Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 19-10-2014

Cuando metes la mano en un cesto de cerezas, para coger una, nunca sabes las que saldrán porque, las condenadas, se enredan unas con otras y no hay manera.

Algo parecido me ocurrió revolviendo en mis notas, a la busca de un dato relacionado con un 19 de octubre. Y justo ocurrió que se me empezaron a enredar reseñas de ‘diecinueves’ de octubre de distintos años. Tal acumulación de acontecimientos –no es la primera vez que me pasa– es algo que viene a demostrar la riqueza histórica avilesina, por lo que no me resisto a dejarlo pasar y publico, a continuación lo que ocurrió en Avilés, o con él relacionado, tal día como hoy (19 de octubre) de distintos años.

Comienzo en el año 1351, con un dato extraído del libro ‘Avilés. Noticias históricas’ de Julián García San Miguel (Impreso en Madrid, 1897), donde en su página 434 dice textualmente que «El mismo rey [D. Pedro I de Castilla] confirma dos cartas, una de su padre D. Alfonso y otra de D. Fer­nando su abuelo, mandando guardar á los de Avilés el fuero de no dar portaje ni ribaje des­de la mar hasta León. En las mismas Cortes, á 19 de octubre».

Otro 19 de octubre, pero de 1821, nace Pedro Carreño, uno de los trece hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés, en el domicilio familar de la calle La Ferrería, número 10. La vida de este Carreño se repartió entre Cuba y Avilés, siendo  escritor tan prolífico como desconocido, al menos, en su villa natal. Periodista, poeta y autor de comedias, dramas e incluso de una zarzuela. Algunos (es el caso de Fernando Vidal Blanco) dan por cierto que también es el autor del poema que se puede leer en la parte inferior de una hornacina dedicada a Jesús Nazareno, colocada en la parte alta del soportal de la citada dirección de La Ferrería. Ver para creer y si no peregrine allí para leer.

El 19 de octubre de 1893 se inaugura el puente metálico de San Sebastián, que sustituye al viejo de piedra, llamado de Los Pilares, para salvaando la Ría comunicar Avilés con Gozón. Es una plataforma de hierro, diseñado por el ingeniero militar Francisco Writz, de cuarenta y tres metros de largo por nueve de ancho. La modernidad metálica no fue bien acogida, ya se sabe, y abundaron comentarios despectivos en la prensa, como que «parece la torre Eiffel echando la siesta» e incluso creaciones literarias como el verso que sigue: 22.19 octubre PUENTE SAN SEBASTIAN 230x300 Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

«Puente Metálico… 

Mucho hierro por arriba, 

mucho hierro por abajo, 

y si todo en el hierro estriba…

¡Que lastima de trabajo!».

El tiempo ha demostrado que el poeta, de nombre Juan Francés, no tenía visión de futuro. Y es que nadie es perfecto, como nos está recordando siempre Jack Lemmon en ‘Con faldas y a lo loco’.

El 19 de octubre de 1894 el, entonces, diputado a Cortes por Avilés, Julián García San Miguel, segundo marqués de Teverga, impulsa en Madrid el expediente para la construcción de un nuevo templo en Avilés, que sirva de parroquia al ya populoso barrio de Sabugo, a construir en el lugar ocupado por las ruinas del convento de La Merced. La nueva iglesia sería consagrada en 1903 con lo que la medieval iglesia de la plaza del Carbayo dejaría de ser sede parroquial. Sabugo siempre dando la nota, como tiene que ser.

El 19 de octubre de 1903 nace, en Barcelona, Ramón Corominas Sostres quien sería personaje muy popular en Avilés donde llegó a principios de la década de los 50, del pasado siglo XX, con la misión de poner en marcha la nueva Empresa Nacional Siderúrgica S.A. (ENSIDESA) que originó la mayor transformación urbana, social y económica de la historia de Avilés. Ramón Corominas, que ostentaba el número uno de matrícula en la nueva empresa, llegó a ser director de la misma.

El 19 de octubre de 1904 sale a la venta el primer número del semanario ‘El Veto’, afín a los intereses del partido Liberal, cuyo líder era Julián García San Miguel, segundo marqués de Teverga. La publicación duraría cinco meses. Sin comentarios.22.19 octubre IGLESIA SABUGO NUEV 224x300 Viaje desde el Fuero de Avilés hasta el polígono de San Balandrán

El 19 de octubre de 1951 el Boletín Oficial del Estado publica un decreto que haría posible la construcción de los poblados de la empresa ENSIDESA de Avilés. En el principal de ellos, el de Llaranes –considerado hoy un referente importante en la historia del urbanismo español– se entregarían, en 1954, las primeras viviendas. Lo de Llaranes es la excepción que confirma la regla del grandioso desastre constructivo de poblados de viviendas edificados en Avilés por entonces.

El 19 de octubre de 1998 cierra el cine Almirante para ser convertido en cuatro minicines. Fueron 185 los espectadores que asistieron a la última proyección –en la gran sala, la mayor de Asturias en aquellos momentos– de la película de Steven Spielberg ‘Salvar al Soldado Ryan’, que fue la que clausuró este cine donde también, desde su inauguración el 14 de abril de 1973, hubo esporádicas representaciones teatrales.

El 19 de octubre de 2000 la prensa asturiana destaca en primera plana la resolución oficial que aprobaba el futuro uso del palacio de Ferrera como hotel de lujo. Incluso el diario ingles ‘The Times’, que ya es decir, en un suelto en páginas interiores, anunciaba que «NH abrirá en abril de 2003 un hotel de cinco estrellas en la ciudad asturiana de Avilés». Para que luego digan.

El 19 de octubre de 2004 la multinacional estadounidense Alcoa (antigua ENDASA) anunció la inversión de 46 millones de euros en su fábrica de aluminio de Avilés, situada en el Polígono Industrial San Balandrán, en la margen derecha de la Ría. El mítico santo, ligado a Avilés –por una isla hoy evaporada– nunca descansa, aunque los de la toponimia oficial lo quieran disfrazar de Samalandran.

Y esto es lo que hay, cerezas históricas que también son certezas.

Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 12-10-2014

(Un intento de ‘darle marcha’ al conjunto monumental menos conocido y más maltratado de la villa).

No piensen en manducatoria, porque los canapés a los que me refiero son de piedra educada y figuran en el menú histórico-artístico que figura en la carta del monumental casco antiguo de Avilés.

