‘La Exposición’ de Las Meanas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 28-09-2014

Todo empezó con los sementales, algo de lo más natural.

Y fue en El Carbayedo, barrio alto de Avilés que estaba unido por los soportales de la calle Galiana a la plaza de España, que entonces aún no se conocía como ‘El Parche’. En aquel bosque de carbayos (robles), y en torno a la ermita de San Roque (hoy de ‘Jesusín de Galiana’), se venía celebrando de antiguo un mercado de ganados con gran éxito, de hecho consta que en 1769 ya era el primero de Asturias.

Pero no fue hasta 1878 cuando al alcalde Bonifacio Heres Busto se le ocurrió hacer una exposición de machos bovinos, que potenciara aún más aquella tradición ganadera de Avilés.

Bonifacio Heres fue alcalde de record, el primero de la historia avilesina que llegó a estar en el cargo cinco años, cifra que ningún mandamás municipal, a lo largo de los tiempos había alcanzado. Las realizaciones efectuadas durante su mandato (del 1 de julio de 1874 al mismo día de 1879) son hoy muy populares: comenzó a funcionar el patronato de la Escuela de Artes y Oficios, se encargaron en París las estatuas metálicas que adornan el parque El Muelle, se terminó la construcción del perímetro soportalado de la que sería plaza del mercado (la de los siete nombres) o esta mismo asunto del certamen-exposición de ganados.

El caso es que, aquella exposición de sementales, fue un éxito y fue progresando con los años, generalizando ya en muestra de ganado vacuno, hasta el punto que hubo que ‘bajarla’ a sitio más despejado como Las Meanas, lugar [entonces] en las afueras de Avilés, una zona de marismas (hasta aquí llegaba la Ría) que se habían desecado, arbolado y bautizado, en principio, como parque El Retiro. Allí se estuvo celebrando durante años la veraniega exposición de ganados de San Agustín, con los ejemplares amarrados a los árboles en secciones señaladas con cuerdas.22.exposicion. el recinto LA EXPOSICION. 1648 CALLES 300x184 La Exposición de Las Meanas

Hasta que en 1931, el alcalde David Arias Rodríguez del Valle (hijo del historiador David Arias García), entendiendo que el buen paño en el arca se vende, inauguró un pabellón específico –cuyo aspecto y empaque llamaban la atención–  para el acontecimiento y que fue conocido desde entonces como La Exposición, a secas. El alcalde Arias también consiguió que el certamen fuese ‘de Ganados y Exposición de Industrias Agropecuarias’, que tuviese categoría nacional y que su celebración se prolongara durante diez días, en la segunda quincena de agosto.

Durante el resto del año, el recinto de La Exposición comenzó a albergar multitud de actividades, al tiempo que a su alrededor comenzó a crecer gran parte del nuevo Avilés.

En 1943 se construyó, a uno de sus costados, el actual campo de fútbol, que inicialmente se llamó ‘La Exposición’, como no, y más tarde ‘Suárez-Puerta’ (por seguir aquella ridícula moda de personalizar en prebostes) pues esos eran los apellidos del alcalde que tomó la iniciativa de trasladar la práctica del fútbol desde Las Arobias (en San Juan de Nieva) a Las Meanas.

La Exposición se convirtió, ya decía, en el espacio multiusos de la ciudad. Allí se celebraban espectáculos de todo tipo, desde folklóricos a conciertos al aire libre, aunque predominaba lo deportivo. Era la sede de los destacados equipos de baloncesto y balonmano de la Asociación Atlética Avilesina. Y también de su sección de boxeo, donde nombres como Enrique Rodríguez Cal ‘Dacal II’ (medalla de bronce en las Olimpiadas de Munich 1972) o Manuel López ‘Pantera’, entre otros, aun recuerdan los aficionados.

Y luego también estaba la famosa Pista de La Exposición, un espacio cubierto donde se celebraban desde tradicionales verbenas hasta mítines políticos. Aunque lo que le dio más fuste a La Pista fueron las Jornadas Municipales de Teatro, una brillante iniciativa, en 1979, del concejal de Cultura, Pepe Martínez, que tuvo continuación en el tiempo y hoy es un clásico certamen regional y nacional. Por aquellas desvencijadas instalaciones, desfiló lo mejor de la escena teatral española: ‘Els Joglars’, ‘Tricicle’… hasta que en 1989 se inauguró la Casa de Cultura. Pero hasta aquel año La Pista tuvo tanto pisto que, a efectos publicitarios, hasta le cambiaron su nombre por el de Auditorio Municipal de La Exposición.

En 1979 el certamen agropecuario se trasladó al Pabellón de Exposiciones de La Magdalena y crecieron los polideportivos en Avilés, por lo que el histórico recinto de Las Meanas fue decayendo, hasta que en 1991 se demolió y el solar que ocupaba es hoy una triunfal plaza, de nombre La Exposición, un espacio bendecido por la expansión, al estar exento de edificación y donde se puede seguir practicando deporte al aire libre –o sea de Arcelor– las veinticuatro horas del día.

No me resisto a traer, aunque sea por los pelos, pero con mucho cariño, a Miguel Torga cuando decía aquello de que lo universal es lo local sin paredes.

En cuanto a la historia de La Exposición, aquí brevemente apuntada, es una muestra de la gran tradición agrícola y ganadera –tan ignorada por desconocida– de Avilés, antes de que ésta ciudad se llenase de cristalerías, endasas, ensidesas y nieméyeres.

Que bienvenidos fueron.

Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 21-09-2014

    Estoy convencido de que si Avilés tiene un pasado muy posado es por el hecho de estar pesado en quilates históricos.

    También lo estoy de que lo que le viene ocurriendo entre finales del siglo XX y estos comienzos del XXI, figurará algún día en los libros –no se si de texto o no– pero con un texto algo así como: «Fue por entonces cuando, sorprendentemente, en aquella histórica ciudad asturiana se inició todo un renacimiento del barroco…»

    Eso está pasando de unos años para acá. Pero pera no es manzana y al estar viviéndolo en riguroso directo no tenemos la perspectiva necesaria para poder apreciar –en toda su dimensión– como la villa de Avilés está modernizando su antigüedad, recuperando edificios emblemáticos y dándoles usos sociales.

