La nueva e insólita calle del casco antiguo de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 16-11-2014

(Considerando que la historia avilesina se mide por siglos, el Pasaje del Bollo es una vía novísima, pues tiene quince años en el callejero local).

        El Pasaje del Bollo es una casi reciente, vía pública de Avilés que comunica las calles de San Bernardo y La Muralla.

        Cuando se abrió este pasaje, que el Ayuntamiento de Avilés tiene catalogado como calle, se produjo la última de las contadas excepciones en cuanto a la modificación de un plano urbano iniciado hace mil años cuando menos.

        La ciudadela amurallada de Avilés estaba formada, fundamentalmente, por cuatro calles –La Ferrería, La Fruta, El Sol y San Bernardo– y tres plazas –las De la Villa y La Baragaña (hoy desaparecidas) y la de San Nicolás (actual plaza de Carlos Lobo)– que componían el terreno primigenio de la Villa, que se ha conservado durante siglos, aunque las calles creciesen en anchura, altura, y calidad de edificios.22.pasaje BLOG al bollo .CALLE MAS ORIGINAl. DE AVILES. IMG 3972 219x300 La nueva e insólita calle del casco antiguo de Avilés

        El nuevo Pasaje del Bollo está en un solar antiquísimo, situado entre el final de la calle La Ferrería y el palacio de Camposagrado, lugar donde también  durante siglos estuvo el muelle principal del puerto de Avilés.

        Dicho solar fue durante siglos la casa madre de la familia padre de la historia medieval avilesina, la De las Alas, que por tener hasta tenían cementerio aparte del resto de los mortales: una capilla funeraria construida en el siglo XIV y situada frente a su mansión y a un costado de la [actualmente conocida como] iglesia ‘De los Padres’.

        Pero, en el siglo XIX los Alas volaban ya muy bajo y la casa se fue al carajo. Derribada en 1858, en el solar resultante –y adosado al palacio de Camposagrado– se construyeron dos casas contiguas que a partir de 1867 fueron ocupadas por ‘La Serrana’, famoso hotel y restaurante avilesino de Serrana Gutiérrez Pumarino, que cerró sus puertas, por traslado, el 31 de diciembre de 1970.

     La antigua instalación hotelera también fue demolida, y en su lugar se levantó el edificio actual, numerado con el 34 de la calle La Muralla. Pero los constructores se vieron obligados, por ley, a dejar un espacio entre la nueva casa y el palacio Camposagrado. En ese tránsito, estrecho y en pendiente, que unía las calles de San Bernardo y La Muralla, nació una vía nueva del casco histórico de Avilés.22.pasaje BLOG 2 .IMG 1545 300x300 La nueva e insólita calle del casco antiguo de Avilés

     Se conoció informalmente, a partir de 1993, el nombre de Pasaje del Bollo, por una placa que allí colocó la cofradía festiva recordando que en el hotel demolido había fundado el médico castropolense Claudio Luanco las tradicionales fiestas del Bollo en 1893.

     Finalmente, en 1998, el Ayuntamiento oficializó la vía como Calle Pasaje del Bollo.

     Estamos hablando de una calle muy corta, con dos tramos de escalera (de 8 y 15 escalones) y sin portal que valga, pues para uno que hay (entrada a una conocida clínica) está ‘adjudicado’ a la calle San Bernardo. El uso es peatonal y, por automóvil, restringido a un parking privado.

     Pero artísticamente es la pera. Porque el Pasaje del Bollo discurre a un costado del palacio de Camposagrado y de un lienzo que se conserva de la antigua muralla medieval. Y uno de sus límites visuales es la puerta gótica de la antigua Escuela de Cerámica, edificio que algunos toman erróneamente como casa natal de Pedro Menéndez de Avilés.22.pasaje BLOG 5 300x300 La nueva e insólita calle del casco antiguo de Avilés

     Y si miras al suelo hay «Arte bajo tus zapatos», producto de una intervención artística, en2006, acargo de profesores y alumnos de la Escuela  Superior de Arte y la Municipal de Cerámica, que plantaron 119 baldosas (2,45 x 2,45), todas ellas diferentes, obra de 26 artistas, coordinados por Carlos Suárez y Ramón Rodríguez.

     También hay otras vías, Cuesta La Molinera y La Ferrería, que unen el parque El Muelle (declarado Patrimonio Cultural hace veinte días) con el meollo del monumental casco histórico de Avilés declarado (hace sesenta y nueve años) Conjunto Histórico-Artístico por el Estado español.

     Pero ninguna de aquellas tiene lo de este Pasaje del Bollo, donde el milagro brota de los suelos alicatados artísticamente. Son muchos azulejos y todos distintos, una demostración de creatividad y color.

     A efectos histórico-artísticos, Avilés peina la raya con cartabón.

La tertulia prodigiosa del marchoso Café Imperial

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 09-11-2014

            Hubo en Avilés, a comienzos del siglo XX, dos cafés que destacaban sobre el resto, estaban en una nueva calle donde la fila de casas de la derecha se habían edificado sobre la antiquísima muralla, que unos años antes se habían cargado los intereses inmobiliarios. Las casas de la izquierda formaban parte del perímetro de la –entonces–  recientemente construida plaza del mercado o Plaza de los Siete Nombres.

            Los dos cafés a los que me refiero, situados en esta calle –que hoy conocemos como La Muralla– estaban situados frente a frente y los dos haciendo esquina. Hablo del Colón y del Imperial y de ambos quedan las fachadas.

            El Colón, bajo y piso, se había instalado en 1890, aunque no fue hasta 1905 cuando añadió el elemento arquitectónico que lo singulariza: la terraza aérea en el primer piso, que origina soportales en la acera, modelo barrio antiguo de Nueva Orleans. El Imperial ocupaba solamente el bajo, pues la terraza que muchos creen prolongación del negocio, era del Casino de Avilés (fundado en 1872) que tenía en el edificio su sede y que la instaló en 1907 para disfrute de sus socios. Este edificio también acogió, durante un tiempo, a la Cámara de Comercio local, fundada en 1899.

22.BBC . la muralla. 1424 CALLES1 300x199 La tertulia prodigiosa del marchoso Café Imperial

A la izquierda el Imperial. A la derecha el Colón.

            El Imperial se había instalado en La Muralla en 1900. Anteriormente y desde 1872, estuvo en la calle La Ferrería (según datos que aporta Luis Muñiz Suárez, en su magnífico libro ‘Historia de La Voz de Avilés. 1908-2008 ’) y en la casa que da frente a la calle El Sol, justo donde años más tarde se instalaría el diario avilesino que permanecería allí durante más de medio siglo.

            Ambos cafés, de gran superficie, eran la sensación, la modernidad de la época. Porque añadían a los servicios propios de esta clase de establecimientos espectáculos variados. Así mientras en el Imperial actua­ban tonadille­ras y cupletistas, con acompañamiento orquestal, el Colón ofrecía diarias sesiones de cine, con acompañamiento de piano.

