Es un poco extraño que las mejores cervezas del mundo las vendan de oferta las grandes cadenas de supermercados.
Porque todas, todas las cervezas de 33 céntimos la lata o menos, las Hallsserfärmmer, Munichstreamer, Aurumbeer, Holbranjander, o la Big Casttle of Moñaster, todas ésas, resulta que siguen al pie de la letra la receta tradicional de Baviera, o son Lager de pura cepa, o están brewed and bottled según el más puro amor propio germánico, belga o escandinavo. O todos esos certificados a la vez, pues conforme lees sus caracterÃsticas girando el tarro, a veces hasta va cambiando el idioma, y ya no sabes de dónde viene exactamente lo que te has comprado.
Para mÃ, su principal atractivo es ése: no ya ahorrar o beber barato, sino leer las leyendas que recorren las latas de arriba a abajo. Me encanta que la marca, sea cual fuere, siempre se afane en garantizarte, oh cliente, que aunque su nombre parezca inventado por un veterano fumador de grifa, la cerveza proviene de una vieja y señera casa de bebidas. Solo que lejana, muy lejana. LejanÃsima, pasados los Pirineos y los Urales, de allende las nieves, donde las estaciones de esquà aún las regentan fornidas fraulaners y sanbernardos con coñacs añejos colgándoles del cuello, dentro de pequeños barriles portátiles.
De ahà lejos vienen.
Vienen de muy lejos, en serio.
De hecho, también todas, absolutamente todas estan cervezas de nombre declinado, dicen llegar importadas.
Son Imported.
Y tiene mucho mérito seguir importando mientras la mitad del mundo ya compra a diario por internet productos de otros continentes, con un simple click y abriéndole la puerta al servicio de mensajerÃa apenas al dÃa siguiente.
Pero esta gente no, no se rinde ante tamaña vulgaridad. Son artesanos del mercado, fenicios del lúpulo legendario.
-¿Tú qué haces?
-Yo importo.
-No jodas, ¿aún se hace de eso?
-SÃ, ya lo creo; para mercados muy selectivos.
-¿Cómo cuáles?
-Pues, por ejemplo y sin ir más lejos, los de las cervezas tradicionales que luego se ponen de oferta en las grandes cadenas de supermercados.
-Ah, ya… Qué bueno…
Es más: este subsector alimentario sigue pensando que lo de fuera es, por definición, siempre mejor que lo patrio. Porque, cuando se les agotan las existencias en la fábrica de Allende, los Alcampos y Eroskis te venden una marca blanca, pero con el origen extranjero igualmente detallado. Véase esta Cerveza Holandesa del Carreful, que se llama tal cual…
…y que envasan en Francia.
AsÃ, con dos cojones.
Y si te plantas en el Dia o el Lidl, ya rozas el delirio. Son capaces, sin sonrojarse, de venderte la cerveza Beer. Y casi mejor, porque asà no engañan a nadie.
(O sÃ, porque a veces es otra bebida distinta).
Ayer intenté pasarme al otro lado, a las estanterÃas donde te colocan las cervezas tutiplén, las de botellÃn decorado, las caras, las de euro y medio, o dos, o dos y medio por una Judas, una Chimay o una Spaten de quedarte sentado.
TenÃan de oferta la Weiss Damm, a 0,95 euros, lleve tres y pague dos solo esta semana. Estuve tentado de cogerla, y probarla. Pero al leer que está “elaborada según la Ley de la Pureza Alemana”, me entró una congoja tremenda.
Sin dejar de mirarla, lo recité en voz alta:
“Ley de la Pureza Alemana”…
… Jo…
… Confieso que me apeteció gritar ¡Achtung! en mitad del supermercado.
Asà que para calmarme, me compré unas Ambar. Que aunque fabricadas en casa, para mà son importadas.













¡Y bien buena que es la Ambar, si señor! Mahou, Alhambra y Ambar: Los Tres Reyes Magos… de aqui, no de Oriente
Jeje. Pero necesitarÃamos una Guinness para hacer de Baltasar, Isabel.