    Una demostración está en los palacios de Camposagrado y Ferrera, que han vuelto a tomar el protagonismo que tuvieron antaño, aunque ahora, felizmente, para uso público. El Ferrera, desde el 9 de mayo de 2003, es uno de los hoteles más importantes de Asturias.22.ferrera.x palacio Ferrera. Imagen 693 224x300 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Levantado en el siglo XVII, refleja el final de un estilo renacentista ya casi superado, entonces, por la fiebre del barroco. Su torre de cuatro plantas, en forma de rombo, es muy singular y colabora con notable poderío al milagroso tinglado arquitectónico de El Parche, que así se llama –gracias a Dios– en Avilés a la plaza de España.

    El palacio se construyó adosado, en parte, al entonces convento medieval de San Francisco del Monte (actualmente iglesia de San Nicolás de Bari). Y también –y a uno de los costados del Ferrera–por aquella época, rompió aguas la fuente de los caños de San Francisco, un prodigio de simetría arquitectónica y de vitalidad urbana.

    El destino, a veces, es curioso. Ya que el Ferrera siempre tuvo como un dizque hostelero, una vocación de parador. La cosa viene ya de 1858, cuando se hospedó en él la reina Isabel II y su hijo Alfonso XII, entonces un bebé. Desde entonces ha sido albergue, de realeza, continuado –sin prisa, pero sin pausa– según pasaban los años y se sucedían los monarcas, incluidos los actuales.

    Los pasos dados desde que el Ayuntamiento, en 1997, inició la promoción del casco histórico, hasta que seis años más tarde, fue inaugurado el hotel, entrando Avilés  en la elite del turismo internacional, podríamos resumirlo diciendo que: pasamos de dos escudos a cinco estrellas.

    El Ferrera, ya es referencia hotelera, de primer orden. A ello ha ayudado mucho, tanto la puesta en marcha, como las actividades (hoy, peligrosamente, en pausa) programadas por el centro cultural internacional ‘Oscar Niemeyer’, que trajeron hasta Avilés a personajes mediáticos universales. Es el caso de los creadores cinematográficos Woody Allen, Wim Wenders, Carlos Saura… Intérpretes tan famosos como Kevin Spacey, Brad Pitt o Scarlett Johansson… escritores de la talla de Paulo Coelho, el Nóbel nigeriano Wole Soyinka, etc.

    El palacio poseía uno de los espacios ajardinados privados más extensos de Asturias, que –por compra hecha por el Ayuntamiento, primero en 1976 y luego en 1998– son hoy son de uso público y constituyen un grandioso parque de cerca de más de 90.000 metros cuadrados, que es todo un episodio aparte.

    La restauración del Ferrera y su acondicionamiento para hotel fue respetuosa con la herencia arquitectónica contenida en el histórico edificio.22.ferrera.Trampantojo palacio Ferrera 300x225 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Además la propiedad lo convirtió en una gran pinacoteca, colgando en su interior obras de artistas ‘clásicos avilesinos’ como los hermanos Espolita, hermanos Soria, Alfredo Aguado, García Robés, Luís Bayón o Fernando Wes.

    También adquirieron pinturas de contemporáneos como Ramón Rodríguez, Vicente Pastor, Benjamín Menéndez, Cristina Cuesta, Coronas, Angélica García o Fidel Pena.

    La fusión y efusión –de historia y modernidad– que ha supuesto la transformación de una oxidada mansión palaciega, como era el palacio Ferrera, en un hotel de éxito y en pleno corazón del casco histórico, es algo impagable que nunca entenderán los que piensan que el dinero lo hicieron redondo para que ruede.

    Aparte, claro, de esa vitola de calidad ciudadana que trae consigo el rescate de un edificio –que estaba papando moscas– para insuflarle vida.

    Las cosas son como acaban. Por eso, lo del Ferrera es una gozada.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)

Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 14-09-2014

    La tarde viene –de siempre– cayendo temprano sobre El Sol, que siendo calle estrecha y pequeña por herencia medieval, es ancha por el gusto histórico que le procuran uno de sus edificios, datado de la época de navegaciones a vela, fueros, murallas y góticos.

    Por algo está aquí plantado el palacio de Valdecarzana, pequeño gran prodigio gótico de la Villa de Avilés. Una mansión desarmada de conceptos militares, pero armada de una personalidad estética similar a edificios, hermanos, de Italia y de Francia.

    Valdecarzana da para mucho. Incluso para el misterio.

    Los historiadores difieren sobre el siglo de su construcción. José Jorge Argüello (en su obra ‘Abilles’) es partidario del siglo XII. Raquel Alonso del XIII. Juan Uría Ríu: entre el XIV y el XV. Y Germán Ramallo matiza que el bajo es del XIV y el piso del XV.

    De lo que no hay duda es que es edificio civil más antiguo de Avilés. Y de su hermosa traza, en especial sus ventanas, y la calidad de los materiales empleados en él.22.valdecarzana palacio 290114.IMG 5659 300x225 Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

    La versión más compartida es que fue construido como residencia de un rico mercader que utilizaba la planta baja como tienda y almacén de sus productos y la alta como residencia familiar. El hecho se fundamenta en que el edificio no adopta carácter defensivo alguno. En origen fue cuadrado y fue creciendo hacia lo rectangular, de forma que su aspecto actual remite a un cofre que guarda uno de los tesoros históricos mas valiosos de Avilés: El Fuero (siglos XI/XII).

    En el XVII fue adquirido por los Valdecarzana. En el XIX, pasó al que fue alcalde de Avilés, Fernando Ochoa. Y en el XX a la ‘Sociedad de Transportes Marítimo Terrestres’ vincula­da a las casas consignatarias avilesinas. Luego, hasta fue economato…

    La única fachada que se conserva intacta, desde su construcción, es la de La Ferrería. El edificio fue reformado en el siglo XIX, añadiéndosele, externamente, un decorado ficticio que quería pasar por gótico. En 1998 fue sometido a una total renovación para instalar aquí el importante Archivo Histórico avilesino. Esta obra dejó al descubierto, aparte de algún elemento arquitectónico original, una cantidad notable de cerámica medieval troceada, utilizada en aquel tiempo como aislante contra la humedad. Retirada que fue la cerámica, vuelve –hoy– el edificio a mostrar claras señales, externas, de humedad. La historia de siempre. La Historia.