Pero a efectos artísticos-gastronómicos –esos que dicen que alimentan mente, espíritu y tal– Los Canapés permanecen ignorados por la autoridad y el personal en general que, sin embargo, se deleitan saboreando opíparos platos del menú que ofrece la villa de Avilés y que va desde manjares como Camposagrado, El Carbayo, Galiana o El Parche…  y hasta La Fruta, de postre, claro.

Y sin embargo la gente no prueba, ni de coña, Los Canapés. Generalmente porque no los encuentra.

Antes lucían más, porque entre ambos asientos de piedra transcurría el tránsito rodado de la carretera general entre Oviedo y Avilés. Estaban a la vista y ahora aquella calzada nacional se ha convertido en un camino peatonal.

Estos vistosos bancos de piedra –incluidos en una selección de lugares y monumentos del casco antiguo local, que fue declarado en 1955 por el Estado español Conjunto Histórico-Artístico– están cercados y acogotados por una lado: una estación de servicio y por el otro: una maloliente zona verde donde se suelen acumular desperdicios sin control. Por debajo, prácticamente, son traspasados por una carretera de gran tráfico y por encima están coronados, por así decirlo, por el viaducto de la circunvalación de Avilés. Vaya por Dios.

Los Canapés fueron colocados en 1786, en tiempos del reinado de Carlos III, aquel monarca que favoreció la moda del adorno arquitectónico a la entrada de las poblaciones importantes. Por ejemplo, y sin ánimo de hacer comparaciones, en la Villa y Corte de Madrid se hizo con la Puerta de Alcalá, y en la Villa de Avilés con Los Canapés. Que fueron colocados a ambos lados de la principal calzada, que entonces era la que la comunicaba con Oviedo.22.CANAPES.1940 300x136 Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Son dos grandes ‘sillones’ de piedra de11,64 metrosde largo, 2,60 de ancha y 3,30 de alto, que fueron diseñados por José Bernardo de la Meana –Maestro Mayor de la Catedral de Oviedo y vinculado también a la obra pública del Ayuntamiento de Avilés– y realizados bajo la dirección del maestro de obras Roque Bernardo de Quirós con piedra, que estaba literalmente a pie de obra, pues la cantera de Bustiello está situada a unos metros de distancia del lugar de emplazamiento.

Los bancos muestran inscripciones, en uno de ellos: «Reynandola Majestaddel Sr. Dn. Carlos III se hizo esta obra» y en el otro: «A expensas de los propios y arbityrios (sic) de esta villa año MDCCLXXXVI».

A Gaspar Melchor de Jovellanos Los Canapés no le gustaron un pelo. Vaya por Dios. En su ‘Diario Cuarto’, correspondiente al sábado 14 de julio de 1792, dice, después de referirse a Villalegre como ‘bellísima parroquia’ y al hablar de la nueva calzada de Oviedo a Avilés: «Nueva carretera, ancha y bien trabajada, plantada de álamos malos al principio, buenos y mejores después. Enorme y feo canapé en medio de un gran trozo de camino levantado sobre altísimos y fuertes paredones, y que debió por lo mismo ser muy costoso».

Para gustos hicieron Los Canapés. La verdad es que mucho entusiasmo no levantan y más desde mediados el siglo pasado, cuando nos cayó encima la, hoy, difunta ENSIDESA –y demás familia metalúrgica y cristalera– y Avilés creció a lo loco, fueron quedando camuflados de mala manera. Sin embargo, aun escondidos y apabullados como están, han sido capaces de dar nombre a un centro cultural y deportivo, a una estación de servicio y hasta una pequeña travesía.

En 2009 se restauró –a cargo de un equipo dirigido por Teresa Imaz de las Alas– el primero de ellos. Para el otro (justamente el que proclama «A expensas de los arbityrios de esta villa…») no hubo presupuesto –vaya por Dios– y hoy luce oscuro, enmohecido y atrapado por la maleza.

Nada se puede hacer por Los Canapés de Avilés, como no sea retirarlos de ahí –como se propuso informalmente hace unos años– donde no tienen el respeto que se les debe, o bien darles otro tipo de marcha, la musical por ejemplo. Así que propongo nuevamente –al público en general y a los amantes del casco histórico de Avilés en particular– que tomando como base la famosa y pegadiza canción ‘La Puerta de Alcalá’ –popularizada por Ana Belén y Víctor Manuel, con letra y música de Bernardo Fuster, Luís Mendo y Francisco Villar– se readapte para esta ocasión,  cambiando el nombre de un monumento por el otro y un par de licencias gramaticales más –todo ello en aras del patrimonio, faltaba más– y se tararee algo así:

«Una mañana fría, Carlos III, con aire insigne se quitó el sombrero muy lentamente bajó de su caballo, con voz profunda le dijo a su lacayo: ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, están Los Canapés.

Lanceros con casaca, monarcas de otras tierras, fanfarrones que llegan inventando la guerra, milicias que resisten bajo el “no pasarán” y el sueño eterno como viene se va… y ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, ahí, están Los Canapés.

Todos los tiranos se abrazan como hermanos, exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes, manadas de mangantes, doscientos estudiantes inician la revuelta son los años sesenta y ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí, ahí donde los ves, están Los Canapés.22.canapes Marieta2 200x300 Los Canapés, aperitivo escondido del Casco Histórico de Avilés

Un travestí perdido, un guardia pendenciero, pelos colorados, chinchetas en los cueros, rockeros insurgentes, modernos complacientes, poetas y colgados, aires de libertad… ahí están, ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo… ahí donde los ves, están Los Canapés.

Los miro de frente y me pierdo en sus ojos, sus piedras me vigilan, su sombra me acompaña, no intento esconderme, nadie los engaña, toda la vida pasa por su mirada…
Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés… Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés…»

 Aunque para mirarlos hay que encontrarlos y ese ya es otro cantar, pues no están señalizados. Cosa impropia para estos bancos de piedra del siglo XVIII, que forman parte de los monumentos componentes del ‘Casco Histórico-Artístico’ de Avilés.

Pena de Canapés que podían haber sido el aperitivo ideal del banquete monumental avilesino y están amojamaos. Vaya por Dios.

Otro siglo será.

Jesusín de Galiana

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 05-10-2014

Hoy se cumplen 153 años de una sonada reunión en Avilés. Aquel 5 de octubre de 1861, los miembros del gobierno local presididos por el alcalde Fernando Ochoa, aprobaron las obras proyectadas para la prolongación de la calle de La Cámara, que entonces comenzaba en la plaza de España y terminaba en el cruce con la, hoy, calle La Muralla.

