El monumental Arnao industrial

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 26-07-2015

(El Museo de la Mina amplía su contenido saliendo a la calle para explicar la historia del singular poblado, bastantes de cuyos edificios forman parte del Conjunto Histórico Industrial de Arnao).

         La historia de la extracción vertical del carbón en Asturias se inició frente al Océano Atlántico en lo alto de una pequeña bahía de la costa central regional de la comarca de Avilés, municipio de Castrillón. Y allí sigue clavado, entre arrecifes y valles, uno de los pueblos más singulares del norte de España llamado Arnao.

         La histórica mina –que además fue la primera submarina de España– acoge hoy un museo que muestra la riqueza patrimonial de Arnao, mucha de la cual está reconocida, oficialmente, como Conjunto Histórico Industrial.

         En las antiguas salas de máquinas y mantenimiento, se exhiben paneles informativos, objetos y diversos elementos mineros que ayudan al visitante a comprender la explotación y características de esta instalación industrial milagrosamente conservada, tal como puede constatar el visitante si desciende en la jaula minera y pasea por las viejas galerías que discurren por zonas marinas.22.ARNAO FOTO. 000000.Arnao . IMG 3170 copia 225x300 El monumental Arnao industrial

         Ahora el Museo da un paso más y sale a la calle, porque resulta que las calles del poblado también son un museo tomando el fresco. La de Arnao es una fascinante Historia de historias.

         En 1833 llegaron de Lieja técnicos belgas –una vez constituida la Compagnie Royal Asturienne des Mines (Real Compañía Asturiana de Minas)– y bajo su dirección se construyó y comenzó la producción de carbón, cuya parte exterior más vistosa –y sin duda el símbolo de todo el legendario tinglado industrial de Arnao– es el original castillete, en buena parte revestido de zinc, que tiene categoría de monumento.

         En 1854, a escasos metros de la mina, se puso en marcha una factoría de fabricación de zinc. Y por las laderas de la colina –entre la mina y la fábrica– fue creciendo un poblado donde habitaban todos los trabajadores del complejo, desde el patrón, arriba (en la cúspide de la pirámide), hasta el peón, abajo, en el húmedo valle.

         Era una comunidad de lo más cosmopolita e idiomáticamente una bien avenida torre de babel, donde predominaba el español pero había presencia del francés, valón, inglés, alemán, idiomas de directivos y técnicos de diversos países que aquí trabajaron y vivieron. Una Europa en miniatura.

          En 2015 ahí siguen las construcciones de entonces y el Museo de La Mina de Arnao explica ahora detalladamente a los visitantes, sobre el terreno, este ‘pueblo de zinc y fuego’ como dice el arqueólogo Iván Muñiz, director –junto con el ingeniero Guillermo Laina– de este museo que –activo como pocos– no se limita a la cosa estática museística sino también a lo que lo rodea, caso del antiguo poblado donde sus edificios –casas, escuelas, economato y hospital (observen la curiosa ausencia de iglesia)– muestran una época y un modo de entender la organización social desconocida, hasta entonces, en España.22.arnao .ARNAO CITY1 300x254 El monumental Arnao industrial

           De todo lo anterior es fácil deducir que el Arnao de Castrillón es un lugar excepcional.

          Y la prueba del nueve es que desde hace cientos de años han venido viajando hasta aquí para conocerlo gentes de mucha categoría industrial, aparte de personalidades a darse pisto, por ejemplo un Príncipe de Asturias –Alfonso de Borbón en 1920– recibido con un escudo, colocado en un arco a las puertas de la fábrica, que apuntaba ‘Asturias Nunca Vencida’. Aunque el ranking de visitantes sigue encabezado por la Reina Isabel II de España, en 1858, y el Rey Alfonso XII en 1877, que vinieron en épocas donde el transporte era de risa y las carreteras de pena. Costaba llegar a este lugar de la costa asturiana, a dos kilómetros de Piedras Blancas y a uno de Salinas, pero observen que llegaban gentes de trono y tronío.

          Y por si no estuviera suficientemente clara la importancia de Arnao en la historia social e industrial nacional, hace apenas cuatro meses se descubrió que aquí funcionó la primera línea de ferrocarril de España, título que hasta ahora ostentaba la línea Barcelona–Mataró.  

          Arnao –que merece tesis doctorales a espuertas– es pionera en extracción de carbón, fabricación de zinc, organización socio–laboral y transporte ferroviario, factores que la han convertido en un exponente de importancia internacional. Hagámonos el favor de darnos por enterados.

          Yo creo que –aunque en algunos países como los Estados Unidos de América el zinc se utilice para fabricar monedas– Arnao no tiene precio.

La plaza de Pedro Menéndez

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 19-07-2015

A finales del siglo XIX llegó a Avilés una catarata de modernidad: nuevo puerto marítimo, ferrocarril, luz eléctrica, teléfono… pero sobre todo dinero para cambiar la ciudad, mayormente de los indianos que regresaban de una Cuba independiente que había dejado de ser una provincia española.

          Avilés, urbanísticamente, estaba amojamada y forzosamente tenía que crecer al demandárselo el progresivo aumento de población. Eso ya había ocurrido en el siglo XVII y de aquel arreón urbanístico nacieron las maravillas de la plaza de España y las calles porticadas de Rivero y Galiana.

22.plaza Pedro Menendez. Relleno MARISMAS parque Muelle 300x125 La plaza de Pedro MenéndezSiglo XIX.

          Aquel fue un ensanche hacia el sur porque al norte estaban el mar y la muralla, aparte de la carencia de tecnología para construir en zonas húmedas. Pero a finales del siglo XIX eso ya era posible, y como a la muralla le habían dado matarile, vino el cambio variando la ubicación del puerto (cuyos muelles siempre había estado entre lo que hoy es parque El Muelle y el segundo tramo de la calle La Muralla) y desecando las marismas de la zona.

          Del cambio de líquido a sólido surgió un formidable solar que unió Sabugo con la Villa y donde se aposentaron la plaza del mercado (o Plaza Nueva y seis nombres más) y un parque (El Muelle). Al espacio de terreno que los separaba se la llamó calle de Pedro Menéndez, luego cambiado por plaza, y fue el primer homenaje oficial al marino avilesino fundador, en 1565, de San Agustín de La Florida, la hoy considerada ciudad más antigua de los Estados Unidos de América.

222.plaza Pedro Menendez desde terraza Colon. 100813 300x136 La plaza de Pedro MenéndezSiglo XX.

          A mitad del siglo pasado ésta plaza y el parque tuvieron un gran protagonismo social al ser lugar de ocio masivo en un tiempo donde aún no habían entrado en juego bares y discotecas. Pero el cambio de modas y hábitos sociales hacia ellos redujeron la presencia multitudinaria a la noche de San Juan y poco más. El parque Ferrera le dio la puntilla.

          Donde había una esquina de cine, con un clásico Café Colón con terraza aérea amueblada, ahora hay calamidad. Donde había un periódico hay pasteles (el primer domicilio de LA VOZ DE AVILÉS, en 1908, estuvo en el local hoy ocupado por una confitería) y donde había tranvía y autobuses solo hay taxis.

