Un marino y un pintor, estrellas de la Historia de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 29-03-2015

(De Pedro Menéndez de Avilés y Juan Carreño Miranda se sabe con certeza donde murieron, pero la polémica va asociada al lugar donde nacieron)

        Hay cosas que definen, incluso tratándose de un ayuntamiento. Por ejemplo en el de Avilés si visitas el salón de recepciones, hoy día muy conocido del personal por celebrarse en él las bodas civiles, verás enmarcados algunos de los protagonistas de la historia local.

       Pero en lugar de honor, definiendo, gobernando la estancia –a izquierda y derecha del pendón, dicho sea con perdón, del reino de Castilla y de León– están los retratos de Pedro Menéndez de Avilés (1519–1574) y de Juan Carreño Miranda (1614–1685), marino de guerra uno y artista plástico el otro.

        Este escalafón oficioso dice mucho de la categoría de Avilés, ya que pocas poblaciones pueden presumir de tener personajes tan destacados en la historia de España. Así que será cosa de darles un repaso.

        A Pedro Menéndez de Avilés algunos lo tienen por el marino español más importante del siglo XVI. Desde muy joven se echó a la mar y anduvo en mil aventuras, fue de aquellos que define el verso de Antonio Machado: «He andado muchos caminos, /he abierto muchas veredas; / he navegado en cien mares, / y atracado en cien riberas».22.nacido para. pedro.menendez day.IMG 3802 300x283 Un marino y un pintor, estrellas de la Historia de Avilés

        Pero, por abreviar que pierdo el tren, el hecho más trascendente le ocurre a Menéndez cuando obtiene del rey Felipe II el título de Adelantado de La Florida –antes que él habían ido otros cuatro que fracasaron en el intento– con la misión de establecer un asentamiento fortificado que combatiera a una colonia de hugonotes (protestantes franceses) a los que el gobierno francés había desterrado allí por sus ‘retorcidas’ ideas religiosas.

        La fuerza de Menéndez –y de sus hombres, bastantes de ellos del pueblo de Sabugo, hoy barrio avilesino– hizo posible que el 28 de agosto de 1565, llegara a las costas de Florida y fundara el primer asentamiento europeo estable, actualmente considerada mayoritariamente la ciudad más antigua de los EE UU, y bautizada atendiendo al santoral: San Agustín. Desde el descubrimiento de Florida, por Ponce de León, en 1513, nadie como Menéndez, que llegó, fundó, pobló territorios y fortificó puertos. Un tipo de rompe y rasga.

         Juan Carreño Miranda, fue un hombre más calmado, incluso un sufridor de su padre y muy señor suyo. Mala suerte tuvo el pintor, hasta que se independizó, en su trance familiar paterno. Cuando eso ocurrió se le vino la fortuna encima al conocer al gran Velázquez con quien trabó amistad que lo llevaría (ahorro detalles ya narrados en otros episodios) a ocupar el puesto que dejó libre el pintor sevillano: Pintor de cámara del Rey de España, entonces Carlos II.

         La obra de Carreño Miranda está extendida por museos y colecciones privadas del mundo entero. Y aparte de cuadros colgados en los principales museos (El Prado de Madrid, Louvre de París y el Hermitage de San Petersburgo), su arte reluce también en templos religiosos, mayormente de la capital española.  Creo que es el pintor asturiano más importante de todos los tiempos.22.nacidos para .CARREÑO MIRANDA.Estatua BIS. santarua. carreño.p5020046 277x300 Un marino y un pintor, estrellas de la Historia de Avilés

        Como muchos, siempre di por sentado lo que me enseñaron, o sea que Carreño Miranda había nacido en Avilés. Hoy ya no lo creo así, después de haber leído por aquí y escuchado por allá.

        Y es que el ciudadano Juan Carreño Miranda tiene dicho que él era natural del concejo de Carreño. Y lo hace (según se puede leer en el excelente libro ‘Carreño’ de Alfonso Pérez Sánchez, ex director del Museo del Prado) en varias ocasiones, por ejemplo al casarse en 1639 cuando declara ser «natural de Carreño, en Asturias», o en 1658, al testificar en las pruebas para la concesión del hábito de Santiago a Diego de Velázquez, Juan Carreño vuelve a repetir, ante el escribano, que es «natural del concejo de Carreño». Ya no entro en las teorías que sitúan su nacimiento en Oviedo o en otros lugares.

        ¿Por qué no se respeta lo que dice el pintor? ¿Por qué ese empeño en ‘nacerlo’ en Avilés cuando él manifiesta que fue en Carreño? ¿Porqué se le dan vueltas a lo que dijo tratando de decir que aunque lo dijo, es como si no lo hubiera dicho y hay que interpretarlo de otra forma? Con Pedro Menéndez pasa todo lo contrario.

        Porque al Adelantado de La Florida objeto también de polémicas sobre su lugar de nacimiento –que algunos sitúan en Riberas de Pravia, municipio de Soto del Barco, y otros dudan entre Avilés y el pueblo toledano de Santa Cruz de la Zarza, como es el caso de la famosa enciclopedia Espasa– la mayoría de los estudiosos respetan sus testimonios. Por ejemplo cuando, y con motivo de la concesión del Hábito de Santiago, declara ser «natural y vecino de Avilés, como igualmente lo fueron sus padres y abuelos paternos, siendo los maternos de Pravia». O según se puede leer, en el Archivo de Revillagigedo, Casa de Valdés, legajo 15, nº 48, y en el folio 8 del mismo: «yo el dicho Adelantado, Pero Menéndez de Avilés, vecino y natural de dicha Villa de Abiles».

        Al fin y al cabo ¿es tan importante establecer con certeza donde se nace? A efectos biográficos, legales, estadísticos, sí. A otros efectos, creo que no.

        Hay mucho dichos al respecto, el principal es que uno es de donde quiere ser. Otro, es que no se es de donde naces sino de donde paces. Incluso hay quien opina, como es el caso de Max Aub o de Camilo J. Cela,  que uno es de donde hizo el bachillerato argumentando que «es en esa época cuando naces conscientemente al mundo, a los sentidos, al amor».

        Pero volviendo al pintor Juan Carreño Miranda, hay un dato que da la razón a unos y a otros, y es que en el año de su nacimiento (1614) el concejo de Carreño aún pertenecía al Alfoz (conjunto de diferentes pueblos que dependen de otro principal y están sujetos a una misma ordenación) de Avilés.

        En consecuencia, Juan Carreño Miranda naciendo (geográficamente) en Carreño también nació (legalmente) en Avilés.

        Por lo demás, ancha es la Ría, verde el Ferrera y la plaza España El Parche.

El Peñón y La Peñona, pareja de hecho

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 22-03-2015

        Son bastantes (más de 50 pero menos de 200, me dijo una encuesta un día) los visitantes o turistas que recalan en la comarca de Avilés a quienes les llama mucho la atención que en el municipio de Castrillón, figuren y muy destacados en los prospectos turísticos dos lugares llamados: El Peñón y La Peñona. A bote pronto, se imaginan un concejo montañoso hasta que descubren, con hilaridad, que es el más llano de Asturias y que ambos lugares aunque son pequeños accidentes geológicos tienen un tremendo contenido socio-cultural que remite a la arqueología, el uno, y al turismo el otro.

