Es curioso que a veces se pretende negar la evidencia pero, en mi opinión, no es la mejor opción. Es más, me parece una actitud arrogante. En esta entrada monotemática explico las razones por las que, a pesar de la negación de Carlos Torres y su equipo directivo, la OPA sobre el Sabadell fue un absoluto fracaso, también como estrategia. En primer lugar pongo de manifiesto la reducción del número de accionistas del banco como consecuencia de dicha operación en el pasado año y, en segundo lugar, dejo mi propio análisis publicado en Tribuna Económica del diario decano de la prensa asturiana.
«LA ARROGANCIA ES EL RUIDO QUE HACE LA IGNORACIA CUANDO CREE SABERLO TODO».
La entidad vasca BBVA perdió en 2025 casi otros 57.000 accionistas, un 8% del total. Tras perder la batalla de la OPA por Banco Sabadell, la entidad que preside Carlos Torres ha cerrado 2025 con 657.193 accionistas, frente a los 714.069 inversores que tenía el BBVA a finales de 2024. El banco vasco explica que en el caso de los accionistas de fuera de España «únicamente se computa como accionista a la entidad custodio, al ser quien figura inscrita en el correspondiente registro de anotaciones en cuenta. Por tanto, el número indicado de accionistas no incluye a dichos tenedores finales». En cualquier caso, así era también en años anteriores. La pérdida de accionistas por parte de BBVA es una constante de los últimos años -sin tener en cuenta que no contabiliza los de fuera de España-. A cierre de 2023 tenía 742.194 accionistas, que bajaron a los citados 714.069 un año después. Por tanto, la pérdida de accionistas en el BBVA en 2024 fue de 28.125 inversores. La cifra se ha multiplicado por dos en 2025, año de la resolución de la OPA de BBVA sobre Sabadell, con el resultado conocido por todos: sólo el 25% de los accionistas de Sabadell aceptó la oferta planteada por Torres y su consejo. Esta bajada de inversores en el banco se ha producido pese a que la acción subió en 2025, como el resto del Ibex 35. Los títulos de BBVA empezaron el año en 9,32 euros y cerraron el ejercicio a 20,38 euros. El presidente de BBVA ha comunicado esta semana el aumento en un 31% del dividendo a repartir entre los accionistas, después de registrar unos beneficios históricos de más de 10.000 millones de euros. El banco repartirá 0,92 euros por acción, casi 6.000 millones de euros, con cargo a los resultados de 2025. En lo que va de 2026 cede ligeramente. La evolución del banco que preside Torres contrasta con la de su eterno rival español, el Santander de Ana Botín, que acaba de anunciar la compra de un banco en Estados Unidos por 12.000 millones de dólares. El Santander ha cerrado el año con algo más de 3,5 millones de accionistas, lo que supone mejorar en un 1% la cifra del año anterior, 2024. De esta forma, la entidad cántabra rompe con las caídas respecto a 2023, cuando declaró tener 3,66 millones de accionistas. El banco que preside Botín también se ha revalorizado en 2025 hasta doblar su valor en Bolsa el ejercicio pasado. El Santander cerró el año 2024 a un precio de 4,46 euros el título y un año después subió hasta 10,07 euros. Eso significa que también más que duplicó su valor en Bolsa, como en el caso del BBVA. Santander ha presentado una evolución mejor que BBVA en cuanto a los resultados. Santander ha registrado unos beneficios superiores a 14.000 millones de euros, frente a los más de 10.000 millones de BBVA.