Esta obra, histórica para Avilés, traería consigo el nacimiento de un gran espacio urbano, donde destacaría la espectacular plaza del mercado (descreídos, con ordenador, busquen ‘singular plaza de los siete nombres’ en Google, Yahoo o similar).

En la misma sesión, el alcalde Ochoa –abogado, que compaginaba la política con el periodismo, y vivía en la casa, hoy palacio, de Valdecarzana– leyó un documento que se enviaría a Madrid, pidiendo un ramal de ferrocarril que «ponga en comunicación a esta Villa y Puerto». El tren llegaría veintinueve años más tarde.

Pero aparte de estos dos históricos asuntos –y de la aceptación de la dimisión de dos serenos, porque aunque parezca mentira hubo un tiempo en que hasta dimitían los serenos– el alcalde dio lectura a una carta remitida por la parroquia de San Nicolás de Bari: «Las perso­nas que frecuentan la capilla de San Roque me advierten de su estado rui­noso, hendiduras en las paredes y bóve­da y desplome de la facha­da, interesando se deter­mine si las reparaciones han de ser de su cuenta, o si la capilla está bajo el patronato municipal…».

La carta la firmaba el sacerdote Francisco Martínez Manzaneda, cura ecónomo de la parroquia, polémico personaje de la época, que se las tenía tiesas con el Ayuntamiento. Alcalde hubo (tal fue el caso de Álvaro Lobo Castañón) que dejó escrito que «a este cura le hizo la boca un fraile», por sus continuos rifirrafes por asuntos económicos. A veces, la sola cita de su apellido resultaba categórica. Por ejemplo el poeta Marcos del Torniello hablando de su nacimiento dejó escrito: «Naci na cai de Gozón. / No importa pa la cues­tión, / el año, el día y el mes… / Soy como tú d’Avilés, / pa que lo sepias, Antón. / Na pila San Nicolás / bauti­zome Manzaneda». Y punto en boca, parece querer decir el poeta bablista.

   El caso es que en aquella ocasión el cura llevaba razón, pues la capilla era propiedad del Ayuntamiento y este tendría, una vez más, que apechugar con el arreglo.22.jesusin. IMG 0182 225x300 Jesusín de Galiana

  Pocos chapuzas constructivas hubo en Avilés como aquella capilla de San Roque. Tantos desastres acumuló, que pierdes la cuenta de tanta avería y derrumbe que vienen reflejadas en los libros de Actas del Archivo Histórico. Justo Ureña ironizaba que «Si con­vertimos al valor actual del dinero, los duca­dos, reales, maravedíes y pesetas que en tres siglos se invirtieron en reparaciones y reconstrucciones de la capilla de San Roque, es incuestionable que Avilés podía tener hoy en El Carbayedo una catedral como la Almudena de Madrid».

La capilla de San Roque fue edificada, en el siglo XVII, en el llamado ‘Campo de Galiana’ anexo al Plantío Real del Carbayedo, famoso bosque de carbayos (robles, ya sabes) situado en la parte alta de Avilés.

Fue bendecida en 1652, como agradecimiento de las autoridades locales a San Roque –santo que en vida se dedicó a curar a los infectados por la peste– pues entendían que Avilés se había librado de la plaga gracias a su intercesión divina con ocasión del incidente ocurrido cuando estando el puerto de Avilés en cuarentena ordenada por el Gobernador de Asturias, ante la epidemia de peste declarada en Europa, los responsables locales –dos jueces que luego fueron castigados con el destierro– dejaron entrar en el puerto una carabela, cuyo capitán –un vecino de Sabugo llamado Amado Terano– estaba infectado. Una imprudencia que sembró el pánico entre la población, que se encomendó masivamente a San Roque. Afortunadamente no hubo contagio, de milagro. Cosa que se atribuyó al santo, por lo que se decidió erigirle una ermita.

Con el tiempo la capilla fue cambiando la advocación oficial, a partir de la instalación en ella de una imagen del Nazareno procedente de la ruinosa capilla de San Martín (que estaba frente a donde hoy está la comisaría de polícía). Y la de San Roque pasó a ser llamada Jesús de Galiana, y también la del ‘Ecce Homo’, para terminar siendo –y así es hoy familiarmente conocida– la de ‘Jesusín de Galiana’.

Sepan los foráneos que en Avilés hay también una capilla que muchos llaman de ‘San Pedrín’, en la calle Rivero, y una famosa cofradía semana-santera conocida como la de los ‘sanjuaninos’… Y esto no debe de extrañar en una región, de ‘grandones’ por otro lado, donde la patrona es conocida como la ‘Santina’.22.JESUSIN. capilla jesusin de galiana. pepe fdez en aviles y sus calles 201113.1 300x172 Jesusín de Galiana

 Y vuelvo a un 5 de abril de 1892, cuando otra amenaza de ruina, la quinta de su historia, decidió al Ayuntamiento a encargar un nuevo proyecto al arquitecto Ricardo Marcos Bausá (el que había trazado el cementerio de La Carriona y el parque El Muelle) y que es la que existe en la actualidad. Es sede de la cofradía ‘Nuestro Padre Jesús de Galiana’ y alberga también las imágenes de San Roque, San Juan, y la Virgen Dolorosa.

Siempre fue lugar de feligresía al paso, aunque cuando el Instituto ‘Carreño Miranda’ estaba en su inmediaciones (donde hoy está el colegio público ‘Palacio Valdés’) y por los meses de junio y setiembre (épocas de exámenes) ‘Jesusín’ estaba hasta los topes de jóvenes feligreses.

Sépase que es la única ermita donde se hincó de rodillas un Rey de España, tal fue el caso de Amadeo I, cuando visitó Avilés –el 15 de agosto de 1872–  y la apolillada nobleza de simpatías borbónicas, encabezados por el marqués de Ferrera, le cerró palacios e iglesias.

Hoy la capilla tiene a un costado un pasaje llamado de ‘San Roque’ que remite a sus orígenes. Por cierto que aquí se plantó, en su día, un famoso crucero que no tardó mucho (permitan el retruécano) en llevarse por delante un camión repartidor de Coca-Cola en una desgraciada maniobra dando marcha atrás. Incidente que unió para siempre a la multinacional norteamericana con la milenaria historia avilesina.