22.peñon y la peñona. castillo gauzon. simulacion de david seijo en asc 150614 300x200 El Peñón y La Peñona, pareja de hecho

Simulación del castillo de Gauzón en el Peñón de Raíces (Foto-montaje de David Seijo)

       Arqueología de la buena, en Raíces de Castrillón donde cada vez se hace más evidente que aquí está una buena parte de las raíces de Asturias y en eso lleva años trabajando un equipo científico financiado por el Ayuntamiento de Castrillón –y dirigido por los arqueólogos, Iván Muñiz y Alejandro García– empeñado en descubrirlo en la época estival, que es cuando se desarrollan las excavaciones en un promontorio conocido oficialmente como el Peñón de Raíces pero que, aplicada la típica rebaja gramatical del personal, se queda en El Peñón.

       Y al tal Peñón lo vienen desnudando, en los meses veraniegos, para mostrar lo que quede del archifamoso castillo de Gauzón, el castrillón, una de las fortalezas históricas de Asturias donde fue fabricada la Cruz de la Victoria, su símbolo milenario. Es labor delicada y trascendente, que requiere un desvestido con mucho tacto, cariño y pasión contenidos, porque esto es puro erotismo arqueológico, por mucho que los topónimos peñón y Castrillón resulten pelín toscos al respecto.

        Hasta ahora, lo descubierto es históricamente excitante y está cambiando los parámetros históricos asturianos, pero la función va camino de acabar en un monumental ‘streptease’ sobre el nacimiento y desarrollo del reino de Asturias y otras lindezas colaterales caso de Covadonga, por ejemplo.

       Desde El Peñón (38 m. de altitud) situado al sur, se divisa La Peñona al norte, pequeña península de Salinas que junto con el dique de San Juan de Nieva, delimita el arenal que en los mapas figura como El Espartal y que todos conocemos por el nombre de las playas de sus extremos: Salinas y San Juan.

22.peñon y la peñona. salinas luisma 250713 BIS 300x167 El Peñón y La Peñona, pareja de hecho

(Foto de Luisma Argüello)

       Dada su proximidad al antiguo Náutico y balnearios que funcionaron aquí, en el siglo XX, La Peñona, suele ser el fondo de buena parte de las fotos antiguas y modernas de Salinas.

       Es un potente elemento icónico, una monumental referencia visual que define, al primer golpe de vista, que estamos nada menos que en una de las mejores playas del norte atlántico español.

       Desde el mirador de La Peñona, con puente colgante incluido, dominas –es un decir– la mar abierta. Y por si esto fuera poco, en la mini península se instaló –inaugurándolo en 1993 el Rey de España Juan Carlos I– el Museo de Anclas al Aire Libre. Todo un episodio aparte.

       El Peñón y La Peñona, el norte y el sur, arqueología y turismo, Adán y Eva, blanco y negro, Cristiano y Messi. Mía, tuya, cabecina y gol.

       En Salinas, Peñón y Peñona son pareja de hecho.

Imágenes amparadas por soportales del Casco Histórico de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 15-03-2015

           Pedro de Calatayud (Tafalla, 1698–Bolonia, 1773) fue un famoso religioso jesuita autor de numerosa obra escrita, parcialmente oscurecida por su fama como predicador. Cuentan, las crónicas de la época, que como orador era impresionante, habiendo recorrido la península ibérica durante cuarenta y ocho años, dedicado a las misiones. Desarrollando éste cometido pasó unos días en Avilés, en 1764, en San Nicolás de Bari (nombre, durante siglos, de la actual iglesia ‘De los Padres’). La huella de su estancia quedó en el exterior del Ayuntamiento.

            Por aquel tiempo Avilés estaba amurallada y no hacía ni cien años que se había construido un nuevo edificio para Ayuntamiento, situado fuera de la cerca defensiva en la, entonces, llamada plaza de Fuera de la Villa y hoy plaza de España o, cariñosamente, El Parche.22.soportal. EL PARCHE. IMG 5216 225x300 Imágenes amparadas por soportales del Casco Histórico de Avilés

            De las dos plantas del palacio municipal, y para asuntos del gobierno local solamente se utilizaba la superior dividida, fundamentalmente, en dos grandes salas: una para celebración de los Plenos y la otra para capilla, pues a los Plenos se iba con misa cumplida.

           La parte baja del edificio, zona de soportales, estaba alquilada para locales comerciales.

            Este fue el sitio elegido, por Pedro de Calatayud, para pedir que se colocara allí una hornacina en honor a la Virgen del Pilar de Zaragoza «frente al arco mayor de las Casas de este Ayuntamiento como pasaje más decente y público para que todos lo puedan recono­cer y venerar y este retrato que sea de piedra para su mayor duración y porque no es de más costo respecto a que haciéndose de madera». Así consta en el libro de Actas municipal de fecha 3 de noviembre de 1764, donde se tomó la resolución de aceptar la petición del famoso jesuita (supongo que, a estas alturas, habrá quedado clara la aragonesa conexión Calatayud–Virgen del Pilar) para colocar la imagen, encima de la puerta de entrada del Ayuntamiento. El acuerdo se acompaña de toda suerte de detalles para su instalación y mantenimiento, aunque tuvo que ser comprada en Oviedo por «no haber en esta villa arquitecto o estatuario que [la] haga».

            Y ahí lleva siglos la imagen, con el paréntesis de la reconstrucción del edificio municipal (destruido, en parte, por un bombardeo de la aviación de Franco en 1937) que tuvo lugar en 1945, reponiéndose una réplica de la misma, donada por un abogado aragonés, Jerónimo Aramendía, casado con una avilesina. Todo esto lo expone María Isabel Lorenzo en un excelente trabajo de investigación publicado en la revista ‘El Bollo’. 22.soportal. CIMG0694 225x300 Imágenes amparadas por soportales del Casco Histórico de Avilés         

            Hoy, la hornacina de la Virgen del Pilar, pasa desapercibada a la vista de los viandantes.

            Pero más inadvertida aún está la de Jesús Nazareno colocada, bajo soportal, de la casa número 10 de la calle de La Ferrería, uno de los inmuebles civiles más antiguos de Avilés, tanto que tiene borrado –y hoy es un bulto de piedra– su escudo, situado entre la primera y la segunda planta. Se la conoce como Casa de los Carreño y está citada aquí en los episodios titulados ‘Cuatro de los trece hijos de Pantaleón Carreño y Dominica Valdés’ y ‘El coronel si tiene quien le escriba’.

            La hornacina, colocada por la familia Carreño, está acompañada de un pequeño cartel donde reza: «Orad ante la humildad/ del Cordero que en la cruz/ murió para darnos luz/ y salvar la humanidad». Se desconoce fecha de colocación, aunque se sabe que es anterior a 1879.22.soportal. GALIANA. IMG 52452 225x300 Imágenes amparadas por soportales del Casco Histórico de Avilés

            La que si es muy conocida es la hornacina de la Virgen del Carmen, instalada en los soportales de la calle Galiana entre los números 28 y 30, que preside el tránsito diario de los caminantes y el canto solemne de la salve de quienes, la noche del 16 de julio, van a participar en la danza prima del Carmen, que parte de aquí y baja por Galiana.

            La imagen –escribe Manuel Álvarez Sánchez en su libro ‘Avilés’–  fue colocada ahí en 1812 por un vecino de Galiana llamado José Corominas (‘Pepín el Jardinero’), prácticamente paralítico y en cama, que atribuyó a una pequeña figura de la Virgen, que tenía en su habitación, el hecho milagroso de haberlo salvado (se abrazó a ella) de un incendio que destruyó su casa. Corominas también sanó de su reuma agudo.