    Valdecarzana es referencia, en Asturias, de casa de alguien, no perteneciente a la nobleza. Y hay quien sostiene que debió haber más edificios, como éste, en el casco histórico de Avilés, dado el gran flujo comercial, y por tanto riqueza que generaba el puerto de Avilés, por donde no entraban solamente mercaderías, sino filosofías e ideas artísticas internacionales. O sea el maravilloso milagro del cosmopolitismo. Una ‘vía de agua’ por donde, posiblemente, entró la arquitectura utilizada en Valdecarzana o en la capilla de Las Alas.

    Otra, es los que mantienen que en la mansión se alojó, en el siglo XIV, el rey de Castilla, Pedro I (apodado, injustamente, por sus enemigos ‘El Cruel’), después de haber reconquistado Avilés, que su hermanastro Enrique de Trastámara (que en asuntos de crueldad, parece que era el ‘entendido’ de la familia) habría tomado por las armas unos meses antes la Villa. Misterio, una vez más.

    En Avilés, hoy, casi nadie lo conoce como casa de Baragaña, pero si fue nombre utilizado en el pasado, ya que se accedía a él –por la calle del Sol– a través de una antojana (en Asturias: baragaña).

    Desaparecido aquel abandono casposo que le procuró el último siglo, hoy es un monumento tan lúcido como lucido. Henry James afirmaba que producir un poco de arte supone un gran tramo de historia. Eso es lo que representa este pequeño palacio de Avilés.

    Tiene una armonía seductora, por sencilla y natural. Y si la arquitectura fuera música congelada, las notas de la gótica mansión serían del arrebatado Antonio Vivaldi.

    El palacio avilesino y el músico veneciano suenan igual durante las cuatro estaciones del año.

    Afinados. Y afamados.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)

Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 07-09-2014

Fue por el XVII, aquel siglo del barroco, cuando Avilés se lanzó a crecer en el aspecto urbano. Que buena falta le hacía.

Porque estaba totalmente estrangulada por la muralla que la protegía. Se había quedado chica, la Villa, para una población que no dejaba de crecer. No era plan.

Así que los notables trazaron un Plan –el histórico crecimiento barroco– cuya premisa principal era  saltarse el corsé amurallado que la venía defendiendo.

Y la Villa se abrió hacia el sur –que al norte estaba la mar– comenzando toda una siembra de palacios en la plaza de España (el municipal y los de Ferrera y García Pumarino). Pero cuando estas mansiones andaban en el empeño constructivo o aún eran proyectos vertidos en planos, comenzó la construcción de las calles Galiana y Rivero, que ampliarían la villa y vendrían a paliar los problemas derivados del crecimiento demográfico derivado del constante progreso mercantil de Avilés.22.lassss asombrosas. RIVERO capilla 300x225 Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

En 1663 se construyen las primeras casas en la galiana o cañada o riera, que bajaba desde El Carbayedo. En Rivero hubo que poner orden en aquel pequeño arrabal de casas –Hospital de Peregrinos incluido– que se habían ido asentando, a la vera de la ría, desde hacía un montón de años.

Desde entonces, estas calles, son tan distinguidas como alegóricas y tan fascinantemente sutiles que no se sabe si aterrizan en el Parche o despegan de él. Calles barrocas, con todo su sabor, muy difícil de encontrar hoy en España y parte del extranjero, oiga.

Luego está ese paralelismo en usos y consumos. Nacieron como calles comerciales, habitadas por artesanos. Pero también fueron encauzamiento de transportes de las mercancías que llegaban al puerto de Avilés, o de las que se embarcaban en el mismo. Por Rivero se marchaban las importaciones hacia Oviedo y Castilla. Por Galiana llegaban cargamentos para la exportación procedentes de la Asturias campesina, de aquí a Grado.

Ambas fueron, o son, también, calles de movida. O sea bebida.

Y las dos tienen también capillas religiosas. En Rivero el Santo Cristo para unos, o ‘San Pedrín’ para otros; por las mismas andan en Galiana con el Ecce Homo, más conocido como ‘Jesusín’. Una familiaridad a la avilesina tan respetuosa como difícil de explicar a visitantes.

Las dos calles tienen su correspondiente fuente de los caños. Conviene no olvidar que Galiana llegaba hasta El Parche, hasta finales del siglo XIX cuando surgió la calle San Francisco (por entonces, La Canal), donde ahora se ubica, frente a magistrales edificios, la mágica fuente con el nombre del santo italiano.

Y para que la romería descriptiva sea completa, ambas se iniciaban con un palacio a su izquierda. En Rivero, el de García Pumarino (también conocido como Llano-Ponte), actual sala cinematográfica. Y en Galiana, el palacio Ferrera.

Y si Rivero tiene un cine, Galiana es calle de cine, de rodajes quiero decir.22.lasss asombrosas. GALIANA intermedio techos madera 225x300 Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

Tan cosidas por orígenes, destinos y fines son, que mirando un plano, semejan alas barrocas que abrazan ese milagroso bosque urbano llamado parque de Ferrera, al que desde ambas se tiene acceso.

El escritor Armando Palacio Valdés, vivió –de niño– en Rivero. Pero quizás no sea tan conocido que la calle Galiana llevó durante algunos años su nombre. Aunque si el lector es medianamente conocedor de la historia local, sabrá que aquí, en Avilés, una de las ‘diversiones’ favoritas es cambiar el nombre de las calles.

Cada una tienen poetas locales de solera: Ana de Valle, en Galiana y ‘Lumen’ en Rivero. Y en ambas domiciliaron centros privados de enseñanza resonados: En Rivero,  el propio ‘Lumen’ (y sucesores: María Luisa y Rubén) y en Galiana ‘Don Floro’.