Mientras tanto ‘Jesusín’ de Galiana sigue llamando la atención de los visitantes, fundamentalmente por llamarse Jesusín, cosa que choca la suyo por tal confianza con algo divino, con el plus añadido de ir unido al nombre de una de las calles porticadas más famosas de España. Todo viaja menos los nombres, como dice Julián Marías, porque los nombres se quedan para siempre grabados en la memoria y en las lápidas.

Yo solo se que si dices, por ahí fuera, ‘Jesusín de Galiana’, en un santiamén muchos saben que hablas o que eres de Avilés. Ya se que la cosa tiene su lógica, pero sigue pareciéndome un milagro, oye.

‘La Exposición’ de Las Meanas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 28-09-2014

Todo empezó con los sementales, algo de lo más natural.

Y fue en El Carbayedo, barrio alto de Avilés que estaba unido por los soportales de la calle Galiana a la plaza de España, que entonces aún no se conocía como ‘El Parche’. En aquel bosque de carbayos (robles), y en torno a la ermita de San Roque (hoy de ‘Jesusín de Galiana’), se venía celebrando de antiguo un mercado de ganados con gran éxito, de hecho consta que en 1769 ya era el primero de Asturias.

Pero no fue hasta 1878 cuando al alcalde Bonifacio Heres Busto se le ocurrió hacer una exposición de machos bovinos, que potenciara aún más aquella tradición ganadera de Avilés.

Bonifacio Heres fue alcalde de record, el primero de la historia avilesina que llegó a estar en el cargo cinco años, cifra que ningún mandamás municipal, a lo largo de los tiempos había alcanzado. Las realizaciones efectuadas durante su mandato (del 1 de julio de 1874 al mismo día de 1879) son hoy muy populares: comenzó a funcionar el patronato de la Escuela de Artes y Oficios, se encargaron en París las estatuas metálicas que adornan el parque El Muelle, se terminó la construcción del perímetro soportalado de la que sería plaza del mercado (la de los siete nombres) o esta mismo asunto del certamen-exposición de ganados.

El caso es que, aquella exposición de sementales, fue un éxito y fue progresando con los años, generalizando ya en muestra de ganado vacuno, hasta el punto que hubo que ‘bajarla’ a sitio más despejado como Las Meanas, lugar [entonces] en las afueras de Avilés, una zona de marismas (hasta aquí llegaba la Ría) que se habían desecado, arbolado y bautizado, en principio, como parque El Retiro. Allí se estuvo celebrando durante años la veraniega exposición de ganados de San Agustín, con los ejemplares amarrados a los árboles en secciones señaladas con cuerdas.22.exposicion. el recinto LA EXPOSICION. 1648 CALLES 300x184 La Exposición de Las Meanas

Hasta que en 1931, el alcalde David Arias Rodríguez del Valle (hijo del historiador David Arias García), entendiendo que el buen paño en el arca se vende, inauguró un pabellón específico –cuyo aspecto y empaque llamaban la atención–  para el acontecimiento y que fue conocido desde entonces como La Exposición, a secas. El alcalde Arias también consiguió que el certamen fuese ‘de Ganados y Exposición de Industrias Agropecuarias’, que tuviese categoría nacional y que su celebración se prolongara durante diez días, en la segunda quincena de agosto.

Durante el resto del año, el recinto de La Exposición comenzó a albergar multitud de actividades, al tiempo que a su alrededor comenzó a crecer gran parte del nuevo Avilés.

En 1943 se construyó, a uno de sus costados, el actual campo de fútbol, que inicialmente se llamó ‘La Exposición’, como no, y más tarde ‘Suárez-Puerta’ (por seguir aquella ridícula moda de personalizar en prebostes) pues esos eran los apellidos del alcalde que tomó la iniciativa de trasladar la práctica del fútbol desde Las Arobias (en San Juan de Nieva) a Las Meanas.

La Exposición se convirtió, ya decía, en el espacio multiusos de la ciudad. Allí se celebraban espectáculos de todo tipo, desde folklóricos a conciertos al aire libre, aunque predominaba lo deportivo. Era la sede de los destacados equipos de baloncesto y balonmano de la Asociación Atlética Avilesina. Y también de su sección de boxeo, donde nombres como Enrique Rodríguez Cal ‘Dacal II’ (medalla de bronce en las Olimpiadas de Munich 1972) o Manuel López ‘Pantera’, entre otros, aun recuerdan los aficionados.

Y luego también estaba la famosa Pista de La Exposición, un espacio cubierto donde se celebraban desde tradicionales verbenas hasta mítines políticos. Aunque lo que le dio más fuste a La Pista fueron las Jornadas Municipales de Teatro, una brillante iniciativa, en 1979, del concejal de Cultura, Pepe Martínez, que tuvo continuación en el tiempo y hoy es un clásico certamen regional y nacional. Por aquellas desvencijadas instalaciones, desfiló lo mejor de la escena teatral española: ‘Els Joglars’, ‘Tricicle’… hasta que en 1989 se inauguró la Casa de Cultura. Pero hasta aquel año La Pista tuvo tanto pisto que, a efectos publicitarios, hasta le cambiaron su nombre por el de Auditorio Municipal de La Exposición.

En 1979 el certamen agropecuario se trasladó al Pabellón de Exposiciones de La Magdalena y crecieron los polideportivos en Avilés, por lo que el histórico recinto de Las Meanas fue decayendo, hasta que en 1991 se demolió y el solar que ocupaba es hoy una triunfal plaza, de nombre La Exposición, un espacio bendecido por la expansión, al estar exento de edificación y donde se puede seguir practicando deporte al aire libre –o sea de Arcelor– las veinticuatro horas del día.

No me resisto a traer, aunque sea por los pelos, pero con mucho cariño, a Miguel Torga cuando decía aquello de que lo universal es lo local sin paredes.

En cuanto a la historia de La Exposición, aquí brevemente apuntada, es una muestra de la gran tradición agrícola y ganadera –tan ignorada por desconocida– de Avilés, antes de que ésta ciudad se llenase de cristalerías, endasas, ensidesas y nieméyeres.

Que bienvenidos fueron.

Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 21-09-2014

    Estoy convencido de que si Avilés tiene un pasado muy posado es por el hecho de estar pesado en quilates históricos.

    También lo estoy de que lo que le viene ocurriendo entre finales del siglo XX y estos comienzos del XXI, figurará algún día en los libros –no se si de texto o no– pero con un texto algo así como: «Fue por entonces cuando, sorprendentemente, en aquella histórica ciudad asturiana se inició todo un renacimiento del barroco…»

    Eso está pasando de unos años para acá. Pero pera no es manzana y al estar viviéndolo en riguroso directo no tenemos la perspectiva necesaria para poder apreciar –en toda su dimensión– como la villa de Avilés está modernizando su antigüedad, recuperando edificios emblemáticos y dándoles usos sociales.