Cuestión de tamaño bancario (01/02/2025)
Creíamos que, tras 17 meses, entre mayo de 2024 (anuncio de la OPA hostil del BBVA al Sabadell) hasta octubre de 2025 (cierre del proceso con fracaso del banco vasco) habíamos llegado a 2026 con un descanso respecto a las noticias del equipo directivo del BBVA y de su presidente Carlos Torres. Pues no. Para nuestra sorpresa se descuelga dicho directivo, a comienzos de este año, con una auto-entrevista en su propia sede, para luego distribuir a los medios, afirmando que 2025 ha sido un año exitoso: ¡el mejor! Lo más suave que se me ocurre decir de semejante actitud es “sonrojante”. ¿Cómo es posible que algo que ha resultado un fracaso sin paliativos lo quiera convertir en un éxito? De hecho, incluso los que estábamos convencidos de que el proceso fracasaría porque estaba muy mal planteado y la oferta mal pagada nos sorprendimos del pésimo resultado: el BBVA solo obtuvo un 25,47% de aceptación de derechos de voto, por debajo del umbral del 30% que había establecido como mínimo. Es la segunda vez en la historia del banco que fracasa en un intento de OPA hostil. En 1987 el Banco de Bilbao falló en su intento de OPA hostil sobre Banesto y decidió posteriormente fusionarse con el Banco de Vizcaya. Los procesos hostiles, si bien son legales, no suelen ser exitosos. Como les digo a mis alumnos de finanzas de la Universidad de Oviedo un proceso de este tipo, en sí mismo, no es ni bueno ni malo: depende del resultado y de que la entidad final fusionada funcione mejor que las previas por separado. No ha sido el caso, evidentemente, y creo que la OPA hostil de BBVA al Sabadell entre los años 2024-2025 quedará como caso práctico de “ejemplo” de pésima estrategia bancaria. Se veía venir desde el planteamiento inicial: incluso rodaron cabezas por el camino, como la del responsable de comunicación, Pablo García Tobin, o Paul G. Tobin según quiera, que luego fue nombrado jefe supremo de lo que se conoce como “talento y cultura”, un área que puede ejercer cualquiera ajeno a las finanzas; de hecho, este señor es periodista y trabajó para una agencia de noticias antes de ser contratado por BBVA y servir, primero a Francisco González y ahora al actual presidente.
No se trataba de un problema de comunicación o publicidad: la oferta, sencillamente, era mala y estaba mal pagada y los accionistas no son tontos. El Sabadell, con el apoyo de minoritarios y fondos de inversión, defendió su independencia y logró consolidar su posición como banco regional fuerte en Cataluña.
Una entidad bancaria puede funcionar bien siendo pequeña. En esta misma tribuna alabé la forma de hacer negocio de CajaGijón, por su manera amable y cercana de hacer banca, destacando su proximidad y trato con el cliente y trabajando con rigor y humildad. Me temo que Carlos Torres, que se ha licenciado en el MIT, pero anda bien escaso de lecciones de humildad, no entiende esto. Tuvo oportunidad de retirar la oferta en un primer intento cuando vio que no acudía nadie, pero siguió y se estrelló. Tampoco entiende que una retirada a tiempo puede ser una victoria.
Con esto no quiero decir que no se deban llevar a cabo procesos de fusión y crecimiento: al contrario, el tamaño es una ventaja siempre que se hagan bien las cosas. No fue el caso del BBVA. Para lograr la Unión Bancaria Europea (UBE), de cuya creación han transcurrido ya 10 años, es preciso tener grandes bancos europeos y eso pasa por llevar a cabo fusiones bancarias entre distintos países del continente. El consenso en Bruselas y Fránfort, sede del Banco Central Europeo, es que a nuestros bancos les falta escala y se requiere concentración para que emerjan “campeones europeos” que puedan competir con los gigantes bancarios americanos y chinos. La UBE no ha impulsado procesos de concentración paneuropeos porque las mayores ya quedan bastante atrás (Unicredit-HVB en 2005 o la adquisición de ABN Amro por un consorcio en 2007). Una posibilidad para lograr la expansión paneuropea es el establecimiento de sucursales bajo el paraguas del pasaporte comunitario, implantado hace 30 años. Además, en los últimos años, la irrupción de los neobancos y los negocios corporativos de algunos bancos comerciales ha popularizado la sucursalización. Sin embargo, los bancos continúan canalizando sus actividades transfronterizas predominantemente mediante filiales. No es lo mismo. Tal vez la clave para el éxito de las fusiones y adquisiciones paneuropeas esté en la confluencia de las dos dimensiones: valorar en qué medida es posible adquirir una entidad para luego fusionarla y convertirla en sucursal. Está claro que la racionalidad económica de las integraciones bancarias depende de sus sinergias y de si, con la combinación de los negocios, se pueden reducir costes (por el solapamiento de estructuras operativas), manteniendo ingresos similares.

Si a Carlos Torres y su equipo le quedan ganas de hacer un nuevo intento de OPA, desde esta tribuna me permito darle un par de consejos. Primero, si lo que quiere es lograr un gran banco europeo, intente comprar uno extranjero. ¿Qué tal BNP o Deutsche Bank? El banco resultante sí sería un gigante paneuropeo y no perjudicaría la competencia bancaria interna española como sí lo hacía la OPA al Sabadell: así pensamos muchos economistas, al margen del veredicto del Tribunal de la Competencia. Segundo, la oferta ha de estar bien pagada y presentar buenas condiciones para los accionistas. De nada.
SUSANA ÁLVAREZ OTERO ES CATEDRÁTICA DE ECONOMÍA FINANCIERA Y CONTABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO E INVESTIGADORA VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE.
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