            La sutileza, en lo publicitario, quizá ayude a establecer mejor la diferencia. Mientras el Imperial invitaba a exotismos como cerveza ‘La Estomacal de Mahón’ o a catar vinos de Burdeos, el Colón se vanagloriaba de servir leche recién ordeñada.

            Al Imperial lo presentaban los anuncios de la época de esta guisa: «Sitio céntrico, amplio local, venti­lador eléctrico con aparato pro­ductor de ozono para que la atmósfera esté siempre pura… En Barcelona, en una sala mecánica­–médica, cobran cinco pesetas por una hora de aspiraciones oxige­nadas… en este café, por veinticin­co céntimos, se puede pedir un café riquísimo, agua filtrada, seis periódicos diarios, tres ilustrados, biblioteca, teléfono y aspiraciones oxigenadas de la misma clase que en una sala médica de Barcelona, sin limitar el tiempo de aspiración…  Increíble, pero verdad».

            Subidones oxigenados aparte, lo que le daba categoría era la clientela que allí se reunía. Por entonces las tertulias eran muy numerosas. Por raro que parezca, la gente (la que podía, claro) se comunicaba, charlando, en torno a la mesa de un café y no mirando –los ojos como platos y la cerviz doblada– a un teléfono enano en la palma de la mano. Cuando no enchufados –en alma, corazón y vida– a un ordenador.

            En el Imperial abundaban las tertulias, pero destacaba una que me descubren unas notas inéditas de David Arias Rodríguez del Valle (alcalde de Avilés en dos ocasiones) y que –Guerra Civil de 1936 mediante– terminó exiliado en México. Una de sus nietas, Maricruz, me hizo llegar el escrito.

22.BBC David Arias2 224x300 La tertulia prodigiosa del marchoso Café Imperial

David Arias (1890-1975)

            David describe a los personajes variopintos de aquella tertulia del primer tercio del siglo XX. Por encima de todos estaban dos personas. Una Wenceslao Carreño, de familia ilustre, coronel del ejército retirado, monárquico leal, bebedor risueño y bibliófilo empedernido. Y otra Nicasio Rodríguez Viña, de origen modesto, republicano convencido y a quien «la herencia de un tío indiano convirtió en filósofo ocioso y catador pacífico».

            Y luego una serie de contertulios entre los que descollaban –y me permito adornarlos con pinceladas escogidas del escrito de David– como más habituales: Fortunato Sánchez-Calvo (venerable fan del filósofo Krause), Lorenzo de Uhagón (silencioso tertuliano con rasgos inesperados de ingenio), José María Lobo de Las Alas (inculto, pero dotado de talento avispado y socarrón), Manolo Vior (intelectual y gimnasta) y  David Arias (poeta que llegó a ser alcalde).

            De aquella tertulia prodigiosa nacieron dos cosas importantes. Una, la idea de celebrar una verbena anual, acompañada de la edición de una revista irónica, titulada ‘La Batelera’. Y, otra, la fundación de una biblioteca pública (Biblioteca Popular Circulante).

            ‘La Batelera’, un clásico festivo, llenó de música y alegría muchos veranos avilesinos.

            Y la Biblioteca Popular Circulante, escribe David Arias, «fue la primera de su clase en Asturias y tal vez en toda España». Pero lo que él no se imaginaba es que aquel ‘invento’ de la tertulia prodigiosa transcendió de lo particular a lo municipal y que con el tiempo se renombró como Biblioteca Bances Candamo (la BBC, que es un episodio aparte) y que terminaría germinando una Casa Municipal de Cultura, que con la llegada de los Ayuntamientos democráticos en 1979, potenciaría sus actividades hasta convertirse, por la cantidad y la calidad de las mismas, en una de las más destacadas de España de su tiempo.

             Por cierto, que en 1933 se cerró el tradicional café Imperial para abrir una entidad bancaria. No tengo nada claro que Avilés saliera ganando.

Cementerios, en la historia de Avilés, hubo varios

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 02-11-2014

            Hay una regla elemental entre aquellos escritores que llegan por vez primera a una población para glosarla o simplemente para conocerla. Son normas de obligado cumplimiento el que las dos primeras visitas sean al mercado y al cementerio.

            Se trata de una aproximación, mucho más eficaz y práctica de lo que se pueda pensar. El mercado es el termómetro de la vida social y costumbrista de la población a conocer y lógicamente un muestrario de los productos que se gastan en ella. El cementerio es un reflejo del urbanismo, de la historia y del gusto de la ciudad.

            Esta ley ‘olfativo-cultural’ se cumple plenamente en Avilés, cuyo mercado no solamente es el más populoso de Asturias, es conocido hasta por siete nombres y el más antiguo, al ser concedido por los Reyes Católicos a finales de la Edad Media, cuando un pavoroso incendio destruyó dos tercios de la ciudadela amurallada.

            En cuanto al actual cementerio municipal es uno de los más espectaculares que se pueden encontrar en el norte de España.22.cementerios bissssssssss PAGINA LA VOZ DE AVILES1 279x300 Cementerios, en la historia de Avilés, hubo varios

            Pero antes hubo otros cementerios, cosa lógica en villa tan antigua como Avilés. Durante siglos el cementerio municipal avilesino estuvo situado entre la muralla y la llamada ‘Iglesia de Los Padres’, y allí sigue ubicada la capilla funeraria (siglo XIV) de los Alas, aunque hay que matizar que estaba junto al cementerio, pero no dentro del recinto. El, entonces, pueblo de Sabugo tenía también su lugar de enterramiento sagrado, al costado izquierdo de la iglesia medieval de la plaza del Carbayo.

            También los hubo, más pequeños, en La Magdalena, Llaranes y el Hospital de Peregrinos de Rivero. Y con el paso del tiempo en Miranda y San Cristóbal.

            Igualmente existieron camposantos –aunque generalmente restringidos a religiosos– en los conventos de San Francisco, hoy iglesia de San Nicolás de Bari, y de San Bernardo, complejo hoy desaparecido y al que se accedía por la calle del mismo nombre.

            En el siglo XIX el gobierno español –aduciendo normas de higiene y salud pública– dicta leyes para  que los enterramientos en las poblaciones se hagan fuera del casco urbano de las mismas. Y así el Ayuntamiento avilesino se ve obligado, en 1813, a trasladar el cementerio municipal, a lo que eran entonces las afueras de la población, terrenos hoy ocupados por las escuelas de Sabugo.

            Pero la ciudad seguía creciendo en edificios y habitantes por lo que el gobierno civil de Asturias el 28 de enero de 1885 ordena clausurar los cementerios de Avilés, Miranda y San Cristóbal que eran los que prestaban sus servicios a Avilés y aledaños Y el Ayuntamiento decide la construcción de una nueva necrópolis para la vi­lla, en la zona alta de la población en el lugar conocido como La Carriona, al tiempo que clausura el de Miranda y construye otro nuevo en San Cristóbal.