          Actualmente la plaza –triangular como el parque– está delimitada por el ala este de la plaza del mercado dotada, aquí, de espectaculares fachadas, la calle de La Muralla, el parque El Muelle y un moderno inmueble –donde tiene su sede el Casino de Avilés– construido entre las calles de La Estación y Emile Robin.

223.plaza pedro menendez 3. IMG 8521 300x114 La plaza de Pedro MenéndezSiglo XXI.

          En su centro hubo una gran farola que a mitad del siglo pasado el Ayuntamiento desmontó para instalar una fuente estándar anunciada como luminosa. Pero como estaba averiada cada dos por tres se la llamaba ‘La malparida’, ya que ni hacía aguas ni daba a luz.

          En 2015 la fuente mana mejor, pero sin colorinos. Aunque sigue entristecida y sosa, pero no tanto como el vecino parque El Muelle cuya tristeza golpea, pues falto de un aprovechamiento ciudadano está limitado (salvo excepciones) a lugar de paso, constituyendo un llamativo fracaso social y cultural de Avilés. Se ha quedado parado en el tiempo ante la pasividad –manifiesta falta de imaginación– de los sucesivos gobiernos locales.

          Dicen los funámbulos que cuando más peligro tienen de caerse es cuando se quedan quietos.

Los 200 años de los Caños de Rivero

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 12-07-2015

(Fue en 1815 cuando se inició el proceso final de construir esta fuente que junto con una capilla, vistosas medianeras, árboles del parque Ferrera y  soportales de Rivero, conforma uno de los rincones urbanos más famosos de Avilés).

          Antes decías Caños de Rivero y se entendía que te referías exclusivamente a la fuente de dicha calle. Pero en los últimos tiempos los conceptos urbanos varían a la misma velocidad que lo vienen haciendo muchas de las actuaciones de mejora de la imagen de calles y lugares del casco histórico de Avilés. Y a las fotos, de una antigüedad superior a los treinta años, acudo en auxilio de este argumento.

          Por tanto si ahora escribes sobre los Caños de Rivero, se entiende que lo estás haciendo sobre un atractivo rincón compuesto por fuente, capilla, medianeras, árboles y soportales de esta calle de Rivero, una de las más singulares de Asturias.22.caños de rivero.Img 8133 bis 300x124 Los 200 años de los Caños de Rivero

          Así que si bebes agua de los Caños de Rivero no hagas caso del refrán chino que dice que «Cuando bebas agua recuerda la fuente» porque bebiéndola aquí lo que se te mete en la neurona es el lugar, por mucho que diga el proverbio asiático.

          El que fuera secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el intelectual madrileño José Francés (hijo predilecto de Avilés, quien junto con el arquitecto estatal Luis Menéndez–Pidal Álvarez, hicieron posible en 1955 que el Estado español catalogase buena parte del casco antiguo avilesino como Conjunto Histórico Artístico) ya había escrito en 1944 que importa «conservar esa fuente y a cuanto la circunda, por su gran interés romántico y librarla desde luego, de un lavadero que conviene des­montar para mayor belleza y placidez del conjunto».

          Contra lo que pueda parecer, Rivero es lugar muy antiguo. En tiempos medievales era conocido como arrabal situado a la salida de la muralla y en el camino real que comunicaba Avilés y Oviedo. Se ‘ordenó’ como calle en el siglo XVII cuando Avilés, por necesidades demográficas, necesitó extenderse fuera de las murallas y se fue enriqueciendo urbanísticamente –junto con Galiana– con largos y abundantes tramos de soportales, singularidad arquitectónica local. Hoy es la calle peatonal más larga y transitada de la villa. Comienza en la plaza de España (El Parche) con un palacio a su izquierda y su final, a los 440 metros, marca uno de los límites del casco histórico de Avilés.22.caños de rivero. FUENTE Y LAVADERO.1890Imagen3 300x202 Los 200 años de los Caños de Rivero

          Antigua, también, es la reivindicación que los vecinos de Rivero hicieron de una fuente (la que tenían más cercana era la de los Caños de San Francisco) no solo para saciar la sed, lavar, cocinar y asearse, sino también como auxilio elemental contra los incendios.

          Y llegaron a hacerse cálculos y levantar planos por parte de dos maestros arquitectos: en 1767 Pedro A. Menéndez y en 1796 Francisco Pruneda (antepasado del famoso editor de ‘El Eco de Avilés’, primer periódico local), pero siempre alguna circunstancia lo impedía.

          Fue en 1815, cuando el maestro–arquitecto Francisco A. Muñiz Lorenzana (según estudio que le tengo leído al profesor de Historia del Arte, Vidal de la Madrid) informa atendiendo nuevamente, al deseo de los vecinos (quienes en 1786, echándole estímulos al asunto, habían llevado su protesta, por escrito, a la Real Audiencia del Principado) de levantar una fuente –que se materializaría al año siguiente– escogiendo como emplazamiento un lateral de la capilla del Santo Cristo y San Pedro (la actual es de fines del siglo XIX y es heredera de una ermita que existió aquí, cuando menos desde el siglo XVII). La obra constituyó, a la vez que fuente, un destacado elemento de adorno urbano (al igual que Los Canapés) en la nueva carretera Avilés–Oviedo.

          Está formada por un pilón circular que rodea un núcleo central macizo del que salen tres caños, todo ello coronado por un elegante jarrón de piedra y limitado, hoy, por un espacio semicircular con bancos de piedra que lo separa del parque Ferrera cuya entrada principal se encuentra a escasos metros de la fuente. Pegado a ella existió un lavadero techado, que fue desmontado a mitad del siglo pasado tal como pedía José Francés.22.caños de rivero manando vino fb castor 200912 300x225 Los 200 años de los Caños de Rivero

          Hoy, la fuente, envuelta entre el arbolado del parque Ferrera, la capilla del Cristo y San Pedro (‘San Pedrín’), dos medianeras triangulares superpuestas con hermoso mirador de madera y los soportales de la calle, componen un paisaje mágico frecuentemente utilizado en libros y prensa para ilustrar textos sobre el casco histórico de Avilés.

          Tan inspirador es el lugar que uno de los caños de la fuente llegó a manar vino tinto un día de San Pedro. La gente no daba crédito, excepto los organizadores del festejo. Yo lo viví y doy fe de que mi boca alcanzó el chorro y bebí vino de la fuente de agua de Rivero, sin que se me cayeran –del susto milagroso– los estímulos al suelo.

          Inolvidables Caños del impagable Rivero de Avilés.

Los caminos de hierro y otros acontecidos hace más de 100 años

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 05-07-2015

(El 5 de julio de 1893 -justo hace hoy 122 años- los asuntos tratados en una reunión del Ayuntamiento avilesino nos acercan a la realidad de entonces).

         En la madrugada del 5 de julio de 1893, aburrido de empollar leyes para terminar una abogacía que apenas ejercería, abrió la ventana de la habitación y oteando el cielo descubrió un cometa que, desde en tonces, llevaría su nombre. O sea, Mario Roso de Luna.

