Un ministro y una cárcel de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 28-06-2015

(A Servando Ruiz Gómez, que fue ministro de dos Gobiernos de España, se le dedicó una calle donde estaba ubicada la cárcel de Avilés).

         Así como en el Gobierno de España, naturales o vecinos de Avilés hubo tres ministros de Hacienda  -entre el último tercio del  siglo XIX y el primero del siglo XX- también hay que decir que cárcel del partido (judicial), por aquel tiempo y en la villa, solo hubo una.

          Por haber, ministros avilesinos hubo más, pero el que tres de ellos (Servando Ruiz–Gómez, Julián García Sanmiguel o marqués de Teverga y José Manuel Pedregal) lo hayan sido de Hacienda es cosa que llama la atención, teniendo en cuenta, además que la población de Avilés era modesta en número.

22.ruiz gomez. calle Ruiz Gomez.ANTES DEL TREN SERA POSIBLE.castor fb 290712 300x185 Un ministro y una cárcel de Avilés

La calle Ruiz Gómez en 1900.

          Pero Servando Ruiz–Gómez González–Llanos tiene doble mérito, no por doble apellido claro, sino porque dos fueron los ministerios que dirigió: Hacienda y Estado.

         Nació en Avilés, el 23 de octubre de 1821 y de niño emigró (junto con su familia, se entiende) al Caribe (Jamaica y Cuba), temeroso su padre de represalias por parte de aquel engendro real, en todos los sentidos, conocido como Fernando VII por haber participado (el padre del niño Servando) en el levantamiento del general Riego contra dicho monarca, que se negaba a jurar una Constitución que modernizaba España.

         Ruiz Gómez estudió en diversos países de Europa y en 1842 regresó a España afiliándose al Partido Progresista. Fijó su residencia en Oviedo (también viviría en Gijón y La Coruña), pero en Oviedo fue alcalde tras participar en la junta revolucionaria de 1854 y luego elegido diputado (más tarde lo sería también por Avilés y otras demarcaciones), pero circunstancias diversas le obligan a retirarse de la política, cosa que aprovecha para fundar dos semanarios: El Eco de Gijón y La Crónica.

         Con la revolución de 1868 fue elegido gobernador civil de Asturias. Ingresa, en 1870, en el Partido Radical, llegando a ser ministro de Hacienda, en el gabinete presidido por Ruiz Zorrilla. Más tarde se trasladó a Francia regresando con la Primera República, aunque ya con sus ideas progresistas un tanto apagadas y con las luces largas conservadoras encendidas. Monárquico y liberal, en tiempos de Alfonso XII, fue elegido miembro del Consejo de Estado y senador vitalicio. En 1883, en el gobierno del asturiano Posada Herrera, fue ministro de Estado de 1883 a 1884.

           El 19 de agosto de 1888 falleció en un hotel de Vigo, donde vivía solo, sin haber podido superar el trauma del fallecimiento de su esposa y de su hija.22.RUIZ GOMEZ. foto carnet Servando Ruiz Gómez 222x300 Un ministro y una cárcel de Avilés

          A este destacado personaje de la vida española, su ciudad natal le debía un homenaje que concretó dándole nombre a una calle. Pero no tuvo suerte y me explico.

          La que hoy lleva el nombre oficial de Ruiz Gómez (o sea ‘de la cárcel’) fue un camino que discurría a las afueras de la muralla y llevaba a la fuente de Corugedo, ubicada por estos lares. Cuando la cerca medieval fue derribada (entre 1818 y 1821) fue conocida como calle de la Cuesta de Corugedo. Más tarde al ser urbanizada y levantarse en ella la nueva cárcel (1845) de cajón le vino el nombre: Calle de la Cárcel. Pero en 1896 el Ayuntamiento, presidido por Cesáreo de Silva Inclán, la renombró como de Ruiz Gómez, aunque el personal siguió conociéndola con la denominación penitenciaria. Y en esas seguimos.

         La calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) era antes la comunicación, en línea recta, desde el mismísimo centro de Avilés (plaza de España o El Parche) hacia el cabo Peñas, Luanco y el este de Asturias. Terminaba donde empezaba el puente metálico de San Sebastián, construido en 1893, pero que a partir de 1950 –con la llegada de ENSIDESA, y compañía– perdió su protagonismo a costa del nuevo puente Azud, al que algunos siguen llamando puente Azul.

          La calle de Ruiz Gómez (o sea ‘de la cárcel’), empinada como pocas de Avilés, tiene actualmente una ‘boca’ enorme, por donde entran y salen coches que utilizan el parking subterráneo que hay bajo la plaza de España.

         Por la acera derecha, finaliza en dos hélices que pertenecieron a un trasatlántico y que mostradas en paralelo vienen a componer una pieza escultórica de mucho peso (2.670 kilos cada una) donadas por la ciudad francesa de Saint Nazaire, famosa por sus astilleros, y hermanada con Avilés desde 2003.

22.ruiz gomez. IMG 7891 BIS 300x225 Un ministro y una cárcel de Avilés

La calle en 2015. A la derecha, la Oficina de Turismo (antigua cárcel).

         Por el lado izquierdo, la calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) desemboca en la de El Muelle que discurre paralela a la Ría. En este margen, antes abundante en pequeñas cafeterías, subsiste (gracias a Dios) una de las más tradicionales casas de comidas de Avilés: ‘La Eritaña’.

         Pero quien llama la atención es la Oficina de Turismo, antigua cárcel del partido judicial de Avilés, por su destacada arquitectura merecedora de formar parte del Conjunto Histórico-Artístico de Avilés. Este edificio, un episodio aparte, es la madre del cordero del ‘conflicto’, en cuanto a denominación popular, que tiene planteada la calle de Ruiz Gómez (o sea, la ‘de la cárcel’).

         Próximo al final de la rúa destaca el edificio nº 23, el que hace esquina con la calle Jovellanos, diseñado por Manuel del Busto, quien cuenta con importante obra en Avilés entre la que destaca el Teatro Palacio Valdés. El arquitecto cubano trazó la casa con dos alturas, las que tiene hoy fueron añadidas ulteriormente por la propiedad.

          Hoy la calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) ha ganado en categoría social, pues enlaza en línea recta el centro de la ciudad con el Centro Niemeyer, y en línea quebrada con el Teatro Palacio Valdés.

          Ya tengo escrito que el destacado ciudadano Servando Ruiz Gómez difícil tiene el protagonismo popular (que no el oficial) en el callejero de su villa, donde muchos de sus conciudadanos –excluido el sufrido gremio de carteros del servicio de Correos– cuando los visitantes les inquieren por la dirección de la Oficina de Turismo, tienen que pisar a fondo el frenillo, de la lengua, para no mandarlos a la cárcel.

El caso de los cines Patagonia y Marta y María

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 21-06-2015

(El Principado abre expediente para la inclusión de estos dos cines avilesinos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias)        

       Muchos creíamos que después del cierre, hace casi dos años, del Marta y María lo del cine ya se había acabado en Avilés. No supimos,  no pudimos, no quisimos, esperar.

        Georges Simenon, escritor belga, arrojaba los manuscritos de sus novelas a la basura si tardaba más de diez días en escribirlas. Conocedor de esta velocidad narrativa (222 obras publicadas), conocedor de este detalle, el director cinematográfico Alfred Hitchcock, en una ocasión que lo llamó por teléfono para resolver un asunto y como le respondieran que «el señor Simenon no puede ponerse porque acababa de empezar una novela» el legendario cineasta británico respondió: «Bueno, espero».

22.cinema patagonia. CINE MARTA Y MARIA. cuando ejercia como cine 300x225 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

El Marta y María, un clásico del cine asturiano.