            Diseñado por el arquitecto municipal Ricardo M. Bausá, el cementerio de La Carriona (se edificó en una finca así llamada) fue bendecido el 28 de agosto de 1890 para que acogiera a sus primeros “huéspedes”.

             El diseño de Bausá maneja la racionalidad en la distribución del conjunto formado por un rectángulo básico, presidido por una capilla, con planta de cruz, que actúa de núcleo distribuidor y del cual parten las avenidas principales del camposanto donde se sitúan los panteones. A esta parte antigua nos vamos a referir.

            Las clases pudientes del Avilés de aquella época, las que inician la industrialización tenían ‘gusto por la cultura’ cosa que se ve reflejada en las construcciones que se levantaron por aquel tiempo: nuevas calles de San Francisco y de La Cámara de edificios espectaculares, nueva iglesia neogótica (Sabugo), nuevo teatro neobarroco (el Palacio Valdés’) y nuevo hospital (en El Carbayedo).22.CEMENTERIO. de la carriona.iPhone 0581 300x225 Cementerios, en la historia de Avilés, hubo varios

            Todo ese gusto constructivo tuvo fiel reflejo en el nuevo cementerio de La Carriona donde los panteones de los pudientes son –en la mayoría de los casos–verdaderas obras de arte como: el mausoleo de la marquesa de San Juan de Nieva (el famoso del ángel señalando al cielo, obra de Cipriano Folgueras), o el dedicado al escritor Armando Palacio Valdés (de Jacinto Higueras) o los varios que diseñó Manuel del Busto, arquitecto clave en la Asturias de entre siglos XIX y XX y que comenzó su carrera en nuestra ciudad, construyendo varios edificios entre los que destacan el teatro  ‘Palacio Valdés’. 

            Lo que realmente llama la atención, en el cementerio avilesino, es el extraordinario conjunto de mausoleos pertenecientes a familias adineradas que quisieron trascender, alcanzar la inmortalidad que se dice. En el aspecto artístico puede que lo hayan logrado, en el religioso lamento no poder ofrecer esa información.

            Y aunque a algunos les pueda parecer extraño colocar un cementerio entre el catálogo de monumentos de una ciudad, en el caso avilesino queda justificado por la contrastada categoría artística de su necrópolis. Para que se den cuenta de su importancia, el cementerio de La Carriona forma parte de la Ruta Europea de Cementerios Significativos, y es el único asturiano en esta Ruta que agrupa 53 localizaciones, 18 de ellos en España.

            La Carriona es un episodio aparte. Descanse en paz.

El Carreño Miranda, primer instituto de la historia de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 26-10-2014

Hace hoy ochenta y seis años que Avilés entró en la modernidad de la cosa educativa. Fue un 26 de octubre del año 1928 cuando se inauguró el primer curso oficial de bachillerato del ‘Instituto Carreño Miranda’, bajo la dirección de Agustín P. del Pueyo.

El 15 de agosto de aquel año, el Gobierno de España –eran tiempos de la dictadura de Primo de Rivera– había acordado la creación, en Avilés, de un Instituto de Segunda Enseñanza, solicitado meses antes por el Ayuntamiento presidido por José López-Ocaña. Para la lentitud que se suele estilar en la Administración estatal, aquella fue la típica diligencia de aquí te pillo, aquí te mato. Así que hubo que encajar, sin calzador, el nuevo centro en el primer piso de la Escuela de Artes y Oficios, y no me chiste usted.

Con la proclamación de la Segunda República llega un nuevo alcalde: David Arias Rodríguez del Valle (hijo del historiador David Arias García), que  echó el resto (las cuentas municipales estaban apretujadísimas, como siempre) en la construcción de un nuevo edificio destinado específicamente al recién nacido Instituto, que había sacado a Avilés de pobre en materia educativa.

El alojo provisional, en Artes y Oficios, era un sin vivir. Así que David Arias, después de descartar reubicarlos en el nuevo Hospital de Caridad (demasiado grande para las necesidades sanitarias de entonces), puso manos a la obra, pidió planos y presupuesto al arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo y se apuntó al rosario de la aurora de los préstamos estatales. Antes, había comprado una parcela de terreno al marqués de Ferrera, propietario (como no) de un solar llano al final de la calle Galiana, donde cuatro señoritos practicaban un extraño deporte llamado tenis.22.carreño miranda PAGINA LVA TOTAL1 231x300 El Carreño Miranda, primer instituto de la historia de Avilés

Y allí se construyó, comenzando a funcionar en octubre de 1934, el primer instituto de la historia de Avilés bajo la dirección del catedrático Luis Muñiz Álvarez. En esa inauguración David Arias ya no era alcalde pues había dimitido el 21 de septiembre sustituyéndolo Bernardo García Ruiz-Gómez, pero que David Arias Rodríguez del Valle fue el hacedor del centro es histórico.

Los avatares de aquel Instituto –hasta convertirse en 1972 en lo que es hoy, Colegio Público ‘Palacio Valdés’– así la otros de centros educativos que paulatinamente se extendieron por la ciudad son un episodio aparte.

Tengo recuerdos mayormente felices de aquel Instituto de grandes ventanales y de mis compañeros y compañeras, que aquello de la educación mixta (que duró hasta 1968) fue una bendición. Y los bocadillos de ‘La Morena’ también. Del profesorado me acuerdo gratamente de bastantes porque les debo mucho, pero especialmente de Jesús García Díaz y las visitas guiadas que nos amañaba a los que demostrábamos curiosidad por el desconocido Avilés monumental… Y sobremanera de las enseñanzas y consejos de Adela Palacios Gros, catedrática de literatura. Algo impagable.

Tiene escrito Jorge Luis Borges que «uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe» y la última vez que le di la razón –al gran escritor argentino comedor de bocadillos de mortadela, broma que le suponía el gamberro de Luis Buñuel– fue el pasado mes de agosto, cuando encontré en Facebook, un post titulado ‘Instituto Carreño Miranda (Avilés)’, de mi admirado José Luis García Martín, otro antiguo alumno del Carreño, que decía:

«Luz, más luz y clara geometría, jaula feliz de aquel bachillerato que terminó hace siglos o hace un rato o que no ha terminado todavía.

¿De qué rara madera estamos hechos, légamo primordial, materia oscura, que sobre el tiempo flota y que perdura cuando llegamos a la mar deshechos?

Por la empedrada calle de Galiana camina en la mañana hacia el mañana el niño que yo fui, que sigo siendo.

Qué compleja ecuación y qué sencilla. ¿Me ves tú ahora como te estoy viendo? Todo era allí asombro y maravilla».