         Este polifacético personaje extremeño (periodista, escritor, erudito, editor, astrólogo, ocultista, ateneísta, masón y sabe Dios cuantas cosas más) tiene recogido, entre sus montañas de escritos, cosas sobre Avilés, una ciudad que lo hechizaba. Tiene escrito que «Estaba en la histórica Avilés, la ciudad de las primitivas leyes estampadas en ‘tesseras’ de bronce y, siglos mas tarde, del famoso Fuero Municipal… Estaba, digo, en la ciudad que llegara en su libérrima y patriótica autonomía a llamarse ‘república’ en sus acuerdos municipales, y tuviese a grandísima gala el que sus vecinos, según Fuero, no pagasen desde el mar hasta León portazgo ni pontazgo» (‘El tesoro de los lagos de Somiedo’. 1920).22.aviles. FERROCARRIL.el correo de asturias.Imagen51 211x300 Los caminos de hierro y otros acontecidos hace más de 100 años

            Y hablando de acuerdos municipales hay que referirse a los tomados, en Avilés, aquel 5 de julio de 1893 (hace hoy ciento veintidós años), el mismo día en cuya madrugada el estudiante Mario Roso de Luna descubrió el cometa Mario Roso de Luna, aunque luego le discutieran su nombre.

            En torno a las tres de la tarde se reunieron, en el salón de plenos del Ayuntamiento avilesino, nueve concejales y José Cueto (alcalde que ocupó el cargo entre 1891 y 1894) tomando una serie de acuerdos que el secretario nos dejó reflejados en el libro de actas que se guarda en el Archivo Histórico de Avilés.

          Comenzaban entonces las reuniones municipales leyéndoles, el secretario, a los políticos locales, los Boletines Oficiales del Estado para que se diesen por enterados de lo que se cocía en Madrid. Dada la hora –las tres de la tarde es el yunque del calor veraniego –y la monotonía de la prosa legislativa, aquello debía ser todo un trance por mantener el tipo, para no ser derrotados por una somnolencia acelerada por la digestión de la reciente comida. Dicen que pocos lo lograban.

            Pero pronto se espabiló el ambiente cuando el Alcalde tomó la palabra para decir que «tenía noticia de que dentro de breves días llegaba a esta Villa el Excmo. Sr. Marqués de Pinar del Río» y estaba por determinar el recibimiento que debería de hacérsele por los favores que este personaje había dispensado a Avilés.

         Entre otras cosas el rico indiano, residente en Cuba y de nombre Leopoldo Gon­zález—Carbajal Zal­dúa, había regalado a la ciudad una planta industrial que hizo posible el alumbrado eléctrico públi­co en Avilés, incluso antes de que llegara a Oviedo y a Gijón, haciéndonos líderes regionales en moder­nidad luminosa.

         Y sabiendo que vendría en el flamante ferrocarril (otro triunfo ciudadano reciente) se determinó que dos concejales y el secretario del Ayuntamiento se adelantaran a recibirle a Villabona, donde los viajeros (del Express Madrid-Gijón que invertía 22 horas en el trayecto, adelanto enorme comparado con lo que antes eran días de viaje en carruaje tirado por caballos) con destino a Avilés hacían trasbordo. El Alcalde y el resto de las autoridades locales lo esperarían en la estación de la Villa, junto con la Banda de Música municipal… a la que también se encomendó que en la noche de ese día le diera al marqués «una serenata, obsequiando de este modo y cual se merece tan querido hijo predilecto de esta Villa». También se lanzarían cohetes, a cargo del municipio, desde la estación situada en la entonces avenida de Pravia, hoy de Los Telares.

            No hacía ni tres años (por un pelín) que el ferrocarril había llegado a Avilés, pues lo hizo el 6 de julio de 1890. Recuerdo que en esto de los caminos de hierro  tenemos mucho que decir, pues hace unos meses que se descubrió que somos pioneros en España (título que, hasta ahora, ostentaban los catalanes), al haberse descubierto, en el mágico Arnao de Castrillón, la primera línea de ferrocarril que hubo en el país y cuyo trazado es de 1836.22.aviles. 0073 TRANVIA 300x187 Los caminos de hierro y otros acontecidos hace más de 100 años

            El segundo orden del día de aquella reunión, fue también referido a más caminos de hierros. Eran los de un nuevo medio de transporte comarcal, para el que el Gobernador Civil había dado el preceptivo visto bueno.  Se trataba del «tranvía de vapor de Avilés a la Playa de Salinas» y que con el tiempo sería conocido popularmente como La Chocolatera. De los vagones tiraba una pequeña locomotora que soltaba un penacho de humo de color marrón que se movía entre el Parque El Muelle y Salinas, la mayor parte del trayecto (Avilés–La Maruca–Raíces) coincidente con la carretera general desviándose en Raíces hacia la famosa población costera castrillonense.

          Estuvo funcionando bastantes años coincidiendo algunos –la transición de la nube al trole duró hasta 1933– con el tranvía eléctrico (Villalegre–Avilés–San Juan de Nieva–Salinas–Arnao–Piedras Blancas) que entró en servicio en 1921 y fue clausurado en 1960.

         También aquel 5 de julio de 1893, los munícipes ‘quedaron enterados’ (frase muy habitual en los libros oficiales municipales, sinónimo de botella medio llena o medio vacía) de las gestiones del Alcalde –presionado por asociaciones comerciales provinciales tal y como habían hecho con otros ediles asturianos– cerca del diputado del distrito de Avilés y líder del partido liberal Julián García San Miguel (o sea el  Marqués de Teverga, entonces todopoderoso de la política local) para que presionase contra el impuesto que sobre el vino pretendía el ministro de Hacienda de entonces, el famoso Germán Gamazo, intentando poner orden en el tinglado comercial español, sin entender que siempre habrá excepciones, sin atender al refranero castellano que pregona que el miedo guarda la viña y que la mujer y el vino sacan al hombre de tino. No se hable más.

22.aviles. rosodeluna Los caminos de hierro y otros acontecidos hace más de 100 años

Mario Roso de Luna (1872-1931)

        Se aprobaron otros asuntos, como la traída de aguas a Villalegre y la constitución de una comisión para construir nuevo lavadero en Sabugo que más tarde se levantó en la calle González Abarca, donde todavía puede verse parte del mismo, desmochado, cerrado a cal y canto y muerto de risa. El Ayuntamiento nunca supo que jabón utilizar en este antiguo lavadero para su aprovechamiento ciudadano.

         Finalmente, asunto muy debatido fue la compra de instrumentos solicitados por la Banda de Música municipal para «satisfacer cumplidamente su cometido durante las próximas ferias de San Agustín», pero por muy bien que sonara la cosa, resulta que no había dinero presupuestado para sinfonías y hubo que sacarlo de otras partidas, con la oposición del concejal José Rodríguez Maribona que argumentó, con lógica, que «mientras haya obras acordadas y pendientes de ejecución no deben emprenderse otros gastos que considera de menos importancia para los intereses generales de la localidad». Pero no.

         Salió un si, porque no olvidemos que la Banda Municipal de Música, tenía que actuar dentro de unos días, en la estación de ferrocarril en el recibimiento oficial al marqués de Pinar del Río y por la noche darle una serenata ante su domicilio, tal y como había aprobado la Corporación al comenzar la sesión. Así que a comprar clarinetes y a no tocar violones, instrumento impropio de una banda de viento.

