Asomados a la estanflanción

El último día hábil de mayo ha venido marcado por los datos de inflación en Europa, que dejan un mapa desigual justo cuando el mercado aún digiere el dato estadounidense. En España, el IPC adelantado de mayo se mantiene en el 3,2 % interanual, el mismo nivel que en abril, pero la inflación subyacente repunta una décima, hasta el 2,9 %. La tasa mensual queda en el 0,1 % y el índice armonizado sube hasta el 3,6 %. El dato general aguanta, pero el detalle incomoda: la subyacente, que es la que más pesa en las decisiones del banco central, lleva varios meses sin ceder. El contraste llega desde Alemania y Francia. La inflación alemana sorprende a la baja, hasta el 2,6 % interanual, frente al 2,9 % esperado por el consenso, con una tasa mensual negativa del 0,2 %. Francia se queda en el 2,8 %, también por debajo de lo previsto. El núcleo de la eurozona afloja mientras España queda rezagada en el proceso de desinflación. En el cierre europeo, el IBEX 35 sube un 0,46 %, hasta 18.362,90 puntos. El Euro Stoxx 50 se mantiene plano, con un avance del 0,03 %, y el DAX alemán gana un 0,34 %. La sesión europea cierra en positivo en la última jornada del mes, con los rebalanceos habituales de cierre mensual de fondo. Al cierre europeo, el Dow Jones sube un 0,78 %, el S&P 500 avanza un 0,34 % y el Nasdaq suma un 0,30 %. Wall Street sigue apoyado en el auge de los semiconductores, con Dell Technologies disparada tras presentar resultados. El Brent cede un 2,27 %, hasta 90,60 dólares, y el WTI baja un 1,97 %, hasta 87,15 dólares por barril. En renta fija, los futuros del bono estadounidense a 10 años suben un 0,19 % y el Bund alemán también cierra al alza. La foto de esta semana deja al Banco Central Europeo algo más cómodo en el agregado, pero con una España que no termina de acompañar. El mensaje de Fráncfort de los últimos meses se apoyaba en una inflación camino del 2 %, y la media del bloque sigue acercándose a ese objetivo. El problema es que esa media esconde realidades distintas: la energía y los alimentos tiran a la baja en el centro de Europa, mientras los servicios mantienen la presión en la periferia. España es el ejemplo más visible de esa segunda velocidad.

