su inicio, en la zona porticada de la derecha. El inmueble –integrado en el conjunto de casas, con estrecho soportal, que todavía hoy podemos ver– era conocido como ‘Casa de Carreño’. Por entonces, a principios del siglo XIX, la gente rica (excepto los marqueses con palacio bajo y plantas, capilla adosada y bosque privado) residía, en esta calle, la principal de Avilés desde la Edad Media.

Pantaleón, cuando casó con Dominica Valdés siguió viviendo en ella y allí nacieron los hijos del matrimonio. Carreño era un destacado hombre de negocios relacionados con el sector naval. También fue alcalde, en 1833, histórico año en el que llegó la industrialización a la comarca avilesina de la mano de la Real Compañía Asturiana de Minas, que se estableció en Arnao para sacar carbón bajo el mar.

Pantaleón y Dominica educaron a sus trece hijos con indudable provecho y al menos cuatro de ellos fueron gente de llamar la atención. Para muestra, no un botón sino cuatro bautizados como Feliciano, Eduardo, Pedro y Eladio. Unos chavales que demostraron ser de una pasta especial cogiendo el petate y largándose a Francia, Inglaterra o a Cuba, que entonces era una provincia más de España, pero que estaba en casa el carajo a semanas de navegación a bordo de barcos canijos.

Fue gente que pasó por esta vida viento en popa a toda vela, destacando en diferentes ámbitos: científicos, pedagógicos, políticos y literarios. Y el colmo es que dos de ellos, Eduardo y Eladio, fueron de los primeros asturianos que pasaron a la historia visual al ser registrada su cara en papel (‘daguerrotipo’) gracias al invento fotográfico, nacido entonces.

Pasen y lean.x soportales calle ferreria UN LABERINTO 221x300 Cuatro, de los trece, hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés

Feliciano Carreño Valdés (Avilés,1813–San Diego de los Baños. Cuba, 1847) fue de muy joven a Inglaterra estudiando en la universidad de Oxford, donde adquirió una completa formación humanística. Cuando terminó regresó a Avilés, y dos años más tarde cogió otro barco que lo llevó a Cuba. Allí fracasó en los negocios, que no era lo suyo, y entonces se dedicó de lleno a la enseñanza, tanto de ciencias como de letras, porque Feliciano  le daba a los dos palos. Pronto se convirtió en un personaje, por sus colaboraciones literarias y su participación en la creación de sociedades educativas por la isla caribeña. Obsesionado por las bondades de la cultura, reunió una fabulosa biblioteca, en la que se incluían libros editados en los Estados Unidos de América y parte de la cual parece que fue donada a la Escuela de Artes y Oficios de Avilés, por su hermano Pedro a quien se la había dejado Feliciano en herencia, y que fue encontrada el otro día (febrero de 2014), en el cuarto de los trastos de dicho centro. Bienvenida sea la valiosa colección de Feliciano Carreño Valdés, restáurense los libros con diligencia y cuélguense en el tendal de la cosa cultural.

Luego está Eduardo Carreño Valdés (Avilés, 1819–París, 1841), médico y botánico, dedicado a la investigación. Para darse una idea, cuando murió, en Paris a los 23 años de edad, ya era un científico de prestigio que trabajaba con los padres la ciencia botánica, figuras universales del calibre del español Mariano Lagasca o el suizo Pierre Edmond Boissier. Tanta era ya su reputación (repito: 23 años) en esa ciencia, que el gran Boissier homenajeó a Carreño bautizando una planta con el nombre de ‘Carregnoa’. En Avilés, una calle lleva el nombre de Eduardo Carreño Valdés, personaje al que LA VOZ DE AVILÉS dedicó un episodio el 2 de junio de 2013 (en la edición digital se localiza en http://blog.elcomercio.es/episodios-avilesinos/tag/eduardo-carreno-valdes/)

Su hermano, Pedro Carreño Valdés (Avilés, 1821–1879) fue un escritor que también emigró a La Habana, al cobijo de su hermano Feliciano. Allí se dio a conocer como periodista y también como autor teatral, representándose sus obras en diversas ciudades cubanas, tarea que continuó al regresar a a Gijón, al cobijo de su [otro] hermano Eladio. Colaboró en diversos medios asturianos entre ellos ‘El Eco de Avilés’ (primer periódico de la historia local) y ‘La Luz de Avilés’. Su autoría teatral fue tan fecunda como poco conocida; tiene publicadas y representadas nueve comedias, siete dramas y hasta una zarzuela, con título de tesina sociológica, ‘El industrial de nuevo cuño’. Dejó inédito un volumen de poesía y cuatro comedias.

