La conexión
Archivado en (Cocineros, Comida, Libros) por admin el 13-01-2012
Archivado en: Andoni Luis Aduriz, David de Jorge, Ferrán Adrià, Niki Segnit, Pizzicato Five
-¿Me pasas la tosta de tsunami?-, me pidió impasible uno de mis cuñados mientras me señalaba un montadito de gulas al ajillo que caía a mi derecha.
Al cabo de diez minutos seguía toda la mesa descojonada, incapaz nadie de indicarle a mi cuñado cómo el hambre le había trastocado las palabras. Tosta de tsunami. Qué grande.
Al día siguiente se lo conté a Jorge, recién llegado de México, y me juró que, durante una cena allá, más allá del Rancho Grande, una conocida suya había manifestado su compasión hacia “los afectados del surimi de Japón”. Así, toda digna y afectada.
-Aquí se esconde una extraña conexión-, me dije, sagaz.
Al poco, el día 3 de enero, me quemé el pie derecho sacando del horno un ternasco asado. Cuatro hermosas heridas me lo recuerdan hoy a cada paso.
El 8 de enero me destrocé dos dedos de la mano izquierda, y ahora sufro once puntos de sutura que se bambolean mientras escribo esto con los meñiques, modo retarded.
-Aquí se esconde una extraña conexión-, me dije de nuevo.
Durante ese intervalo de días, David de Jorge, admirado, escribió cuatro tuits que me dejaron desconcertado:
Los egochefs son tan fantasmas que a un ERE en los meses flojos de curro le llaman “parón para reflexionar e investigar”... y tan panchos!
Eso sí, cómo le gusta a la prensa gastronómica jalear a toda esa panda de lilas, mientras el oficio sigue estofando contra viento y marea!
No paro de leer chorradas al respecto y estaba harto de tanta gilipoyez! Lo tenía que decir o explotaba como una bomba de crema!
Con la cuesta de enero me acuerdo de los chefs que defienden su fogón guisando, sudando, ajenos a esa pachanga de “cierre por investigación”.
Con dos cojones. Obviamente, hablaba de Adrià y de Aduriz, que recién han cerrado sus respectivos templos del paladar para pensar hacia dónde evolucionar, dicen. Me acordé de que tenía pendiente un encargo de Marta: escribir sobre ‘La cocina de la familia’, el libro que acaba de publicar el malafeitado catalán donde recoge los menús diarios que comían los cocineros y becarios de El Bulli mientras deleitaban a las élites con platos de otros mundos. Cosas sencillas: arroces con pescados, carnes guisadas, natillas. Ya ves, comida de curro, no te jode. Mi amiga está indignada, y me pedía que así lo trasladara en estas paginas desustanciadas. Y yo había aparcado el encargo, hasta que sucedió esta cadena de casualidades zigzagueantes, que me llevó a comentarme a mí mismo, íntimamente:
-Aquí se esconde una extraña pero extraña conexión, Davicico.

Entonces llegó Pedro, que me quiere con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, y me regaló por Navidades ‘El gourmet extraterrestre’, de Andoni Luis Aduriz.
¿Sabes qué es? Pues, ayvacaramba, un recetario sencillo para-todos-los-públicos de platos internacionales, ilustrado con dibujos de cómic y entremezclado con una especie de simpático diario de un ET, a imitación de la incomparable ‘Sin noticias de Gurb’. O sea, la bitácora de un visitante espacial descubriendo la Tierra, pero sin el descomunal y el perplejo humor de (aplaudan) Eduardo Mendoza.
Mendoza, don Eduardo: siempre a sus pies.
¿No es curioso que en tiempos de pobreza los chefs de ricos nos pretendan vender también su sabiduría, solo que ahora travestida de humildad? Ahora que no tenemos pasta para comprar sus grandes volúmenes editoriales, ésos de ilustraciones magníficas e invenciones culinarias inalcanzables, libros de cien euros en adelante pero más baratos que visitar sus restaurantes, ahora, se bajan a la acera para seguir pidiéndonos cuartos y pleitesía de otra forma, más barata, de tú a tú, o de tú a Mí, más bien.
Si lo pienso, yo también me cabreo, joder.
El libro de Aduriz resulta majico, con recetas que vale, bien, pero poco más. Nada genial.
Nada que ver con ‘La enciclopedia de los sabores’, de Niki Segnit, otro de los regalos de Pedro. Se trata de una guía sobre combinaciones de sabores presentadas a modo de diccionario, con explicaciones científicas sencillas, resúmenes de recetas clásicas o célebres, sugerencias, citas de libros y cocineros, y breves contextos históricos empaquetados en cada pequeña y concisa entrada, hasta convertirse en un librazo casi inabarcable, descomunal y a la vez humilde, fascinantemente útil si te encanta cocinar. Y precioso como objeto.
Un libro que muestra todas las conexiones.
Cómpratelo, como regalo del año nuevo. Yo aún no he conseguido abrirlo del todo, por lo de mi mano izquierda y el temor a que se me caiga sobre el pie malo. Pero sospecho que cuando lo vea abierto por completo, voy a flipar.
Va a provocarme un tsunami de ideas, un surimi de creatividad.











Txiki, has vuelto!
Se te ha echado de menos, ¿eh? Tenía ganas de contarte que en Nochevieja preparé los langostinos al Remartini y nos encantaron, qué toque más especial, muchas gracias, Doña Dora!
Pues sí que has empezado el año accidentado, no podrás hacer surf, mejor, que hace mucho frío,
No te quejarás de regalos! Me encanta la alegría con la que cocina Robin Food, hala, ponte un casco en la cabeza por si acaso, besinos!
Hola, yo soy la indignada, la ‘disgruntled’, que esta semana he aprendido el adjetivo en clase de inglés. Un día me intentaron convencer mis amigas de que es normal que el personal de un restaurante coman ese tipo de platos más sencillos. Vale, convencida. Pero otra cosa es que los cocineros y los famosos en general hagan negocio a costa de todo. Aunque por otro lado, cada uno es libre… David, cuídate y sí que están buenos los langostinos Remartini!!