         Hitchcock sabía esperar, cuña de coña incluida. Por eso cuando el pasado 6 de mayo el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA) publicaba una resolución (del 16 de abril de 2015) que afectaba al patrimonio de Avilés a muchos nos cogió por sorpresa. Nunca aprenderemos que en el terreno histórico-artístico, de Avilés, hay que esperarlo casi todo.

          La noticia es que se incoa expediente para la inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias a 50 cinematógrafos asturianos. Y entre ellos dos avilesinos: Marta y María (últimamente Multicines Marta) y Patagonia.

          Fue el 25 de diciembre de 1957 cuando se inauguró en la histórica parroquia de Miranda un cine puesto en marcha por el constructor Fructuoso Lastra y por José Antonio Suárez (ligado al popular comercio avilesino ‘La Casa de Las Medias’). El nuevo edificio, situado frente a la iglesia y la antigua escuela –donde aprendieron a leer muchos niños entre ellos el universal autor teatral Alejandro Casona– fue diseñado por Juan Corominas Fernández-Peña, uno de los más destacados arquitectos junto con Enrique Rodríguez Bustelo, Juan Manuel del Busto e Ignacio Castelao, que por entonces trabajaban en la comarca avilesina.

          De aquel acto y del funcionamiento del Patagonia me entregó Elena Ovies un escrito caligrafiado que los constructores, a su vez, le habían pasado a su padre, Venancio. El cine se inauguró con la película (en CinemaScope, espectacular invento de la época) norteamericana ‘Rose Mari’ (interpretada por Ann Blyth y Fernando Lamas). Al terminar la proyección, el prestigioso comercio avilesino ‘La Suiza’ sirvió un vino español al que asistieron el alcalde avilesino Francisco Orejas Sierra y el director de LA VOZ DE AVILÉS, Juan González-Wes, que fue quien, a petición de los constructores, había sugerido el nombre del cine como homenaje al famoso indiano avilesino, nacido en Miranda, José Menéndez, más conocido como ‘El rey de La Patagonia’.

22.cinema. PATAGONIA de Miranda.IMG 75681 300x225 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

Estado actual del cine Patagonia.

          La sala, de 550 butacas, estuvo ‘dando cine’ hasta el 29 de junio de 1971, ocasionalmente jueves y sábados y todos los domingos. Y aparte de los vecinos de Miranda acudían también de Illas, Pillarno, El Caliero o San Cristóbal e incluso de los barrios de Buenavista y La Magdalena. Cuentan que cuando llovía el hall del cine se llenaba totalmente de madreñas. También hubo sesiones de Cine Forum en el Patagonia, dirigidas por José Manuel Feito (que se había cargo de la parroquia de Miranda en 1964), el director de radio COPE-Avilés Dídimo García, y el maestro y escritor, Juan Antonio de Blás. Igualmente, el local, acogió representaciones teatrales y diversos actos sociales.

          El arquitecto que diseñó el cine Patagonia, Juan Corominas, fue también el que había esbozado, en 1946, la sala del Marta y María cuando la propiedad del palacio (siglo XVIII) de García Pumarino (también conocido como de Llano-Ponte) decidió, lamentablemente, destruir el histórico cuerpo principal de la mansión (actualmente solo se conserva la fachada) para alojar en él una sala cinematográfica, asunto este que junto con la historia del palacio han tenido sus episodios aparte.

          El Marta y María, cerró sus puertas en septiembre de 2013 y con él desapareció la última sala de cine que quedaba en el municipio avilesino, un clásico en Asturias. El local del Patagonia, destripado su interior, se utilizó como aula de cursos de albañilería y posteriormente como almacén de una mueblería.22.cinema Patagonia.HITCHCOCK.1 300x215 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

         Actualmente presenta un estado deficiente, por lo que a los vecinos de Miranda les extraña que ‘aquello’ vayan a declararlo casi un monumento. Que no se extrañen, porque en Raíces (al lado del Peñón) se recuperó una capilla medieval que el tiempo y la incuria habían convertido en una cuadra, y de tan penosa condición la rescató y restauró el empeño del Ayuntamiento de Castrillón.

        Aquí, en Miranda, la acción corresponde al Principado de Asturias que es quien ha resuelto abrir un expediente para su posible inclusión, junto con el Marta, en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) que es el segundo nivel (el primero es Bien de Interés Cultural, o BIC, de los que en Avilés tenemos bastantes muestras) en cuanto a protección de elementos patrimoniales que el Principado cree oportuno conservar.

        Total, que dos edificios donde ponían películas puede que trasciendan y lleguen a ser patrimonio histórico. Y esto no es ninguna película, aunque si es de cine el hecho de que a un par de edificios avilesinos dormidos se les intente despertar de ese mal sueño que es la pesadilla del abandono.

        Para que luego digan que a quien madruga Dios le arruga.

Calle Los Alas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 14-06-2015

        La calle de Los Alas está situada en lugar privilegiado del casco histórico de Avilés pues se inicia en la plaza de España (o ‘El Parche’) y termina en la calle de Los Alfolíes. Algunos ciudadanos, frecuentadores de capillas y templos etílicos, llevaban tiempo atrás ésta señalización a su terreno diciendo «que empieza en la sidrería Alvarín y termina en el restaurante La Parra o en el chigre El Llagarón, según quien».22.ALAS . 0000.IMG 7030 225x300 Calle Los Alas

       Hace aún más años, en 1892, el alcalde José Cueto decidió cambiar el nombre de algunas calles y nombró a dos personas «de las más ilustradas de ésta Villa» para que asesoraran al Ayuntamiento sobre las nuevas denominaciones callejeras: al escritor Estanislao Sánchez-Calvo y al abogado y estudioso de la historia local, David Arias García.

       Entre los cambios de nombres sugeridos por los asesores y que aprobó el gobierno local, en sesión municipal del 15 de enero de 1892, figura que la Calleja del Moclín pase a denominarse ‘Calle Las Alas’ (y así figura escrito en el Libro de Actas municipal, que es lo que va a misa en estos casos), como homenaje a esta familia de tanto relieve histórico en la comarca avilesina. Pero en las placas, colocadas como es preceptivo, al principio y al final de la vía se cambió el artículo femenino por el masculino y quedó ‘Calle Los Alas’. Aunque últimamente, en una de las chapas, alguien ha querido reparar este error –que ya dura 123 años, algo muy municipal– y ha cambiado el dichoso artículo (poniendo ‘A’ donde había ‘O’) de un modo ‘ostentóreo’, que diría Jesús Gil, aquel excesivo alcalde de Marbella. La otra placa permanece inalterablemente errada a fecha 12 de junio de 2015, cuando se escribe este episodio.

       Fue una calleja que discurría, paralela a la calle de La Ferrería, entre la parte trasera de ésta y la muralla, por una zona de huertos y hórreos. Al unir el Alcázar, edificio defensivo situado en la puerta de la muralla de La Ferrería, con la puerta del Puente (comunicación con Gozón) fue conocida, por algunos, como Tránsito del Alcazar. Y más tarde como El Moclín.22.alas .ROTULO CORREGIDO.Img 7481 300x235 Calle Los Alas

       Hay opiniones sobre el porqué de éste último nombre. Una lo achaca a que en dicha calleja vivía el padre de Pedro Menéndez de Avilés, un militar que sirvió como oficial de alto rango a las órdenes de los Reyes Católicos, distinguiéndose en la toma de la fortaleza granadina de Moclín, clave para la posterior toma de Granada en 1492. Y esa casa, donde nacieron varios de sus ocho hijos (pero no el Adelantado nacido en otra vivienda que sus padres tuvieron posteriormente en la calle La Ferrería), pasó a ser conocida como la del Moclín. Y tal nombre le quedó a la calleja.