 Creo imposible definir mejor aquel tiempo. Y le participo, al poeta, que por esa empedrada calle de Galiana, que yo también hacía como alumno cuatro veces al día, sigo caminando hacia el mañana y aún me quedan dos kilos de asombro. Y cuarto y mitad de maravilla.

Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 19-10-2014

Cuando metes la mano en un cesto de cerezas, para coger una, nunca sabes las que saldrán porque, las condenadas, se enredan unas con otras y no hay manera.

Algo parecido me ocurrió revolviendo en mis notas, a la busca de un dato relacionado con un 19 de octubre. Y justo ocurrió que se me empezaron a enredar reseñas de ‘diecinueves’ de octubre de distintos años. Tal acumulación de acontecimientos –no es la primera vez que me pasa– es algo que viene a demostrar la riqueza histórica avilesina, por lo que no me resisto a dejarlo pasar y publico, a continuación lo que ocurrió en Avilés, o con él relacionado, tal día como hoy (19 de octubre) de distintos años.

Comienzo en el año 1351, con un dato extraído del libro ‘Avilés. Noticias históricas’ de Julián García San Miguel (Impreso en Madrid, 1897), donde en su página 434 dice textualmente que «El mismo rey [D. Pedro I de Castilla] confirma dos cartas, una de su padre D. Alfonso y otra de D. Fer­nando su abuelo, mandando guardar á los de Avilés el fuero de no dar portaje ni ribaje des­de la mar hasta León. En las mismas Cortes, á 19 de octubre».

Otro 19 de octubre, pero de 1821, nace Pedro Carreño, uno de los trece hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés, en el domicilio familar de la calle La Ferrería, número 10. La vida de este Carreño se repartió entre Cuba y Avilés, siendo  escritor tan prolífico como desconocido, al menos, en su villa natal. Periodista, poeta y autor de comedias, dramas e incluso de una zarzuela. Algunos (es el caso de Fernando Vidal Blanco) dan por cierto que también es el autor del poema que se puede leer en la parte inferior de una hornacina dedicada a Jesús Nazareno, colocada en la parte alta del soportal de la citada dirección de La Ferrería. Ver para creer y si no peregrine allí para leer.

El 19 de octubre de 1893 se inaugura el puente metálico de San Sebastián, que sustituye al viejo de piedra, llamado de Los Pilares, para salvaando la Ría comunicar Avilés con Gozón. Es una plataforma de hierro, diseñado por el ingeniero militar Francisco Writz, de cuarenta y tres metros de largo por nueve de ancho. La modernidad metálica no fue bien acogida, ya se sabe, y abundaron comentarios despectivos en la prensa, como que «parece la torre Eiffel echando la siesta» e incluso creaciones literarias como el verso que sigue: 22.19 octubre PUENTE SAN SEBASTIAN 230x300 Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

«Puente Metálico… 

Mucho hierro por arriba, 

mucho hierro por abajo, 

y si todo en el hierro estriba…

¡Que lastima de trabajo!».

El tiempo ha demostrado que el poeta, de nombre Juan Francés, no tenía visión de futuro. Y es que nadie es perfecto, como nos está recordando siempre Jack Lemmon en ‘Con faldas y a lo loco’.

El 19 de octubre de 1894 el, entonces, diputado a Cortes por Avilés, Julián García San Miguel, segundo marqués de Teverga, impulsa en Madrid el expediente para la construcción de un nuevo templo en Avilés, que sirva de parroquia al ya populoso barrio de Sabugo, a construir en el lugar ocupado por las ruinas del convento de La Merced. La nueva iglesia sería consagrada en 1903 con lo que la medieval iglesia de la plaza del Carbayo dejaría de ser sede parroquial. Sabugo siempre dando la nota, como tiene que ser.

El 19 de octubre de 1903 nace, en Barcelona, Ramón Corominas Sostres quien sería personaje muy popular en Avilés donde llegó a principios de la década de los 50, del pasado siglo XX, con la misión de poner en marcha la nueva Empresa Nacional Siderúrgica S.A. (ENSIDESA) que originó la mayor transformación urbana, social y económica de la historia de Avilés. Ramón Corominas, que ostentaba el número uno de matrícula en la nueva empresa, llegó a ser director de la misma.

El 19 de octubre de 1904 sale a la venta el primer número del semanario ‘El Veto’, afín a los intereses del partido Liberal, cuyo líder era Julián García San Miguel, segundo marqués de Teverga. La publicación duraría cinco meses. Sin comentarios.22.19 octubre IGLESIA SABUGO NUEV 224x300 Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

El 19 de octubre de 1951 el Boletín Oficial del Estado publica un decreto que haría posible la construcción de los poblados de la empresa ENSIDESA de Avilés. En el principal de ellos, el de Llaranes –considerado hoy un referente importante en la historia del urbanismo español– se entregarían, en 1954, las primeras viviendas. Lo de Llaranes es la excepción que confirma la regla del grandioso desastre constructivo de poblados de viviendas edificados en Avilés por entonces.

El 19 de octubre de 1998 cierra el cine Almirante para ser convertido en cuatro minicines. Fueron 185 los espectadores que asistieron a la última proyección –en la gran sala, la mayor de Asturias en aquellos momentos– de la película de Steven Spielberg ‘Salvar al Soldado Ryan’, que fue la que clausuró este cine donde también, desde su inauguración el 14 de abril de 1973, hubo esporádicas representaciones teatrales.

El 19 de octubre de 2000 la prensa asturiana destaca en primera plana la resolución oficial que aprobaba el futuro uso del palacio de Ferrera como hotel de lujo. Incluso el diario ingles ‘The Times’, que ya es decir, en un suelto en páginas interiores, anunciaba que «NH abrirá en abril de 2003 un hotel de cinco estrellas en la ciudad asturiana de Avilés». Para que luego digan.

El 19 de octubre de 2004 la multinacional estadounidense Alcoa (antigua ENDASA) anunció la inversión de 46 millones de euros en su fábrica de aluminio de Avilés, situada en el Polígono Industrial San Balandrán, en la margen derecha de la Ría. El mítico santo, ligado a Avilés –por una isla hoy evaporada– nunca descansa, aunque los de la toponimia oficial lo quieran disfrazar de Samalandran.

Y esto es lo que hay, cerezas históricas que también son certezas.

Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 12-10-2014

(Un intento de ‘darle marcha’ al conjunto monumental menos conocido y más maltratado de la villa).

No piensen en manducatoria, porque los canapés a los que me refiero son de piedra educada y figuran en el menú histórico-artístico que figura en la carta del monumental casco antiguo de Avilés.

Pero a efectos artísticos-gastronómicos –esos que dicen que alimentan mente, espíritu y tal– Los Canapés permanecen ignorados por la autoridad y el personal en general que, sin embargo, se deleitan saboreando opíparos platos del menú que ofrece la villa de Avilés y que va desde manjares como Camposagrado, El Carbayo, Galiana o El Parche…  y hasta La Fruta, de postre, claro.