Como destaco en el titular en el día de hoy, la UE se asoma a la estanflación por el conflicto en Irán. En pocos meses, la perspectiva económica relativamente estable en la que prometía convertirse el 2026 ha dado un vuelco brusco. El conflicto en Oriente Medio y el alza de los precios de la energía tendrá repercusiones sobre el devenir del PIB comunitario. Las perspectivas de base apuntan a un periodo de estanflación, es decir, ralentización del crecimiento económico y alza de la inflación. La Comisión Europea suavizaba sus pronósticos de ralentización del PIB europeo en sus previsiones económicas de primavera. En ellas arroja un escenario en el que rebaja al 0,9% la expansión del PIB de los países de la moneda única este año, frente al 1,2% que auguraba en otoño. En más de una ocasión el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, avisó de que dependiendo de la duración del conflicto en Oriente Medio la economía podría contraerse hasta un 0,6% este ejercicio. Bruselas prevé que se replique una dinámica similar en el caso del conjunto de los Veintisiete. Pronostica que la economía de la UE crecerá un 1,1% este año, 3 décimas menos que en sus anteriores pronósticos. En lo que respecta a 2027, el PIB comunitario avanzaría un 1,4% y un 1,2% en el caso de la eurozona, ligeramente por debajo, en ambos casos de lo que se calculaba en otoño. La incertidumbre derivada de las tensiones comerciales con Washington pesa sobre las perspectivas de crecimiento de la economía europea, al tiempo que la relajación de los niveles de inflación, el impulso de las inversiones y el desarrollo de la inteligencia artificial constituían un apoyo para su desarrollo. Sin embargo, la crisis en Oriente Medio hará cambiar la deriva. A esta ralentización del PIB cabe sumar un índice de precios que se eleva a niveles del 3% en la media comunitaria. Entre los elementos llamados a desestabilizar la economía europea este año, toma protagonismo el conflicto en Irán y sus repercusiones sobre los mercados energéticos. No se trata de una crisis aguda para la UE pero sí de una debilidad estructural anclada en un modelo productivo que arrastra una baja competitividad, dependencias comerciales que entrañan serios riesgos y la necesidad de dar un giro estratégico hacia una Europa de la defensa. La contienda en Oriente Medio ponía al Ejecutivo comunitario en alerta. Sus primeros vaticinios auguraban una ralentización del PIB del 0,6% para el 2026 y el 2027. Unas perspectivas golpeadas por el contexto global que contrastan con los pronósticos de crecimiento arrojados el pasado otoño. El bajo crecimiento de la UE y la presión geopolítica marcan los mandatos comunitarios, que prosiguen un giro hacia las tecnologías limpias al tiempo que impulsan la capacidad de producción en defensa en un mundo cada vez más hostil. Las presiones externas aumentan, ya no solo por los conflictos bélicos de Oriente Medio o Ucrania. El alza de precios de la energía, la sombra constante de las sucesivas amenazas arancelarias del líder estadounidense Donald Trump y la necesidad de crear firmas europeas competitivas que puedan ganar la carrera con otros gigantes mundiales, se convierten en ejes vertebradores de la estrategia comunitaria. En un escenario en que la interrupción de suministro energético se prolongue más de lo esperado, Bruselas estima que los precios de las materias primas aumenten por encima de las curvas de futuros, rozando su máximo a finales de 2026 para volver a sus niveles a finales de 2027. Esta presión se verá reforzada por mayores presiones salariales, ya que los trabajadores tratarán de mantener su poder adquisitivo. Se prevé que la inflación en Europa Central y Oriental se mantenga en niveles más elevados, lo que refleja tanto la mayor ponderación de la energía en la cesta de la compra como por un crecimiento más dinámico de los salarios nominales. La Comisión Europea estima que el crecimiento del empleo se ralentice hasta el 0,3% en 2026 y a 0,4% en 2027.  Por otro lado, la tasa de desempleo se estabilizará en torno al 6%. Los salarios nominales se desacelerarán menos de lo que se esperaba inicialmente en 2026 y se mantendrán en niveles elevados, con un crecimiento de alrededor del 3,5% en 2027, a medida que se ajustan con cierto retraso al aumento de la inflación. En cuanto al déficit público de la UE, Bruselas pronostica que aumente gradualmente, pasando del 3,1% del PIB en 2025 al 3,6% en 2027. Este deterioro se debe a una combinación de factores: una actividad económica moderada, un mayor gasto en intereses, el aumento del gasto en defensa y nuevas medidas fiscales destinadas a proteger a los consumidores y a las empresas de los elevados precios de la energía. Todo ello conecta con los deberes que encomendaba el exprimer ministro italiano Mario Draghi, en su informe para impulsar la competitividad de la UE en un intento por no quedarse atrás respecto a EEUU y China. La competitividad industrial, la autonomía estratégica, evitar dependencias excesivas, crear grandes empresas europeas en telecomunicaciones o energía, avanzar en la integración del mercado único, impulsar la transición energética o el propio rearme europeo se han convertido en ejes vertebradores de las políticas de la Comisión Europea. La dependencia de combustibles fósiles, aún en plena transición a las tecnologías limpias, se convirtió en el talón de Aquiles europeo durante el inicio de la guerra en Ucrania y vuelve a golpear la economía europea con el conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz. Los costes energéticos más elevados en la UE que en otros países lastran la competitividad de las empresas europeas. Sectores tan estructurales para la economía como la automoción, la industria química o el acero. En este escenario, la idea de una Europa a varias velocidades emergía para comenzar a dar forma la integración del mercado único. Una fórmula que a fin de saltarse los bloqueos de no poder avanzar de forma conjunta plantea que un grupo de países inicien los primeros pasos de la unión de Ahorro e Inversiones de la que hablaba el exprimer ministro italiano, Enrico Letta, en su informe sobre la competitividad del bloque. La que tradicionalmente ha sido la locomotora económica de la UE atravesó, en los últimos trimestres un cuestionamiento de tal precepto. La guerra comercial con EEUU ponía un gran interrogante sobre las exportaciones germanas que encontraban en el mercado norteamericano uno de sus principales destinatarios. A ello se sumó el golpe que supuso para la industria la dependencia energética de Rusia, al inicio de la guerra de Ucrania, lo que supuso una caída de su competitividad industrial. Berlín continúa siendo el corazón industrial europeo pero se desdibuja el liderazgo económico que se le daba por sentado en la década anterior. El descenso de la producción industrial viene acompañado de una inversión empresarial moderada, de un consumo interno débil y la caída de las exportaciones. La Comisión Europea recorta 6 décimas su previsión de crecimiento del PIB germano para 2026 y espera que, en 2027, tome una tendencia más positiva y crezca hasta el 0,9%. Una tendencia similar anota la economía gala. La Comisión Europea espera que Francia crezca un 0,8% en 2026 y un 1,1% en 2027. Si bien recorta sus previsiones respecto a otoño lo hace de una forma más suave pues Bruselas tan solo prevé un retroceso de una décima respecto a los cálculos anteriores en el presente ejercicio. Francia arrancó el 2026 con un crecimiento en plano. El PIB galo registró un estancamiento entre enero y marzo, lo que muestra su exposición a la volatilidad de precios de los hidrocarburos por el conflicto en Irán. El producto interior bruto se ha visto lastrado por el comercio y la débil demanda interna, según informó la agencia de estadísticas Insee. La economía gala resiste con un crecimiento moderado pero positivo. Sin embargo, su fiscalidad refleja un problema estructural. París tiene un margen fiscal limitado dados los elevados niveles de déficit y deuda que acumula desde la pandemia. El principal impulsor de la autonomía estratégica europea y de dar un impulso al sector de Defensa, se posiciona abiertamente por un aumento del gasto militar, del desarrollo de una industria de defensa europea y de evitar dependencias externas en un momento de alta presión sobre sus niveles de deuda. En el caso de Italia, el Ejecutivo comunitario pronostica que el PIB avanzará un 0,5% a cierre de este año, 3 décimas menos de lo previsto, y un 0,6% en el 2027, lo que supone un recorte de 2 décimas respecto a otoño. En este sentido, la demanda externa experimentó una evolución positiva en el inicio del año, sin embargo, también anotó un debilitamiento de la demanda interna. Roma registra una tendencia de crecimiento bajo pero positivo con una fuerte tracción del sector servicios. Igual que París, los altos niveles de deuda y déficit añaden una presión sobre las cuentas públicas. El gran dilema radica en mantener el gasto social elevado y cumplir con el compromiso de la Alianza Atlántica de elevar el gasto al 5% del PIB, una cifra de la que se sitúa lejos por el momento. Este es también el caso de España. Nuestro país debe elevar el gasto en defensa en un debate tan sensible como controvertido a nivel social. Madrid es la economía que más crece de los grandes países de la UE, impulsada por la financiación de los fondos Next Generation y el dinamismo del turismo. Un punto, este último, que podría sufrir un revés ante la posibilidad de que la escasez de queroseno afecte a la afluencia del turismo este verano. Entre las grandes economías del euro, España continúa como motor económico europeo. Será la que más crezca en 2026, hasta tal punto que en sus previsiones económicas la Comisión Europea revisaba al alza una décima la evolución del PIB para este año, hasta el 2,4%.