            Conservamos, pues, tres imágenes religiosas expuestas en soportales del casco histórico, signos de lo que en el pasado fue una práctica habitual, ésta de los agradecimientos públicos a la Divina Providencia.

           Es histórico.

Emile Robin, la calle más financiera de Asturias

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 08-03-2015

       La calle de Emile Robin es de las más cortas de Avilés y de las más largas en ocio y negocio.

       Sus 150 metros, acogen nueve edificios, contenedores de –aparte de viviendas y oficinas– tres entidades bancarias, el Casino de Avilés, una marisquería y un clásico de la hostelería local como es el ‘Germán’ con 80 históricos años a cuestas. Y esto hablando de una calle, hoy poco céntrica, hay que reconocer que tiene muchos candiles. Pero es que si encima consideras que tiene una sola acera, la cosa ya es de nota.

       De monsieur, trata el Ayuntamiento de Avilés al francés Émile Robin, cuando lo cita en su libro de Actas del 28 de febrero de 1913, donde «acuerda nombrar hijo adoptivo de Avilés a Mr. Emile Robin y dar su nombre a la calle de La Ribera, y determinar oportunamente la solemnidad que han de revestir dichos actos para comunicarlo al interesado» por su acto de «filantropía y humanidad».22.emile robin.FOTO QUE MANDA CARALLO. 300x191 Emile Robin, la calle más financiera de Asturias

       Pero el interesado no apareció en ese homenaje municipal, celebrado el 11 de agosto de aquel año, alegando enfermedad. Quien si participó fue el, entonces, ministro de Hacienda, el avilesino Estanislao Suárez Inclán, que se sospecha que algo tuvo que ver en el regalo del banquero parisino, que había donado a la Asociación Avilesina de Salvamento de Náufragos una lancha insumer­gible de alto valor, así como pensiones en distintos conceptos, a los miembros de su tripulación.

       Émile Robin (1819-1915) era un banquero parisino, fabricante y comerciante de coñac. Y también era vicepresidente de la asociación caritativa francesa Sociedad para el Rescate de Náufragos. Estaba considerado un benefactor de leyenda en el mundo marino y sus donaciones se extendían por los principales puertos europeos. Avilés por ejemplo.

       La Ribera era la frontera de Sabugo con las marismas. Un espacio que comenzó a tomar vida urbana con la construcción, en 1879, del edificio donde hoy finaliza la calle. Pero la categoría la adquirió cuando el naviero Ceferino Ballesteros le encargó, en 1917, al maestro de obras –en funciones de arquitecto de muchos quilates– Armando Fernández Cueto la construcción de un edificio destinado a ser ‘El Gran Hotel’, no era el de Budapest, pero casi. El  lujoso albergue capotó más tarde como negocio, pero a Avilés le quedó para siempre una gran y vistosa edificación.

       Luego la calle se fue armando, animando y progresando. El tranvía eléctrico, inaugurado en 1921, tenía aquí su parada principal, cosa nada extraña pues el parque El Muelle, que se había sembrado en esta zona a principios del siglo XX fue un triunfo ciudadano.22.emile robin. tranvia. parque del muelle. gran hotel. 9 abril 1955 asc ramon calvo 300x174 Emile Robin, la calle más financiera de Asturias

       En las décadas de los cincuenta y los sesenta (en 1960 los autobuses sustituyeron al tranvía eléctrico como transporte urbano, pero Emile Robin seguía siendo su parada principal) la calle –que empezaba en la plaza de Pedro Menéndez y terminaba donde lo hace hoy (Avenida de Los Telares)– se convirtió, por horas parciales y fundamentalmente sábados y domingos, en el centro ciudadano de Avilés.

       Las cafeterías de moda estaban en estos terrenos. Destacaban el ‘Busto’, referencia de café elegante, mientras el ‘Germán’ era más del gusto juvenil. Aparte del Centro Asturiano de La Habana, que estuvo durante años en el edificio del Gran Hotel.

       La población, que el establecimiento de ENSIDESA y compañía multiplicaba sin cesar, se volcaba en el parque. Y, en concreto, en la acera que daba a la calle Emile Robin, que se llenaba de multitud de jóvenes, de ambos sexos, que la paseaban una y otra vez de arriba abajo durante horas. Iban del monumento del Adelantado al puesto del helado veraniego (o de la castaña invernal) que estaba al otro extremo de parque. Era un agitado trayecto de excitadas idas y venidas, de intercambios de miradas, adioses interesados y –a veces ¡Ay Dios!– de guiños cómplices. Era un cortejar al paso. Allí se iba con las mejores galas, a ver y a ser vistos, por lo que algunos le decían ‘tontódromo’ a aquel paseo, multitudinario hervidero de amores tempranos.

22.emile robin. german blanco varela. claudio celard perez. german blanco rubio copia BIS 300x197 Emile Robin, la calle más financiera de Asturias

De izda. a dcha: Mario Blanco, Claudio Celard (yerno de Mario) y Germán Blanco, hijo de Mario y actual propietario del 'Germán'.

       Vueltas y revueltas, oteando, adivinando, suponiendo, si gustabas, si ‘refrescaban’ (era la palabra clave) por ti, tanto como tu ‘refrescabas’ por ella, o viceversa. A veces esta relación visual pasaba a ser de palabra y entonces (y esto ya era sobresaliente) la pareja encontraba motivo de conversación, daban unas cuantas vueltas más juntos y si cuajaba la cosa (y esto era ya de matricula de honor) tomaban asiento en los bancos interiores del parque, donde un guardia de uniforme verde, conocido como ‘Timimi’, se encargaba de la cosa de la moral y las buenas costumbres («¡Esa mano, chaval, esa mano!»).

       Aquel desmadrado trasiego pasional del personal en busca de pareja terminó cuando se pusieron de moda los guateques, la ruta de los vinos de Sabugo y se abrieron discotecas.  El bajo techo se impuso al aire libre, que por cierto estaba tremendamente contaminado por ENSIDESA y compañía.

       Pero la calle Emile Robin, otra vez silenciosa, siguió añadiendo edificios. Y hoy llama la atención su aire mercantil.

       Si se fijan bien, no hay calle asturiana con tanto trajín financiero. No hay otra –en términos relativos– tan corta en espacio como larga en entidades bancarias (en apenas 150 metros hay tres bancos) aparte de un edificio que vierte a ella dedicado, mayormente, a oficinas empresariales.

       Es calle de poco ruido y muchas nueces.

Rui Pérez y el escudo de Avilés

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 01-03-2015

       El escudo de la villa de Avilés es como una foto fija de una histórica aventura ocurrida en el siglo XIII en la villa de Sevilla, entonces en poder de los árabes que la habían bautizado (con perdón) como Isbiliya cuando los romanos ya la habían hecho famosa, antes, con el nombre de Hispalis.

Aquella gesta histórica, en la que un navegante avilesino tuvo un excepcional protagonismo, demuestra la potencia marinera que ya tenía la villa asturiana hace ocho siglos.

Era de primera categoría su puerto –durante parte de la Edad Media el más importante del norte atlántico peninsular, según el medievalista Ruiz de la Peña. Y de primera división eran sus gentes marineras, por ejemplo el llamado por unos, Rui Pérez y por otros Ruy González, aunque  en cualquier caso de Avilés. En la narración que sigue mantendremos el primero, entre otras cosas por tener calle así rotulada, desde  1894, y que es la que discurre por el costado norte de la plaza del mercado (oficialmente denominada Hermanos Orbón).