Y sin embargo la gente no prueba, ni de coña, Los Canapés. Generalmente porque no los encuentra.

Antes lucían más, porque entre ambos asientos de piedra transcurría el tránsito rodado de la carretera general entre Oviedo y Avilés. Estaban a la vista y ahora aquella calzada nacional se ha convertido en un camino peatonal.

Estos vistosos bancos de piedra –incluidos en una selección de lugares y monumentos del casco antiguo local, que fue declarado en 1955 por el Estado español Conjunto Histórico-Artístico– están cercados y acogotados por una lado: una estación de servicio y por el otro: una maloliente zona verde donde se suelen acumular desperdicios sin control. Por debajo, prácticamente, son traspasados por una carretera de gran tráfico y por encima están coronados, por así decirlo, por el viaducto de la circunvalación de Avilés. Vaya por Dios.

Los Canapés fueron colocados en 1786, en tiempos del reinado de Carlos III, aquel monarca que favoreció la moda del adorno arquitectónico a la entrada de las poblaciones importantes. Por ejemplo, y sin ánimo de hacer comparaciones, en la Villa y Corte de Madrid se hizo con la Puerta de Alcalá, y en la Villa de Avilés con Los Canapés. Que fueron colocados a ambos lados de la principal calzada, que entonces era la que la comunicaba con Oviedo.22.CANAPES.1940 300x136 Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Son dos grandes ‘sillones’ de piedra de11,64 metrosde largo, 2,60 de ancha y 3,30 de alto, que fueron diseñados por José Bernardo de la Meana –Maestro Mayor de la Catedral de Oviedo y vinculado también a la obra pública del Ayuntamiento de Avilés– y realizados bajo la dirección del maestro de obras Roque Bernardo de Quirós con piedra, que estaba literalmente a pie de obra, pues la cantera de Bustiello está situada a unos metros de distancia del lugar de emplazamiento.

Los bancos muestran inscripciones, en uno de ellos: «Reynandola Majestaddel Sr. Dn. Carlos III se hizo esta obra» y en el otro: «A expensas de los propios y arbityrios (sic) de esta villa año MDCCLXXXVI».

A Gaspar Melchor de Jovellanos Los Canapés no le gustaron un pelo. Vaya por Dios. En su ‘Diario Cuarto’, correspondiente al sábado 14 de julio de 1792, dice, después de referirse a Villalegre como ‘bellísima parroquia’ y al hablar de la nueva calzada de Oviedo a Avilés: «Nueva carretera, ancha y bien trabajada, plantada de álamos malos al principio, buenos y mejores después. Enorme y feo canapé en medio de un gran trozo de camino levantado sobre altísimos y fuertes paredones, y que debió por lo mismo ser muy costoso».

Para gustos hicieron Los Canapés. La verdad es que mucho entusiasmo no levantan y más desde mediados el siglo pasado, cuando nos cayó encima la, hoy, difunta ENSIDESA –y demás familia metalúrgica y cristalera– y Avilés creció a lo loco, fueron quedando camuflados de mala manera. Sin embargo, aun escondidos y apabullados como están, han sido capaces de dar nombre a un centro cultural y deportivo, a una estación de servicio y hasta una pequeña travesía.

En 2009 se restauró –a cargo de un equipo dirigido por Teresa Imaz de las Alas– el primero de ellos. Para el otro (justamente el que proclama «A expensas de los arbityrios de esta villa…») no hubo presupuesto –vaya por Dios– y hoy luce oscuro, enmohecido y atrapado por la maleza.

Nada se puede hacer por Los Canapés de Avilés, como no sea retirarlos de ahí –como se propuso informalmente hace unos años– donde no tienen el respeto que se les debe, o bien darles otro tipo de marcha, la musical por ejemplo. Así que propongo nuevamente –al público en general y a los amantes del casco histórico de Avilés en particular– que tomando como base la famosa y pegadiza canción ‘La Puerta de Alcalá’ –popularizada por Ana Belén y Víctor Manuel, con letra y música de Bernardo Fuster, Luís Mendo y Francisco Villar– se readapte para esta ocasión,  cambiando el nombre de un monumento por el otro y un par de licencias gramaticales más –todo ello en aras del patrimonio, faltaba más– y se tararee algo así:

«Una mañana fría, Carlos III, con aire insigne se quitó el sombrero muy lentamente bajó de su caballo, con voz profunda le dijo a su lacayo: ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, están Los Canapés.

Lanceros con casaca, monarcas de otras tierras, fanfarrones que llegan inventando la guerra, milicias que resisten bajo el “no pasarán” y el sueño eterno como viene se va… y ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, ahí, están Los Canapés.

Todos los tiranos se abrazan como hermanos, exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes, manadas de mangantes, doscientos estudiantes inician la revuelta son los años sesenta y ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí, ahí donde los ves, están Los Canapés.22.canapes Marieta2 200x300 Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Un travestí perdido, un guardia pendenciero, pelos colorados, chinchetas en los cueros, rockeros insurgentes, modernos complacientes, poetas y colgados, aires de libertad… ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, están Los Canapés.

Los miro de frente y me pierdo en sus ojos, sus piedras me vigilan, su sombra me acompaña, no intento esconderme, nadie los engaña, toda la vida pasa por su mirada…
Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés… Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés…»

 Aunque para mirarlos hay que encontrarlos y ese ya es otro cantar, pues no están señalizados. Cosa impropia para estos bancos de piedra del siglo XVIII, que forman parte de los monumentos componentes del ‘Casco Histórico-Artístico’ de Avilés.

Pena de Canapés que podían haber sido el aperitivo ideal del banquete monumental avilesino y están amojamaos. Vaya por Dios.

Otro siglo será.

Jesusín de Galiana

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 05-10-2014

Hoy se cumplen 153 años de una sonada reunión en Avilés. Aquel 5 de octubre de 1861, los miembros del gobierno local presididos por el alcalde Fernando Ochoa, aprobaron las obras proyectadas para la prolongación de la calle de La Cámara, que entonces comenzaba en la plaza de España y terminaba en el cruce con la, hoy, calle La Muralla.

Esta obra, histórica para Avilés, traería consigo el nacimiento de un gran espacio urbano, donde destacaría la espectacular plaza del mercado (descreídos, con ordenador, busquen ‘singular plaza de los siete nombres’ en Google, Yahoo o similar).

En la misma sesión, el alcalde Ochoa –abogado, que compaginaba la política con el periodismo, y vivía en la casa, hoy palacio, de Valdecarzana– leyó un documento que se enviaría a Madrid, pidiendo un ramal de ferrocarril que «ponga en comunicación a esta Villa y Puerto». El tren llegaría veintinueve años más tarde.