Otro que se las traía fue Eladio Carreño Valdés (Avilés 1834 – Gijón, 1901) médico, periodista y político. Siendo apenas un adolescente, su hermano Feliciano –nuevamente–  le animó y convenció para que emigrase a Cuba. En La Habana completó estudios y posteriormente cursó medicina. Pero Eladio tenía morriña, así que dejó el Caribe y regresó al Cantábrico, tocando puerto en Gijón donde aposentó. Ejerció de médico en el Hospital de Caridad de Gijón y de profesor en el Instituto Jovellanos. Al igual que sus hermanos fue incansable en sus actividades, que tan febriles fueron que me obliga a resumir las más notorias, como que fundó el Partido Republicano Federal (de trazas liberales) y en 1873 –tiempos de la Primera República española– llegó a ser Alcalde de Gijón. Y luego siguió fundando, que es gerundio, tres periódicos y un semanario. Formó parte del grupo de notables que puso en marcha el famoso Ateneo Obrero, la mayor referencia asturiana de la cultura popu­lar. En la polémica portuaria tomó partido por la construcción de un gran puerto en El Musel y también acertó. Gijón, donde fue persona muy querida, le ha dedicado una céntrica calle, al lado del paseo marítimo de San Lorenzo.

Tremenda estirpe, al menos la navegante aquí narrada. De los que quedaron en tierra hay noticias de Emilio Carreño Valdés que fue alcalde de Avilés de1881 a1887 y Atanasio Carreño Valdés que también lo fue y por duplicado: de1872 a1874 y de1887 a1891.

Tiene dicho el filósofo que «hay que volar a todos los vientos de todos los mares, pero hay que procrear en un nido». El que hicieron Pantaleón Carreño y Dominica Valdés, en la calle La Ferrería de Avilés, fue de restallo.

El castillo de Gauzón, la raíz cuadrada de Asturias

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 16-02-2014

22.gauzon. CRUZ DE LA VICTORIA bis 231x300 El castillo de Gauzón, la raíz cuadrada de AsturiasLa del castillo de Gauzón es una toda una historia, de la Historia de Asturias, que demuestra que sus raíces son bastante más profundas que lo que hasta ahora habíamos imaginado o mitificado, cuando no inventado.

Este baluarte –poderoso guardián defensivo enclavado a orillas de la Ría de Avilés para proteger su puerto de los piratas vikingos y árabes– nos está siendo mostrado por los mismos arqueólogos que antes nos habían demostrado que estaba en Raíces, municipio de Castrillón,  comarca de Avilés.

La arqueología nos está sacando de pobres, a efectos históricos del nacimiento de Asturias Patria Querida.

Ya decía Agatha Christie que un arqueólogo es el mejor esposo que puede tenerse. Y razonaba, la novelista inglesa, que el arqueólogo a medida que su mujer envejece más se interesa por ella.

Lo del castillo de Gauzón era una cicatriz que no cerraba y ahora es toda una resurrección histórica, un puzle que los datos van completando a medida que avanzan los descubrimientos en las excavaciones.

Fue como una película de Indiana Jones. Se sabía que la Cruz de la Victoria, el símbolo de Asturias, estaba fabricada en el castillo de Gauzón (dato que figura en el reverso de la joya y que es todo un anticipo del ‘Made In Spain’) en el año 908 de la era cristiana, pero se desconocía el emplazamiento exacto de este castillo donde se labró el santo grial, cívil, de los astures.

¿Donde demonios estaría emplazada la mítica fortaleza de Gauzón? Esa fue pregunta y discusión que distrajo, y que trajo de cabeza, a historiadores, cronistas y demás familia. Los hubo que acertaron de pleno, a pesar de hacer la apuesta hace cinco siglos. Ese el caso de  Luis Alfonso de Carballo cuando escribe –en el siglo XVI– que «el castillo de Gauzón debía de estar hacia la barra de la ría de Avilés, en donde llaman El Castrillón». Había teorías para todos los gustos, por ejemplo que la edificación estaba en la península de Nieva, cerca de donde hoy se levanta el faro de Avilés.