Rui Pérez fue un personaje destacado en un episodio muy enraizado en la historia de España, como fue la toma de Sevilla por el ejército del rey  Fernando III ‘El Santo’, el 20 de mayo de 1248. Tal hecho quedó escrito en el romance:22.RUI PEREZ. Escudo ayto de aviles.60396 aviles escudo de aviles BIS 243x300 Rui Pérez y el escudo de Avilés

«Reinando el ínclito rey don Fernando  

El Santo, que llamaron en Castilla,

pasó el de Avilés con su nave serrando

la fuerte y gran cadena de Sevilla.»

Aquella fue una empresa llevada a cabo por una flota del rey de Castilla (aún no existía España como nación) al mando del almirante burgalés Ramón Bonifaz y en la que participaron destacados marinos cántabros, gallegos, vascos y Rui Pérez, en representación de Asturias, quien sobresalió en dicho trance histórico, cuyo relato ha llegado hasta nosotros mezclado con la épica legendaria tan propia de aquellos tiempos.

Según quieren algunos cronistas, como el marqués de Teverga, el capitán avilesino colocó en la proa de sus naves, que habría construido en los astilleros de Sabugo, con madera de Galiana y tal, un artilugio en forma de sierra que luego rompería, en Sevilla, una gran cadena de hierro que impedía la navegación por el Guadalquivir, franqueando así el paso a los navíos castellanos que cargados con soldados hicieron posible la conquista de la ciudad.

Pero al marqués lo cegaba la pasión localista. Pues diversas crónicas coinciden en que los dos barcos de la armada de Bonifaz, protagonistas del envite contra las cadenas y el puente de barcas –que tenían los árabes a la altura de Triana entre una fortaleza de este famoso barrio y la Torre del Oro– fueron construidos en Santander, bautizados como ‘Carceña’ y ‘Rosa de Castro’, y elegidos por ser los de mayor envergadura de la flota castellana, compuesta por 13 naves a vela y 5 galeras, después de haber ideado los cristianos un original plan de batalla a la vista de lo complicadas que estaban las cosas para tomar Sevilla por culpa de la dichosa cadena. Siguiendo el plan trazado, las dos naves fueron cargadas de piedras y armadas en la proa con ‘fierros aserrados’, ocurrencia de Rui Pérez, para mejor embestir. El almirante Bonifaz mandaba una y el capitán avilesino la otra. Todo fue cuestión de esperar viento a favor, que soplara de lo lindo y los lanzara contra la barrera fluvial. Cuando tal cosa ocurrió las naves embistieron y mandaron al carajo todo lo que encontraron por delante incluidas la cadena y el puente de barcas. Y ahí se acabó Mahoma y empezó la Macarena.22.RUI PEREZ LA VOZ DE AVILES 219x300 Rui Pérez y el escudo de Avilés

Tras la rendición de Sevilla, quiso el Rey que tal hazaña figurara en los escudos de las villas de los capitanes de las embarcaciones que habían intervenido en la conquista, cosa que hizo la mayoría incorporándolo como uno más a sus enseñas. Pero ninguno, excepto Avilés, lo convirtió en protagonista total como hoy se puede seguir viendo en este «escudo en campo de gules, y una nave armada, puesta a la vela, con una cruz en el palo mayor y una sierra en la proa, rompiendo una gruesa cadena prendida en sus extremos a dos castillos».

Decía antes que no está claro si el apellido del marino avilesino era Pérez o González. El investigador local Francisco Mellén después de años de consulta en diversas fuentes –«la historia se hace con documentos, no con le­yendas» dice– insiste en el González. Y lo mismo otros estudiosos que indagaron sobre el asunto.

A favor del Pérez están los clásicos: Tirso de Avilés y Luis Alfonso de Carballo, historiadores del siglo XVI, o David Arias García, del XIX. Pero nadie es custodio –que los hubo, y los hay, con esa vocación– de las esencias históricas de Avilés.

Dice el escritor chileno Jorge Edwards, tan amigo de Pablo Neruda como enemigo de Fidel Castro, que «en España hay una escasa curiosidad intelectual y mucha indiferencia que hace que lo conocido se acepte y explore, pero se ignore lo otro».

Y este es el caso que nos ocupa, de si Pérez o González es el apellido del navegante avilesino, asunto que merece aclararse para que resplandezca la verdad sin que se convierta en una ridícula disputa como la mantenida por aquellos dos calvos que se peleaban por un peine.

O por la marca del champú.

La Transición en Avilés, apuntes de 1975 a 1979

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 22-02-2015

        En febrero del año 1976, a Avilés, se le estaba viniendo encima una catástrofe en forma de sucesos inquietantes.

        Después de dos décadas de vacas gordas pastando en aquellos verdes valles de Llaranes y Trasona, la granja de acero comenzó a cantar las diez de últimas. Echando la vista atrás, entonces nos parecía imposible que gran parte de aquel monumental tinglado fabril, estrenado pocos años antes, se pudiera ir al carajo, así como si nada.

       Eran tiempos inauditos, donde era difícil reír y era difícil llorar. De euforia para unos, de canguelo para otros. A la muerte, dos meses antes, del general Franco, Jefe del Estado español, se unía el tambaleo de ENSIDESA, una de las mayores siderúrgicas de Europa, tocada de lleno por la crisis energética mundial. Nuestro gigante de acero resultó tener los pies de hojalata y acabamos descompuestos en prados desteñidos (contaminados ya lo estábamos y en cantidades industriales) tan propios de las vacas flacas.

       Recuerdo, en medio de aquel inquietante panorama, una noticia relacionada con Agatha Christie que prueba lo lejos que nos quedaba entonces Europa. La escritora británica, fallecida en enero de aquel año, había apuntalado con su obra literaria los déficits de la balanza de pagos inglesa, debido a la venta de más de 300 millones de ejemplares de sus novelas policíacas.

       Policía real y en cantidad había llegado entonces a Avilés para controlar la primera gran huelga de ENSIDESA, conocida como ‘la huelgona’ (nombre justificado, aparte del hecho de que buena parte de la plantilla era de Gijón.Veriña, por ser la primera gran protesta sindical de la España post Franco). Impactaron mucho las cargas de ‘los grises’ (ese era, entonces, el color del uniforme de la Policía Armada) el domingo 25 de enero en los alrededores de la iglesia nueva de Sabugo, donde se intentaban encerrar los huelguistas, así como en el edificio sindical de la plaza del Vaticano. Edificio y lugares del callejero avilesino nos ilustran perfectamente sobre el protagonismo de parte de la Iglesia en la Transición española.

22.TRANSICION. Reyes España Aviles 1976. 300x214 La Transición en Avilés, apuntes de 1975 a 1979

Los Reyes de España y el alcalde de Avilés, Ricardo Fernández, en la plaza de España el 19 de mayo de 1976.

 

       Así las cosas, el domingo 1 de febrero de 1976, el hasta entonces concejal, Ricardo Fernández Suárez tomó posesión de la Alcaldía de Avilés. Sucedía a Fernando Suárez del Villar (Figols.Barcelona, 1918–Avilés, 1989), regidor de Avilés desde 1965 y que había presentado la dimisión a escasos meses de la muerte de Franco, en noviembre de 1975.

       Ricardo Fernández Suárez, más conocido como ‘Rico’, persona de carácter cordial y dialogante, nacido en Manzaneda (Gozón) y conocido empresario de transportes de viajeros, fue elegido por sus compañeros de Corporación. El Gobernador Civil ya no nombraba alcaldes, facultad ahora de los concejales, paso intermedio hasta que en 1979 con los Ayuntamientos democráticos, los alcaldes lo fueron a consecuencia del voto ciudadano.