Pero aparte de estos dos históricos asuntos –y de la aceptación de la dimisión de dos serenos, porque aunque parezca mentira hubo un tiempo en que hasta dimitían los serenos– el alcalde dio lectura a una carta remitida por la parroquia de San Nicolás de Bari: «Las perso­nas que frecuentan la capilla de San Roque me advierten de su estado rui­noso, hendiduras en las paredes y bóve­da y desplome de la facha­da, interesando se deter­mine si las reparaciones han de ser de su cuenta, o si la capilla está bajo el patronato municipal…».

La carta la firmaba el sacerdote Francisco Martínez Manzaneda, cura ecónomo de la parroquia, polémico personaje de la época, que se las tenía tiesas con el Ayuntamiento. Alcalde hubo (tal fue el caso de Álvaro Lobo Castañón) que dejó escrito que «a este cura le hizo la boca un fraile», por sus continuos rifirrafes por asuntos económicos. A veces, la sola cita de su apellido resultaba categórica. Por ejemplo el poeta Marcos del Torniello hablando de su nacimiento dejó escrito: «Naci na cai de Gozón. / No importa pa la cues­tión, / el año, el día y el mes… / Soy como tú d’Avilés, / pa que lo sepias, Antón. / Na pila San Nicolás / bauti­zome Manzaneda». Y punto en boca, parece querer decir el poeta bablista.

   El caso es que en aquella ocasión el cura llevaba razón, pues la capilla era propiedad del Ayuntamiento y este tendría, una vez más, que apechugar con el arreglo.22.jesusin. IMG 0182 225x300 Jesusín de Galiana

  Pocos chapuzas constructivas hubo en Avilés como aquella capilla de San Roque. Tantos desastres acumuló, que pierdes la cuenta de tanta avería y derrumbe que vienen reflejadas en los libros de Actas del Archivo Histórico. Justo Ureña ironizaba que «Si con­vertimos al valor actual del dinero, los duca­dos, reales, maravedíes y pesetas que en tres siglos se invirtieron en reparaciones y reconstrucciones de la capilla de San Roque, es incuestionable que Avilés podía tener hoy en El Carbayedo una catedral como la Almudena de Madrid».

La capilla de San Roque fue edificada, en el siglo XVII, en el llamado ‘Campo de Galiana’ anexo al Plantío Real del Carbayedo, famoso bosque de carbayos (robles, ya sabes) situado en la parte alta de Avilés.

Fue bendecida en 1652, como agradecimiento de las autoridades locales a San Roque –santo que en vida se dedicó a curar a los infectados por la peste– pues entendían que Avilés se había librado de la plaga gracias a su intercesión divina con ocasión del incidente ocurrido cuando estando el puerto de Avilés en cuarentena ordenada por el Gobernador de Asturias, ante la epidemia de peste declarada en Europa, los responsables locales –dos jueces que luego fueron castigados con el destierro– dejaron entrar en el puerto una carabela, cuyo capitán –un vecino de Sabugo llamado Amado Terano– estaba infectado. Una imprudencia que sembró el pánico entre la población, que se encomendó masivamente a San Roque. Afortunadamente no hubo contagio, de milagro. Cosa que se atribuyó al santo, por lo que se decidió erigirle una ermita.

Con el tiempo la capilla fue cambiando la advocación oficial, a partir de la instalación en ella de una imagen del Nazareno procedente de la ruinosa capilla de San Martín (que estaba frente a donde hoy está la comisaría de polícía). Y la de San Roque pasó a ser llamada Jesús de Galiana, y también la del ‘Ecce Homo’, para terminar siendo –y así es hoy familiarmente conocida– la de ‘Jesusín de Galiana’.

Sepan los foráneos que en Avilés hay también una capilla que muchos llaman de ‘San Pedrín’, en la calle Rivero, y una famosa cofradía semana-santera conocida como la de los ‘sanjuaninos’… Y esto no debe de extrañar en una región, de ‘grandones’ por otro lado, donde la patrona es conocida como la ‘Santina’.22.JESUSIN. capilla jesusin de galiana. pepe fdez en aviles y sus calles 201113.1 300x172 Jesusín de Galiana

 Y vuelvo a un 5 de abril de 1892, cuando otra amenaza de ruina, la quinta de su historia, decidió al Ayuntamiento a encargar un nuevo proyecto al arquitecto Ricardo Marcos Bausá (el que había trazado el cementerio de La Carriona y el parque El Muelle) y que es la que existe en la actualidad. Es sede de la cofradía ‘Nuestro Padre Jesús de Galiana’ y alberga también las imágenes de San Roque, San Juan, y la Virgen Dolorosa.

Siempre fue lugar de feligresía al paso, aunque cuando el Instituto ‘Carreño Miranda’ estaba en su inmediaciones (donde hoy está el colegio público ‘Palacio Valdés’) y por los meses de junio y setiembre (épocas de exámenes) ‘Jesusín’ estaba hasta los topes de jóvenes feligreses.

Sépase que es la única ermita donde se hincó de rodillas un Rey de España, tal fue el caso de Amadeo I, cuando visitó Avilés –el 15 de agosto de 1872–  y la apolillada nobleza de simpatías borbónicas, encabezados por el marqués de Ferrera, le cerró palacios e iglesias.

Hoy la capilla tiene a un costado un pasaje llamado de ‘San Roque’ que remite a sus orígenes. Por cierto que aquí se plantó, en su día, un famoso crucero que no tardó mucho (permitan el retruécano) en llevarse por delante un camión repartidor de Coca-Cola en una desgraciada maniobra dando marcha atrás. Incidente que unió para siempre a la multinacional norteamericana con la milenaria historia avilesina.

Mientras tanto ‘Jesusín’ de Galiana sigue llamando la atención de los visitantes, fundamentalmente por llamarse Jesusín, cosa que choca la suyo por tal confianza con algo divino, con el plus añadido de ir unido al nombre de una de las calles porticadas más famosas de España. Todo viaja menos los nombres, como dice Julián Marías, porque los nombres se quedan para siempre grabados en la memoria y en las lápidas.

Yo solo se que si dices, por ahí fuera, ‘Jesusín de Galiana’, en un santiamén muchos saben que hablas o que eres de Avilés. Ya se que la cosa tiene su lógica, pero sigue pareciéndome un milagro, oye.

‘La Exposición’ de Las Meanas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 28-09-2014

Todo empezó con los sementales, algo de lo más natural.

Y fue en El Carbayedo, barrio alto de Avilés que estaba unido por los soportales de la calle Galiana a la plaza de España, que entonces aún no se conocía como ‘El Parche’. En aquel bosque de carbayos (robles), y en torno a la ermita de San Roque (hoy de ‘Jesusín de Galiana’), se venía celebrando de antiguo un mercado de ganados con gran éxito, de hecho consta que en 1769 ya era el primero de Asturias.