Y entre dimes y diretes, fueron pasando los años, que se hicieron siglos, hasta que entre finales del XX y principios del XXI la decisión política –de distintas corporaciones de Castrillón y de diferente signo político, cosa tan loable como infrecuente en estos menesteres de investigación histórica– de apoyar las excavaciones propuestas por los arqueólogos en Raíces, el emplazamiento más probable, señalado por los estudiosos en la materia, del castillo.

Y comenzaron a trabajar en la zona antigua de Raíces, donde había cuatro casas, una cuadra y un peñón.

Y en unos años la cuadra se convierte en lo que fue: un monasterio medieval, de frailes franciscanos y mercedarios calzados, al que la incuria había convertido en cobertizo (episodio ya descrito). Y a partir de 2007 comenzó a mostrarse el castillo de Gauzón. Allí, en el peñón.

Las excavaciones arqueológicas arrojan resultados impactantes. Por ejemplo, permiten realizar una secuencia de la ocupación del castillo de Gauzón que se inicia entre los siglos VII y VIII (mucho antes de lo que se venía suponiendo), lo que hace bambolearse los tan escasos, como endebles, datos sobre los orígenes de la historia de Asturias y su monarquía. Aparecen espacios de murallas, estancias, etc., que arman el rompecabezas.

Lo posible era real. Y resultó que las raíces estaban en Raíces, donde la Historia y Asturias están a partir un piñón. No conozco topónimo tan rotundo como éste.

Los hallazgos del castillo de Gauzón quizás tengan consecuencias, también, sobre la historia de Avilés, que –como se sabe– ignora su fecha de nacimiento. Puede que, de ésta, consiga no solo su partida de bautismo sino hasta la de la confirmación.

Está regresando el castillo de Gauzón, fortaleza defensiva del puerto y la villa de Avilés y de Oviedo, capital del Reino de Asturias. Retorna el singular centro de orfebrería de aquel reino asturiano teñido de visigodo. Es una reconquista en toda regla, una raíz cuadrada histórica.

Son catorce mil, los metros cuadrados que abarca este yacimien­to arqueológico –siempre bajo la excelente dirección de Iván Muñiz y Alejandro García– donde están desnudando, con celo y delicadeza, la fortificación.

En los inicios del siglo XXI, lo del castillo de Gauzón es una excitante erección del tiempo pasado. Porque éste levantamiento de la más importante edificación medieval asturiana, mostrando sus secretos, apasiona cada vez más  a medida que avanzan las campañas arqueológicas efectuadas en tiempos de verde y calor –primavera y verano de cada año– en la roca de Raíces.

Pura lujuria histórica la de ésta fortaleza roquera.

Pedro Menéndez de Avilés es festejado a lo grande en los Estados Unidos de América

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 09-02-2014

22.MENENDEZ DAY.recreacion pedro menendez en 2010.jpg BIS 300x207 Pedro Menéndez de Avilés es festejado a lo grande en los Estados Unidos de AméricaEscrito está, en los manuales de historia que Pedro Menéndez de Avilés nació en la histórica villa asturiana, situada en la costa norte atlántica española el 15 de febrero de 1519, y que falleció en Santander, también a orillas del Cantábrico, el 17 de septiembre de 1574.

En sus 55 años de vida hizo bastantes cosas. Fundamentalmente fue navegante, pero también soldado, gobernador de la isla de Cuba y atinado cartógrafo, pero sobre todo –y por ello es famoso– fue Adelantado del Rey de España en La Florida. Y Adelantado triunfante –fue el quinto, antes hubo cuatro anteriores que lo intentaron sin conseguirlo– que logró fundar, en 1565, el primer asentamiento europeo en los Estados Unidos de América al que puso por nombre San Agustín, porque de aquella eran tantos los ‘descubrimientos’, que los españoles hacían por el continente americano, que tenían que echar mano del santoral católico para bautizar tantos lugares. El escritor colombiano Gabriel García Márquez se hubiese puesto las botas.