 España y otros cuatro países piden a Bruselas más protección para la industria. Reclaman al Ejecutivo comunitario que actúe frente a las prácticas desleales en el comercio internacional. Europea medidas más estrictas para proteger a la industria europea y sectores estratégicos frente a prácticas desleales en el comercio internacional. «El sistema comercial multilateral […] se ve actualmente socavado por diversos actores y por el auge de las prácticas comerciales desleales. Algunos de los principales socios comerciales de la Unión Europea (UE) están rompiendo con este marco multilateral al imponer nuevas barreras comerciales o contribuir a un exceso de capacidad industrial sistémico y estructural», apuntan los países en un documento no vinculante conocido esta pasada semana. Las proposiciones llegan una semana antes de que se celebre una reunión orientativa del colegio de comisarios europeos sobre las relaciones del bloque con China, con la que la UE tiene un déficit de más de 360.000 millones de euros. España y los demás países firmantes del documentos pidieron al Ejecutivo comunitario «iniciar una reflexión más amplia» cuando exista una «distorsión significativa del mercado en un sector concreto y en las que ningún instrumento de defensa comercial existente pueda prevenir, reparar o subsanar el perjuicio». En este contexto, propusieron la creación un nuevo «instrumento de defensa comercial más amplio e intersectorial […] que se activaría cuando las fuentes de suministro europeas se concentraran por encima de un umbral determinado». A corto plazo, instaron a la Comisión a que agilice la tramitación de expedientes tras el «reciente aumento masivo de los casos antidumping y antisubvenciones» que el Ejecutivo europeo maneja y que «se traduce en retrasos cada vez mayores para las empresas que buscan protección frente a prácticas desleales». Para ello, piden que se destinen más recursos a ello y que se abandone el principio de orden de llegada a las investigaciones, dando mayor prioridad «a determinados casos y sectores, entre otras cosas desde la perspectiva de la seguridad económica». A continuación, llamaron a la Comisión a ser más «proactiva» a la hora de impugnar «cualquier medida que sea claramente incompatible con los acuerdos o normas pertinentes» ante el Órgano de Solución de Diferencias (OSD) de la Organización Mundial del Comercio (OMC). A medio plazo, proponen «ajustes puntuales en su marco jurídico de defensa comercial, con el fin de poder restablecer la competencia leal y la igualdad de condiciones en el mercado de la UE», como por ejemplo reduciendo los umbrales del 25 % de valor añadido y del 60 % de piezas originarias del país a terceros países que eluden los derechos de aduana adicionales de la UE. «Para las empresas y/o países integrados verticalmente, que ejercen un control ampliado sobre su economía, resulta fácil eludir las medidas utilizando un tercer país o estableciéndose dentro de la UE y modificando sus suministros para situarse justo por debajo de estos umbrales», explican, citando el ejemplo de la elusión de medidas antidumping y antisubvenciones sobre el acero inoxidable indonesio a través de jurisdicciones como Taiwán, Vietnam o Turquía. Finalmente, a largo plazo los Estados sugieren «reformas clave» para mejorar el conjunto de instrumentos comerciales del bloque. Entre otras cosas, señalan que se debe abordar mejor «la actividad transnacional de las empresas de países afectados por distorsiones significativas, que están sujetas a medidas de defensa comercial en su país de origen. También proponen estudiar la compatibilidad con las normas de la OMC de una mejora del instrumento antisubvenciones europeo que permita «aplicar derechos compensatorios a nivel de empresa, en lugar de a nivel combinado de país y producto, lo que actualmente puede facilitar su elusión».