         Sólo faltaba que la música oficial desafinara y el Ayuntamiento de Avilés diera la nota ante el ‘hidroeléctrico’ marqués. Sólo faltaba.

Un ministro y una cárcel de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 28-06-2015

(A Servando Ruiz Gómez, que fue ministro de dos Gobiernos de España, se le dedicó una calle donde estaba ubicada la cárcel de Avilés).

         Así como en el Gobierno de España, naturales o vecinos de Avilés hubo tres ministros de Hacienda  -entre el último tercio del  siglo XIX y el primero del siglo XX- también hay que decir que cárcel del partido (judicial), por aquel tiempo y en la villa, solo hubo una.

          Por haber, ministros avilesinos hubo más, pero el que tres de ellos (Servando Ruiz–Gómez, Julián García Sanmiguel o marqués de Teverga y José Manuel Pedregal) lo hayan sido de Hacienda es cosa que llama la atención, teniendo en cuenta, además que la población de Avilés era modesta en número.

22.ruiz gomez. calle Ruiz Gomez.ANTES DEL TREN SERA POSIBLE.castor fb 290712 300x185 Un ministro y una cárcel de Avilés

La calle Ruiz Gómez en 1900.

          Pero Servando Ruiz–Gómez González–Llanos tiene doble mérito, no por doble apellido claro, sino porque dos fueron los ministerios que dirigió: Hacienda y Estado.

         Nació en Avilés, el 23 de octubre de 1821 y de niño emigró (junto con su familia, se entiende) al Caribe (Jamaica y Cuba), temeroso su padre de represalias por parte de aquel engendro real, en todos los sentidos, conocido como Fernando VII por haber participado (el padre del niño Servando) en el levantamiento del general Riego contra dicho monarca, que se negaba a jurar una Constitución que modernizaba España.

         Ruiz Gómez estudió en diversos países de Europa y en 1842 regresó a España afiliándose al Partido Progresista. Fijó su residencia en Oviedo (también viviría en Gijón y La Coruña), pero en Oviedo fue alcalde tras participar en la junta revolucionaria de 1854 y luego elegido diputado (más tarde lo sería también por Avilés y otras demarcaciones), pero circunstancias diversas le obligan a retirarse de la política, cosa que aprovecha para fundar dos semanarios: El Eco de Gijón y La Crónica.

         Con la revolución de 1868 fue elegido gobernador civil de Asturias. Ingresa, en 1870, en el Partido Radical, llegando a ser ministro de Hacienda, en el gabinete presidido por Ruiz Zorrilla. Más tarde se trasladó a Francia regresando con la Primera República, aunque ya con sus ideas progresistas un tanto apagadas y con las luces largas conservadoras encendidas. Monárquico y liberal, en tiempos de Alfonso XII, fue elegido miembro del Consejo de Estado y senador vitalicio. En 1883, en el gobierno del asturiano Posada Herrera, fue ministro de Estado de 1883 a 1884.

           El 19 de agosto de 1888 falleció en un hotel de Vigo, donde vivía solo, sin haber podido superar el trauma del fallecimiento de su esposa y de su hija.22.RUIZ GOMEZ. foto carnet Servando Ruiz Gómez 222x300 Un ministro y una cárcel de Avilés

          A este destacado personaje de la vida española, su ciudad natal le debía un homenaje que concretó dándole nombre a una calle. Pero no tuvo suerte y me explico.

          La que hoy lleva el nombre oficial de Ruiz Gómez (o sea ‘de la cárcel’) fue un camino que discurría a las afueras de la muralla y llevaba a la fuente de Corugedo, ubicada por estos lares. Cuando la cerca medieval fue derribada (entre 1818 y 1821) fue conocida como calle de la Cuesta de Corugedo. Más tarde al ser urbanizada y levantarse en ella la nueva cárcel (1845) de cajón le vino el nombre: Calle de la Cárcel. Pero en 1896 el Ayuntamiento, presidido por Cesáreo de Silva Inclán, la renombró como de Ruiz Gómez, aunque el personal siguió conociéndola con la denominación penitenciaria. Y en esas seguimos.

         La calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) era antes la comunicación, en línea recta, desde el mismísimo centro de Avilés (plaza de España o El Parche) hacia el cabo Peñas, Luanco y el este de Asturias. Terminaba donde empezaba el puente metálico de San Sebastián, construido en 1893, pero que a partir de 1950 –con la llegada de ENSIDESA, y compañía– perdió su protagonismo a costa del nuevo puente Azud, al que algunos siguen llamando puente Azul.

          La calle de Ruiz Gómez (o sea ‘de la cárcel’), empinada como pocas de Avilés, tiene actualmente una ‘boca’ enorme, por donde entran y salen coches que utilizan el parking subterráneo que hay bajo la plaza de España.

         Por la acera derecha, finaliza en dos hélices que pertenecieron a un trasatlántico y que mostradas en paralelo vienen a componer una pieza escultórica de mucho peso (2.670 kilos cada una) donadas por la ciudad francesa de Saint Nazaire, famosa por sus astilleros, y hermanada con Avilés desde 2003.

22.ruiz gomez. IMG 7891 BIS 300x225 Un ministro y una cárcel de Avilés

La calle en 2015. A la derecha, la Oficina de Turismo (antigua cárcel).

         Por el lado izquierdo, la calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) desemboca en la de El Muelle que discurre paralela a la Ría. En este margen, antes abundante en pequeñas cafeterías, subsiste (gracias a Dios) una de las más tradicionales casas de comidas de Avilés: ‘La Eritaña’.

         Pero quien llama la atención es la Oficina de Turismo, antigua cárcel del partido judicial de Avilés, por su destacada arquitectura merecedora de formar parte del Conjunto Histórico-Artístico de Avilés. Este edificio, un episodio aparte, es la madre del cordero del ‘conflicto’, en cuanto a denominación popular, que tiene planteada la calle de Ruiz Gómez (o sea, la ‘de la cárcel’).

         Próximo al final de la rúa destaca el edificio nº 23, el que hace esquina con la calle Jovellanos, diseñado por Manuel del Busto, quien cuenta con importante obra en Avilés entre la que destaca el Teatro Palacio Valdés. El arquitecto cubano trazó la casa con dos alturas, las que tiene hoy fueron añadidas ulteriormente por la propiedad.

          Hoy la calle ‘de la cárcel’ (o sea de Ruiz Gómez) ha ganado en categoría social, pues enlaza en línea recta el centro de la ciudad con el Centro Niemeyer, y en línea quebrada con el Teatro Palacio Valdés.

          Ya tengo escrito que el destacado ciudadano Servando Ruiz Gómez difícil tiene el protagonismo popular (que no el oficial) en el callejero de su villa, donde muchos de sus conciudadanos –excluido el sufrido gremio de carteros del servicio de Correos– cuando los visitantes les inquieren por la dirección de la Oficina de Turismo, tienen que pisar a fondo el frenillo, de la lengua, para no mandarlos a la cárcel.