    Una demostración está en los palacios de Camposagrado y Ferrera, que han vuelto a tomar el protagonismo que tuvieron antaño, aunque ahora, felizmente, para uso público. El Ferrera, desde el 9 de mayo de 2003, es uno de los hoteles más importantes de Asturias.22.ferrera.x palacio Ferrera. Imagen 693 224x300 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Levantado en el siglo XVII, refleja el final de un estilo renacentista ya casi superado, entonces, por la fiebre del barroco. Su torre de cuatro plantas, en forma de rombo, es muy singular y colabora con notable poderío al milagroso tinglado arquitectónico de El Parche, que así se llama –gracias a Dios– en Avilés a la plaza de España.

    El palacio se construyó adosado, en parte, al entonces convento medieval de San Francisco del Monte (actualmente iglesia de San Nicolás de Bari). Y también –y a uno de los costados del Ferrera–por aquella época, rompió aguas la fuente de los caños de San Francisco, un prodigio de simetría arquitectónica y de vitalidad urbana.

    El destino, a veces, es curioso. Ya que el Ferrera siempre tuvo como un dizque hostelero, una vocación de parador. La cosa viene ya de 1858, cuando se hospedó en él la reina Isabel II y su hijo Alfonso XII, entonces un bebé. Desde entonces ha sido albergue, de realeza, continuado –sin prisa, pero sin pausa– según pasaban los años y se sucedían los monarcas, incluidos los actuales.

    Los pasos dados desde que el Ayuntamiento, en 1997, inició la promoción del casco histórico, hasta que seis años más tarde, fue inaugurado el hotel, entrando Avilés  en la elite del turismo internacional, podríamos resumirlo diciendo que: pasamos de dos escudos a cinco estrellas.

    El Ferrera, ya es referencia hotelera, de primer orden. A ello ha ayudado mucho, tanto la puesta en marcha, como las actividades (hoy, peligrosamente, en pausa) programadas por el centro cultural internacional ‘Oscar Niemeyer’, que trajeron hasta Avilés a personajes mediáticos universales. Es el caso de los creadores cinematográficos Woody Allen, Wim Wenders, Carlos Saura… Intérpretes tan famosos como Kevin Spacey, Brad Pitt o Scarlett Johansson… escritores de la talla de Paulo Coelho, el Nóbel nigeriano Wole Soyinka, etc.

    El palacio poseía uno de los espacios ajardinados privados más extensos de Asturias, que –por compra hecha por el Ayuntamiento, primero en 1976 y luego en 1998– son hoy son de uso público y constituyen un grandioso parque de cerca de más de 90.000 metros cuadrados, que es todo un episodio aparte.

    La restauración del Ferrera y su acondicionamiento para hotel fue respetuosa con la herencia arquitectónica contenida en el histórico edificio.22.ferrera.Trampantojo palacio Ferrera 300x225 Palacio de Ferrera, el que con dos escudos llegó a cinco estrellas

    Además la propiedad lo convirtió en una gran pinacoteca, colgando en su interior obras de artistas ‘clásicos avilesinos’ como los hermanos Espolita, hermanos Soria, Alfredo Aguado, García Robés, Luís Bayón o Fernando Wes.

    También adquirieron pinturas de contemporáneos como Ramón Rodríguez, Vicente Pastor, Benjamín Menéndez, Cristina Cuesta, Coronas, Angélica García o Fidel Pena.

    La fusión y efusión –de historia y modernidad– que ha supuesto la transformación de una oxidada mansión palaciega, como era el palacio Ferrera, en un hotel de éxito y en pleno corazón del casco histórico, es algo impagable que nunca entenderán los que piensan que el dinero lo hicieron redondo para que ruede.

    Aparte, claro, de esa vitola de calidad ciudadana que trae consigo el rescate de un edificio –que estaba papando moscas– para insuflarle vida.

    Las cosas son como acaban. Por eso, lo del Ferrera es una gozada.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)

Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 14-09-2014

    La tarde viene –de siempre– cayendo temprano sobre El Sol, que siendo calle estrecha y pequeña por herencia medieval, es ancha por el gusto histórico que le procuran uno de sus edificios, datado de la época de navegaciones a vela, fueros, murallas y góticos.

    Por algo está aquí plantado el palacio de Valdecarzana, pequeño gran prodigio gótico de la Villa de Avilés. Una mansión desarmada de conceptos militares, pero armada de una personalidad estética similar a edificios, hermanos, de Italia y de Francia.

    Valdecarzana da para mucho. Incluso para el misterio.

    Los historiadores difieren sobre el siglo de su construcción. José Jorge Argüello (en su obra ‘Abilles’) es partidario del siglo XII. Raquel Alonso del XIII. Juan Uría Ríu: entre el XIV y el XV. Y Germán Ramallo matiza que el bajo es del XIV y el piso del XV.

    De lo que no hay duda es que es edificio civil más antiguo de Avilés. Y de su hermosa traza, en especial sus ventanas, y la calidad de los materiales empleados en él.22.valdecarzana palacio 290114.IMG 5659 300x225 Palacio de Valdecarzana, el cofre del tesoro

    La versión más compartida es que fue construido como residencia de un rico mercader que utilizaba la planta baja como tienda y almacén de sus productos y la alta como residencia familiar. El hecho se fundamenta en que el edificio no adopta carácter defensivo alguno. En origen fue cuadrado y fue creciendo hacia lo rectangular, de forma que su aspecto actual remite a un cofre que guarda uno de los tesoros históricos mas valiosos de Avilés: El Fuero (siglos XI/XII).

    En el XVII fue adquirido por los Valdecarzana. En el XIX, pasó al que fue alcalde de Avilés, Fernando Ochoa. Y en el XX a la ‘Sociedad de Transportes Marítimo Terrestres’ vincula­da a las casas consignatarias avilesinas. Luego, hasta fue economato…

    La única fachada que se conserva intacta, desde su construcción, es la de La Ferrería. El edificio fue reformado en el siglo XIX, añadiéndosele, externamente, un decorado ficticio que quería pasar por gótico. En 1998 fue sometido a una total renovación para instalar aquí el importante Archivo Histórico avilesino. Esta obra dejó al descubierto, aparte de algún elemento arquitectónico original, una cantidad notable de cerámica medieval troceada, utilizada en aquel tiempo como aislante contra la humedad. Retirada que fue la cerámica, vuelve –hoy– el edificio a mostrar claras señales, externas, de humedad. La historia de siempre. La Historia.