A nivel bancario, destacar que la banca española refuerza su récord de contención de la morosidad. 

La morosidad bancaria en España sigue en caída y alcanza su nivel más bajo desde 2008. Según el Banco de España, el total de crédito dudoso se situó a finales de marzo en 32.471 millones de euros, un 17% menos que en el mismo período de 2025. La ratio de créditos de dudoso recobro ha vuelto a reducirse en el mes de marzo, hasta marcar de nuevo mínimos que no se veían desde 2008. Según los datos del Banco de España, publicados esta pasada semana, el total de crédito dudoso se situó a finales de marzo en 32.471 millones de euros, un 17% menos que en el mismo período de 2025, con un reducción de 5.809 millones de euros. Solo en comparación con febrero de este mismo año, la caída es de 492 millones de euros. Con este dato, se consolida un histórico cambio de tendencia en la banca española, que desde hace tiempo está reduciendo las tasas de morosidad, tras muchos años de pésimos datos. Si hace solo unos años España encabezaba la lista -junto con Francia- de los países con más morosidad financiera, ahora puede presumir de que la cuota ha llegado a solo el 2,62%, una cifra que no se alcanzaba desde el estallido de la crisis financiera e inmobiliaria de 2008. Aquel año, el ‘stock’ de préstamos morosos se situó en 31.220 millones. Apenas quedan 1.350 millones de euros para situarse en niveles anteriores a la crisis. A lo largo del último año, la ratio de dudosos acumula una caída de 59 puntos básicos. En marzo de 2025, esta ratio se situó en 3,21%, que ha disminuido hasta 2,62% de ahora. El dato supone nuevamente un mínimo frente a hace 18 años, ya que en agosto de 2008 se situó en el 2,53%.