       Otra teoría dice tal que: «la de los Alas se llamó del Moclín, porque allí, un forastero de este nombre o apodo, se dedicó al cultivo del cebollín». En fin…

       La calle elude la línea recta y en sus inicios es lo más estrecho que se puede encontrar en Avilés en cuestión de vías urbanas, pues no llega a los tres metros de ancho. Es calle muy original y además encierra algún tesoro desconocido como un lienzo de unos veinte metros de la muralla medieval, que está ‘camuflada’ en el patio de un inmueble propiedad de la Autoridad Portuaria, situado en el lado derecho de la calle ya cerca de su final.

22.alas . MURALLA de Aviles. Restos calle Los Alas. Tomado de trasparencia. Celestino Tino Gonzalez 300x231 Calle Los Alas

Patio de la calle donde queda un buen lienzo de muralla (Foto cedida,en 1998, por Celestino González 'Tino').

       Por el contrario han desaparecido dos pequeñas casas, de un bloque de tres, con soportal bajo nivel del suelo, únicos de esa clase en Avilés.

       En el siglo XX la calle cogió aire con el establecimiento, en 1908, de la Asociación Avilesina de Caridad, su restaurante económico y un grupo escolar (‘Ave María’) basado en el método didáctico del granadino Padre Manjón. Lo hizo en un gran solar, hoy desocupado, y que en los años sesenta también cumplió funciones de cuartel, por unos años, de la Policía Armada (actual Policía Nacional).

       También en 1935 la inauguración de un edificio (compartido con la calle Jovellanos) dedicado a Biblioteca y con los años ampliado a Casa Municipal de Cultura le dio mucha vida hasta 1989, cuando ésta cambió de sede.

       Y hoy plegadas tiene las alas esta calle de Las Alas a la que la mayoría sigue llamando Los Alas.

        Hala.

Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 07-06-2015

(Entre enero de 1786 y febrero de 1787 recorrió España, siendo probablemente el suyo uno de los itinerarios más largos realizados por un escritor en el siglo XVIII).

         Cuando el lunes 21 de agosto de 1786, Joseph Townsend llegó a Avilés tuvo que darse cuenta, al instante, que estaba en una Villa de tronío y no en un villorrio cualquiera. Aunque, eso si, acorde con la atonía social y cultural que por entonces vivía España, ajena a la influencia que estaba ejerciendo en buena parte de la sociedad europea el fenómeno de la Ilustración francesa, que eso si que fue una revolución cultural y lo demás son cuentos chinos, incluido el de Mao Tse Tung.22.ingles.LAAAAA VOZ DE AVILES 227x300 Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

          El médico británico, estaba en Asturias, como parte de su proyecto de conocer a fondo España –un viaje que duró casi dos años y publicaría luego en tres volúmenes– y comprobaría, a las primeras de cambio y supongo que con asombro y alegría, que la iglesia de Sabugo –entonces separada por el río Tuluergo y las marismas de la ciudadela amurallada de Avilés– estaba consagrada, y ya desde el siglo XIII, a su famoso compatriota Tomás Becket conocido eclesiásticamente como Santo Tomás de Canterbury.

         Eso tuvo que halagar igualmente su condición religiosa, porque Joseph Townsend (1739-1816) aparte de médico, doctorado en Cambrigde, también era clérigo. Un clérigo anglicano que recorrió parte de Europa (entonces se hacía caminando, a caballo o en diligencia) indagando y observando aspectos sociales y económicos, aunque le privaba todo lo relacionado con la medicina y también con la geología, entonces una moderna disciplina científica.

           Llegó de Oviedo, donde se había alojado en casa del avilesino Juan de Llano-Ponte Sierra, obispo de la Diócesis, y en Avilés lo haría en la residencia palaciega que el prelado tenía al inicio de la calle Rivero (hasta ayer, como el que dice, cine ‘Marta y María’ y hoy edificio en paro, por así decir).

           Precisamente, en aquel año de 1786, los vecinos de Rivero, hartos de reclamar al Ayuntamiento habían dirigido una petición a la Real Audiencia del Principado pidiendo, de una repajolera vez, una fuente para su calle, necesaria para apagar, aparte de la sed, posibles incendios que de presentarse se llevarían por delante, en un pis pás, sus frágiles casas. Argumentaban que los Caños de San Francisco quedaban muy lejos para cubrir estas emergencias. Argüían bien, aunque la fuente tardaría años en instalarse.

           Al inglés le llama la atención que «cerca de Avilés, han hecho esa carretera perfectamente recta, muy ancha y bombeada en el centro», refiriéndose a la ruta hacia Oviedo. Por lo que se ve que no habían emplazado todavía Los Canapés, que datan de ese año de 1786, pues Townsend no los cita.

            En cambio sí cita datos que definen el Avilés de entonces, que tenía «ochocientas familias, dos iglesias parroquiales (se refiere a la antigua de San Nicolás hoy de San Antonio y a la de Sabugo) tres conventos (San Francisco camino de Galiana, La Merced en Sabugo y Las Bernardas en la calle San Bernardo) y dos hos­pitales, uno de los cuales es para mujeres ancianas (debe referirse al situado en El Parche) y el otro para los peregrinos (en la calle Rivero) que van a Santiago».

            «Avilés está situada a la ori­lla de un pequeño río (se refiere al delta del Tuluergo, a un costado del palacio de Camposagrado y donde estuvo ubicado desde siempre el puerto marítimo hasta finales del siglo XIX), a una legua del mar aproximadamente, y la marea llega hasta allí». Pero lo que no sabía Townsend es que tan cegada de arena estaba entonces esa legua que solamente, y en pleamar, podían llegar al puerto avilesino embarcaciones de entre 60 y 80 toneladas.22.ingles. en aviles.Joseph Townsend 249x300 Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

            Cuando el inglés visitó la población avilesina, ésta debía de ser la segunda de Asturias pues se refiere a Gijón como «pequeño puerto de mar al este de Avilés». Y lo que no encontró fue trazas de industrialización, que vendría años más tarde. Al respecto explica que «No hay más manufacturas que la de calderería de cobre y de latón, para los pueblos próximos y la de hilo (los telares) para el consumo de la villa».

             Otra carencia, y tremebunda, que observó el inglés fue la sanitaria. Hay que decir que a finales del siglo XVIII, y en el año 1786,  diversas circunstancias concurrieron para que no hubiera ningún médico en Avilés, solamente un cirujano, término que entonces no pasaba de ser un barbero con elementales nociones sanitarias. Se ve que el Llano-Ponte, obispo de Oviedo, lo mandó a Avilés con cuenta y razón, pues Townsend no paró de atender médicamente a religiosos en precario estado de salud, algunos «a petición del obispo visité a uno de sus amigos, viejo canónigo, al que sus médi­cos amenazaban con una parálisis» a la que venía combatiendo el cirujano local con sangrías continuadas y el médico inglés sometió al enfermo a estricta dieta vegetal, práctica de ejercicio y en cuestión de días lo resucitó. Lo mismo ocurrió con un fraile del convento de San Francisco, al que fue a visitar también  a petición del obispo Llano-Ponte y al que encontró «lanzando gritos dolorosos que le arrancaban sus sufrimientos: tenía piedra». Townsend le aplicó una medicación que lo alivió rápidamente y «entonces todos los frailes me rodearon, y cada uno me consultó sobre su enfermedad». Se corrió la voz y hasta la abadesa del convento de monjas de clausura de San Bernardo, solicitó la presencia del médico británico para que atendiese a tres de sus religiosas.

           La cara alegre se la dio la «sorprendente Feria», el  mercado anual de ganados de San Agustín, que «atrae una concurrencia considerable de extranjeros a Avilés, y cada habitante se apresura a abrir su casa para recibir a sus amigos. En ese tiempo pasan la mañana paseándose para ver las tiendas, los rebaños… y acaban el día bailando… Las danzas más en boga son a la in­glesa, el minué y la contradanza francesa, y hacia el fin de la velada el fandango».

