El verano está dejando una conclusión clara. El mercado sigue premiando sin reservas a las compañías capaces de demostrar que las enormes inversiones en inteligencia artificial generan crecimiento rentable y castiga a aquellas que todavía no logran acreditarlo. El movimiento debe interpretarse en el contexto de una semana especialmente intensa. Los semiconductores llegaron a perder más de un 14 % en cinco sesiones, el Nasdaq rebotó en su media móvil de 200 sesiones y la Reserva Federal mantuvo los tipos entre el 3,50 % y el 3,75 %, con tres votos a favor de una subida adicional. En todo caso, los protagonistas vuelven a ser las grandes tecnológicas: Amazon se dispara un 13,2 % tras superar las previsiones con unas ventas superiores a 200.000 millones de dólares y un crecimiento del 37 % en AWS, descontando el efecto divisa. Se trata de su mejor reacción a unos resultados desde abril de 2012 Apple, por el contrario, cae un 9,4 % pese a superar las previsiones de ingresos y ventas de iPhone. Las dudas sobre el negocio de servicios y la evolución en China pesan más que los aspectos positivos y provocan su peor reacción bursátil tras resultados en más de doce años. Un día antes, Microsoft había protagonizado la mayor subida tras resultados desde, al menos, 2001. La compañía avanzó un 15,5 % impulsada por el crecimiento del 43 % de Azure y por un fuerte cierre de posiciones bajistas, después de acumular una caída cercana al 19 % en el año. El hilo conductor de las tres compañías vuelve a ser el gasto en infraestructura de inteligencia artificial.

Yendo a lo que destaco en el titular del blog en el día de hoy, se puede votar desde el móvil cuál será el próximo diseño de los billetes de euro. EL Banco Central Europeo ha abierto una encuesta. Los billetes de euro se preparan para afrontar su primera gran renovación completa desde que comenzaron a circular en 2002. De esta manera, El Banco Central Europeo ha seleccionado diez propuestas de diseño y ha abierto una encuesta pública para que los ciudadanos puedan indicar cuáles son sus favoritas. Se va a poder votar para elegir el diseño de los futuros billetes de euro, hasta el 21 de septiembre. Eso sí, no es una encuesta consultiva: el resultado será tenido en cuenta por el Consejo de Gobierno del BCE, pero no determinará automáticamente el diseño ganador. Pero no deja de resultar curioso el poder participar en la elección de los próximos billetes de euro. Por lo que no dudes en hacer la encuesta del BCE, ya que solo te llevará unos minutos. Para participar, se debe acceder a la página oficial dedicada a las propuestas de diseño de los futuros billetes. A partir de ese momento aparecerán las diez propuestas preseleccionadas, identificadas desde el diseño A hasta el diseño J. Cada una incluye versiones para los billetes de 5, 10, 20, 50, 100 y 200 euros, por lo que se podrá comprobar cómo se adapta una misma idea a todas las denominaciones. Después hay que responder dos preguntas relacionadas con cada diseño. Una vez valoradas las diez alternativas, la encuesta solicita algunos datos demográficos generales, como la edad, el género, el país de residencia o el nivel de estudios. El BCE explica que esta información se utilizará para interpretar las respuestas dentro del conjunto de participantes y que la participación continúa siendo anónima. Y lo cierto es que el proceso es de lo más sencillo y no lleva más de unos minutos hacerlo, incluso desde el móvil. Hay algunos diseños sorprendentes.
En el ámbito de la política monetaria, la inflación escala tres décimas en julio, al 3,5%, impulsada por los combustibles y la electricidad. La subida de los combustibles y la electricidad en julio han sido los principales responsables del repunte de la inflación. En pleno ‘shock’ energético por la guerra en Irán, la inflación encadena cinco meses consecutivos por encima del 3% y toca en julio su pico más alto en más de dos años. En concreto, el índice de precios de consumo (IPC) ha escalado tres décimas el pasado mes de julio, hasta el 3,5% en tasa interanual, según ha publicado el Instituto Nacional de Estadística (INE). Habrá que esperar hasta el 13 de agosto para conocer el dato definitivo, que publicará entonces el instituto estadístico. En junio, el IPC se mantuvo por tercer mes consecutivo en el 3,2%. Por su parte, la inflación subyacente, que excluye de su cálculo la energía y los alimentos por ser más volátiles, se sitúa en el 3%, una décima más que en junio. En términos mensuales (julio sobre junio), el IPC sube un 0,2%, cuatro décimas menos que en junio. Con el incremento de julio, la inflación mensual acumula seis meses consecutivos de alzas. En el comportamiento del IPC en el mes de julio ha influido las subidas de los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos personales y de la electricidad, mayores que en julio del año pasado. «El Plan de Respuesta al impacto de la guerra de Irán en la economía sigue desplegado y está cumpliendo su objetivo principal: amortiguar el impacto del shock externo sobre la inflación y el poder adquisitivo de los hogares», asegura el Ministerio de Economía en su valoración del dato. En concreto, añade, las medidas han contribuido a reducir la inflación en un punto de media en los últimos meses. Dicho de otro modo, el Plan de Respuesta ha amortiguado más de un 60% de la subida de los precios por el shock externo que supone una guerra que el mes pasado parecía resuelta con el supuesto acuerdo al que llegaron EEUU e Irán para poner fin al conflicto, pero que ha vuelto a generar una enorme incertidumbre tras las acusaciones cruzadas de ambos bandos y los ataques que no han cesado.