Por su parte, Sabadell señala que la venta de TSB «implica una reducción de la diversificación geográfica del grupo y una mayor focalización del negocio en el mercado español, con la consiguiente menor presencia internacional». El banco, que en plena opa de BBVA decidió que su sede volviera a Barcelona -trasladada a Alicante tras los disturbios de 2017- reconoce que las entidades con mayor diversificación geográfica «muestran mayor resiliencia ante riesgos idiosincráticos locales«, pero indica que no necesariamente «frente a riesgos sistémicos y globales, que son los predominantes en la actualidad». También comenta como aspecto positivo de salir de Reino Unido que la «creciente divergencia regulatoria del Reino Unido frente a la Unión Europea desde el Brexit«, cuestiona ciertos beneficios de la diversificación derivada de la inversión en TSB. La inestabilidad política en España tras los últimos acontecimientos que afectan al PSOE tendrá que ser tenida en cuenta a la hora de realizar previsiones sobre la economía del país. Además añade que los cambios regulatorios observados en la última década en el mercado británico tiene «impactos notables en la reducción de los márgenes del mercado en que opera TSB».

Por último destaca que la economía española «se encuentra en una situación favorable y con mejores perspectivas de crecimiento económico en comparación con otros países europeos», algo que, sostiene Sabadell, «justifica una reorientación del negocio hacia el mercado doméstico«. El Banco de España, en su informe sobre previsiones económicas para España, publicado el pasado mes de marzo, consideró una revisión al alza del crecimiento del PIB hasta el 2,4% en 2026, frente al 2,2% contemplado en diciembre, de acuerdo con la evolución de la actividad en el último trimestre de 2025 y el primero de este año. El organismo señaló en dicho informe que la actividad económica en España «ha registrado un dinamismo elevado y superior a lo previsto». La demanda interna y, en particular, el consumo privado y la inversión «volvieron a mostrar un notable dinamismo». La contribución del consumo público «fue nula, mientras que el sector exterior aportó negativamente al avance del producto, a pesar de la recuperación de las exportaciones». En cuanto a las previsiones de crecimiento de la economía británica, el Fondo Monetario Internacional ha elevado recientemente sus pronósticos, un 1% este año desde el 0,8% previsto anteriormente, pero advierte que la creciente incertidumbre interna y la inestabilidad política podrían afectar al gasto y a la inversión.Dicha consideración sobre la economía británica, la de los efectos que la incertidumbre interna e inestabilidad política puedan tener sobre el crecimiento, tendrá que ser a partir de ahora tenida en cuenta también en lo que respecta a la economía española, dados los recientes acontecimientos que cercan al PSOE y a varios de sus máximos representantes.

A nivel local, el Principado confía en que la segunda fábrica de Indra «sea una realidad en las próximas fechas». El Gobierno del Principado confía en que las negociaciones entre las empresas Duro Felguera e Indra «lleguen a buen término» de manera que la segunda fábrica de la multinacional del sector de la defensa en Asturias «sea una realidad en las próximas fechas». Así se ha pronunciado esta pasada semana el consejero de Ciencia, Industria y Empleo, Borja Sánchez, quien ha asegurado que la operación, para que Indra adquiera un taller de Duro Felguera en Barros (Langreo), «atañe a conversaciones» entre empresas. «Conocemos perfectamente cómo se está llevando a cabo esa negociación y yo creo que lo que hay que ser es discretos», ha apuntado durante la presentación de un proyecto para la instalación en Asturias de una empresa del ámbito aeroespacial. El titular de Industria ha confiado en que «esas negociaciones lleguen a buen término y que esa segunda fábrica de Indra sea realidad en las próximas fechas». Por otro lado, Sánchez ha señalado que los cambios en el organigrama de Indra, que esta pasada semana nombró a Josep María Recasens como nuevo consejero de la multinacional, tras la dimisión de José Vicente de los Mozos, «no cambia nada la estrategia» que el Gobierno del Principado está siguiendo con la compañía.

Esperemos que así sea, por el bien de la actividad industrial en el Principado de Asturias.

SUSANA ÁLVAREZ OTERO ES CATEDRÁTICA DE ECONOMÍA FINANCIERA Y CONTABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO E INVESTIGADORA VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE. 

Página web: https://www.unioviedo.es/saotero/

Blog personal: https://catedraticasusanaalvarezotero.blogspot.com/