       En sus tres años y veintidós días de mandato, el nuevo alcalde fue la cara municipal avilesina en la transición democrática, periodo político cuyo inicio y terminación está sujeto a tropecientas teorías. Una de ellas lo sitúa entre la proclamación del Rey Juan Carlos, el 22 de noviembre de 1975, como Jefe del Estado y la llegada de la democracia a los ayuntamientos españoles en las elecciones municipales del 3 de abril de 1979.

       Avilés no fue ajeno a aquellos tiempos de cambio y recambio, de revolcones pero no de revoluciones. Con el nuevo alcalde llegaron algunos aires nuevos. Además tuvo la fortuna de representar a la ciudad en la inauguración de grandes proyectos locales y regionales, tiempo antes planificados.

       El 19 de mayo de 1976 fue un día histórico para Avilés. Con asistencia de los Reyes de España se abrió para uso público el hasta entonces parque privado del marqués de Ferrera, abrazado por calles emblemáticas como Rivero y Galiana. También, en esa fecha, se inauguró el Hospital San Agustín, primer centro sanitario moderno de la comarca.

       Dos meses antes, el nuevo alcalde avilesino, asistía junto con los de Oviedo y Gijón a la inauguración de la autopista A-8, más conocida como la ‘Y’, que unía las tres principales ciudades asturianas. Se vertebraba, por fin, la zona central de la región. La nueva vía, libre de peaje, estaba construida para aguantar un tráfico de 37.000 vehículos diarios y no los 86.000 actuales.

       Pero ENSIDESA era la gran preocupación y para evitar su desaparición se sucedían todo un rosario de manifestaciones de apoyo. Queda recuerdo de la más multitudinaria convocada bajo el lema de «Salvar ENSIDESA es salvar Asturias».22.TRANSICION. ENSIDESA. 300x215 La Transición en Avilés, apuntes de 1975 a 1979

       Pero si la siderurgia frenaba, la pesca se embalaba, en 1978, con un nuevo muelle de 302 metros, trasladándose la rula a sus nuevas instalaciones en el centro de la carretera de San Juan. También se inauguraron los cines Chaplin, en Las Meanas, y Canciller, en Versalles. Y se constituyeron las primeras asociaciones de vecinos como Llaranes, El Pozón o La Luz.

       Espectacular fue la transición del colegio San Fernando, en 1976, con el traslado desde La Magdalena –su sede histórica a la sombra de una palmera– hasta la parte alta de Avilés, al haber adquirido las instalaciones del, hasta entonces, colegio de los Agustinos.

       Y miles de personas abarrotaron el terreno de juego y los graderíos del estadio ‘Suárez Puerta’ no para ver fútbol sino para escuchar mítines de líderes políticos como la comunista Dolores Ibarruri ‘Pasionaria’, en su primera intervención pública en España desde su regreso del exilio, o el socialista Felipe González. 

       Por aquella época, 1978, es fundada la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca (UCAYC). Y también la Editorial Ayalga.

       Y en abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales democráticas después de cuarenta años de dictadura, donde el partido más votado fue la UCD, del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, cuya lista encabezaba en Avilés el exalcalde Ricardo Fernández ‘Rico’ que había dejado la Alcaldía –siendo sustituido por Ramón Luis González García-Cuevas, que sería alcalde un par de meses– a princi­pios de febrero para poder presentarse por la Unión de Centro Democrático que obtuvo 15.091 votos, 13.462 el PSOE y 6.159 el PCA. La coalición entre estos dos últimos partidos, hizo que fuera elegido alcalde el socialista Manuel Ponga, lo que será episodio aparte.

       Porque éste lo ha sido de apuntes, y algún que otro pespunte. En próximos episodios sobre la Transición ya vendrán despuntes, puntos y puntazos.

       Punto final

Pedro Menéndez de Avilés y su empresa en los Estados Unidos de América

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 15-02-2015

       Hoy domingo se celebra el cumpleaños de Pedro Menéndez nacido en Avilés el jueves 15 de febrero de 1519.

       El natalicio parece que tuvo lugar en la calle La Ferrería y  sobre el edificio en cuestión hay dos teorías. Una mantiene que fue en el primero de la margen izquierda de dicha calle, actualmente ocupado por oficinas municipales, y otra señala al solar hoy ocupado por el inmueble numerado con el 29. La Ferrería fue durante siglos la calle mayor de Avilés, población que también es conocida como ‘La Villa del Adelantado’, en honor a la fama conseguida por Pedro Menéndez como fundador de la, hoy mayoritariamente considerada, ciudad más antigua de los Estados Unidos de América.222.adelantado. libro de LYON bis1 190x300 Pedro Menéndez de Avilés y su empresa en los Estados Unidos de América

       En Avilés no. Pero en San Agustín sí que celebran el cumpleaños (conocido como ‘Menéndez Day’) de Pedro Menéndez con sonados actos. Su figura, rodeada aquí de sombras para algunos historiadores, allí es objeto de respeto y agradecimiento por el orgullo de lucir, la ‘vieja’ San Agustín, como decana de las ciudades americanas.

       Y, hablando de historiadores y aniversarios, recuerdo que fue el lunes 3 de febrero de 2003 cuando se abrió al público la sala de consultas en el Archivo Histórico, domiciliado en Valdecarzana. La primera persona que lo utilizó fue el historiador norteamericano y profesor de la Universidad de Florida, Eugene Lyon, que aquellos días estaba en Avilés «Vengo enviado por la ciudad de San Agustín de la Florida para buscar en los archivos de Asturias datos muy trascendentales para nosotros», declaró a la prensa avilesina.

       En los dos meses que permaneció aquí –dentro del acuerdo de intercambios entre el Ayuntamiento local y el de San Agustín de la Florida– el doctor Lyon, como lo conocíamos coloquialmente, consultó archivos municipales, regionales y eclesiásticos. No paró y todo lo hizo sin prisa pero sin pausa.

        ‘Don Alberto, me temo que mi castellano del siglo XXI no es tan bueno como el de los siglos XVI y XVII. Discúlpeme’, era un latiguillo constante de Lyon, que en consonancia con los siglos citados trataba a todo el mundo de don y doña.

        Se alojaba en el hotel ‘Luzana’, hoy en pausa, y a última hora de la tarde cuando los ojos le hacían chiribitas de tanto leer, se refugiaba en el añorado ‘Joey’ de la calle de La Cámara, espléndida cafetería que ejercía en ocasiones de consulado de San Agustín de La Florida, un refugio bañado en té de todas clases y sobre todo de aquellos crujientes churros prestos a navegar en chocolate de las Indias (Made In Isabel) que eran el vicio confesado de este investigador histórico cuyos conocimientos habían hecho posible que el famoso buscador de tesoros, Mel Fisher, localizara el galeón ‘Nuestra Señora de Atocha’ y rescatara del fondo del océano un fabuloso tesoro de metales preciosos, valorado en más de 500 millones de dólares.

       Eugene Lyon, un norteamericano de ascendencia escocesa nacido, en 1929, es una eminencia en la historia de la península de La Florida, a la que llegaron en 1565 Pedro Menéndez y un nutrido grupo de asturianos que al desembarcar en aquellas costas de América del norte y fundar San Agustín de La Florida, pusieron el huevo del urbanismo europeo en lo que con el tiempo serían los Estados Unidos de América. Estirando el razonamiento a lo bestia, aquel avilesino de la calle de La Ferrería, con su fundación ciudadana de San Agustín, hizo posible lo que vino luego: Nueva York, Chicago, Los Ángeles o Miami mismamente.