Pero no fue hasta 1878 cuando al alcalde Bonifacio Heres Busto se le ocurrió hacer una exposición de machos bovinos, que potenciara aún más aquella tradición ganadera de Avilés.

Bonifacio Heres fue alcalde de record, el primero de la historia avilesina que llegó a estar en el cargo cinco años, cifra que ningún mandamás municipal, a lo largo de los tiempos había alcanzado. Las realizaciones efectuadas durante su mandato (del 1 de julio de 1874 al mismo día de 1879) son hoy muy populares: comenzó a funcionar el patronato de la Escuela de Artes y Oficios, se encargaron en París las estatuas metálicas que adornan el parque El Muelle, se terminó la construcción del perímetro soportalado de la que sería plaza del mercado (la de los siete nombres) o esta mismo asunto del certamen-exposición de ganados.

El caso es que, aquella exposición de sementales, fue un éxito y fue progresando con los años, generalizando ya en muestra de ganado vacuno, hasta el punto que hubo que ‘bajarla’ a sitio más despejado como Las Meanas, lugar [entonces] en las afueras de Avilés, una zona de marismas (hasta aquí llegaba la Ría) que se habían desecado, arbolado y bautizado, en principio, como parque El Retiro. Allí se estuvo celebrando durante años la veraniega exposición de ganados de San Agustín, con los ejemplares amarrados a los árboles en secciones señaladas con cuerdas.22.exposicion. el recinto LA EXPOSICION. 1648 CALLES 300x184 La Exposición de Las Meanas

Hasta que en 1931, el alcalde David Arias Rodríguez del Valle (hijo del historiador David Arias García), entendiendo que el buen paño en el arca se vende, inauguró un pabellón específico –cuyo aspecto y empaque llamaban la atención–  para el acontecimiento y que fue conocido desde entonces como La Exposición, a secas. El alcalde Arias también consiguió que el certamen fuese ‘de Ganados y Exposición de Industrias Agropecuarias’, que tuviese categoría nacional y que su celebración se prolongara durante diez días, en la segunda quincena de agosto.

Durante el resto del año, el recinto de La Exposición comenzó a albergar multitud de actividades, al tiempo que a su alrededor comenzó a crecer gran parte del nuevo Avilés.

En 1943 se construyó, a uno de sus costados, el actual campo de fútbol, que inicialmente se llamó ‘La Exposición’, como no, y más tarde ‘Suárez-Puerta’ (por seguir aquella ridícula moda de personalizar en prebostes) pues esos eran los apellidos del alcalde que tomó la iniciativa de trasladar la práctica del fútbol desde Las Arobias (en San Juan de Nieva) a Las Meanas.

La Exposición se convirtió, ya decía, en el espacio multiusos de la ciudad. Allí se celebraban espectáculos de todo tipo, desde folklóricos a conciertos al aire libre, aunque predominaba lo deportivo. Era la sede de los destacados equipos de baloncesto y balonmano de la Asociación Atlética Avilesina. Y también de su sección de boxeo, donde nombres como Enrique Rodríguez Cal ‘Dacal II’ (medalla de bronce en las Olimpiadas de Munich 1972) o Manuel López ‘Pantera’, entre otros, aun recuerdan los aficionados.

Y luego también estaba la famosa Pista de La Exposición, un espacio cubierto donde se celebraban desde tradicionales verbenas hasta mítines políticos. Aunque lo que le dio más fuste a La Pista fueron las Jornadas Municipales de Teatro, una brillante iniciativa, en 1979, del concejal de Cultura, Pepe Martínez, que tuvo continuación en el tiempo y hoy es un clásico certamen regional y nacional. Por aquellas desvencijadas instalaciones, desfiló lo mejor de la escena teatral española: ‘Els Joglars’, ‘Tricicle’… hasta que en 1989 se inauguró la Casa de Cultura. Pero hasta aquel año La Pista tuvo tanto pisto que, a efectos publicitarios, hasta le cambiaron su nombre por el de Auditorio Municipal de La Exposición.

En 1979 el certamen agropecuario se trasladó al Pabellón de Exposiciones de La Magdalena y crecieron los polideportivos en Avilés, por lo que el histórico recinto de Las Meanas fue decayendo, hasta que en 1991 se demolió y el solar que ocupaba es hoy una triunfal plaza, de nombre La Exposición, un espacio bendecido por la expansión, al estar exento de edificación y donde se puede seguir practicando deporte al aire libre –o sea de Arcelor– las veinticuatro horas del día.

No me resisto a traer, aunque sea por los pelos, pero con mucho cariño, a Miguel Torga cuando decía aquello de que lo universal es lo local sin paredes.

En cuanto a la historia de La Exposición, aquí brevemente apuntada, es una muestra de la gran tradición agrícola y ganadera –tan ignorada por desconocida– de Avilés, antes de que ésta ciudad se llenase de cristalerías, endasas, ensidesas y nieméyeres.

Que bienvenidos fueron.

Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 21-09-2014

    Estoy convencido de que si Avilés tiene un pasado muy posado es por el hecho de estar pesado en quilates históricos.

    También lo estoy de que lo que le viene ocurriendo entre finales del siglo XX y estos comienzos del XXI, figurará algún día en los libros –no se si de texto o no– pero con un texto algo así como: «Fue por entonces cuando, sorprendentemente, en aquella histórica ciudad asturiana se inició todo un renacimiento del barroco…»

    Eso está pasando de unos años para acá. Pero pera no es manzana y al estar viviéndolo en riguroso directo no tenemos la perspectiva necesaria para poder apreciar –en toda su dimensión– como la villa de Avilés está modernizando su antigüedad, recuperando edificios emblemáticos y dándoles usos sociales.

    Una demostración está en los palacios de Camposagrado y Ferrera, que han vuelto a tomar el protagonismo que tuvieron antaño, aunque ahora, felizmente, para uso público. El Ferrera, desde el 9 de mayo de 2003, es uno de los hoteles más importantes de Asturias.22.ferrera.x palacio Ferrera. Imagen 693 224x300 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Levantado en el siglo XVII, refleja el final de un estilo renacentista ya casi superado, entonces, por la fiebre del barroco. Su torre de cuatro plantas, en forma de rombo, es muy singular y colabora con notable poderío al milagroso tinglado arquitectónico de El Parche, que así se llama –gracias a Dios– en Avilés a la plaza de España.

    El palacio se construyó adosado, en parte, al entonces convento medieval de San Francisco del Monte (actualmente iglesia de San Nicolás de Bari). Y también –y a uno de los costados del Ferrera–por aquella época, rompió aguas la fuente de los caños de San Francisco, un prodigio de simetría arquitectónica y de vitalidad urbana.

    El destino, a veces, es curioso. Ya que el Ferrera siempre tuvo como un dizque hostelero, una vocación de parador. La cosa viene ya de 1858, cuando se hospedó en él la reina Isabel II y su hijo Alfonso XII, entonces un bebé. Desde entonces ha sido albergue, de realeza, continuado –sin prisa, pero sin pausa– según pasaban los años y se sucedían los monarcas, incluidos los actuales.