    Valdecarzana es referencia, en Asturias, de casa de alguien, no perteneciente a la nobleza. Y hay quien sostiene que debió haber más edificios, como éste, en el casco histórico de Avilés, dado el gran flujo comercial, y por tanto riqueza que generaba el puerto de Avilés, por donde no entraban solamente mercaderías, sino filosofías e ideas artísticas internacionales. O sea el maravilloso milagro del cosmopolitismo. Una ‘vía de agua’ por donde, posiblemente, entró la arquitectura utilizada en Valdecarzana o en la capilla de Las Alas.

    Otra, es los que mantienen que en la mansión se alojó, en el siglo XIV, el rey de Castilla, Pedro I (apodado, injustamente, por sus enemigos ‘El Cruel’), después de haber reconquistado Avilés, que su hermanastro Enrique de Trastámara (que en asuntos de crueldad, parece que era el ‘entendido’ de la familia) habría tomado por las armas unos meses antes la Villa. Misterio, una vez más.

    En Avilés, hoy, casi nadie lo conoce como casa de Baragaña, pero si fue nombre utilizado en el pasado, ya que se accedía a él –por la calle del Sol– a través de una antojana (en Asturias: baragaña).

    Desaparecido aquel abandono casposo que le procuró el último siglo, hoy es un monumento tan lúcido como lucido. Henry James afirmaba que producir un poco de arte supone un gran tramo de historia. Eso es lo que representa este pequeño palacio de Avilés.

    Tiene una armonía seductora, por sencilla y natural. Y si la arquitectura fuera música congelada, las notas de la gótica mansión serían del arrebatado Antonio Vivaldi.

    El palacio avilesino y el músico veneciano suenan igual durante las cuatro estaciones del año.

    Afinados. Y afamados.

 

(Edición revisada del artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’, el 6 de noviembre de 2011)

Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 07-09-2014

Fue por el XVII, aquel siglo del barroco, cuando Avilés se lanzó a crecer en el aspecto urbano. Que buena falta le hacía.

Porque estaba totalmente estrangulada por la muralla que la protegía. Se había quedado chica, la Villa, para una población que no dejaba de crecer. No era plan.

Así que los notables trazaron un Plan –el histórico crecimiento barroco– cuya premisa principal era  saltarse el corsé amurallado que la venía defendiendo.

Y la Villa se abrió hacia el sur –que al norte estaba la mar– comenzando toda una siembra de palacios en la plaza de España (el municipal y los de Ferrera y García Pumarino). Pero cuando estas mansiones andaban en el empeño constructivo o aún eran proyectos vertidos en planos, comenzó la construcción de las calles Galiana y Rivero, que ampliarían la villa y vendrían a paliar los problemas derivados del crecimiento demográfico derivado del constante progreso mercantil de Avilés.22.lassss asombrosas. RIVERO capilla 300x225 Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

En 1663 se construyen las primeras casas en la galiana o cañada o riera, que bajaba desde El Carbayedo. En Rivero hubo que poner orden en aquel pequeño arrabal de casas –Hospital de Peregrinos incluido– que se habían ido asentando, a la vera de la ría, desde hacía un montón de años.

Desde entonces, estas calles, son tan distinguidas como alegóricas y tan fascinantemente sutiles que no se sabe si aterrizan en el Parche o despegan de él. Calles barrocas, con todo su sabor, muy difícil de encontrar hoy en España y parte del extranjero, oiga.

Luego está ese paralelismo en usos y consumos. Nacieron como calles comerciales, habitadas por artesanos. Pero también fueron encauzamiento de transportes de las mercancías que llegaban al puerto de Avilés, o de las que se embarcaban en el mismo. Por Rivero se marchaban las importaciones hacia Oviedo y Castilla. Por Galiana llegaban cargamentos para la exportación procedentes de la Asturias campesina, de aquí a Grado.

Ambas fueron, o son, también, calles de movida. O sea bebida.

Y las dos tienen también capillas religiosas. En Rivero el Santo Cristo para unos, o ‘San Pedrín’ para otros; por las mismas andan en Galiana con el Ecce Homo, más conocido como ‘Jesusín’. Una familiaridad a la avilesina tan respetuosa como difícil de explicar a visitantes.

Las dos calles tienen su correspondiente fuente de los caños. Conviene no olvidar que Galiana llegaba hasta El Parche, hasta finales del siglo XIX cuando surgió la calle San Francisco (por entonces, La Canal), donde ahora se ubica, frente a magistrales edificios, la mágica fuente con el nombre del santo italiano.

Y para que la romería descriptiva sea completa, ambas se iniciaban con un palacio a su izquierda. En Rivero, el de García Pumarino (también conocido como Llano-Ponte), actual sala cinematográfica. Y en Galiana, el palacio Ferrera.

Y si Rivero tiene un cine, Galiana es calle de cine, de rodajes quiero decir.22.lasss asombrosas. GALIANA intermedio techos madera 225x300 Las asombrosas semejanzas entre Rivero y Galiana

Tan cosidas por orígenes, destinos y fines son, que mirando un plano, semejan alas barrocas que abrazan ese milagroso bosque urbano llamado parque de Ferrera, al que desde ambas se tiene acceso.

El escritor Armando Palacio Valdés, vivió –de niño– en Rivero. Pero quizás no sea tan conocido que la calle Galiana llevó durante algunos años su nombre. Aunque si el lector es medianamente conocedor de la historia local, sabrá que aquí, en Avilés, una de las ‘diversiones’ favoritas es cambiar el nombre de las calles.

Cada una tienen poetas locales de solera: Ana de Valle, en Galiana y ‘Lumen’ en Rivero. Y en ambas domiciliaron centros privados de enseñanza resonados: En Rivero,  el propio ‘Lumen’ (y sucesores: María Luisa y Rubén) y en Galiana ‘Don Floro’.

Desembocan su belleza en la misma calle (avenida de Cervantes) produciéndose –en dicho trance– un brutal choque estético con edificios mostrencos, por altura y ausencia de finura.

Rivero y Galiana son dos episodios aparte que alimentan la emoción estética de propios y extraños porque tienen alma, corazón y vida.

Son una pasada monumental.