222.adelantado.eugene 1 211x300 Pedro Menéndez de Avilés y su empresa en los Estados Unidos de América

Eugene Lyon.

       Aquello fue una epopeya, una historia de gigantes que casi resume Enrique de las Alas Pumariño cuando escribe que «He estado en Miami, he volado a Orlando sobre los Everglades y no he podido dejar de preguntarme que pensarían aquellos hombres de Avilés, que sólo habían visto alguna lagartija, al encontrase con los caimanes»

       Lyon, al igual que Menéndez, también fue marino y sirvió en la guerra de Corea a bordo del destructor USS Hobson (DMS-26). Desde que tenía 38 años ha venido estudiando la trayectoria americana del Adelantado de Avilés y sus paisanos, mayormente asturianos. Comentaba que sus investigaciones, en España, sobre la época colonial en América hechas fundamentalmente en el Archivo de Indias de Sevilla le ocuparon (sumando estancias) cerca de seis años de su vida.

       Fruto de ese gigantesco trabajo es su obra ‘The Enterprise of Florida’ (‘La empresa de Florida’), magistral descripción de la aventura excelentemente documentada, de la empresa de Menéndez de Avilés. Lyon estaba muy ilusionado con la edición de su libro en castellano, que se le había prometido desde el Ayuntamiento avilesino. Más tarde me entregó el manuscrito de la versión en castellano en la que se trabajó con altibajos, pero con la dedicación que la obra y su autor merecerían, cosa compartida por Adolfo Camilo Díaz (Coordinador de la Casa Municipal de Cultura de Avilés) que asignó dinero para una correcta traducción del libro que realizó la escritora y profesora Natalia Menéndez.

        Seleccionadas las ilustraciones, la obra quedó lista para su edición en 2007 pero de aquel libro ‘La empresa de Florida. Pedro Menéndez de Avilés y la conquista española de 1565–1568’ nunca más se supo. Han pasado ocho años y ni mu.

       Una vez me hablaron de un tipo que leía siempre la última página de los libros antes de empezar, no sea que se muriera antes de acabarlo. Con este alcanzaría la inmortalidad.

        A ver si el nuevo concejal de Cultura, que traerá la primavera electoral, saca a flote el libro del doctor Lyon, varado en algún cajón municipal. Llegaría a tiempo, el nuevo concejal, de homenajear a su paisano Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de La Florida, del que en agosto de este año se celebra el 450 aniversario de su histórico arribo a tierras del norte de América el 28 de agosto (festividad de San Agustín) del año 1565.

        Hay que editar y reeditar. Hay que hacerle memoria a la gente y luchar para que sepa que es mucho peor perder la memoria que la cartera.

La plaza del Carbayo

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 01-02-2015

        En Avilés, las dos plazas urbanas más antiguas están presididas por iglesias medievales. Una en la Villa, dentro del recinto amurallado, es la [hoy] plaza de Carlos Lobo, históricamente denominada de San Nicolás por estar situada a un costado del templo [entonces] de ese nombre. La otra, la del Carbayo, se levantaba extramuros, en Sabugo, como presidiendo la plaza.

        Ambas vienen al pelo para mostrar y demostrar el distanciamiento que hubo entre la Villa –habitada por nobles, hidalgos de medio pelo y comerciantes– y Sabugo –poblada por gente humilde dedicada a la pesca– y que estaban separados (frontera natural) por el río Tuluergo que no solamente era divisoria urbana sino «límite eclesiástico entre los arciprestazgos de Avilés y Pravia» como tiene escrito Ignacio Ruiz de la Peña al referirse al Avilés bajomedieval, por tanto Sabugo pertenecía al arciprestazgo de Pravia.22.sabugo. FOTO ANTIGUA oye. 1623 CALLES 300x211 La plaza del Carbayo

        Y si pertenecía a Pravia, estando a un paso (perdón, a un perdón) de Avilés, no hay que darle mas vueltas: había otras cosas que separaban más que lo que pudiera hacer el río.

        Y aunque actualmente el Tuluergo (topónimo más feo que una cama deshecha) desapareció, al discurrir, haciendo funciones de alcantarilla por cauce subterráneo desde el final de la calle José Cueto hasta la Ría de Avilés, durante siglos marcó una frontera física entre la villa amurallada y el pueblo extramuros.

        Estaban penosamente comunicados por un puente de tres al cuarto por el que apenas cabía una caballería con alforjas, tan estrecho que para transportar algo voluminoso de la Villa a Sabugo había que ‘rodear’ por San Cristóbal de Entreviñas y desde allí descender al pueblo marinero. En el siglo XVII hicieran otro puente más ancho, obra cuya conclusión tardó mucho más que demasiado, tradición asturiana que seguimos honrando; ayer mismo, como el que dice, se terminó tras 25 años la Autovía del Cantábrico. Pero no fue hasta el último tercio del siglo XIX, una vez anegadas con cemento las marismas, levantada la plaza del mercado, plantado el parque del Muelle y escondido bajo tierra el río… cuando Avilés colonizó Sabugo.22.SABUGO. plaza CARBAYO.foto AEREA 281x300 La plaza del Carbayo

        Hecho histórico del que quedan brasas, avivadas en los festejos. En la danza prima del Carmen se canta:

«Malhaya quien puso el puente

para pasar a la Villa.

Sabiendo que hay en Sabugo,

la flor de la maravilla».

Copla duramente contestada por los ‘colonizadores’, en la danza prima de Santa Ana, cuando cantan:

«Es el barrio de Sabugo,

un barrio muy puñetero.

Todo me huele a besugo,

y a suela de zapatero».

        En fin. La plaza del Carbayo es el centro histórico de Sabugo, antes lugar de reunión social y laboral de las gentes de mar y hoy uno de los espacios urbanos más singulares de Asturias que levanta entusiastas elogios. Recuerdo uno, muy brillante, del director cinematográfico y escritor, Gonzalo Suárez, dirigida a quienes le acompañábamos: el Jefe de la Casa del Rey de España, Alberto Aza, el oftalmólogo Luis Fernández Vega y un servidor de ustedes. Bien es verdad que corría la sidra y ellos tomaban, aquel día, ‘Sardinas de oro’ de ‘Sabugo ¡Tente Firme!’

        Hoy se hace en el teatro Palacio Valdés pero antes era en la iglesia medieval de Sabugo de la plaza del Carbayo, donde se hacía la entrega del galardón. Y por allí pisaron, pasaron y posaron, desde una Reina de España, como Sofía de Grecia, hasta un príncipe de Asturias que hoy es Rey de España, pasando por un premio Nobel, nacido en Luarca, llamado Severo Ochoa.

22.Sabugo20021 300x213 La plaza del Carbayo

Desde la izqyuerda: Alberto Aza (Jefe de la Casa del Rey), Alberto del Río, Gonzalo Suárez (director cine) y Luis Fdez.Vega (Oftalmólogo).

 

        A la plaza, le viene el nombre de un gran carbayo (roble), esencial en la construcción naval, plantado en su centro. Más tarde, en el siglo XIX, y al haber caído este árbol le dieron (amor de madera) el de plazuela del Fresno, por su vecindad con el camino del Fresno (hoy calle Marcos del Torniello). El 25 de agosto de 1926 le asignaron el de plaza de Fuentes Pila (apellidos de un gobernador civil al que había cosas que agradecer) que no duró mucho porque el 3 de febrero de 1933 lo cambiaron por José Nakens (periodista y activista republicano), hasta que el 4 de marzo de 1938 le devolvieron su histórico nombre del Carbayo.