Desembocan su belleza en la misma calle (avenida de Cervantes) produciéndose –en dicho trance– un brutal choque estético con edificios mostrencos, por altura y ausencia de finura.

Rivero y Galiana son dos episodios aparte que alimentan la emoción estética de propios y extraños porque tienen alma, corazón y vida.

Son una pasada monumental.

 

(Artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’ el 25 de septiembre de 2011)

 

La singular plaza de los siete nombres

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 31-08-2014

En Avilés hay una espectacular plaza –totalmente rodeado de galerías– que alberga el histórico mercado de la Villa, concedido por los Reyes Católicos en 1478…

 

La Villa avilesina es territorio de plazas con solera histórica: El Carbayo, El Parche, Carlos Lobo o El Carbayedo son algunos ejemplos. Pero cuando dices ‘la plaza’, a secas, tu interlocutor da por supuesto que te estás refiriendo a la de Hermanos Orbón.

Algunos creen que tal surtido de nombres, de ésta plaza, es consecuencia de la inspiración perenne que ocasiona el recinto. Otros que es la demostración de la imposibilidad para bautizar un espacio arquitectónico tan singular, creado en el siglo XIX, cuando la ciudad se estiró –urbanísticamente– de forma tan efectiva como brillante.Sin embargo es lugar de hasta con siete nombres en el imaginario popular, desde este ‘La Plaza’ hasta los que remiten a conceptos mercantiles, como plaza ‘del Mercado’ o ‘de Abastos’. O geográficos: ‘Las Aceñas’. Aparte, claro, de los legales: ‘Plaza Nueva’, que es el primer nombre adjudicado por el Ayuntamiento, desde su construcción hasta el 28 de octubre de 1938, cuando lo cambió por el del escritor y periodista ‘Julián Orbón’, que luego sustituyóor el de ‘Hermanos Orbón’ (músicouno y literato e otro) el 12 de agosto de 1965.22.Plaza Las Aceñas.Nardo Villaboy.19964 257x300 La singular plaza de los siete nombres

Se desecaron marismas insalubres que dividían Avilés hasta decir basta. Y así, sustituyendo líquido por sólido, nacieron esta plaza y los parques del Muelle y del Retiro. Y detrás, claro, el desarrollo urbano de gran parte de la ciudad.

Quedémonos con la copla de que hasta hace unos ciento cuarenta años, el mar llegaba hasta Las Meanas, que fue el nombre que, posteriormente, heredó el citado parque del Retiro. Tela marinera.

La fuerza con que entraba, en el que hoy es centro de Avilés, se puede ilustrar con el hecho de que el nombre del lugar, fue: Las Aceñas, porque en este espacio estuvieron funcionando, desde el siglo XIII,  aceñas, o sea molinos que utilizan las mareas como fuerza motriz.

Fuimos adelantados en energía alternativa en plena Edad Media. Y, aquí, sin sacar pecho.

La plaza, es un espacio arquitectónico compuesto, en origen, por 28 solares dispuestos en rectángulo. Las viviendas vierten unos más que vistosos balcones y miradores, hacia las tres calles y una plaza. Y hacia el interior: galerías de madera sostenidas por ochenta columnas de hierro que conforman unos soportales de considerable altura. Bajo ellos: bajo y entresuelo de locales comerciales. El recinto tiene cuatro entradas. Una de ellas, la de la calle La Muralla, luce, en la parte superior una fecha: 1873.

Consta, para que nos conste, que el rectángulo central de la plaza estaba destinado a zona ajardinada. Pero una serie de acuerdos, posteriores, hicieron posible que se construyera en ese espacio un pabellón dedicado al mercado, que centralizara el que, desde el reinado de los Reyes Católicos, se desparramaba por calles y plazas de la Villa.El diseño arquitectónico, municipal, responde a un tipo constructivo muy de moda entonces: las llamadas pla­zas Nuevas, basadas en la funcionalidad.Aereo casi.AVILES desde PLAZA MERCADO con NIEMEYER y ENSIDESA al fondo. foto de Pepe Fdez.2 300x224 La singular plaza de los siete nombres

 Y este pabellón central, de abastos, -hoy acertadamente remodelado- fue el tercer mercado moderno construido, en el siglo XIX, en Asturias, después del de Trascorrales en Oviedo y aquel de Jovellanos, en Gijón.

En Avilés siempre ha habido polémica entre los partidarios de que el pabellón del mercado tuviese otra ubicación en la ciudad y los partidarios de que siga aquí. Una opinión coincidente con la oficial, que se ciñe a los planes del Avilés del futuro.

Aunque no está de más recordar que el interior de la simétrica plaza fue concebido como zona de ocio, con un centro ajardinado, que adornara el agradable paseo ‘de invierno’ que procuran los soportales, complemento del ‘paseo del verano’ en el parque del Muelle.

Su simetría y el espectacular perímetro de galerías siguen ocasionando el asombro de miles de turistas.

Tengo escrito que el arquitecto José María Pérez González, más conocido como ‘Peridis’, famoso por sus afiladas y afinadas viñetas periodísticas, me inquirió –en un paseo por allí– y con un tono entre sorprendido y admirado ‘¿Pero como coño no conocía yo esto?’

Pues eso es lo que venía ocurriendo con Avilés, desde casi siempre, hasta tres años antes de finalizar el siglo XX, cuando comenzó la promoción turística de la ciudad.

Y luego, en el siglo XXI, unos 130 años después de levantada esta plaza de los siete nombres, llegó el Niemeyer.

Y la cosa pinta. Y pita.

(Publicado en 'La Voz de Avilés' el 21 de agosto de 2011)
(Las fotos son gentileza de Nardo Villaboy, la aérea, y José Fernández).

La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 24-08-2014

Avilés no tiene partida de nacimiento. Sabido es que su fundación no tiene fecha. Por tanto, tampoco sus calles más antiguas, que estaban protegidas por una muralla (episodio aparte), de unos 800 metros de longitud, que las abarcaba.

