La semana pasada terminó con un claro cambio de tono en los mercados financieros. El fuerte repunte del petróleo —el mayor movimiento semanal en décadas— ha devuelto a primer plano el riesgo geopolítico y sus consecuencias económicas. El detonante ha sido la escalada del conflicto en Oriente Medio. El Brent ha superado los 90 dólares por barril y el West Texas se ha acercado a los 89 dólares, con avances cercanos al 10 % en pocos días. El movimiento ha sido suficiente para provocar descensos generalizados en las bolsas internacionales y elevar la tensión en los mercados de materias primas. El impacto ha sido especialmente visible en Europa. El IBEX 35 cerró la sesión con una caída del 0,99 % hasta los 17.074 puntos, mientras que otros índices europeos registraron retrocesos superiores al 1 %. En Estados Unidos las pérdidas han sido más moderadas, aunque también han llevado a algunos índices a marcar nuevos mínimos semanales. La presión sobre los mercados se intensificó además tras la publicación de los últimos datos de empleo en Estados Unidos. La economía perdió 92.000 puestos de trabajo en febrero, frente a los 55.000 empleos que esperaba el consenso del mercado. Se trata de la segunda mayor sorpresa negativa desde 2020 y refleja una desaceleración significativa del mercado laboral. La tasa de paro se situó en el 4,4 %, por encima de las previsiones. En términos interanuales, la creación de empleo apenas crece un 0,1 %, un ritmo que en las últimas cinco décadas solo se ha visto en periodos de recesión. Este deterioro del mercado laboral podría reforzar los argumentos a favor de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal. Sin embargo, el encarecimiento del petróleo introduce una presión inflacionista adicional que complica el margen de actuación del banco central. El mercado vuelve así a enfrentarse a un dilema clásico: crecimiento más débil, pero inflación potencialmente más alta.
Respecto a lo que destaco en el titular del blog en el día de hoy es que el mayor riesgo para España de la amenaza de Trump está en la energía: más del 44% del gas viene de EEUU. La llegada de gas natural licuado de Estados Unidos a España se disparó un 46% en el arranque del año y el país norteamericano es el principal suministrador de esta materia prima. El choque entre Moncloa y el gobierno de Donald Trump por la postura española en la guerra de Irán -a raíz de que el Ejecutivo de Sánchez negase el uso de las bases militares a las fuerzas estadounidenses que participan en la ofensiva- amenaza casi 47.000 millones de euros de comercio entre ambos países. Del aceite de oliva o el vino a los motores, las máquinas, el material eléctrico o los productos farmacéuticos. Sin embargo, el verdadero riesgo para España no viene tanto de estos bienes como de la energía, dado que Estados Unidos se ha convertido en el primer suministrador de gas a nuestro país y en uno de los principales de petróleo. Sólo en enero, las importaciones de gas natural licuado (GNL) procedente de Estados Unidos se dispararon un 46% hasta superar los 15.259 gigavatios hora (GWh), el 44,4% de todo el gas que se compró del exterior. Los datos, según Enagás, colocan a EEUU como primer suministrador a España de esta materia prima por delante de Argelia (29,4%), que venía siendo nuestro principal proveedor a través del gasoducto Medgaz. Lo fue durante los años 2023, 2024 y 2025, pero no en 2022, cuando el volumen de gas estadounidense también superó al argelino en plena crisis energética provocada por la guerra en Ucrania. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero del año pasado, Donald Trump ha mostrado interés por impulsar las exportaciones de gas hacia Europa. En un contexto geopolítico cada vez más complejo, España duplicó el año pasado las compras de gas natural licuado a su país y estas superaron el 30% del total ( 111.660 GWh). Al mismo tiempo se reducían paulatinamente las adquisiciones a Rusia por las sanciones al Kremlin.
A nivel doméstico destacar que Tributos confirma que los mayores de 65 años están exentos de pagar IRPF por donar su vivienda habitual. Las personas que transmiten su inmueble u otros bienes como participaciones empresariales deben tributar en el impuesto la ganancia o pérdida patrimonial que les genera. En el caso de una vivienda, tienen que pagar IRPF por la diferencia entre el valor de adquisición del inmueble y el valor que tiene cuando la donan. Es decir, si la compraron hace 20 años por 100.000 euros y ahora vale 250.000 euros, tienen que tributar por esos 150.000 euros de diferencia. Sin embargo, la Ley del IRPF establece en su artículo 34 que estarán exentas las ganancias que se pongan de manifiesto por la donación de la vivienda habitual por mayores de 65 años o por personas en situación de dependencia severa o de gran dependencia. Por tanto, para poder beneficiarse de este beneficio deben cumplirse dos requisitos: que la persona tenga más de 65 años y que la vivienda sea habitual. Hacienda entiende como vivienda habitual aquella en la que haya residido la persona durante un plazo continuado de, al menos, tres años. No obstante, también da por habitual el inmueble cuando han pasado menos de tres años pero se han dado circunstancias para dejar la vivienda como la celebración de un matrimonio, la separación, el traslado laboral o un cambio de empleo. Tributos concluye en su consulta que, «si se dan ambas circunstancias, que la vivienda donada sea la vivienda habitual del consultante […] y este sea una persona mayor de 65 años o en situación de dependencia severa o de gran dependencia de conformidad con la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, resultaría de aplicación la exención regulada» en la Ley del IRPF.

A nivel local poner de manifiesto la dificultad de comprar una vivienda en Asturias: casi 300.000 asturianos no pueden ahorrar el dinero para la entrada de un piso. El acceso a la vivienda continúa tensionando a los compradores asturianos. El encarecimiento del metro cuadrado y las exigencias de financiación están obligando a replantear decisiones que antes parecían básicas en el Principado, como la ubicación o el tamaño del inmueble. Según el último análisis del comparador Rastreator, casi 300.000 asturianos admiten no ser capaces de ahorrar el dinero necesario que requiere la entrada para una vivienda. Además, el 28% identifica el precio de la vivienda en su ciudad como el principal obstáculo para comprar y el 19% considera inasumible la carga mensual de la hipoteca. La contención del gasto también afecta a las prestaciones. Dos de cada diez compradores están dispuestos a prescindir de servicios comunitarios como piscina o zonas verdes, y el 36% renunciaría a la plaza de garaje si eso facilita la compra. Además, de acuerdo al análisis, la vivienda de segunda mano gana terreno frente a la obra nueva. Un 10% de los compradores ha cambiado su búsqueda hacia inmuebles usados, principalmente por su menor precio y por la limitada oferta de promociones en zonas céntricas. El traslado a otra ciudad aparece como alternativa para el 20% de los asturianos que buscan comprar vivienda, aunque no siempre es viable. El 24% descarta esta posibilidad por la necesidad de presencialidad laboral. En este contexto, solo el 10% de los compradores puede adquirir una vivienda en su ciudad sin alterar sus planes iniciales. Desde el comparador subrayan y les doy la razón que, ante este escenario, comparar ofertas hipotecarias se ha convertido en un paso clave para ajustar el coste final y evitar sobreesfuerzos financieros a largo plazo.
SUSANA ÁLVAREZ OTERO ES CATEDRÁTICA DE ECONOMÍA FINANCIERA Y CONTABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO E INVESTIGADORA VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE.
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Blog personal: https://catedraticasusanaalvarezotero.blogspot.com/