           También detalla distintas costumbres sociales, por ejemplo le llama la atención que «las mujeres no usan colorete, ni polvos, ni tocado, ni gorros; sólo rodean su cabeza con una simple cinta». O se asombra de que los fumadores traguen el humo, «es la manera corriente de fumar de los habitantes del país, y encuentran que si no hacen pasar ese humo por sus pulmones resulta inútil».

          Joseph Townsend, que confiesa haber pasado «diez días muy agradables en Avilés» se fue el 31 de agosto de 1786, sin retorno, pero dejó para siempre el nombre de Avilés unido al de las principales poblaciones españolas en sus libros que, por cierto, tenían proyección internacional pues era autor de fama.

          Un placer, oiga usted.

La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 31-05-2015

          Dice un refrán que ‘mayo entrado, un jardín en cada prado’ y que tal cosa se cumple, en el panorama patrimonial avilesino, está demostrado con fechas y ‘fechos’.

          El 27 de mayo de 1955, siendo alcalde Eduardo Fernández Fernández-Guerra, el Gobierno español aprueba un decreto que sería publicado el 7 de junio siguiente en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en el que declaraba «Conjunto Histórico artístico las siguientes zonas de la villa de Avilés», que relaciono puestas a día de hoy la nomenclatura de lugares y edificios y matizando entre paréntesis generalidades para mejor identificarlas:22.muralla.Imagen1 300x291 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          «Las murallas de la villa (sus restos). Plaza de España. Calle de La Ferrería con el palacio de Valdecarzana y la fachada de la llamada casa de Carreño. Calle de El Sol. Calle San Bernardo con el Palacio de Camposagrado y la casa numero 22 (la que fue Escuela de Cerámica). Plaza de Camposagrado. Calle Rivero, palacio de Ponte (donde funcionaron los cines ‘Marta’) y Ferrera, capilla de San Pedro y la fuente llamada ‘Caños del Rivero’. Calle Galiana. Plaza de Carlos Lobo con la Iglesia (la hoy conocida como de San Antonio y ayer de Los Padres) y la capilla de Las Alas. Plaza de Álvarez Acebal y la Iglesia (de San Nicolás de Bari). Plaza del Carbayo con la Iglesia (de Sabugo vieja). Edificio de la Oficina de Turismo. Los Canapés».

          Estos son las zonas y edificios de Avilés, que desde hace 60 años, fueron  reconocidos oficialmente por el Estado español y puestos bajo su salvaguarda. El documento se lo debe Avilés, fundamentalmente, al ovetense Luis Menéndez–Pidal (1896–1975), arquitecto estatal, y a José Francés (1883–1964), académico de Bellas Artes e hiperactivo intelectual madrileño.

          No sería descabellado pensar que –dada la brutal especulación inmobiliaria originada por entonces con ‘la llegada’ de ENSIDESA, que también vino a ritmo de BOE– el centro urbano avilesino, donde se aloja la mayoría de los elementos catalogados en el decreto anterior, muchos de los cuales hubieran sido primero momificados, luego modificados y finalmente borrados del mapa de no haber contado con este blindaje legal. Rotundamente, el decreto de mayo de 1955, es un hito histórico de Avilés.22.muralla.Imagen2 300x297 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          Pero, como decía Billy Wilder, nadie es perfecto. Y un decreto mucho menos, pues faltaba más. Por lo que dejando sentada la importancia del documento, hay que decir que se detectaron olvidos (las calles históricas de Sabugo, por ejemplo) que hubo que subsanar más tarde. Y eso ocurrió el 31 de mayo de 1990, hace hoy veinticinco años, cuando el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA), a petición del Ayuntamiento de Avilés siendo alcalde Santiago Rodríguez Vega, publicó un decreto que disparó la rehabilitación del casco histórico.

          A partir de aquel día, y hasta hoy, la mejora y protección del mismo se mide en fachadas, calles y plazas mejoradas. Complementado con el rescate y rehabilitación de palacios como los de Ferrera y Camposagrado, aparte de otros lugares y edificios (plaza del Mercado, teatro Palacio Valdés, etc.) que pasaron a ser considerados parte del Conjunto Histórico-Artístico de Avilés.

          También y entre los beneficios derivados de éste decreto del Principado de Asturias (a quien el Estado español ya había transferido las competencias en cuestión de patrimonio) fue la peatonalización –rescate urbano de muchos perendengues– del casco histórico y por tanto la prohibición del tráfico rodado por el mismo. Lo que trajo consigo la implantación de bolardos (postes de hierro) electrónicos, que daban acceso exclusivo a vehículos autorizados, de comerciantes y de residentes. O sea una muralla electrónica, donde las almenas son bolardos que bajan (¡Abre la muralla!) o suben (¡Cierra la muralla!’) al ritmo del poema de Nicolás Guillén.  22.muralla.IMG 7023 300x225 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          Avilés ya había contado con muralla, pero de piedra, construida en la Edad Media contra enemigos que pudieran  venir por tierra y mar. Medía unos 800 metros y abarcaba las actuales calles de La Fruta, La Ferrería, El Sol y San Bernardo. Fue derruida a principios del siglo XIX, amparándose los gobernantes locales en una retorcida interpretación legal que no logró esconder su defensa de intereses inmobiliarios.

          A estos efectos, acento incluido, compárese la ciudad de Ávila con la de Avilés.

          La primera conserva su muralla de piedra y un casco histórico hoy declarado Patrimonio de la Humanidad. En Avilés los políticos ni se han atrevido a solicitarlo a la UNESCO, organización internacional que concede tal honor y del que se deriva calidad de ciudad, subvenciones y turismo cosa fina. Y ello a pesar de opiniones favorables de algunas personalidades o del apoyo popular en las redes sociales. Por ejemplo en Facebook, donde la página ‘Casco Histórico de Avilés Patrimonio de la Humanidad’ agrupa a cerca de 6.000 (seis mil) amigos.

          Dice un proverbio que ‘mayo reglado ni muy seco ni mojado’, y algunos recordamos, a propósito de otro popular refrán, que la forma más práctica de pescar peces es mojarse el culo.

          Con muralla de piedra o electrónica.

Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 24-05-2015

El actual palacio municipal, en la plaza de España, solo tiene una antigüedad de 338 años. Anteriormente los gobernantes se reunían en otros lugares.

     Gramaticalmente, ayuntamiento remite a la acción y efecto de ayuntar, de ayuntarse, de reunirse. y eso la Real Academia lo lleva al límite, pues la quinta acepción del término ‘ayuntamiento’ es la de ‘coito’. Quizás esto ayude a explicar el por qué al personal tanto le gusta -y apasiona- el poder.

     Corto y cambio a concejo, que es término que remite directamente a gobierno local.22.AYUNTAMIENTO.22.CASCO HISTORICO PATRIMONIO ayuntamiento chorros del oro. 300x266 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     De hecho lo más antiguo que se conoce en Avilés como forma de gobierno son los llamados Concejos Abiertos, reuniones públicas a las que podían acudir todos los vecinos. En el siglo XIV se citan, por ejemplo, las celebradas -previo aviso del pregonero- en el convento de San Francisco del Monte (actual iglesia de San Nicolás de Bari). En estos Concejos Abiertos se solucionaban problemas de convivencia y otros como las peticiones de nueva vecindad, muy abundantes, al ser Avilés ciudad privilegiada por el Fuero concedido por el rey Alfonso VII.

     También los había en el cementerio de la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery (en la actual plaza del Carbayo) entre los vecinos de Sabugo. Porque Sabugo (episodios aparte) era un pueblo, con iglesia propia, y tanto es así, que llegó a tener sus propios alcaldes ‘de mar’. Con el tiempo la unión -administrativa- con la Villa se fue consumando y los alcaldes sabugueros consumiendo.