El caso de los cines Patagonia y Marta y María

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 21-06-2015

(El Principado abre expediente para la inclusión de estos dos cines avilesinos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias)        

       Muchos creíamos que después del cierre, hace casi dos años, del Marta y María lo del cine ya se había acabado en Avilés. No supimos,  no pudimos, no quisimos, esperar.

        Georges Simenon, escritor belga, arrojaba los manuscritos de sus novelas a la basura si tardaba más de diez días en escribirlas. Conocedor de esta velocidad narrativa (222 obras publicadas), conocedor de este detalle, el director cinematográfico Alfred Hitchcock, en una ocasión que lo llamó por teléfono para resolver un asunto y como le respondieran que «el señor Simenon no puede ponerse porque acababa de empezar una novela» el legendario cineasta británico respondió: «Bueno, espero».

22.cinema patagonia. CINE MARTA Y MARIA. cuando ejercia como cine 300x225 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

El Marta y María, un clásico del cine asturiano.

         Hitchcock sabía esperar, cuña de coña incluida. Por eso cuando el pasado 6 de mayo el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA) publicaba una resolución (del 16 de abril de 2015) que afectaba al patrimonio de Avilés a muchos nos cogió por sorpresa. Nunca aprenderemos que en el terreno histórico-artístico, de Avilés, hay que esperarlo casi todo.

          La noticia es que se incoa expediente para la inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias a 50 cinematógrafos asturianos. Y entre ellos dos avilesinos: Marta y María (últimamente Multicines Marta) y Patagonia.

          Fue el 25 de diciembre de 1957 cuando se inauguró en la histórica parroquia de Miranda un cine puesto en marcha por el constructor Fructuoso Lastra y por José Antonio Suárez (ligado al popular comercio avilesino ‘La Casa de Las Medias’). El nuevo edificio, situado frente a la iglesia y la antigua escuela –donde aprendieron a leer muchos niños entre ellos el universal autor teatral Alejandro Casona– fue diseñado por Juan Corominas Fernández-Peña, uno de los más destacados arquitectos junto con Enrique Rodríguez Bustelo, Juan Manuel del Busto e Ignacio Castelao, que por entonces trabajaban en la comarca avilesina.

          De aquel acto y del funcionamiento del Patagonia me entregó Elena Ovies un escrito caligrafiado que los constructores, a su vez, le habían pasado a su padre, Venancio. El cine se inauguró con la película (en CinemaScope, espectacular invento de la época) norteamericana ‘Rose Mari’ (interpretada por Ann Blyth y Fernando Lamas). Al terminar la proyección, el prestigioso comercio avilesino ‘La Suiza’ sirvió un vino español al que asistieron el alcalde avilesino Francisco Orejas Sierra y el director de LA VOZ DE AVILÉS, Juan González-Wes, que fue quien, a petición de los constructores, había sugerido el nombre del cine como homenaje al famoso indiano avilesino, nacido en Miranda, José Menéndez, más conocido como ‘El rey de La Patagonia’.

22.cinema. PATAGONIA de Miranda.IMG 75681 300x225 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

Estado actual del cine Patagonia.

          La sala, de 550 butacas, estuvo ‘dando cine’ hasta el 29 de junio de 1971, ocasionalmente jueves y sábados y todos los domingos. Y aparte de los vecinos de Miranda acudían también de Illas, Pillarno, El Caliero o San Cristóbal e incluso de los barrios de Buenavista y La Magdalena. Cuentan que cuando llovía el hall del cine se llenaba totalmente de madreñas. También hubo sesiones de Cine Forum en el Patagonia, dirigidas por José Manuel Feito (que se había cargo de la parroquia de Miranda en 1964), el director de radio COPE-Avilés Dídimo García, y el maestro y escritor, Juan Antonio de Blás. Igualmente, el local, acogió representaciones teatrales y diversos actos sociales.

          El arquitecto que diseñó el cine Patagonia, Juan Corominas, fue también el que había esbozado, en 1946, la sala del Marta y María cuando la propiedad del palacio (siglo XVIII) de García Pumarino (también conocido como de Llano-Ponte) decidió, lamentablemente, destruir el histórico cuerpo principal de la mansión (actualmente solo se conserva la fachada) para alojar en él una sala cinematográfica, asunto este que junto con la historia del palacio han tenido sus episodios aparte.

          El Marta y María, cerró sus puertas en septiembre de 2013 y con él desapareció la última sala de cine que quedaba en el municipio avilesino, un clásico en Asturias. El local del Patagonia, destripado su interior, se utilizó como aula de cursos de albañilería y posteriormente como almacén de una mueblería.22.cinema Patagonia.HITCHCOCK.1 300x215 El caso de los cines Patagonia y Marta y María

         Actualmente presenta un estado deficiente, por lo que a los vecinos de Miranda les extraña que ‘aquello’ vayan a declararlo casi un monumento. Que no se extrañen, porque en Raíces (al lado del Peñón) se recuperó una capilla medieval que el tiempo y la incuria habían convertido en una cuadra, y de tan penosa condición la rescató y restauró el empeño del Ayuntamiento de Castrillón.

        Aquí, en Miranda, la acción corresponde al Principado de Asturias que es quien ha resuelto abrir un expediente para su posible inclusión, junto con el Marta, en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) que es el segundo nivel (el primero es Bien de Interés Cultural, o BIC, de los que en Avilés tenemos bastantes muestras) en cuanto a protección de elementos patrimoniales que el Principado cree oportuno conservar.

        Total, que dos edificios donde ponían películas puede que trasciendan y lleguen a ser patrimonio histórico. Y esto no es ninguna película, aunque si es de cine el hecho de que a un par de edificios avilesinos dormidos se les intente despertar de ese mal sueño que es la pesadilla del abandono.

        Para que luego digan que a quien madruga Dios le arruga.

Calle Los Alas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 14-06-2015

        La calle de Los Alas está situada en lugar privilegiado del casco histórico de Avilés pues se inicia en la plaza de España (o ‘El Parche’) y termina en la calle de Los Alfolíes. Algunos ciudadanos, frecuentadores de capillas y templos etílicos, llevaban tiempo atrás ésta señalización a su terreno diciendo «que empieza en la sidrería Alvarín y termina en el restaurante La Parra o en el chigre El Llagarón, según quien».22.ALAS . 0000.IMG 7030 225x300 Calle Los Alas

       Hace aún más años, en 1892, el alcalde José Cueto decidió cambiar el nombre de algunas calles y nombró a dos personas «de las más ilustradas de ésta Villa» para que asesoraran al Ayuntamiento sobre las nuevas denominaciones callejeras: al escritor Estanislao Sánchez-Calvo y al abogado y estudioso de la historia local, David Arias García.

       Entre los cambios de nombres sugeridos por los asesores y que aprobó el gobierno local, en sesión municipal del 15 de enero de 1892, figura que la Calleja del Moclín pase a denominarse ‘Calle Las Alas’ (y así figura escrito en el Libro de Actas municipal, que es lo que va a misa en estos casos), como homenaje a esta familia de tanto relieve histórico en la comarca avilesina. Pero en las placas, colocadas como es preceptivo, al principio y al final de la vía se cambió el artículo femenino por el masculino y quedó ‘Calle Los Alas’. Aunque últimamente, en una de las chapas, alguien ha querido reparar este error –que ya dura 123 años, algo muy municipal– y ha cambiado el dichoso artículo (poniendo ‘A’ donde había ‘O’) de un modo ‘ostentóreo’, que diría Jesús Gil, aquel excesivo alcalde de Marbella. La otra placa permanece inalterablemente errada a fecha 12 de junio de 2015, cuando se escribe este episodio.