Hablo de las, hoy, conocidas como La Ferrería, La Fruta, El Sol, San Bernardo y Los Alfolíes. Las que concentraban más actividad y vecindario eran las dos primeras, paralelas entre sí y que estaban unidas por la del Sol, formando entre las tres una H.

La de La Fruta no siempre respondió a este refrescante nombre, ni era tan uniforme su línea recta actual. Y además, al principio -de su historia- la calle no era una, sino dos. Porque la ‘desembocadura’ de la calle del Sol en ella, conformaba un ensanchamiento o pequeña plazoleta (‘plaza de la Villa’), que facilitaba la división. Desde dicho lugar hasta el inicio de la calle (en una de las puerta de entrada de la muralla: ‘la del Reloj’) era ‘Cimadevilla’.22.pequeña gran historia. La Fruta.finales siglo XIX 300x196 La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

El segundo tramo, que iba desde la plaza de la Villa, hoy desaparecida, hasta su final en un paredón, que la separaba de la propiedad de los Alas (y luego de los marqueses de Camposagrado), y era conocida como ‘calle Oscura’.

Por supuesto que los dos tramos, que entonces formaban la actual calle de La Fruta, contaban con soportales, a ambos lados, dejando solo a cielo abierto un espacio por el que cabía un carro tirado por bueyes, excepto al final de la Calle Oscura, donde era tal el estrechamiento que podían abarcarse las columnas de ambos lados extendiendo los brazos.

A consecuencia del tremendo incendio que sufrió Avilés en 1478, cambiaron muchos aspectos urbanísticos de la Villa. Por ejemplo, cuando se reconstruyó esta calle, la que fue Cimadevilla, pasó a ser Rúa Nueva, y la plaza de la Villa: plaza de la Rúa Nueva. La Oscura siguió a oscuras. También por entonces se construyó, en aquella plaza de la Villa, la casa del Concejo (con funciones de lo que hoy conocemos como ayuntamiento).

Pero el 4 de diciembre de 1621, un nuevo incendio destruye las casas de la Rúa Nueva. En la restauración la calle ganó en amplitud y fue entonces cuando se la renombró como de La Fruta, al instalarse en ella puestos de venta de productos de la huerta. Entre siglos XIX y XX, la vía sufrió una gran transformación al levantarse en ella magníficos edificios de varias alturas. Entonces fue la calle principal de Avilés, hasta que le quitó ese título la calle de La Cámara cuando comenzó a estirarse.22.pequeña gran histora. La Fruta desde el palacio Camposgrado. 195x300 La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

La Fruta, calle tan corta como hermosa, tiene singularidades que llaman la atención. Por ejemplo comienza y termina con fuentes en la margen derecha: la de Doña Rolindes (adosada al ayuntamiento, un puzzle de otras anteriores) y la del Centenario del Bollo (al lado de la Cámara de Comercio y obra del artista plástico Ramón Rodríguez).

Por otro lado está la cuestión palaciega. Situándose al principio o al final de la calle siempre tendrá -al fondo- un espléndido palacio (del siglo XVII) a la vista: el Ferrera (hoy hotel de cinco estrellas) y Camposagrado (actualmente sede de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias).

Luego está el factor boticario, que es cosa que llama la atención, ya que en su corta longitud, la calle acoge tres boticas, lo que la convierte en una de las vías españolas de mayor densidad farmacéutica por metro cuadrado. Así que está asegurado el remedio para posibles jaquecas, soponcios y otras calamidades. También, y por si lo anterior no resultara, hay una funeraria. Y espléndidos comercios y un par de hoteles.

El 30 de octubre de 1896, a la calle le cambiaron su nombre por el de Suárez Inclán, destacado político de la época. Aunque en el lenguaje coloquial, nunca dejó de ser conocida como la de La Fruta, nombre que recuperó, oficialmente, el 18 de julio de 1979.

La Fruta es calle fresca y refrescante.

(Episodio publicado en 'La Voz de Avilés' el 14 de agosto de 2011)

Los kilométricos y, generalmente, artísticos soportales de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 17-08-2014

    En rigurosa descripción académica, soportal es un espacio exterior cubierto, construido junto a un edificio, cuya estructura se sujeta con columnas y precede a las entradas principales; generalmente rodea una plaza o recorre una calle.

    El soportal permitía, cuando no había electricidad, trabajar a los artesanos delante de sus talleres, resguardados de lluvia o sol. Lo mismo que a los vendedores de productos del campo, cuando el mercado de Avilés se desparramaba por todo el casco histórico de la ciudadela amurallada.

    Nuestro mérito, contra lo que ha ocurrido en otros lados, está en haber sabido, querido y podido, conservarlos, a lo largo de los siglos.

    Un paseo por calles y plazas de Avilés demuestra la calidad y cantidad de los soportales que hemos recibido -colosal herencia- de tiempos pasados y que seguimos incrementando.

    Suman más de tres kilómetros, entre antiguos y modernos. Y adoptan gran cantidad de formas, colores y estilos.

    Los más antiguos son los que pertenecen a las calles de La Ferrería, Bances Candamo, Galiana, Rivero, plaza de España, y Carbayedo. Algunos, situados en la calle Bances Candamo, en el barrio de Sabugo, puede que sean incluso anteriores al siglo XVII, que fue cuando Avilés empezó a crecer fuera de la murallas, lo que dio origen a la plaza de España y las calles de Rivero y Galiana. Un apoteósico conjunto soportalado.

01 300x200 Los kilométricos y, generalmente, artísticos soportales de Avilés

     Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Avilés dio otro estirón urbano muy notable. De entonces son los de la calle San Francisco -cuyos edificios son un magnífico muestrario arquitectónico- donde algunas de las columnas, de los soportales son de una notable singularidad, como los que imitan la garra de un ave rapaz.

    También de este periodo son los soportales de la plaza del mercado (plaza Hermanos Orbón) característicos de la arquitectura del hierro. O los de la esquina de la plaza Pedro Menéndez y La Muralla (conocida como la del antiguo Café Colón) y que remite directamente al barrio viejo de la ciudad norteamericana de Nueva Orleans o a la plaza de Armas de Iquitos, en Perú.