        Y ahí sigue la plaza en Sabugo, territorio batallador, murmullo laboral de remos y redes, lugar de santo inglés de película (‘Becket’ o santo Tomás de Canterbury), de escritores malditos –maldecidos por la vida como Francisco Bances Candamo, o malditamente desconocidos, caso de Rafael Suárez Solís– y de músicos casi inéditos como Ramón de Garay, autor de seis sinfonías en tiempos de Mozart.

        Sabugo, donde abundaba la flor de saúco, fue población marinera donde unos vivían de ir la mar y otros de lo que aquellos traían de ella.

        Luego se despeñó por la pobreza y lo ahogaron oleadas de epidemias, hasta que el progreso generó otro poblado de pescadores apodado ‘El Nodo’. Pero lo cierto es que hasta que se desecaron las marismas, que lo aislaban según unos o que lo defendían según otros, Sabugo no fue conquistado por Avilés, que lo convirtió en su barrio más castizo y pinturero. Y ahora –por elementales efectos, los puristas dicen que defectos, turísticos– aquel pueblo de mareantes de las mareas se reconvirtió hasta el punto de producir algún que otro mareado, por sidra o vaya usted a saber.

        La plaza del Carbayo tiene una personalidad urbana y social impresionante, comparable al Fontán de Oviedo o al Cimadevilla gijonés. Es un lujo, otro más, de Avilés.

El claustro poético y misterioso

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 25-01-2015

Trasmite Armando Palacio Valdés, en ‘La novela de un novelista’, a propósito del tiempo de su infancia pasada en Avilés, una vivencia muy honda cuando escribe que «A través de la puerta se veía el claustro con su vetusta arquería de piedra y en el centro algunos árboles, cuyo folla­je apenas dejaba entrar la luz en él. Nada me ha parecido jamás en la vida más poético, más fantásti­co y misterioso que aquel claustro…».

 El escritor se refiere al claustro del monasterio de San Bernardo, situado en la calle del mismo nombre y al que lo llevaba su madre cuando visitaba a una tía suya monja en el convento. Por entonces en Avilés había cuatro claustros en tres conventos (éste de las monjas bernardas, los dos del convento de La Merced, de monjes  mercedarios, y el de los franciscanos hoy reconvertido en parroquia de San Nicolás de Bari). Actualmente solo queda la mitad de éste último, al que yo aplico gran parte del elogio que Palacio Valdés le hace al otro.22.claustro xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx2 213x300 El claustro poético y misterioso

En su construcción (Raquel Alonso, en su libro ‘La arquitectura franciscana en Asturias’ habla de reedificación) que tuvo lugar entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII tienen especial protagonismo Domingo de la Mortera y Gonzalo de Güemes, prestigiosos maestros arquitectos y constructores de la época, que igualmente intervienen en otras obras realizadas por entonces en la villa como la fuente de los caños de San Francisco, la capilla mayor del convento de San Bernardo, el puente de Sabugo y la reconstrucción de parte de las murallas. Avilés era entonces, después de Oviedo, la segunda población de Asturias con cerca de 1.400 habitantes, frente a los 600 de Gijón.

 El claustro renacentista, bajo y planta, de San Nicolás sólo conserva un ángulo, al haber sufrido el convento un gran incendio en 1909 y casi inmediatamente tiene lugar la incomprensible autorización del Ayuntamiento para construir –en parte de los terrenos conventuales afectados por el siniestro– unas Escuelas Públicas (solar que hoy ocupa la Casa de Cultura) lo que anuló el otro ángulo que hoy se echa en falta.

La reconstrucción del complejo religioso –realizada entre las década 60 y 80 del siglo pasado– a instancias del párroco Angel Garralda García, empeñado en continuar la reforma iniciada por su antecesor José Fernández Menéndez (más conocido como el Presbítero José Fernández, que da nombre a una calle)  y con la intervención de tres arquitectos: Luis Menéndez–Pidal, Enrique R. Bustelo y Leopoldo Escobedo, también sirvió para resucitar lo que quedaba del claustro, la mitad que se muestra actualmente, y que fue una obra de rehabilitación muy notable ya que hubo que desmontar todos sus arcos porque padecían un desplome de 30 centímetros, ya iniciado a consecuencia de los terremotos del siglo XVII.

Con 21 columnas en la primera planta y 11 arcos en la baja, el claustro es un distribuidor entre el templo, la casa rectoral y el reciente Colegio de San Nicolás. 22.CLAUSTRO COMPARA CON LA OTR SELECCIONADA.Img 40741 300x211 El claustro poético y misterioso

Estilísticamente se ha emparentado con el estilo denominado ‘purismo renacentista’ que se impone en España por influencia de El Escorial. Ha influido en su traza el claustro de la Universidad de Oviedo, cuyo patio ya estaba en pie en torno a 1575.

En el patio dos cipreses, una fuente de cuatro caños –la antigua del lavadero del Carbayedo, construida en 1851 y demolida en 1963 por proyectos urbanísticos y que dormía en los almacenes municipales– y el acceso al Archivo Parroquial de San Nicolás, el más antiguo de Avilés, con documentación que se inicia en 1599.

En la parte baja del claustro –en la superior, hoy sin uso, estaban las celdas de los frailes– aparte de una vistosa sepultura encastrada y las puertas que dan acceso al templo y la espectacular sacristía (quizás la mejor entre las parroquiales de Asturias) destacan dos muestras arquitectónicas del pasado, que son dos interrogantes misteriosas en la historia de Avilés.

 En su pared se halla incrustado un cancel visigótico, pieza prerromá­nica del estilo de las de Santa Cristina de Lena encontrada bajo tierra en 1808 al realizar unas obras ¿Remite a un templo prerrománico anterior?22.CLAUSTRO. arqueria romanica. IMG 41521 300x225 El claustro poético y misterioso

También se puede admirar, en el claustro, una triple arquería  románica que los expertos señalan como anterior a la llegada de los frailes en la segunda mitad del siglo XIII. Y resurge la pregunta ¿Hubo aquí otro templo anterior al monasterio franciscano?

Actualmente, y en determinadas horas de la mañana al ser lugar de recreo del colegio parroquial, el recogimiento tan propio de los claustros es sustituido por la ruidosa alegría infantil. Recogidos los niños, el silencio te habla en otro idioma.

 De cualquier manera, con bullicio o con mudez, da gusto pasear por este rincón tan intensamente clásico, tan poético y misterioso, tan bello como desconocido en pleno centro de Avilés.


El coronel sí tiene quien le escriba

Archivado en (Los episodios avilesinos) por albertodelrio el 18-01-2015

(Orígenes, venturas y desventuras de la biblioteca pública de Avilés)

Wenceslao Carreño Arias-Carbajal fue un ingeniero militar obsesionado con poner el tiempo a sus órdenes de forma que le permitiera leer, comer, escribir, beber, estudiar, expulsar y terminar su proyecto de Enciclopedia Ilustrada, que almacenaba en su trinchera bibliográfica situada en la huerta trasera de la casa familiar en el número 10 de la calle de La Ferrería. Proyecto que recibió solicitudes de publicación por parte de la prestigiosa editorial Salvat.

Al coronel Carreño, literato confeso y bibliófilo vicioso, dicho sea en el mejor de los sentidos, le estorbaban los relojes y los almanaques en su particular guerra contra todo el tiempo que no fuese el dedicado a sus libros y tertulias.