       Fue una calleja que discurría, paralela a la calle de La Ferrería, entre la parte trasera de ésta y la muralla, por una zona de huertos y hórreos. Al unir el Alcázar, edificio defensivo situado en la puerta de la muralla de La Ferrería, con la puerta del Puente (comunicación con Gozón) fue conocida, por algunos, como Tránsito del Alcazar. Y más tarde como El Moclín.22.alas .ROTULO CORREGIDO.Img 7481 300x235 Calle Los Alas

       Hay opiniones sobre el porqué de éste último nombre. Una lo achaca a que en dicha calleja vivía el padre de Pedro Menéndez de Avilés, un militar que sirvió como oficial de alto rango a las órdenes de los Reyes Católicos, distinguiéndose en la toma de la fortaleza granadina de Moclín, clave para la posterior toma de Granada en 1492. Y esa casa, donde nacieron varios de sus ocho hijos (pero no el Adelantado nacido en otra vivienda que sus padres tuvieron posteriormente en la calle La Ferrería), pasó a ser conocida como la del Moclín. Y tal nombre le quedó a la calleja.

       Otra teoría dice tal que: «la de los Alas se llamó del Moclín, porque allí, un forastero de este nombre o apodo, se dedicó al cultivo del cebollín». En fin…

       La calle elude la línea recta y en sus inicios es lo más estrecho que se puede encontrar en Avilés en cuestión de vías urbanas, pues no llega a los tres metros de ancho. Es calle muy original y además encierra algún tesoro desconocido como un lienzo de unos veinte metros de la muralla medieval, que está ‘camuflada’ en el patio de un inmueble propiedad de la Autoridad Portuaria, situado en el lado derecho de la calle ya cerca de su final.

22.alas . MURALLA de Aviles. Restos calle Los Alas. Tomado de trasparencia. Celestino Tino Gonzalez 300x231 Calle Los Alas

Patio de la calle donde queda un buen lienzo de muralla (Foto cedida,en 1998, por Celestino González 'Tino').

       Por el contrario han desaparecido dos pequeñas casas, de un bloque de tres, con soportal bajo nivel del suelo, únicos de esa clase en Avilés.

       En el siglo XX la calle cogió aire con el establecimiento, en 1908, de la Asociación Avilesina de Caridad, su restaurante económico y un grupo escolar (‘Ave María’) basado en el método didáctico del granadino Padre Manjón. Lo hizo en un gran solar, hoy desocupado, y que en los años sesenta también cumplió funciones de cuartel, por unos años, de la Policía Armada (actual Policía Nacional).

       También en 1935 la inauguración de un edificio (compartido con la calle Jovellanos) dedicado a Biblioteca y con los años ampliado a Casa Municipal de Cultura le dio mucha vida hasta 1989, cuando ésta cambió de sede.

       Y hoy plegadas tiene las alas esta calle de Las Alas a la que la mayoría sigue llamando Los Alas.

        Hala.

Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 07-06-2015

(Entre enero de 1786 y febrero de 1787 recorrió España, siendo probablemente el suyo uno de los itinerarios más largos realizados por un escritor en el siglo XVIII).

         Cuando el lunes 21 de agosto de 1786, Joseph Townsend llegó a Avilés tuvo que darse cuenta, al instante, que estaba en una Villa de tronío y no en un villorrio cualquiera. Aunque, eso si, acorde con la atonía social y cultural que por entonces vivía España, ajena a la influencia que estaba ejerciendo en buena parte de la sociedad europea el fenómeno de la Ilustración francesa, que eso si que fue una revolución cultural y lo demás son cuentos chinos, incluido el de Mao Tse Tung.22.ingles.LAAAAA VOZ DE AVILES 227x300 Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

          El médico británico, estaba en Asturias, como parte de su proyecto de conocer a fondo España –un viaje que duró casi dos años y publicaría luego en tres volúmenes– y comprobaría, a las primeras de cambio y supongo que con asombro y alegría, que la iglesia de Sabugo –entonces separada por el río Tuluergo y las marismas de la ciudadela amurallada de Avilés– estaba consagrada, y ya desde el siglo XIII, a su famoso compatriota Tomás Becket conocido eclesiásticamente como Santo Tomás de Canterbury.

         Eso tuvo que halagar igualmente su condición religiosa, porque Joseph Townsend (1739-1816) aparte de médico, doctorado en Cambrigde, también era clérigo. Un clérigo anglicano que recorrió parte de Europa (entonces se hacía caminando, a caballo o en diligencia) indagando y observando aspectos sociales y económicos, aunque le privaba todo lo relacionado con la medicina y también con la geología, entonces una moderna disciplina científica.

           Llegó de Oviedo, donde se había alojado en casa del avilesino Juan de Llano-Ponte Sierra, obispo de la Diócesis, y en Avilés lo haría en la residencia palaciega que el prelado tenía al inicio de la calle Rivero (hasta ayer, como el que dice, cine ‘Marta y María’ y hoy edificio en paro, por así decir).

           Precisamente, en aquel año de 1786, los vecinos de Rivero, hartos de reclamar al Ayuntamiento habían dirigido una petición a la Real Audiencia del Principado pidiendo, de una repajolera vez, una fuente para su calle, necesaria para apagar, aparte de la sed, posibles incendios que de presentarse se llevarían por delante, en un pis pás, sus frágiles casas. Argumentaban que los Caños de San Francisco quedaban muy lejos para cubrir estas emergencias. Argüían bien, aunque la fuente tardaría años en instalarse.

           Al inglés le llama la atención que «cerca de Avilés, han hecho esa carretera perfectamente recta, muy ancha y bombeada en el centro», refiriéndose a la ruta hacia Oviedo. Por lo que se ve que no habían emplazado todavía Los Canapés, que datan de ese año de 1786, pues Townsend no los cita.

            En cambio sí cita datos que definen el Avilés de entonces, que tenía «ochocientas familias, dos iglesias parroquiales (se refiere a la antigua de San Nicolás hoy de San Antonio y a la de Sabugo) tres conventos (San Francisco camino de Galiana, La Merced en Sabugo y Las Bernardas en la calle San Bernardo) y dos hos­pitales, uno de los cuales es para mujeres ancianas (debe referirse al situado en El Parche) y el otro para los peregrinos (en la calle Rivero) que van a Santiago».

            «Avilés está situada a la ori­lla de un pequeño río (se refiere al delta del Tuluergo, a un costado del palacio de Camposagrado y donde estuvo ubicado desde siempre el puerto marítimo hasta finales del siglo XIX), a una legua del mar aproximadamente, y la marea llega hasta allí». Pero lo que no sabía Townsend es que tan cegada de arena estaba entonces esa legua que solamente, y en pleamar, podían llegar al puerto avilesino embarcaciones de entre 60 y 80 toneladas.22.ingles. en aviles.Joseph Townsend 249x300 Joseph Townsend, un inglés en Avilés.