     Avilés crecía, al ritmo del progreso que le procuraba el tráfico y comercio marítimo. Entre esto y que había nacido España como nación, en el reinado de los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, el Concejo Abierto fue perdiendo su sentido, siendo sustituido por el regimiento de un grupo de vecinos, los más poderosos (epidemia histórica mundial), elegidos anualmente y cuyas reuniones se celebraban en el cementerio (entonces bajo techado) de San Nicolás de Bari (actual de los Padres Franciscanos). En el camposanto (entre la iglesia y la muralla y frente a la capilla de Las Alas) había un pequeño habitáculo, donde se celebraban las sesiones del concejo avilesino.

     Un lugar tétrico e insalubre, por lo que no es de extrañar el acuerdo tomado el 26 de junio de 1484 de que: «Se faga una casa para el Concejo en la Plaza de la Rúa Nueva» o plaza de la Villa (hoy inexistente y situada en el entronque de las calles de La Fruta y El Sol).22.AYUNTAMIENTO. 22.ALAS capilla a 150 219x300 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     En este pequeño edificio municipal había puestos de grano, carne, pan y vino, también se custodiaba la arqueta del agua de la Villa y el patrón de pesas y medidas. Pero la casa ardió en el pavoroso incendio del 14 de diciembre de 1621 e hizo necesario comprar otra, en 1640, fuera de la muralla y contigua al viejo hospital de San Juan, en la plaza «De fuera de la Villa» (actual plaza de España).

     El caso es que entre una casa y otra y por la circunstancia relatada, las reuniones en el cubículo del cementerio, al que se le había abierto -en 1636- un ventanuco con vistas a la ría, no cesaron del todo. Ni mucho menos.

     Porque allí tuvo lugar una reunión trascendental, el 26 de agosto de 1670. Ese día tres toques de campana tañida (considerable avance tecnológico respecto al pregonero, que vio mermada su categoría como medio de comunicación), señal de llamada para que los mandatarios -presididos por el regidor Sebastián Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado- se presentaran para adjudicar las obras para la construcción de un nuevo edificio municipal, que aún hoy perdura.

     Levantado fuera de la muralla, dada su gran superficie, entre «la puerta de la muralla del Alcázar, a la entrada de la calle de La Ferrería y la de Cima de Villa» (otra de las denominaciones de la calle de La Fruta), en los entonces espaciosos terrenos, que configuraban la «Plaza de fuera de la Villa», entonces vacía de soportales y abundante en álamos y carbayos (robles).

     Este palacio es el buque insignia de un trascendental desarrollo urbanístico de la Villa. La mansión debe su traza arquitectónica a Juan de Estrada y la materializó el maestro de obras avilesino Marcos Martínez, con material de la cantera de Bustiello, que estaba a tiro de piedra y nunca mejor dicho.22.ayuntamiento. SOL EN FACHADA. 00002 242x300 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     Se inauguró el 22 de abril de 1677 siendo alcalde Alonso Carreño Bango. Y desde entonces en él, se ha venido gobernando religiosamente. Tómenlo al pie de la letra, porque en 1755 la Santa Sede, autorizó a celebrar misa, los días de acuerdos de plenos, en el Oratorio municipal, contiguo al salón de sesiones.

     Pero la “misa plenaria”, ya había desaparecido mucho antes de 1976, que fue cuando el ayuntamiento fue extendiéndose a otros edificios de la ciudad, dentro de acuerdos -tomados en los mandatos de Ricardo Fernández Suárez (1976-1979) y principalmente en los de Manuel Ponga Santamarta (1979-1988)- para adquisición de monumentales edificios (como el antiguo comercio ‘Aurelio’ en el Parche, el palacio Balsera o la casa de Arias de la Noceda, en Galiana), para su aprovechamiento municipal.

     Sin estos matrimonios urbanísticos quizás, hoy, estas artísticas mansiones estuviesen cayéndose a pedazos, ya que se habían quedado viudas de uso particular.

     Cosas así son ejemplo de buen gobierno de la comunidad. Que no reluzcan, solamente, malogros y bribonadas.

(Reedición revisada de episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’ el 12 de junio de 2011)

Novelas clásicas de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 17-05-2015

(Episodio sobre buena parte de las novelas, más destacadas, de las escritas por avilesinos y también aquellas donde la ciudad aparece como protagonista principal de las mismas).

      Circula por Asturias una repetida sentencia, desconozco autoría de la misma, que dice que «Si Gijón es ciudad de pintores, Oviedo y Avilés lo son de novelistas». No voy a entrar en el fondo de dicha valoración, pero algo esconde de verdad porque, aparte de por otras cosas, la capital asturiana también es famosa por «La Regen­ta», de ‘Clarín’ o por Pérez de Ayala y su «Tigre Juan». El caso avilesino no se queda atrás como ciudad propicia a los novelistas cuya nómina encabeza Armando Palacio Valdés, uno de los fijos en las listas del ‘Hit Parade’ histórico–literario asturiano.

22.novelas de aviles.PALACIO VALDES EN EL PARQUE DEL MUELLE 300x207 Novelas clásicas de Avilés

Armando Palacio Valdés, con su esposa Manuela Vega, en el Parque del Muelle.

      En las novelas, Avilés aparece unas veces con su verdadero nombre y otras con uno ficcionado, como Nieva y Sarrió que son lo que utiliza Palacio Valdés en ‘Marta y María’ y ‘El cuarto poder’, respectivamente, o Villaclara usado por Pérez de Ayala en “La pata de la raposa’, o Arobias (que así llama a la ciudad José Villalaín en ‘Fondo’, novela que publicó como folletín en LA VOZ DE AVILÉS en 1910) o, en fin, Miracielo nombre con el que disfraza a la villa Constantino Suárez ‘Españolito’ en su obra ‘Isabelina’.

      Sin duda, la novela mas célebre y leída –y no solo en nuestro idioma, también en francés, inglés, ruso, sueco y checo– de las ambientadas en Avilés es ‘Marta y María’ de Armando Palacio Valdés, publicada en 1883. En Nieva –cuyo paisaje urbano es fácilmente reconocible si el lector es avilesino– habita la pudiente familia Elorza cuyas dos hijas, Marta y María, son el eje central de la obra y cuyo domicilio lo sitúa, el escritor, en el palacio ubicado en el inicio de la calle Rivero, conocido como de García Pumarino (o también como de Llano Ponte). Es importante estar enterado de que Palacio Valdés vivió de niño –cuando lo trajeron desde su lugar de nacimiento en Entralgo– frente a esta mansión que, en honor del escritor y al ser reconvertida en cine, en 1949, la propiedad del inmueble acordó bautizarlo como ‘Marta y María’. Otra curiosidad es que Palacio Valdés parece que escribió esta obra en el hotel ‘La Serrana’, su alojamiento avilesino durante los veranos que pasó en la villa.22.novelas de aviles. MAYITA 219x300 Novelas clásicas de Avilés

      Avilés aparece también, bajo el nombre de Sarrió, en su novela ‘El cuarto poder’ aunque ya no tan claramente. Para Patricio Adúriz (escritor, periodista y Cronista Oficial de Gijón entre 1982 y 1992) Sarrió es «un producto mixto en el que hay retazos del Avilés de la infancia del escritor y el Gijón de sus correrías de la mocedad». En otra novela de Palacio Valdés, ‘La fe’, aparece el nombre de Avilés aunque de manera secundaria. Sin embargo en ‘La novela de un novelista’, escrita en 1921, ya no esconde el nombre de Avilés para referirse a la ciudad que describe, quizá porque es una autobiografía

      Quien ya escribe de principio a final, llamando a Avilés por su nombre es Eloy Fernández Caravera (1887–1980) en su novela ‘Mayita’, que describe el ambiente y costumbres avilesinas en una visión panorámica. Esta obra, antes de convertirse en libro había sido publicada, en 1942, por entregas –algo que antes se llevaba mucho en el periodismo– en el diario LA VOZ DE AVILÉS.