 

(Artículo publicado en el diario ‘La Voz de Avilés’ el 25 de septiembre de 2011)

 

La singular plaza de los siete nombres

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 31-08-2014

En Avilés hay una espectacular plaza –totalmente rodeado de galerías– que alberga el histórico mercado de la Villa, concedido por los Reyes Católicos en 1478…

 

La Villa avilesina es territorio de plazas con solera histórica: El Carbayo, El Parche, Carlos Lobo o El Carbayedo son algunos ejemplos. Pero cuando dices ‘la plaza’, a secas, tu interlocutor da por supuesto que te estás refiriendo a la de Hermanos Orbón.

Algunos creen que tal surtido de nombres, de ésta plaza, es consecuencia de la inspiración perenne que ocasiona el recinto. Otros que es la demostración de la imposibilidad para bautizar un espacio arquitectónico tan singular, creado en el siglo XIX, cuando la ciudad se estiró –urbanísticamente– de forma tan efectiva como brillante.Sin embargo es lugar de hasta con siete nombres en el imaginario popular, desde este ‘La Plaza’ hasta los que remiten a conceptos mercantiles, como plaza ‘del Mercado’ o ‘de Abastos’. O geográficos: ‘Las Aceñas’. Aparte, claro, de los legales: ‘Plaza Nueva’, que es el primer nombre adjudicado por el Ayuntamiento, desde su construcción hasta el 28 de octubre de 1938, cuando lo cambió por el del escritor y periodista ‘Julián Orbón’, que luego sustituyóor el de ‘Hermanos Orbón’ (músicouno y literato e otro) el 12 de agosto de 1965.22.Plaza Las Aceñas.Nardo Villaboy.19964 257x300 La singular plaza de los siete nombres

Se desecaron marismas insalubres que dividían Avilés hasta decir basta. Y así, sustituyendo líquido por sólido, nacieron esta plaza y los parques del Muelle y del Retiro. Y detrás, claro, el desarrollo urbano de gran parte de la ciudad.

Quedémonos con la copla de que hasta hace unos ciento cuarenta años, el mar llegaba hasta Las Meanas, que fue el nombre que, posteriormente, heredó el citado parque del Retiro. Tela marinera.

La fuerza con que entraba, en el que hoy es centro de Avilés, se puede ilustrar con el hecho de que el nombre del lugar, fue: Las Aceñas, porque en este espacio estuvieron funcionando, desde el siglo XIII,  aceñas, o sea molinos que utilizan las mareas como fuerza motriz.

Fuimos adelantados en energía alternativa en plena Edad Media. Y, aquí, sin sacar pecho.

La plaza, es un espacio arquitectónico compuesto, en origen, por 28 solares dispuestos en rectángulo. Las viviendas vierten unos más que vistosos balcones y miradores, hacia las tres calles y una plaza. Y hacia el interior: galerías de madera sostenidas por ochenta columnas de hierro que conforman unos soportales de considerable altura. Bajo ellos: bajo y entresuelo de locales comerciales. El recinto tiene cuatro entradas. Una de ellas, la de la calle La Muralla, luce, en la parte superior una fecha: 1873.

Consta, para que nos conste, que el rectángulo central de la plaza estaba destinado a zona ajardinada. Pero una serie de acuerdos, posteriores, hicieron posible que se construyera en ese espacio un pabellón dedicado al mercado, que centralizara el que, desde el reinado de los Reyes Católicos, se desparramaba por calles y plazas de la Villa.El diseño arquitectónico, municipal, responde a un tipo constructivo muy de moda entonces: las llamadas pla­zas Nuevas, basadas en la funcionalidad.Aereo casi.AVILES desde PLAZA MERCADO con NIEMEYER y ENSIDESA al fondo. foto de Pepe Fdez.2 300x224 La singular plaza de los siete nombres

 Y este pabellón central, de abastos, -hoy acertadamente remodelado- fue el tercer mercado moderno construido, en el siglo XIX, en Asturias, después del de Trascorrales en Oviedo y aquel de Jovellanos, en Gijón.

En Avilés siempre ha habido polémica entre los partidarios de que el pabellón del mercado tuviese otra ubicación en la ciudad y los partidarios de que siga aquí. Una opinión coincidente con la oficial, que se ciñe a los planes del Avilés del futuro.

Aunque no está de más recordar que el interior de la simétrica plaza fue concebido como zona de ocio, con un centro ajardinado, que adornara el agradable paseo ‘de invierno’ que procuran los soportales, complemento del ‘paseo del verano’ en el parque del Muelle.

Su simetría y el espectacular perímetro de galerías siguen ocasionando el asombro de miles de turistas.

Tengo escrito que el arquitecto José María Pérez González, más conocido como ‘Peridis’, famoso por sus afiladas y afinadas viñetas periodísticas, me inquirió –en un paseo por allí– y con un tono entre sorprendido y admirado ‘¿Pero como coño no conocía yo esto?’

Pues eso es lo que venía ocurriendo con Avilés, desde casi siempre, hasta tres años antes de finalizar el siglo XX, cuando comenzó la promoción turística de la ciudad.

Y luego, en el siglo XXI, unos 130 años después de levantada esta plaza de los siete nombres, llegó el Niemeyer.

Y la cosa pinta. Y pita.

(Publicado en 'La Voz de Avilés' el 21 de agosto de 2011)
(Las fotos son gentileza de Nardo Villaboy, la aérea, y José Fernández).

La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 24-08-2014

Avilés no tiene partida de nacimiento. Sabido es que su fundación no tiene fecha. Por tanto, tampoco sus calles más antiguas, que estaban protegidas por una muralla (episodio aparte), de unos 800 metros de longitud, que las abarcaba.

Hablo de las, hoy, conocidas como La Ferrería, La Fruta, El Sol, San Bernardo y Los Alfolíes. Las que concentraban más actividad y vecindario eran las dos primeras, paralelas entre sí y que estaban unidas por la del Sol, formando entre las tres una H.

La de La Fruta no siempre respondió a este refrescante nombre, ni era tan uniforme su línea recta actual. Y además, al principio -de su historia- la calle no era una, sino dos. Porque la ‘desembocadura’ de la calle del Sol en ella, conformaba un ensanchamiento o pequeña plazoleta (‘plaza de la Villa’), que facilitaba la división. Desde dicho lugar hasta el inicio de la calle (en una de las puerta de entrada de la muralla: ‘la del Reloj’) era ‘Cimadevilla’.22.pequeña gran historia. La Fruta.finales siglo XIX 300x196 La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

El segundo tramo, que iba desde la plaza de la Villa, hoy desaparecida, hasta su final en un paredón, que la separaba de la propiedad de los Alas (y luego de los marqueses de Camposagrado), y era conocida como ‘calle Oscura’.