    Los soportales de Avilés, artísticamente, atrapan. Si no que se lo pregunten a directores de cine desde Gonzalo Suárez o José Luis Garci hasta llegar Woody Allen, que realizó varias tomas en Galiana, aunque finalmente no las incluyó en su película ‘Vicky Cristina Barcelona’.

    Con Fernando Fernán-Gómez, anduve subiendo y bajando Galiana y llaneando por Rivero, repetidamente. Siempre bajo soportales, que para él eran como enormes decorados teatrales errantes por el tiempo.

    -Estamos caminando por un siglo cambiado, Alberto, y eso es muy grande.

    Recuerdo otra ocasión, con Eusebi Casanelles, presidente, entonces, del poderoso Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (Ticcih). Fue un paseo mañanero y lluvioso que nos obligó a comprar paraguas, porque Casanelles, fascinado, se negaba al refugio (lógica meteorológica) del soportal con el criterio de que entonces no podría admirar el soportal (lógica estética).

    En Avilés, de tanto convivir con ellos, olvidamos que son un referente emblemático, una suerte arquitectónica singular que cose casas en calles y plazas.

    Son la sal del Avilés monumental.


(Episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’, el 31 de julio de 2011)

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El muy alabado y artístico ‘Parche’ de la villa de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 10-08-2014

La plaza de España, corazón del conjunto histórico-artístico avilesino, es conocida coloquialmente  por los propios del lugar como El Parche, para asombro de los extraños.

Es el kilómetro cero de Avilés. Se tienen escrito excelencias sobre ella y todas coinciden en su monumentalidad, que algunos llevan al extremo de calificarla como una de las plazas mayores más destacadas de España. Por su tipismo, por su paisaje y por su paisanaje.

Uno de los más universales directores cinematográficos españoles, Carlos Saura, la tiene fotografiada en su actual exposición ‘Luz’ -en el Centro Niemeyer- acompañada del siguiente texto: «La primera vez que vine a Avilés, vi que la plaza de España, amplia y generosa, era el cruce de caminos donde confluía la vida de la ciudad. Su luz y sus gentes son un placer para mi mirada».

Juan Cueto Alas, en su ‘Guía secreta de Asturias’ escribe que «si lo primero que viéramos de la villa avilesina fuera esta vetusta plaza, a buen seguro creeríamos que nos habíamos equivocado de siglo, o que estaban rodando una película de ambiente renacentista».parche. el muy alabado y artistico parche de aviles.el comercio El muy alabado y artístico Parche de la villa de Avilés

Sin embargo, para los habitantes de Avilés esta plaza es: el Parche. Por la sencilla razón de que un día una obra urbana, aquí realizada, fue calificada por el personal como una chapuza, o sea: como un parche. Cosa que merece una explicación, porque de ninguna forma es un parche mayúsculo, si no que es un Parche con mayúscula. Es algo de lo más entrañable de Avilés.

El origen de El Parche -o sea, de la plaza de España- está en el siglo XVII, cuando la mayor parte de la Villa de Avilés (excepto el Sabugo marinero y un arrabal llamado del Ribero) vivía protegida por una muralla medieval que la defendía, pero que por aquel siglo ya la empezaba a asfixiar.

Las edificaciones, consecuencia del aumento de población, en el interior del recinto amurallado habían llegado al límite. Así que fue necesario construir fuera de la cerca, y se hizo hacia el sur, que por el norte estaban las marismas y la mar. Y así nacieron la plaza de España, con tres palacios de una tacada (el municipal, Ferrera, y García Pumarino o Llano Ponte) y dos colosales calles (Galiana y Rivero).

Contemplada hoy, la plaza es de una asimetría fascinante, que ordena los espacios callejeros con una armonía que es la leche: dos calles de procedencia medieval, dos barrocas y dos modernistas.

Desde su nacimiento ha tenido distintos nombres: Plaza de Fuera de la Villa, Mayor, de la Constitución, de España… pero la gente -erre que erre- sigue llamándola El Parche, desde que el Ayuntamiento de Avilés, en tiempos del mandato del alcalde José Cueto (1891-1894) decidió duplicar la superficie del pavimento ante el palacio municipal, para procurarle al personal un paseo más cómodo y también que la banda de música tuviera mejor asentamiento en los conciertos que ofrecía los domingos en la plaza (el quiosco del parque del Muelle estaba, entonces, en construcción).IMG 9229 300x225 El muy alabado y artístico Parche de la villa de Avilés

El ‘histórico’ acuerdo fue tomado en sesión del 6 de octubre de 1893, presidida por el teniente de Alcalde, Juan Rodríguez, por ausencia de José Cueto, que pachucho el hombre, había ido a tomar «los baños de las aguas de Sobrón».

Aquel añadido del firme, sacó de quicio a la ciudadanía que se cabreó lo suyo con aquel pegote, inadmisible en la plaza. Aquello era una alcaldada, aquello ¡era un parche!

Y tal fuerza tuvo el rechazo, que los ecos de aquella rebeldía quedaron grabados hasta hoy en el léxico geográfico local. Es una tan curiosa, como histórica, anécdota que ha transmutado a mayúscula (Parche) el término peyorativo en minúsculas (parche), con el que lo bautizaron los indignados ciudadanos. Que indignados siempre los hubo -y a esgaya- desde Adán y Eva hasta José Cueto; y de José Cueto a Pilar Varela ni te digo, que llegaron a montar, el otro día, campamento y oficina en El Parche.

Pero a lo que íbamos: es casi seguro que -dado lo descaradas que son las costumbres populares y lo condenadamente tercas que son las tradiciones- a la plaza de España de Avilés se la siga conociendo como El Parche por los siglos de los siglos.

Amén.

(Episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’, el 19 de junio de 2011)

 

El túnel del tiempo literario en Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 03-08-2014

En un visto y no visto, pasas de hoy a anteayer y luego vuelves a mañana para regresar al presente sabiendo que puedes meterte, en cualquier momento, en el siglo XII y pasar al XXI sin intermedio. Eso viene a ser La Ferrería, la histórica calle de Avilés, una de las más antiguas del norte de España.