      Eloy F. Caravera utiliza en ocasiones el bable ‘finolis’ que se hablaba en Avilés (que, por ejemplo, no cambiaba las terminaciones de los vocablos terminados en o por la letra u). En esas anduvieron también José María Malgor y Constantino Suárez ‘Españolito’ en su trilogía ‘Isabelina’,  ‘Un hombre de nuestro tiempo’ y ‘Ramonín’.22.novelas de aviles.RAFAEL SUAREZ SOLIS.un pueblo donde no pasaba nada.1 211x300 Novelas clásicas de Avilés

      Fernando Morán, que compagina la diplomacia (y mas tarde la política, llegando a ser ministro) con la literatura, es autor de una apreciable  obra literaria en la que destaca su novela ‘También se muere el mar’, donde queda reflejada la ciudad «Así está Avilés panza arriba con los pies en el agua» como una tranquila villa que iba a ser sacudida con la llegada de la gran industria metalúrgica.

      Lejos de Avilés, pero sobre la ciudad, escriben desde América autores avilesinos (emigrados unos, exiliados otros) novelas algunas injustamente desconocidas como ‘Un pueblo donde no pasaba nada’ de Rafael Suárez Solís (1881–1968), emigrado a Cuba donde llegó a ser director del prestigioso ‘Diario de la Marina’. Este sabuguero publicó más de 17.000 trabajos periodísticos y es autor (y siempre desde La Habana, donde había llegado en1907 alos 26 años de edad) de obras literarias y teatrales cuya acción transcurre en el Avilés que había dejado atrás.

      En ‘Un pueblo y cuatro agonías’ escribe, también desde La Habana e igualmente sobre el Avilés de su niñez y juventud, Luis Amado Blanco (1903-1975), que comienza su novela de cervantina manera: «En un lugar de Asturias de cuyo nombre me acuerdo muchas veces hay una villa tendida cerca del mar, pero a la que no llega el encaje de las olas…». Amado Blanco, a quien con frecuencia, el Papa Pablo VI invitaba a tomar café (es histórico) para charlar de lo divino (faltaba más) y de lo humano en las estancias privadas de El Vaticano, donde el médico Amado Blanco fue embajador de la Cuba de Fidel Castro y decano del cuerpo diplomático.22.novelas de aviles. TAMBIEN SE MUERE EL MAR. 217x300 Novelas clásicas de Avilés

      Donde tampoco llegaba el encaje de las olas, pero si la resaca de la nostalgia, era a la capital mexicana donde forzosamente tuvo que residir el escritor, abogado y político (alcalde de Avilés en dos ocasiones) David Arias Rodríguez del Valle (1890–1975). Antes de partir al exilio había escrito, en 1934, ‘Después del gas’, nove­la apocalíptica donde presiente desde Avilés los desastres de la guerra civil española y de la II Guerra Mun­dial. Cuando se publicó fue catalogada como ciencia-ficción, pero luego los hechos le dieron la razón por haber intuido en su novela que una segunda guerra de extensión mundial había de ser inevitablemente implacable y sus consecuencias afectarían terriblemente a la población civil, como fueron por ejemplo: el holocausto judío en Europa y las bombas nucleares que destruyeron Hiroshima y Nagasaki, en Japón.

      En general, los escritores que han adoptado Avilés como lugar donde transcurre la acción de sus novelas ensalzan el atractivo del paisaje urbano con especial predilección por calles emblemáticas porticadas como Galiana, Rivero o La Ferrería. Y por supuesto la Ría, siempre mayúscula ella.

      Pero disfracen a Avilés o no, escriban aquí o allá, demuestran que no hay soluciones geográficas para problemas emocionales. Y aparte de que todos los aquí citados tengan talante literario, algunos también tienen talento.

Las plazas medievales del casco histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 10-05-2015

        Desde el punto de vista monumental y estético, plazas en Avilés hay a punta de pala. Pero las medievales son punto y aparte y de esas conservamos dos –«y ya os podéis dar con un canto en el pecho» me dijo un día el escritor Torrente Ballester– que son las de Carlos Lobo y El Carbayo.

        De las plazas medievales desaparecidas, La Baragaña (nunca Baragañas), se puede hoy recrear visualmente con bastante aproximación.

        La otra se esfumó por un incendio que en 1621 achicharró los edificios municipales, que fundamentalmente la componían, conocidos como Casas del Ayuntamiento. Era conocida como la Plaza de la Villa, no confundir con la plaza de Fuera de la Villa, actual Plaza de España o El Parche y que entonces era un bosque de álamos y robles con cuatro casas, fuera de las murallas.

22.plazas. carlos lobo panoramica BIS 300x81 Las plazas medievales del casco histórico de Avilés

Plaza de Carlos Lobo.

        Sin embargo, en esta zona de la ciudadela amurallada donde ambas estuvieron, el tiempo y el urbanismo inventaron otra plaza a finales del siglo XX (delimitada por el nuevo Centro de Servicios Universitarios y el palacio de Vadecarzana) que lleva el nombre del rey medieval Alfonso VI, que junto con su nieto Alfonso VII fueron los muñidores del Fuero de Avilés. Este último monarca tiene calle dedicada en la ciudad aunque el personal, que es muy suyo, la conozca como la Calleja Los Cuernos.

        La de La Baragaña estaba a un costado del edificio, también conocido hoy como palacio de Valdecarzana. Baragaña, en toponimia asturiana deriva de ‘várgana’ o huerta pequeña, que Valdecarzana tenía en su fachada lateral, donde hoy está la puerta de entrada al Archivo Histórico. La plaza la formaban este edificio y las calles [actualmente conocidas como] de La Ferrería y El Sol.

22.plazas. sabugo atardecer 300x221 Las plazas medievales del casco histórico de Avilés

Plaza del Carbayo

        En el entronque de ésta última con la calle de La Fruta, estaba la Plaza de la Villa, y en ella las Casas del Ayuntamiento (construidas por acuerdo de 1484) y en las que se almacenaban productos alimenticios (pan, grano y carnes, principalmente) y también vino. En uno de estos edificios municipales –donde también se custodiaban algunos documentos oficiales y el imprescindible patrón de pesas y medidas– estaba la arqueta que distribuía el agua pota­ble que procedente de Valparaíso (parroquia de Miranda) llegaba al centro de Avilés. Pero todo se carbonizó, como dije.

        Pero hubo suerte y nos quedaron las principales, hoy denominadas como de Carlos Lobo y El Carbayo, símbolos de aquella época medieval en la que Avilés era envidiada por el Fuero Real que protegía a sus habitantes (una suerte de República de andar por casa) y su seguro puerto, al fondo de la Ría y tenido por algún tiempo como el principal del norte atlántico español.

        Al estar emplazadas en ambas dos templos, se convertieron en las más concurridas, puesto que las iglesias no eran solo lugar de rezos, bautizos, bodas y entierros (los cementerios estaban a un costado de los mismos), también se generaba a su alrededotr lugares de encuentro, información, intercambio, mercadeo y en ocasiones diversión.

2222.plazas. NUEVA DE ALFONSO VI PLAZA. campa 2 300x164 Las plazas medievales del casco histórico de Avilés

Nueva plaza, de Alfonso VI, en 'terreno' urbano medieval.

        Gonzalo Torrente Ballester (1910–1999), en aquella fría tarde de marzo de 1985, cuando yo le hablaba de la transformación urbana tan brutal sufrida por Avilés, adonde había venido para intervenir en un acto cultural, se quedó sorprendido, como decía anteriormente, por la esencia y presencia de estos dos maravillosos lugares. Y aquel soberbio escritor de una personalidad tan dominada por la soberbia, añadió refiriéndose a la plaza de Carlos Lobo, que «ésta plaza es historia sin trucos y ya está todo dicho y punto».