La fundación fue el 28 de agosto de 1565, cuarenta y dos años antes de que los ingleses establecieran la colonia de Jamestown (Virginia) y cincuenta y cinco años antes de que desembarcaran los colonos ingleses a bordo del ‘Mayflower’, a los que se venía  considerando, erróneamente, como los fundadores de la primera ciudad norteamericana.

San Agustín fue el primer poblado europeo en los, actuales, Estados Unidos de América. Un santo y una seña con protagonismo asturiano Made In Aviles.

Aquel poblado está, hoy, considerado como su ciudad más antigua. Situada en el turístico estado de Florida –una mina para el negocio del ocio– es una atracción por su vetusta historia y es uno de los vértices del circuito turístico triangular, junto con Orlando (‘magia’ Disney) y Cabo Cañaveral (tecnología espacial)

Los habitantes de San Agustín que no esconden el orgullo por su pasado español, del que hay continuos vestigios permanentes en el paisaje urbano, no olvidan su pasado, el de más pedigrí de los USA, y por eso celebran el día que nació el fundador de la madre del cordero o sea Pedro Menéndez de Avilés. Fecha muy señalada en su calendario y conocida como ‘Menendez Day’ (‘Día de Menéndez’).22.MENENDEZ DAY. desfile. 300x226 Pedro Menéndez de Avilés es festejado a lo grande en los Estados Unidos de América

La fiesta recrea la expedición española que el marino comandó en 1565, y desembarcó en las costas del Nuevo Continente, con un desfile por las calles de la ciudad en el que participantes intentan revivir todos los aspectos de la vida en dicha ciudad durante aquel periodo colonial.

En este regreso al siglo XVI participan numerosos actores, y habitantes de la ciudad norteamericana, en los papeles de magos, soldados, bailarines, músicos, amen de artesanos coloniales. Todos ellos forman el séquito de Pedro Menéndez, papel que suele interpretar un actor de renombre en el mundo del teatro, cine o televisión.

A estos actos asisten como invitados representantes de sectores políticos, económicos y sociales norteamericanos, ataviados con trajes típicos del siglo XVI, como cortesía al marino español. También suele haber representación diplomática a cargo del cónsul general de España en Miami. En alguna ocasión tiene asistido alguna delegación de Avilés, lugar de nacimiento del famoso.

Así están las cosas, con los norteamericanos celebrando por todo lo alto el cumpleaños de un ciudadano nacido en la calle de La Ferrería (y no en la plaza de Camposagrado, como dicen algunos), de Avilés.

 La celebración (que, por motivos prácticos, suele tener lugar un fin de semana de la segunda quincena de febrero), culmina con una multitudinaria cena y baile de gala y la velada llega a su fin, en torno a la medianoche, con la interpretación de los himnos nacionales de España y Estados Unidos y dejándose oír las ya tradicionales aclamaciones de ¡Viva Avilés! y ¡Viva San Agustín!

Y todo esto ocurrirá a miles de kilómetros de Avilés –también conocida como la Villa del Adelantado– y donde es prácticamente desconocido este agasajo multitudinario, en honor de un ciudadano nacido y enterrado aquí y cuya figura y aventura son celebradas allí.

¡Más gorda no entra en prao! que se dice por Asturias.

Armando Fernández Cueto, por sus obras lo conoceréis

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 02-02-2014

22.FERNANDEZ CUETO. COMPOSICION FOTOGRÁFICA DE LA PAGINA DE LA VOZ DE AVILES. 198x300 Armando Fernández Cueto, por sus obras lo conoceréisCuando Armando Fernández Cueto, con 12 años de edad, comenzó a trabajar, como chico para todo, en el taller de carpintería que el industrial Galo Somines tenía en Las Meanas –entonces a las afueras de Avilés– corría el año 1869.

Contaba la villa con poco más de siete mil habitantes y la industria que generaba más empleo era la Real Compañía Asturiana, que aquel año construía un poblado de viviendas en Arnao, el primero en la historia de Avilés. En el centro de la ciudad se trabajaba en desecar las marismas de Las Aceñas (llamadas así porque en ese terreno, desde tiempos medievales, hubo aceñas, o sea molinos movidos por la fuerza de las mareas) para levantar allí la gran plaza del mercado, una obra capital en el urbanismo avilesino, que uniría la Villa con Sabugo extendiendo la ciudad.