            Cuando el inglés visitó la población avilesina, ésta debía de ser la segunda de Asturias pues se refiere a Gijón como «pequeño puerto de mar al este de Avilés». Y lo que no encontró fue trazas de industrialización, que vendría años más tarde. Al respecto explica que «No hay más manufacturas que la de calderería de cobre y de latón, para los pueblos próximos y la de hilo (los telares) para el consumo de la villa».

             Otra carencia, y tremebunda, que observó el inglés fue la sanitaria. Hay que decir que a finales del siglo XVIII, y en el año 1786,  diversas circunstancias concurrieron para que no hubiera ningún médico en Avilés, solamente un cirujano, término que entonces no pasaba de ser un barbero con elementales nociones sanitarias. Se ve que el Llano-Ponte, obispo de Oviedo, lo mandó a Avilés con cuenta y razón, pues Townsend no paró de atender médicamente a religiosos en precario estado de salud, algunos «a petición del obispo visité a uno de sus amigos, viejo canónigo, al que sus médi­cos amenazaban con una parálisis» a la que venía combatiendo el cirujano local con sangrías continuadas y el médico inglés sometió al enfermo a estricta dieta vegetal, práctica de ejercicio y en cuestión de días lo resucitó. Lo mismo ocurrió con un fraile del convento de San Francisco, al que fue a visitar también  a petición del obispo Llano-Ponte y al que encontró «lanzando gritos dolorosos que le arrancaban sus sufrimientos: tenía piedra». Townsend le aplicó una medicación que lo alivió rápidamente y «entonces todos los frailes me rodearon, y cada uno me consultó sobre su enfermedad». Se corrió la voz y hasta la abadesa del convento de monjas de clausura de San Bernardo, solicitó la presencia del médico británico para que atendiese a tres de sus religiosas.

           La cara alegre se la dio la «sorprendente Feria», el  mercado anual de ganados de San Agustín, que «atrae una concurrencia considerable de extranjeros a Avilés, y cada habitante se apresura a abrir su casa para recibir a sus amigos. En ese tiempo pasan la mañana paseándose para ver las tiendas, los rebaños… y acaban el día bailando… Las danzas más en boga son a la in­glesa, el minué y la contradanza francesa, y hacia el fin de la velada el fandango».

           También detalla distintas costumbres sociales, por ejemplo le llama la atención que «las mujeres no usan colorete, ni polvos, ni tocado, ni gorros; sólo rodean su cabeza con una simple cinta». O se asombra de que los fumadores traguen el humo, «es la manera corriente de fumar de los habitantes del país, y encuentran que si no hacen pasar ese humo por sus pulmones resulta inútil».

          Joseph Townsend, que confiesa haber pasado «diez días muy agradables en Avilés» se fue el 31 de agosto de 1786, sin retorno, pero dejó para siempre el nombre de Avilés unido al de las principales poblaciones españolas en sus libros que, por cierto, tenían proyección internacional pues era autor de fama.

          Un placer, oiga usted.

La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 31-05-2015

          Dice un refrán que ‘mayo entrado, un jardín en cada prado’ y que tal cosa se cumple, en el panorama patrimonial avilesino, está demostrado con fechas y ‘fechos’.

          El 27 de mayo de 1955, siendo alcalde Eduardo Fernández Fernández-Guerra, el Gobierno español aprueba un decreto que sería publicado el 7 de junio siguiente en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en el que declaraba «Conjunto Histórico artístico las siguientes zonas de la villa de Avilés», que relaciono puestas a día de hoy la nomenclatura de lugares y edificios y matizando entre paréntesis generalidades para mejor identificarlas:22.muralla.Imagen1 300x291 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          «Las murallas de la villa (sus restos). Plaza de España. Calle de La Ferrería con el palacio de Valdecarzana y la fachada de la llamada casa de Carreño. Calle de El Sol. Calle San Bernardo con el Palacio de Camposagrado y la casa numero 22 (la que fue Escuela de Cerámica). Plaza de Camposagrado. Calle Rivero, palacio de Ponte (donde funcionaron los cines ‘Marta’) y Ferrera, capilla de San Pedro y la fuente llamada ‘Caños del Rivero’. Calle Galiana. Plaza de Carlos Lobo con la Iglesia (la hoy conocida como de San Antonio y ayer de Los Padres) y la capilla de Las Alas. Plaza de Álvarez Acebal y la Iglesia (de San Nicolás de Bari). Plaza del Carbayo con la Iglesia (de Sabugo vieja). Edificio de la Oficina de Turismo. Los Canapés».

          Estos son las zonas y edificios de Avilés, que desde hace 60 años, fueron  reconocidos oficialmente por el Estado español y puestos bajo su salvaguarda. El documento se lo debe Avilés, fundamentalmente, al ovetense Luis Menéndez–Pidal (1896–1975), arquitecto estatal, y a José Francés (1883–1964), académico de Bellas Artes e hiperactivo intelectual madrileño.

          No sería descabellado pensar que –dada la brutal especulación inmobiliaria originada por entonces con ‘la llegada’ de ENSIDESA, que también vino a ritmo de BOE– el centro urbano avilesino, donde se aloja la mayoría de los elementos catalogados en el decreto anterior, muchos de los cuales hubieran sido primero momificados, luego modificados y finalmente borrados del mapa de no haber contado con este blindaje legal. Rotundamente, el decreto de mayo de 1955, es un hito histórico de Avilés.22.muralla.Imagen2 300x297 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          Pero, como decía Billy Wilder, nadie es perfecto. Y un decreto mucho menos, pues faltaba más. Por lo que dejando sentada la importancia del documento, hay que decir que se detectaron olvidos (las calles históricas de Sabugo, por ejemplo) que hubo que subsanar más tarde. Y eso ocurrió el 31 de mayo de 1990, hace hoy veinticinco años, cuando el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA), a petición del Ayuntamiento de Avilés siendo alcalde Santiago Rodríguez Vega, publicó un decreto que disparó la rehabilitación del casco histórico.

          A partir de aquel día, y hasta hoy, la mejora y protección del mismo se mide en fachadas, calles y plazas mejoradas. Complementado con el rescate y rehabilitación de palacios como los de Ferrera y Camposagrado, aparte de otros lugares y edificios (plaza del Mercado, teatro Palacio Valdés, etc.) que pasaron a ser considerados parte del Conjunto Histórico-Artístico de Avilés.

          También y entre los beneficios derivados de éste decreto del Principado de Asturias (a quien el Estado español ya había transferido las competencias en cuestión de patrimonio) fue la peatonalización –rescate urbano de muchos perendengues– del casco histórico y por tanto la prohibición del tráfico rodado por el mismo. Lo que trajo consigo la implantación de bolardos (postes de hierro) electrónicos, que daban acceso exclusivo a vehículos autorizados, de comerciantes y de residentes. O sea una muralla electrónica, donde las almenas son bolardos que bajan (¡Abre la muralla!) o suben (¡Cierra la muralla!’) al ritmo del poema de Nicolás Guillén.  22.muralla.IMG 7023 300x225 La muralla electrónica del Casco Histórico de Avilés

          Avilés ya había contado con muralla, pero de piedra, construida en la Edad Media contra enemigos que pudieran  venir por tierra y mar. Medía unos 800 metros y abarcaba las actuales calles de La Fruta, La Ferrería, El Sol y San Bernardo. Fue derruida a principios del siglo XIX, amparándose los gobernantes locales en una retorcida interpretación legal que no logró esconder su defensa de intereses inmobiliarios.