        Pues eso.

Animales de la Historia de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 03-05-2015

Donde se husmea el rastro que han ido dejando algunos animales, irracionales, a lo largo de los siglos en la monumental villa asturiana.

           Hace más de dos mil años, Aristóteles sentenció que «El hombre es naturalmente un animal político». De vivir hoy el filósofo griego, comprobaría pasmado que en Avilés –a la que hace más de cien años algunos le cargaron aquello de Atenas de Asturias– los animales políticos no cumplen con lo que la ley manda, nada menos que desde 1927, respecto a los animales irracionales: que todos los Ayuntamientos tengan un servicio de recogida de los mismos.

            De esto, y de más cosas, sabía mucho Rafael Ávila Bayón, que batalló contra la indiferencia de los Ayuntamientos de la comarca avilesina incapaces de ponerse de acuerdo para construir un albergue de animales domésticos. El empeño continúa, ahora con la memoria de Rafa Ávila y su aquel empeño en respetar a todos los seres vivos como parte del civismo que ha de caracterizar a un Estado de derecho, con su lucha combatiendo la brutalidad que contra los animales irracionales trae consigo la falta de cultura.

            Todo lo anterior choca con las huellas que han ido dejando por Avilés. Algunas desde hace la tira de siglos como es el caso de aves y felinos que se pueden ver (formando parte de los adornos propios de la arquitectura románica) en algunos de los capiteles de las iglesias de Sabugo, San Antonio y en la triple arquería del claustro de San Nicolás de Bari.

            También hay lugares públicos como la plaza de Camposagrado, donde hay una fuente –bajo un mural de Ramón Rodríguez de 1993– compuesta por cuatro cabezas de leones que manan agua por la boca.22.animales. FOCA.CIMG37271 300x225 Animales de la Historia de Avilés

            Y sitios conocidos por el nombre de animales, como la plaza del Pescado (o plaza de Santiago López, marqués de Casa Quijano). Hacia ella da un edificio llamado Cabeza de Caballo, figurando el equino pintado –basado en una desaparecida guarnicionería, establecida en una casa contigua y cuyo reclamo comercial era una cabeza de caballo– en una medianera de dicho inmueble, obra del Manuel del Busto arquitecto autor de destacados edificios como el teatro Palacio Valdés. Igualmente una parada de autobuses urbanos en esta zona es conocida (así consta en documentos de la compañía de transportes) como Cabeza de Caballo.

            En la bocana de la Ría, y en su margen derecha, está anclada la llamada –por su caprichosa forma equina– Peña El Caballo, que no es un peña cualquiera pues aquí, por ejemplo, tuvieron lugar los primeros baños públicos de los ‘atrevidos’ avilesinos que se atrevieron a mostrarse en bañador. Venían en un vapor desde el muelle de Avilés hasta este lugar donde había un tan vistoso como ‘viscontiniano’ hotel, y restaurante, llamado La Rosa. 

            En el casco histórico la calle Galiana es única. Conserva los dos firmes del suelo con los que fue construida en el siglo XVII. Uno de losas, para animales racionales (usted o yo) y otro empedrado para los irracionales (en este caso caballerías).

            Y sobrepasando Galiana, a la salida de Avilés por la carretera de Grado, en el lugar conocido como La Ceba, nos encontramos –en una finca particular protegida por alambrada– con la estatua de un oso de considerable tamaño, con un pescado en la boca, mirando hacia Avilés. Desconozco sus intenciones, pues todos los intentos para averiguar autoría de la obra y su exhibición han resultado infructuosos. De momento.

            Pero el oso es animal mítico asturiano, no de Avilés donde tienen total protagonismo la foca boreal y la vaca astral, ambas con estatuas en su honor.22.animales. xatín. 300x225 Animales de la Historia de Avilés

             La primera, colocada en el parque del Muelle –donde también hay un pequeño elefante, muy celebrado por los niños, que cumple funciones de fuente– es de un exotismo local subido de tono y ya tratado en un episodio titulado ‘La famosa foca de Avilés’ (26 de mayo de 2013).

            Llegada en 1951, fue atracción local y regional, convirtiéndose rápidamente en un símbolo avilesino. Y que es un emblema que sigue activo lo demuestra el que últimamente esté generando un movimiento artístico conocido como ‘Seal Parade’, que Avilés ya ha exportado a la ciudad francesa de Saint Nazaire.

            Venancio Ovies, el recordado periodista avilesino, supo ver y escribir sobre esta foca a la que calificó de ‘Precursora’ de la invasión siderúrgica, coincidente en el tiempo, con su llegada. Las crónicas de Venancio sobre este asunto le valieron un premio nacional de periodismo.

            Hasta periódicos del extranjero se hicieron eco de la foca. Por ejemplo en un diario de La Habana, el escritor avilesino residente en Cuba (más tarde sería embajador de Fidel Castro en El Vaticano) Luís Amado-Blanco dedica un artículo a su amigo y paisano, el también escritor nacido en el barrio de Sabugo de Avilés y emigrado en la isla, Rafael Suárez Solís, titulado ‘Carta a don Rafael por una foca’. Selecciono dos párrafos: «¿Te has enterado mi querido Don Rafael de que para sellar nuestros cuentos de grandeza, una hermosa foca ha ido, por su propio impulso y decisión a vivir en la mansedumbre de aquella maravillosa ría? (…) En plena era atómica, una foca ha bajado hasta Avilés, a vivir en sus aguas y a morir sobre sus orillas, en una rotunda demostración de que por allí la fábula anda suelta para la alegría de los niños, para la firma eterna de los noviazgos, y para el escamoteo de la tragedia».

            El impacto causado por la foca una vez perpetuada en estatua, en 1956, originó coplas que se entonaron en las danzas primas veraniegas: «Hoy la villa de Avi­lés/ luce mucho más hermosa. / No sabemos si es la foca/ o la fuente luminosa».

            O también transportada a canciones de moda, como la de ‘La bamba’, donde el conocido estribillo ‘Bamba, la bamba, la bamba…’ era sustituido por «Foca, la foca, la foca…».22.animales. OSO la ceba. IMG 3737 TRIS 272x300 Animales de la Historia de Avilés

            Otro tanto sucedía con ‘Alma llanera’, que se cantaba tal que así: «Soy nacida en un fiordo boreal. / Soy hermana de la brisa, / de la aurora y de la rosa, / de la fuente luminosa. / ¡Soy la foca de Avilés!/ De Avileeees…/ ¡De Avilés!».

            El tirón alcanzó a la política, en las elecciones municipales de mayo de 2007, cuando el Partido Popular avilesino propuso demoler el estadio de fútbol Suárez Puerta y construir, en el solar que ocupa, un llamado Palacio de los Niños para equipamiento infantil público, de gestión privada, con diseño exterior que recordaba a una gigantesca foca recubierta de titanio.

            Y claro, no podía faltar aquí la vaca, animal avilesino de toda la vida, como el que dice. Su efigie nos la recuerda en bronce Favila (‘El tratante’, 1999) en el Carbayedo, donde durante siglos se celebró el mejor y más famoso, de Asturias como poco, mercado de ganado de Avilés.

            Sin embargo se echa de menos un recuerdo al cerdo –en Avilés hubo un ‘mercao de los gochos’ en la calle Llano Ponte– aunque solo fuera por los famosos ‘Jamones de Avilés’, un episodio aparte, ganadores de una medalla en la Primera Gran Exposición Universal, de 1851, celebrada en Londres.

            Bien es verdad que el jamón solo es posible después de matar al cerdo. Leonardo Da Vinci estaba convencido de que «llegará el día en que los hombres verán el asesinato de animales como ahora ven el asesinato de hombres».