Por supuesto que los dos tramos, que entonces formaban la actual calle de La Fruta, contaban con soportales, a ambos lados, dejando solo a cielo abierto un espacio por el que cabía un carro tirado por bueyes, excepto al final de la Calle Oscura, donde era tal el estrechamiento que podían abarcarse las columnas de ambos lados extendiendo los brazos.

A consecuencia del tremendo incendio que sufrió Avilés en 1478, cambiaron muchos aspectos urbanísticos de la Villa. Por ejemplo, cuando se reconstruyó esta calle, la que fue Cimadevilla, pasó a ser Rúa Nueva, y la plaza de la Villa: plaza de la Rúa Nueva. La Oscura siguió a oscuras. También por entonces se construyó, en aquella plaza de la Villa, la casa del Concejo (con funciones de lo que hoy conocemos como ayuntamiento).

Pero el 4 de diciembre de 1621, un nuevo incendio destruye las casas de la Rúa Nueva. En la restauración la calle ganó en amplitud y fue entonces cuando se la renombró como de La Fruta, al instalarse en ella puestos de venta de productos de la huerta. Entre siglos XIX y XX, la vía sufrió una gran transformación al levantarse en ella magníficos edificios de varias alturas. Entonces fue la calle principal de Avilés, hasta que le quitó ese título la calle de La Cámara cuando comenzó a estirarse.22.pequeña gran histora. La Fruta desde el palacio Camposgrado. 195x300 La pequeña gran historia de la calle de La Fruta

La Fruta, calle tan corta como hermosa, tiene singularidades que llaman la atención. Por ejemplo comienza y termina con fuentes en la margen derecha: la de Doña Rolindes (adosada al ayuntamiento, un puzzle de otras anteriores) y la del Centenario del Bollo (al lado de la Cámara de Comercio y obra del artista plástico Ramón Rodríguez).

Por otro lado está la cuestión palaciega. Situándose al principio o al final de la calle siempre tendrá -al fondo- un espléndido palacio (del siglo XVII) a la vista: el Ferrera (hoy hotel de cinco estrellas) y Camposagrado (actualmente sede de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias).

Luego está el factor boticario, que es cosa que llama la atención, ya que en su corta longitud, la calle acoge tres boticas, lo que la convierte en una de las vías españolas de mayor densidad farmacéutica por metro cuadrado. Así que está asegurado el remedio para posibles jaquecas, soponcios y otras calamidades. También, y por si lo anterior no resultara, hay una funeraria. Y espléndidos comercios y un par de hoteles.

El 30 de octubre de 1896, a la calle le cambiaron su nombre por el de Suárez Inclán, destacado político de la época. Aunque en el lenguaje coloquial, nunca dejó de ser conocida como la de La Fruta, nombre que recuperó, oficialmente, el 18 de julio de 1979.

La Fruta es calle fresca y refrescante.

(Episodio publicado en 'La Voz de Avilés' el 14 de agosto de 2011)

Los kilométricos y, generalmente, artísticos soportales de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 17-08-2014

    En rigurosa descripción académica, soportal es un espacio exterior cubierto, construido junto a un edificio, cuya estructura se sujeta con columnas y precede a las entradas principales; generalmente rodea una plaza o recorre una calle.

    El soportal permitía, cuando no había electricidad, trabajar a los artesanos delante de sus talleres, resguardados de lluvia o sol. Lo mismo que a los vendedores de productos del campo, cuando el mercado de Avilés se desparramaba por todo el casco histórico de la ciudadela amurallada.

    Nuestro mérito, contra lo que ha ocurrido en otros lados, está en haber sabido, querido y podido, conservarlos, a lo largo de los siglos.

    Un paseo por calles y plazas de Avilés demuestra la calidad y cantidad de los soportales que hemos recibido -colosal herencia- de tiempos pasados y que seguimos incrementando.

    Suman más de tres kilómetros, entre antiguos y modernos. Y adoptan gran cantidad de formas, colores y estilos.

    Los más antiguos son los que pertenecen a las calles de La Ferrería, Bances Candamo, Galiana, Rivero, plaza de España, y Carbayedo. Algunos, situados en la calle Bances Candamo, en el barrio de Sabugo, puede que sean incluso anteriores al siglo XVII, que fue cuando Avilés empezó a crecer fuera de la murallas, lo que dio origen a la plaza de España y las calles de Rivero y Galiana. Un apoteósico conjunto soportalado.

01 300x200 Los kilométricos y, generalmente, artísticos soportales de Avilés

     Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Avilés dio otro estirón urbano muy notable. De entonces son los de la calle San Francisco -cuyos edificios son un magnífico muestrario arquitectónico- donde algunas de las columnas, de los soportales son de una notable singularidad, como los que imitan la garra de un ave rapaz.

    También de este periodo son los soportales de la plaza del mercado (plaza Hermanos Orbón) característicos de la arquitectura del hierro. O los de la esquina de la plaza Pedro Menéndez y La Muralla (conocida como la del antiguo Café Colón) y que remite directamente al barrio viejo de la ciudad norteamericana de Nueva Orleans o a la plaza de Armas de Iquitos, en Perú.

    Los soportales de Avilés, artísticamente, atrapan. Si no que se lo pregunten a directores de cine desde Gonzalo Suárez o José Luis Garci hasta llegar Woody Allen, que realizó varias tomas en Galiana, aunque finalmente no las incluyó en su película ‘Vicky Cristina Barcelona’.

    Con Fernando Fernán-Gómez, anduve subiendo y bajando Galiana y llaneando por Rivero, repetidamente. Siempre bajo soportales, que para él eran como enormes decorados teatrales errantes por el tiempo.

    -Estamos caminando por un siglo cambiado, Alberto, y eso es muy grande.

    Recuerdo otra ocasión, con Eusebi Casanelles, presidente, entonces, del poderoso Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (Ticcih). Fue un paseo mañanero y lluvioso que nos obligó a comprar paraguas, porque Casanelles, fascinado, se negaba al refugio (lógica meteorológica) del soportal con el criterio de que entonces no podría admirar el soportal (lógica estética).

    En Avilés, de tanto convivir con ellos, olvidamos que son un referente emblemático, una suerte arquitectónica singular que cose casas en calles y plazas.

    Son la sal del Avilés monumental.


(Episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’, el 31 de julio de 2011)

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Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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