Pasear por ella es introducirse en el túnel del tiempo, al que llevan sus edificios, sus vecinos de ayer y hoy, y su ordenación urbana cargada de siglos. La imagen del túnel está perfectamente escenificada por sus hermosos soportales, a derecha y a izquierda, por donde discurre como un rayo la literatura. Por ejemplo.22.tunel del tiempo FOTO PRINCIPAL 204x300 El túnel del tiempo literario en Avilés

Escribo este artículo en un periódico fundado por Manuel Fernández Wes, un 26 de enero de 1908, y que domicilió su redacción y talleres, durante sesenta años, en el edificio actualmente numerado como el veintidós de esta calle. Un inmueble vecino de la antigua casona de los Solís (sede de la Cruz Roja desde 1962, pero que aún conserva en la fachada el escudo de dicha familia) y que está frente por frente a Valdecarzana, una lonja comercial de preciosa arquitectura gótica que terminó siendo palacio, entre otras cosas, y que tiene una antigüedad histórica a la carta –data del siglo XII al XV, según que fuentes– y es el actual baluarte cultural del Archivo Histórico de Avilés, aquí domiciliado desde el año 2003, cuando finalizó la rehabilitación del edificio.

Que el diario LA VOZ DE AVILÉS se hubiese instalado, al poco de su fundación –inicialmente estuvo, muy corto tiempo, en la plaza de Pedro Menéndez (espacio ocupado hoy por la confitería Santa Mónica)– y durante tanto tiempo en La Ferrería, parece lógico si uno se mete en el túnel del tiempo y sabe que el primer periódico de la historia local, ‘El Eco de Avilés’, nació a orillas de La Ferrería, en la plaza de Carlos Lobo, frente a un lateral de la antigua iglesia de San Nicolás, levantada en el siglo XII. Allí había instalado su imprenta –la primera que hubo en la Villa– el ovetense Antonio María Pruneda. El 3 de junio de 1866 lanzó el primer número del ‘Eco’, con un eco histórico que sigue resonando.

De la ‘factoría Pruneda’ (situada en los locales hoy ocupados por el ‘Dulcinea’, famoso café ‘cultural’ de la segunda mitad del pasado siglo y que me remite automáticamente a personas, como Enrique Tessier o Pepe Martínez, a los que también hay que asociar a la historia de LA VOZ) salió, en 1871, también el primer libro editado en Avilés: «Programa de Retórica y Poética, o nociones elementales de literatura preceptiva»  escrito por Cástor Álvarez Aceval (sic), uno de los pedagogos más destacados de la historia local.

Metiéndote en el túnel del tiempo, descubres que muchos años más tarde un descendiente suyo –Cástor González Álvarez (1913-2001)– abrió en el número ocho de La Ferrería una librería. Ocurrió el 28 de enero de 1958, año en que se inauguraron también el cine ‘Ráfaga’, la acería Siemens (estructura actualmente aprovechada por el industrial Daniel Alonso) y el segundo horno alto de ENSIDESA.

22.tunel del tiempo.Cástor tambien fue pimer viola de la Orquesta de Cámara de Asturias. 190x300 El túnel del tiempo literario en Avilés

Cástor González Álvarez

El establecimiento de Cástor, una exquisitez de diseño, estaba complementado por un pequeño salón de exposiciones. Fue la viva representación de la modernidad cultural en Avilés. No recuerdo un espacio, digamos instructivo–comercial, tan atractivo (duró casi treinta años) ya que, entre otras joyas, tenía la famosa colección ‘Austral’, la más universal y genuina colección de libros de bolsillo de todos los tiempos. Una maravilla que solo un personaje tan culto y sensible como Cástor (que fundamentalmente era artista plástico y músico, actividades recogidas en un magnífico libro por Ramón Rodriguez) pudo hacer posible en aquellos tiempos tan grises en todo, policía incluida.

Cástor clausuró su negocio librero en 1987, en paralelo aunque no tuviera nada que ver, con algunos de los cierres brutales de ENSIDESA –dos hornos altos, la acería LD-II y un tren de laminación– con los que, de una tacada Avilés quedaba  industrialmente, medio laminada.

La librería estaba bajo los soportales y la casa siguiente, la número 10, era la de los Carreño, de las más antiguas de Avilés. El tiempo ha dejado buena señal de ello en su fachada, donde apenas se adivina un escudo entre el primero y el segundo piso. Allí vivieron generaciones de dicha familia, entre las que me choca mucho el matrimonio formado, en el siglo XIX, por Pantaleón Carreño y Dominica Valdés que tuvieron trece hijos, de los que cuatro ( Eduardo, Feliciano, Pedro y Eladio) fueron emigrantes, que además dejaron su estela en libros de ciencias, enseñanza y poesía. Feliciano, que anduvo por las Américas, reunió además una fabulosa biblioteca, en la que se incluían libros editados en los entonces jovencísimos Estados Unidos de América y que su hermano Pedro –a quien la había dejado en herencia– donó, más tarde, a la Escuela de Artes y Oficios, donde fue mal ‘archivada’ y muchos años más tarde (febrero de 2014) –otro viaje en el túnel del tiempo– fue descubierta en el cuarto de los trastos de dicho centro.

Vean pues, que La Ferrería es calle literaria, por activa o por pasiva. Hoy está adornada con un edificio ‘universitario’, utilizado para cursos exprés y conferencias, que es la mínima concesión que se le sacó a la Universidad de Oviedo.

Por La Ferrería gustaba de pasear Armando Palacio Valdés (1853–1938) , cuando, en sus estancias veraniegas y a la caída de la tarde, salía del hotel ‘La Serrana’ (que hacía esquina al final de la calle) y recogía, en el portal número 31 de La Ferrería, a su amigo Estanislao Sánchez-Calvo (1842–1895), uno de los más destacados filósofos asturianos (especie en extinción) y paseaban la calle de arriba abajo con esporádicas incursiones por Rivero y Galiana. A veces, cuando se sacudía la pereza para coger el tren, desde Oviedo, acudía para vagar con ellos, Leopoldo Alas «Clarín» (1852–1901), que le tenía mucha querencia a La Ferrería.