            No es que quiera cambiar las orejas por el rabo. Tan solo hacer ver que, de un modo u otro, la Historia la hacemos todos los animales.

Ensalada de aniversarios históricos

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 26-04-2015

La cantidad de sucesos ocurridos en Avilés un 26 de abril, de diferentes años, no es excepcional pues hay otros días en que repite este hecho, lo que da idea de nuestra riqueza histórica.

        El domingo 26 de abril de 1598, Cristóbal López, formando parte de una expedición –por los actuales Estados Unidos de América– alcanza y pasa el río Grande por el lugar hoy llamado El Paso. Fue la primera conquista del oeste americano, del Far West, aquella gran caravana al mando de Juan de Oñate y compuesta por 210 soldados y colonos que junto con sus familiares (muchos iban con sus mujeres e hijos), frailes, indios y esclavos negros, sumaban 400 personas, que llevaban 83 carros y carretas, aparte de un rebaño de siete mil cabezas de ganado. Para que luego nos vengan los de Hollywood con películas del Oeste.

        Cristóbal López había nacido en Avilés en 1557 y era hijo de Domingo López de Avilés. Sabemos que tenía «buen cuerpo, grueso, moreno, barbinegro y con una cuchillada encima del ojo izquierdo» tajante descripción expuesta en la obra «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599» de Cundo Estrada, Rogelio García y José R. Martínez, inédita aún en librerías, pero que se puede encontrar en Internet (www.VivirAsturias.com).

        Quien sí tuvo obras literarias publicadas y además famosas fue Francisco Bances Candamo, que nació en Avilés, parece que un 26 de abril de 1662. No hay papeles parroquiales que lo demuestren, así que la fecha está consensuada por algunos estudiosos. Pesa una especie de molesta interrogación sobre los tres –quizás más famosos– personajes históricos locales, tenidos por naturales en Avilés (el marino Pedro Menéndez de Avilés, el pintor Juan Carreño Miranda y el dramaturgo Francisco Bances Candamo).22.ensalada. manolo campa 1 225x300 Ensalada de aniversarios históricos

        A Bances, que en Madrid llegó a tocar gloria literaria y cortesana (fue nombrado ‘Dramaturgo de Cámara del Rey de España’) sus enemigos le hicieron pasarlas moradas, lo que unido a la agitada vida que se traía el hombre, le llevó a abandonar la literatura y tomar las de Villadiego, ganándose la vida, por ejemplo, como funcionario de la tesorería estatal por villas y villorrios. En tal empleo falleció, oscuramente, en Lezuza (Albacete), donde hoy no aparece ni su tumba.

        El 26 de abril de 1820, el alcalde de Avilés, Antonio Corona, pide autorización al Gobernador Civil para demoler la muralla, cuando prácti­camente dicha operación estaba concluida. Era puro formalismo porque su antecesor José del Busto ya había dado la orden de arrasarla en 1818, sin encomendarse a Dios ni al diablo ni, por supuesto, a la autoridad provincial. Por entonces, en España y acogiéndose a la Constitución de 1812 –que entre otras normas dictaba la desaparición de los símbolos de vasallaje– bastantes pueblos interpretaron tal norma como les vino en gana, y así unas veces por estupidez o por ignorancia y otras por intereses mercantiles borraron de su paisaje urbano monumentos, signos y señales de su memorable historia, que nada tenían que ver con vasallaje. Uno de ellos fue Avilés donde la muralla fue elemento defensivo y no símbolo de vasallaje. Vasallaje si que fue el de los políticos de la época hacia los intereses inmobiliarios que traería consigo el derribo de la cerca medieval.

        El alumbrado eléctrico de Avilés, que se cuenta fue el primero de Asturias, algunos dicen que tuvo lugar el 26 de abril de 1891. Sin embargo yo tengo esa fecha en pausa y es cosa de tratarla en episodio aparte.

        Lo que si es tristemente cierto es que un 26 de abril de 1899 muere, en Oviedo, el novelista Juan Ochoa, que había nacido, en 1864, en el palacio de Valdecarzana, hoy sede del Archivo Histórico de Avilés. Juan Ochoa fue escritor y periodista, algo inusual en su tiempo. De salud muy quebradiza, murió afectado por una enfermedad pulmonar que su hipocondríaco amigo, Armando Palacio Valdés, trató sin éxito, de combatir con consejos y recomendaciones de los más innovadores medicamentos que por entonces ofertaban las farmacias.

       Otro 26 de abril de 1909, lunes, se inaugura –en solar que daba a las calles La Cámara, Rui Pérez y a la plaza La Merced– el Pabellón Iris con la repre­sentación de ‘Las de Caín’, obra de los hermanos Quintero. El local nació ofertando espectáculos, mayormente musicales y cinematográficos, aunque estos últimos terminaría siendo su principal actividad y donde se proyectó, por primera vez en la villa, una película sonora. Cerraría sus puertas, en 1956, con película ‘Puente de mando’, protagonizada por Gary Cooper en plan almirante. El Iris fue un edificio muy singular debido al ingenio de uno los mejores ‘arquitectos’ (las comillas indican que no le hizo falta ese título) de la historia urbana de Avilés, el maestro de obras Armando Fernández Cueto (ver LA VOZ DE AVILÉS, 2 de febrero de 2014, ‘Armando Fernández Cueto, por sus obras lo conoceréis’.22.ensalada EDIFICIOS NUEVA TARTA 289x300 Ensalada de aniversarios históricos

      Hace hoy cien años, el 26 de abril de 1915, se constituyó la Junta de Obras del Puerto de Avilés, lo que hoy conocemos como Autoridad Portuaria. El nacimiento fue por votación secreta efectuada en el Ayuntamiento, siendo elegido presidente Victoriano Fernández Balsera (1860–1942) uno de los hombres fuertes del Avilés de principios del pasado siglo. El Gobernador Civil, que presidió el acto, expuso la importancia del nuevo organismo «por ser el puerto la principal fuente de riqueza y el más valioso punto de apoyo para el progre­so y porvenir de Avilés».

       El 26 de abril de 1950, el abogado, juez y escritor José María Malgor (1905–1964) lee su discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Asturianos (hoy RIDEA) bajo el título ‘Marcos del Torniello poeta avilesino. Guión, notas, apuntes y datos para una biografía’. El nuevo académico, abogado que ejerció también de juez, aunque de paz y con mucho sentido del humor. Una prueba de la ironía de Malgor es su ‘propuesta’ –hecha por escrito en 1964 y en alusión a la contaminación de la Central Térmica– de que se suprimiera en Avilés la festividad religiosa del miércoles de ceniza, porque a la vista de la [entonces brutal] polución de ENSIDESA resultaba que todos los días del año había ceniza, por lo que sobraba tal miércoles religioso.

        Y, hablando de la Térmica, resulta que fue otro 26 de abril, pero ya de 2006, cuando el Colegio de Arquitectos de Asturias metió por registro en la consejería de Cultura del Principado un escrito reclamando urgentes medidas de protección (como ya habían hecho también otros organismos entre ellos la UNESCO) para dicha Térmica, que había cesado en su actividad en 2005 y a la que las autoridades, locales y regionales, pasaron de considerar como una «incomparable joya del patrimonio industrial con destinos culturales» a ordenar que fuese volada y sus restos vendidos como chatarra al mejor postor, borrando así una muestra arquitectónica industrial admirable y el más importante, entre los pocos signos que quedaban, del período más transformador en toda la Historia local: la llegada de la gran industria metalúrgica a mitad del pasado siglo XX. 

        No se como se come esto. Tal parece que Avilés –como dijo Winston Churchill de Los Balcanes o diría Groucho Marx de Libertonia– produce historia a mayor velocidad de la que se puede digerir.

 


Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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