    Los pasos dados desde que el Ayuntamiento, en 1997, inició la promoción del casco histórico, hasta que seis años más tarde, fue inaugurado el hotel, entrando Avilés  en la elite del turismo internacional, podríamos resumirlo diciendo que: pasamos de dos escudos a cinco estrellas.

    El Ferrera, ya es referencia hotelera, de primer orden. A ello ha ayudado mucho, tanto la puesta en marcha, como las actividades (hoy, peligrosamente, en pausa) programadas por el centro cultural internacional ‘Oscar Niemeyer’, que trajeron hasta Avilés a personajes mediáticos universales. Es el caso de los creadores cinematográficos Woody Allen, Wim Wenders, Carlos Saura… Intérpretes tan famosos como Kevin Spacey, Brad Pitt o Scarlett Johansson… escritores de la talla de Paulo Coelho, el Nóbel nigeriano Wole Soyinka, etc.

    El palacio poseía uno de los espacios ajardinados privados más extensos de Asturias, que –por compra hecha por el Ayuntamiento, primero en 1976 y luego en 1998– son hoy son de uso público y constituyen un grandioso parque de cerca de más de 90.000 metros cuadrados, que es todo un episodio aparte.

    La restauración del Ferrera y su acondicionamiento para hotel fue respetuosa con la herencia arquitectónica contenida en el histórico edificio.22.ferrera.Trampantojo palacio Ferrera 300x225 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Además la propiedad lo convirtió en una gran pinacoteca, colgando en su interior obras de artistas ‘clásicos avilesinos’ como los hermanos Espolita, hermanos Soria, Alfredo Aguado, García Robés, Luís Bayón o Fernando Wes.

    También adquirieron pinturas de contemporáneos como Ramón Rodríguez, Vicente Pastor, Benjamín Menéndez, Cristina Cuesta, Coronas, Angélica García o Fidel Pena.

    La fusión y efusión –de historia y modernidad– que ha supuesto la transformación de una oxidada mansión palaciega, como era el palacio Ferrera, en un hotel de éxito y en pleno corazón del casco histórico, es algo impagable que nunca entenderán los que piensan que el dinero lo hicieron redondo para que ruede.

    Aparte, claro, de esa vitola de calidad ciudadana que trae consigo el rescate de un edificio –que estaba papando moscas– para insuflarle vida.

    Las cosas son como acaban. Por eso, lo del Ferrera es una gozada.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)

Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 14-09-2014

    La tarde viene –de siempre– cayendo temprano sobre El Sol, que siendo calle estrecha y pequeña por herencia medieval, es ancha por el gusto histórico que le procuran uno de sus edificios, datado de la época de navegaciones a vela, fueros, murallas y góticos.

    Por algo está aquí plantado el palacio de Valdecarzana, pequeño gran prodigio gótico de la Villa de Avilés. Una mansión desarmada de conceptos militares, pero armada de una personalidad estética similar a edificios, hermanos, de Italia y de Francia.

    Valdecarzana da para mucho. Incluso para el misterio.

    Los historiadores difieren sobre el siglo de su construcción. José Jorge Argüello (en su obra ‘Abilles’) es partidario del siglo XII. Raquel Alonso del XIII. Juan Uría Ríu: entre el XIV y el XV. Y Germán Ramallo matiza que el bajo es del XIV y el piso del XV.

    De lo que no hay duda es que es edificio civil más antiguo de Avilés. Y de su hermosa traza, en especial sus ventanas, y la calidad de los materiales empleados en él.22.valdecarzana palacio 290114.IMG 5659 300x225 Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

    La versión más compartida es que fue construido como residencia de un rico mercader que utilizaba la planta baja como tienda y almacén de sus productos y la alta como residencia familiar. El hecho se fundamenta en que el edificio no adopta carácter defensivo alguno. En origen fue cuadrado y fue creciendo hacia lo rectangular, de forma que su aspecto actual remite a un cofre que guarda uno de los tesoros históricos mas valiosos de Avilés: El Fuero (siglos XI/XII).

    En el XVII fue adquirido por los Valdecarzana. En el XIX, pasó al que fue alcalde de Avilés, Fernando Ochoa. Y en el XX a la ‘Sociedad de Transportes Marítimo Terrestres’ vincula­da a las casas consignatarias avilesinas. Luego, hasta fue economato…

    La única fachada que se conserva intacta, desde su construcción, es la de La Ferrería. El edificio fue reformado en el siglo XIX, añadiéndosele, externamente, un decorado ficticio que quería pasar por gótico. En 1998 fue sometido a una total renovación para instalar aquí el importante Archivo Histórico avilesino. Esta obra dejó al descubierto, aparte de algún elemento arquitectónico original, una cantidad notable de cerámica medieval troceada, utilizada en aquel tiempo como aislante contra la humedad. Retirada que fue la cerámica, vuelve –hoy– el edificio a mostrar claras señales, externas, de humedad. La historia de siempre. La Historia.

    Valdecarzana es referencia, en Asturias, de casa de alguien, no perteneciente a la nobleza. Y hay quien sostiene que debió haber más edificios, como éste, en el casco histórico de Avilés, dado el gran flujo comercial, y por tanto riqueza que generaba el puerto de Avilés, por donde no entraban solamente mercaderías, sino filosofías e ideas artísticas internacionales. O sea el maravilloso milagro del cosmopolitismo. Una ‘vía de agua’ por donde, posiblemente, entró la arquitectura utilizada en Valdecarzana o en la capilla de Las Alas.

    Otra, es los que mantienen que en la mansión se alojó, en el siglo XIV, el rey de Castilla, Pedro I (apodado, injustamente, por sus enemigos ‘El Cruel’), después de haber reconquistado Avilés, que su hermanastro Enrique de Trastámara (que en asuntos de crueldad, parece que era el ‘entendido’ de la familia) habría tomado por las armas unos meses antes la Villa. Misterio, una vez más.

    En Avilés, hoy, casi nadie lo conoce como casa de Baragaña, pero si fue nombre utilizado en el pasado, ya que se accedía a él –por la calle del Sol– a través de una antojana (en Asturias: baragaña).

    Desaparecido aquel abandono casposo que le procuró el último siglo, hoy es un monumento tan lúcido como lucido. Henry James afirmaba que producir un poco de arte supone un gran tramo de historia. Eso es lo que representa este pequeño palacio de Avilés.

    Tiene una armonía seductora, por sencilla y natural. Y si la arquitectura fuera música congelada, las notas de la gótica mansión serían del arrebatado Antonio Vivaldi.

    El palacio avilesino y el músico veneciano suenan igual durante las cuatro estaciones del año.

    Afinados. Y afamados.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)


Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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