Quienes le conocieron, como David Arias Rodríguez del Valle y Fernando Vidal Blanco, describen a un tipo de aspecto singular, con el pelo rapado para no perder tiempo en peinarse, con botas sin cordones (entonces inusuales) para no perder tiempo en calzarse, con cuello de camisa arreglado con corbata incorporada para no perder tiempo en hacer el nudo. Y así todo.22.biblioteca LA VOZ pagina partida 300x228 El coronel sí tiene quien le escriba

«En su casa abundaban rinconeras repletas de amarillentos legajos, recortes de mil raras publicaciones, papeles engomados y tintas de los más variados colores. Allí, los más destacados trata­dos de ingeniería, con valiosas acotaciones propias; los mejores portafolios de horticultura, una completísima colección universal de recetas culinarias y libros extraños en extraños idiomas; y, do­minándolo todo, la gran obra de su vida: aquel proyecto de Enciclopedia Ilustrada, completa y magnífica, atesorada en años y años de búsqueda y plasmada en la letra clara y diminuta de su autor».

Se puede decir que, en general, el coronel Carreño era un ingeniero muy notable y un bibliófilo de tomo y lomo. Por su empleo militar viajó mucho y tuvo veinte destinos, uno de ellos en El Ferrol donde trazó planos del [hoy FEVE] entonces proyecto de ferrocarril estratégico que uniría, por la costa, la ciudad gallega con Gijón.

Al retirarse de la vida militar, con el grado honorario de general, regresó a Avilés, para batallar en lecturas y charlas de sus proyectos mil, estableciendo una hoja de ruta diaria, de frente y media vuelta, entre su domicilio de la calle de La Ferrería, y el Café Imperial, en la actual calle de La Muralla, donde fundó y presidió una tertulia que ha sido episodio aparte («La tertulia prodigiosa del Café Imperial» LA VOZ DE AVILÉS, 9 de noviembre de 2014 ).

De aquellas charlas con bebidas celebradas en aquel café, en los bajos del Casino, y de las diez de la noche en adelante, dejó escrito David Arias Rodríguez del Valle que «podía verse desfilar muchos de aquellos elementos intelectuales que conquistaron para la villa el título de Atenas de Asturias, en extraña mescolanza con los más ilustres parranderos». Y siempre, presidiendo  el tinglado, Wenceslao Carreño, militar de oficio pasado, intelectual de afición presente y constante, monárquico convencido «aficionado tanto a las estadísticas como a los estudios filológicos, bebedor risueño y tranquilo»

En aquella, como en muchas tertulias, se habló de lo humano y lo divino, también se comió (de la cocina del Imperial escribe David Arias que salían unos sabrosos ‘tucos con patatas’) y se bebió, es de suponer, que sobradamente, pues el hablar resetea la saliva y se hace necesario humedecer frecuentemente la lengua.

Pero aquella, del coronel Carreño, no era una tertulia al uso y de ella no quedan quimeras sino hechos tan sonoros (verbena y revista satírica conocidas como ‘La Batelera’) y sonados como la primera biblioteca pública de Avilés, bautizada como Biblioteca Popular Circulante. Un hecho histórico de primera magnitud.

22.biblioteca. OVELLANOS. la primera biblioteca de aviles. casa cultura vieja.IMG 4774 bis 226x300 El coronel sí tiene quien le escriba

Edificio que fue sede histórica de la biblioteca, de 1935 a 1989.

En el Avilés de entonces (cerca de 15.000 habitantes) existían pequeñas bibliotecas en entidades privadas para uso exclusivo de sus socios, como eran la de la Escuela de Artes y Oficios y el Centro Obrero.

La que proponían, y realizaron, Wenceslao y sus tertulianos rompía moldes pues contemplaba el préstamo de libros a domicilio. Una revolución cultural que según David Arias «fue la primera de su clase en Asturias y tal vez en toda España». Los libros entraban, por primera vez, en los domicilios particulares, la lectura se multiplicaba y los conocimientos de la población dieron un salto fenomenal.

Insuflada por la vitalidad de Wenceslao Carreño se constituyó la primera directiva con miembros de la tertulia. Fortunato Sánchez-Calvo, como presidente; David Arias Rodríguez del Valle, secretario; Braulio Iglesias Moyano, tesorero; vocales: Nicasio R. Viña, Manuel G. Wes (fundador y director de LA VOZ DE AVILÉS), Adolfo Miranda, Manuel González Valdés y Lorenzo de Uhagón. Como bibliotecario, el poeta Luis Menéndez ‘Lumen’, que como González Wes, es un episodio aparte.

Este Patronato constituyó la Biblioteca Popular Circulante en una entidad oficial y fundacional, por medio de escritura publica aportando una cantidad propia y otra debida a suscripción popular, y la regiría hasta Octubre de 1.937.

Con el apoyo del Ayuntamiento, era alcalde José Antonio Guardado, la Biblioteca comenzó a funcionar en unas dependencias de grupo escolar, hoy desaparecido, existente en el solar actualmente ocupado por la Casa Municipal de Cultura.

Las estadísticas de entonces muestran un total de 15.153 lecturas en el año 1920, en cuyo 19 de febrero dio comienzo el préstamo de libros a domicilio. Los fondos de la biblioteca ascendían a 2.546 libros en diciembre de aquel ejercicio.

En 1927, la Biblioteca se ve obligada a trasladarse a un edificio de la calle Rui Pérez, en cuyos bajos está hoy el estanco de Laura Machín, hasta que por fin en 1935 se construye un edificio ex profeso, de bajo y planta diseñado por el arquitecto Saínz Heres, en la actual calle Jovellanos, donde funcionó hasta octubre de 1937, en plena Guerra Civil.

x 99.casa de cultura desde parque Ferrera.IMG 7052 300x225 El coronel sí tiene quien le escriba

Casa Municipal de Cultura. Las dependencias de la Biblioteca pública vierten hacia el parque Ferrera.

En ese mes, Avilés que había permanecido fiel al gobierno republicano, fue tomado por las tropas de Franco y el edificio de la Biblioteca Popular Circulante es ocupado por Falange Española y los libros trasladado al Instituto Carreño Miranda (hoy colegio público Palacio Valdés) donde fueron expurgados cerca de 3.000 de los 10.000 volúmenes que tenía entonces la entidad cultural.

En 1949 vuelve a su edificio de la calle Jovellanos con un nuevo nombre: Biblioteca Bances Candamo. El cambio se justifica como un homenaje al destacado dramaturgo Francisco Bances Candamo, nacido en Avilés en 1662.

En 1958, siendo alcalde Francisco Orejas, el edificio ya tiene dos plantas más, añadidas para acoger a la Casa Municipal de Cultura (un episodio aparte), organismo que más tarde absorberá a la biblioteca y que en 1989 trasladará sus servicios a un excelente edificio, construido en tiempos de la Corporación del alcalde Manuel Ponga, en la plaza Álvarez Acebal. Por tanto allí está la sede central actual de la biblioteca pública de Avilés, creada en 1920 y cuyas cifras de préstamos en 2013, entre libros y soportes informáticos, rozó los cien mil.

Cantidad que seguramente hubiera mareado a Wenceslao Carreño, aquel personaje que de tanto exprimir el tiempo para sus planes bibliográficos, el tiempo se tomó venganza no dejando ni rastro del rostro fotográfico del coronel. Pero sí que tiene quien le escriba.


Alberto del Río Legazpi
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta

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