          A estos efectos, acento incluido, compárese la ciudad de Ávila con la de Avilés.

          La primera conserva su muralla de piedra y un casco histórico hoy declarado Patrimonio de la Humanidad. En Avilés los políticos ni se han atrevido a solicitarlo a la UNESCO, organización internacional que concede tal honor y del que se deriva calidad de ciudad, subvenciones y turismo cosa fina. Y ello a pesar de opiniones favorables de algunas personalidades o del apoyo popular en las redes sociales. Por ejemplo en Facebook, donde la página ‘Casco Histórico de Avilés Patrimonio de la Humanidad’ agrupa a cerca de 6.000 (seis mil) amigos.

          Dice un proverbio que ‘mayo reglado ni muy seco ni mojado’, y algunos recordamos, a propósito de otro popular refrán, que la forma más práctica de pescar peces es mojarse el culo.

          Con muralla de piedra o electrónica.

Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 24-05-2015

El actual palacio municipal, en la plaza de España, solo tiene una antigüedad de 338 años. Anteriormente los gobernantes se reunían en otros lugares.

     Gramaticalmente, ayuntamiento remite a la acción y efecto de ayuntar, de ayuntarse, de reunirse. y eso la Real Academia lo lleva al límite, pues la quinta acepción del término ‘ayuntamiento’ es la de ‘coito’. Quizás esto ayude a explicar el por qué al personal tanto le gusta -y apasiona- el poder.

     Corto y cambio a concejo, que es término que remite directamente a gobierno local.22.AYUNTAMIENTO.22.CASCO HISTORICO PATRIMONIO ayuntamiento chorros del oro. 300x266 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     De hecho lo más antiguo que se conoce en Avilés como forma de gobierno son los llamados Concejos Abiertos, reuniones públicas a las que podían acudir todos los vecinos. En el siglo XIV se citan, por ejemplo, las celebradas -previo aviso del pregonero- en el convento de San Francisco del Monte (actual iglesia de San Nicolás de Bari). En estos Concejos Abiertos se solucionaban problemas de convivencia y otros como las peticiones de nueva vecindad, muy abundantes, al ser Avilés ciudad privilegiada por el Fuero concedido por el rey Alfonso VII.

     También los había en el cementerio de la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery (en la actual plaza del Carbayo) entre los vecinos de Sabugo. Porque Sabugo (episodios aparte) era un pueblo, con iglesia propia, y tanto es así, que llegó a tener sus propios alcaldes ‘de mar’. Con el tiempo la unión -administrativa- con la Villa se fue consumando y los alcaldes sabugueros consumiendo.

     Avilés crecía, al ritmo del progreso que le procuraba el tráfico y comercio marítimo. Entre esto y que había nacido España como nación, en el reinado de los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, el Concejo Abierto fue perdiendo su sentido, siendo sustituido por el regimiento de un grupo de vecinos, los más poderosos (epidemia histórica mundial), elegidos anualmente y cuyas reuniones se celebraban en el cementerio (entonces bajo techado) de San Nicolás de Bari (actual de los Padres Franciscanos). En el camposanto (entre la iglesia y la muralla y frente a la capilla de Las Alas) había un pequeño habitáculo, donde se celebraban las sesiones del concejo avilesino.

     Un lugar tétrico e insalubre, por lo que no es de extrañar el acuerdo tomado el 26 de junio de 1484 de que: «Se faga una casa para el Concejo en la Plaza de la Rúa Nueva» o plaza de la Villa (hoy inexistente y situada en el entronque de las calles de La Fruta y El Sol).22.AYUNTAMIENTO. 22.ALAS capilla a 150 219x300 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     En este pequeño edificio municipal había puestos de grano, carne, pan y vino, también se custodiaba la arqueta del agua de la Villa y el patrón de pesas y medidas. Pero la casa ardió en el pavoroso incendio del 14 de diciembre de 1621 e hizo necesario comprar otra, en 1640, fuera de la muralla y contigua al viejo hospital de San Juan, en la plaza «De fuera de la Villa» (actual plaza de España).

     El caso es que entre una casa y otra y por la circunstancia relatada, las reuniones en el cubículo del cementerio, al que se le había abierto -en 1636- un ventanuco con vistas a la ría, no cesaron del todo. Ni mucho menos.

     Porque allí tuvo lugar una reunión trascendental, el 26 de agosto de 1670. Ese día tres toques de campana tañida (considerable avance tecnológico respecto al pregonero, que vio mermada su categoría como medio de comunicación), señal de llamada para que los mandatarios -presididos por el regidor Sebastián Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado- se presentaran para adjudicar las obras para la construcción de un nuevo edificio municipal, que aún hoy perdura.

     Levantado fuera de la muralla, dada su gran superficie, entre «la puerta de la muralla del Alcázar, a la entrada de la calle de La Ferrería y la de Cima de Villa» (otra de las denominaciones de la calle de La Fruta), en los entonces espaciosos terrenos, que configuraban la «Plaza de fuera de la Villa», entonces vacía de soportales y abundante en álamos y carbayos (robles).

     Este palacio es el buque insignia de un trascendental desarrollo urbanístico de la Villa. La mansión debe su traza arquitectónica a Juan de Estrada y la materializó el maestro de obras avilesino Marcos Martínez, con material de la cantera de Bustiello, que estaba a tiro de piedra y nunca mejor dicho.22.ayuntamiento. SOL EN FACHADA. 00002 242x300 Las sedes que han tenido los Gobiernos de la villa de Avilés

     Se inauguró el 22 de abril de 1677 siendo alcalde Alonso Carreño Bango. Y desde entonces en él, se ha venido gobernando religiosamente. Tómenlo al pie de la letra, porque en 1755 la Santa Sede, autorizó a celebrar misa, los días de acuerdos de plenos, en el Oratorio municipal, contiguo al salón de sesiones.

     Pero la “misa plenaria”, ya había desaparecido mucho antes de 1976, que fue cuando el ayuntamiento fue extendiéndose a otros edificios de la ciudad, dentro de acuerdos -tomados en los mandatos de Ricardo Fernández Suárez (1976-1979) y principalmente en los de Manuel Ponga Santamarta (1979-1988)- para adquisición de monumentales edificios (como el antiguo comercio ‘Aurelio’ en el Parche, el palacio Balsera o la casa de Arias de la Noceda, en Galiana), para su aprovechamiento municipal.

     Sin estos matrimonios urbanísticos quizás, hoy, estas artísticas mansiones estuviesen cayéndose a pedazos, ya que se habían quedado viudas de uso particular.

     Cosas así son ejemplo de buen gobierno de la comunidad. Que no reluzcan, solamente, malogros y bribonadas.

(Reedición revisada de episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’ el 12 de junio de 2011)


Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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