Me tiene dicho Caballero Bonald, paseando por ella en 1983, que es calle más de novelistas que de poetas. De hecho fueron las únicas palabras que pronunció durante el trayecto por dicha calle.

Pero donde hay una mina literaria es en el palacio de Valdecarzana –también lugar de nacimiento del novelista Juan Ochoa (1864-1899)– donde se custodian, aparte de una valiosa documentación diplomática, los libros de actas del concejo de Avilés, desde 1479 hasta la segunda mitad del siglo XX. Personalmente me llama la atención la literatura –escondida para muchos– de los amanuenses (germen de lo que hoy son los secretarios municipales), reflejando en ocasiones y en rocambolescas síntesis –a veces magistrales– los, en tantas ocasiones enrevesados cuando no ‘divertidos’, acuerdos concejiles.

Un modo de dar fe haciendo, a veces ya digo, literatura a pulso de caligrafía. Algo que mandaron al carajo la electrónica y la informática, que hoy lo copan todo.

Menos el buen vino, el ingenio, la alegría y la honradez.

La Ladrona y La Deva, islas a babor de la Ría de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 27-07-2014

Cuando la Ría de Avilés se embarca en la mar, tiene a estribor las tierras de Gauzón con sus islas del Carmen y Herbosa, mientras que a babor están La Ladrona y también La Deva, en dominios de Castrillón, comandancia marítima de Avilés.22.ISLAS . crucero y la deva. Imagen 32495 300x224 La Ladrona y La Deva, islas a babor de la Ría de Avilés

En la costa asturiana existen unas 14 islas, tan pequeñas que se las suele denominar islotes, luego hay otras, con tan poca superficie que aún formando parte de archipiélagos, también diminutos, no tienen entidad para ser singularizadas con una denominación. Y eso a pesar de que hay una bautizada como La Islona y que pudiera, por el nombre, deducirse que está en Gijón, pero es de Llanes.

De entre todas ellas destacan las dos citadas de Castrillón y por distintos motivos. Una, La Deva, porque con sus aproximadamente 500 metros de extensión y 90 de altura es la mayor isla de Asturias. Y la otra, La Ladrona, por su singularidad que ha venido generado leyendas que terminaron dando en un libro.

Ambas islas con la particularidad de tener a su derecha –perdón, a estribor– una playa adosada. La Deva tiene el mayor arenal de Asturias como es la playa del Sablón, a la que algunas publicaciones denominan, seguro que ateniéndose a normas geológicas, con el horrible nombre de playón. Mientras La Ladrona tiene a su vera la de Santa María del Mar.

La Ladrona es isla a tiempo parcial y de propiedad privada. Cuando baja la marea queda comunicada con tierra costera. Tan evidente y palpable es la unión que, en la bajamar, que tienen llevado hasta a ella a las ovejas para que pastasen, en la isla, el tiempo que dejaba la mar hasta que comenzaba a subir. Esto recuerda a la desaparecida (fue merendada por una draga en los años 40) isla de San Balandrán, de la Ría de Avilés, donde pastaban vacas que tenían paso franco desde tierra en la bajamar, lo que a mi entender le quitaba el halo de romanticismo que generaba nombre tan potentemente mítico.

Y hay otra cosa que une, en el recuerdo, a San Balandrán con La Ladrona y es que ésta última tiene (cosa que merece la pena ver) un bufón que se puede apreciar con las pleamares grandes o las marejadas fuertes. Con el bufón en acción La Ladrona se asemeja –expulsando chorros de agua por su parte alta– a una ballena, cetáceo que la leyenda identifica como una de las manifestaciones de la isla errante de San Balandrán aquella que aparecía y desaparecía en la profundidad de los mares.

La ballena empedrada que es La Ladrona de Santa María del Mar,  también cuenta con una galería submarina que la atraviesa de este a oeste, así como  una cueva de dimensiones considerables, elementos que dan mucho de si para la imaginación. Por ejemplo, circularon leyendas de que atraía cadáveres de ahogados, lo que dio lugar a que fuera bautizada como Ladrona. Y no paró ahí la cosa, porque afirmaban que un calamar gigante –oculto en la cueva– atrapaba a la gente, cosa que tiene su sentido ya que cerca de aquí está el Cañón de Avilés, donde parece ser que habitan los calamares más grandes del mundo. Lo de los cadáveres es verdad, pero es debido a que las corrientes arrastran hasta el inocente islote los cuerpos sin vida. 

Todo esto tenía que dar lugar a un libro, en este caso de narrativa infantil, escrito por Rubén Serrano titulado ‘La roca maldita’.

Y la que es de cine es La Deva, y si no preguntarle a Woody Allen que colocó a Rebecca Hall y a Javier Bardem en el faro de Avilés, con La Deva al fondo. Aparte de que casi todos los documentales generalistas sobre Asturias la incluyen como imagen destacadas.

Su nombre proviene de una divinidad prerromana asociada con el culto al agua y es una isla muy visible por tierra, mar y aire. Por tierra (desde la turística Senda Norte), por mar (por motivos obvios) y por aire porque que está situada, prácticamente, a los pies del Aeropuerto de Asturias. A la fuerza tenía que trascender y así La Deva tiñó con su nombre bendito lugares dedicados al ocio y a la  educación, bautizando un jardín público en Salinas (parque de La Deva) o un centro educativo en Piedras Blancas (Instituto de Enseñanza Secundaria Isla de La Deva).

La Deva, junto con la playa de Bayas que tiene a un costado, es un conjunto que ha sido declarado Monumento Natural. Adviértase la singularidad, bañada de connotaciones eróticas, de las islas castrillonenses, y por extensión avilesinas: La Ladrona es transformista, ya que muda de ínsula a península (y viceversa) al ritmo mareante de las mareas, y La Deva que, aparte del Sablón, tiene enfrente la nudista playa de Requexinos, abrigada solamente por la vegetación.

Si esto lo hubiesen pillado Azcona y Berlanga hubiesen hecho maravillas fílmicas.

 



Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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