Armando Fernández Cueto –cuya familia respondía al mote cariñoso de ‘Los Parafusos’– tuvo que empezar a trabajar de niño porque, de aquella, en su casa no daba para vivir con lo que ganaba su padre, carpintero de profesión.

Pero era un tipo tan listo como trabajador, que compaginó el curro con los estudios. Al constituirse Artes y Oficios, acudió a sus clases impartidas, provisionalmente, en dependencias de la iglesia de San Nicolás de Bari.

Si se quisiera trazar una semblanza meteórica de este personaje, diría que Armando fue de los primeros alumnos de Artes y Oficios (institución creada en 1879) y que mira tu lo que son las cosas, fue Fernández Cueto, quien en 1891 diseñó y construyó la sede de la Escuela en la plaza Álvarez Acebal, donde más tarde ejerció de profesor. Todo en el mismo paquete, o tres en uno.

Personaje polifacético donde los haya, cuesta, pero gusta, abreviar sus múltiples actividades, con independencia de su oficio de maestro de obras y de haber sido técnico –por un tiempo– y también concejal, ay que caray, del Ayuntamiento de Avilés.

Resumiendo, fue: profesor, pintor, escultor, constructor de las primeras carrozas de las fiestas de ‘El Bollo’, cantor en actos públicos tanto civiles como religiosos… Pero no quiero que se me olvide cuando, en 1900, diseñó y dirigió un original espectáculo nocturno de carrozas acuáticas en la ría de Avilés, estando presente el rey de España, Alfonso XIII, festejo tan deslumbrante que dejó, al monarca y acompañantes, haciéndose cruces. Tanto es así que, días después, recibiría Fernández Cueto, la Gran Cruz de Carlos III.

Pero Armando está en la historia de Avilés, por ser el autor de relevantes edificios. Fue un autodidacta que terminó siendo maestro de obras, algo así como aparejador. De aquella estaban autorizados para presentar proyectos. Su labor, como creador y constructor, fue ciertamente brillante.

En el cambio urbano que produjo en Avilés y comarca, entre finales del siglo XIX y principios del XX, destacan las edificaciones diseñadas por Manuel del Busto, Antonio Alonso Jorge, Juan Miguel de la Guardia, Tomás Acha, Luis Bellido, Ricardo Marcos Bausá y Luis Galán, todos ellos arquitectos y a las que hay que sumar las del maestro de obras, Armando Fernández Cueto, el más prolífico de todos estos creadores.

Su labor principal abarca desde edificios unifamiliares, como el bautizado como ‘La Perla’ (hoy Centro de Salud) frente a La Curtidora, construido en 1873 para los Maribona, familia que también le encargó un gran inmueble (1898), el más alto de Avilés entonces, en la calle de La Cámara dedicado, en sus bajos, a actividades bancarias.

Diseñó y construyó un palacete monumental, hoy en estado de ruina, conocido como ‘Chalé de don Fulgencio’, magnífica casa de indiano, situada cerca de la actual comisaría de policía, donde antiguamente estuvo el primer asilo de ancianos de Avilés, obra también de Fernández Cueto.

Muy popular fue el pabellón ‘Iris’ (1908), construido totalmente en madera, en la calle de La Cámara y donde se comenzó a proyectar cine (nuevo invento, entonces) con regularidad, aparte de ofrecer espectáculos de varietés.

Pero quizá la obra más vistosa (1917) esté en la inmediaciones del parque El Muelle, y es el edificio construido para ser el ‘Gran Hotel’. «Que solo reconoce rival en dos o tres capitales de la Nación» decía la prensa de la época.

Armando Fernández Cueto, fallecido en 1933, dejó su herencia en forma de destacados edificios a lo largo de Avilés.

Si sales desde la plaza Álvarez Acebal, donde está la Escuela de Artes y Oficios, y bajas por la calle La Cámara, fíjate en el elegante edificio de cinco plantas que hace esquina con la calleja de Los Cuernos (uy, perdón, calle de  Alfonso VII) para llegar al parque El Muelle –y haciendo esquina entre dos calles del barrio de Sabugo– y admirar la fenomenal edificación coronada por espectacular cúpula.

Son diseño y construcción de Armando Fernández Cueto, un maestro al que por sus obras conoceréis.


Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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