En el ámbito de la inteligencia artificial, cabe preguntarse quién pagará la mayor ola de inversión de la historia. La nueva tecnología puede terminar siendo tan transformadora como lo fueron internet o la electricidad. En el último año, el entusiasmo del mercado ha ido migrando de un grupo de ganadores a otro: primero las hiperescaladores (las grandes tecnológicas que operan centros de datos a gran escala), después los desarrolladores de modelos, más tarde los fabricantes de semiconductores, los productores de memoria, los operadores de centros de datos y los proveedores de equipos de energía, refrigeración y redes. Sin embargo, en las últimas semanas los fondos de IA de amplio espectro y los índices con mayor peso tecnológico han empezado a perder impulso. El Philadelphia Semiconductor Index (SOX), tras prácticamente duplicar su valor entre el mínimo de marzo y el máximo de finales de junio, entró oficialmente en fase bajista el pasado viernes 17 de julio, al acumular un descenso próximo al 20% desde ese máximo histórico; el índice recuperó parte del terreno perdido al abrirse la semana siguiente, pero el mensaje de fondo no cambia. Que el mercado corrija con esta intensidad no demuestra que el ciclo alcista haya terminado, pero incluso los relatos más sólidos acaban sometiéndose a la disciplina de la valoración y de la generación de caja. La pregunta central, la que todavía nadie ha respondido, es sencilla: ¿quién obtendrá una rentabilidad aceptable sobre la ingente cantidad de capital que se está invirtiendo? Los centros de datos son activos de vida muy larga, pero la tecnología instalada en su interior puede quedar obsoleta con rapidez. Los chips más avanzados son hoy extraordinariamente rentables, pero su vida económica puede acortarse a medida que aparecen procesadores mejores, silicio diseñado a medida y software más eficiente. Por eso los inversores deben distinguir entre la vida contable de un activo y su vida competitiva. Un centro de datos puede mantenerse en pie durante décadas, mientras que los chips que justificaron su construcción pueden quedar comercialmente superados en apenas unos años. La magnitud de la inversión hace que esta pregunta sea cada vez más urgente. El gasto de capital (capex) de las hiperescaladores en 2026 se estima en unos 725.000 millones de dólares, casi el doble que a mediados de 2025, y ese gasto está creciendo más rápido que la generación de caja operativa Esta distinción se ha repetido a lo largo de la historia financiera. El ferrocarril transformó el comercio, pero con frecuencia destruyó el capital de sus inversores. Internet cambió casi todos los sectores, pero muchas compañías de internet compradas cerca de máximos nunca se recuperaron. Benjamin Graham advertía a los inversores contra valorar negocios cíclicos sobre la base de beneficios en su pico. Esa lección es particularmente relevante para los semiconductores. Los beneficios actuales reflejan una escasez excepcional, una demanda urgente por parte de los clientes y un gasto de capital extraordinario. El peligro está en que los inversores capitalicen esos beneficios como si fueran permanentes. Los chips de memoria siempre han sido cíclicos, y hasta los procesadores más avanzados podrían acabar enfrentándose a un exceso de capacidad, a alternativas diseñadas a medida por los propios clientes, a la competencia en precios o a una desaceleración del gasto de las hiperescaladores. Corea del Sur ofrece una advertencia. Su rally bursátil ligado a la IA se concentró de forma extrema en Samsung Electronics y SK Hynix y se vio amplificado por productos de inversión apalancados. Tras un episodio de volatilidad extrema, el regulador anunció restricciones a los nuevos ETFs apalancados sobre acciones individuales y elevó los depósitos mínimos exigidos para negociar con ellos. La intervención regulatoria suele llegar cuando la especulación ya se ha vuelto excesiva. Otra señal de alerta y riesgo para el inversor particular es la concentración oculta. Un ETF del Nasdaq o de crecimiento global puede parecer diversificado y, sin embargo, seguir profundamente expuesto a una única hipótesis: que el capex de IA continuará subiendo y que los líderes de hoy capturarán rentabilidades atractivas de esa inversión. Sin embargo, un desinflado de la operación de IA también generaría oportunidades. Toda burbuja proyecta una sombra: mientras el mercado premiaba a las compañías que se esperaba construyeran la infraestructura de IA, castigaba a los negocios que se esperaba fueran disruptidos por ella. En algunos casos, el mercado puede haber asumido que la IA eliminará industrias enteras, cuando en realidad podría reducir costes, mejorar la productividad y reforzar a los operadores ya establecidos más grandes. El software ha sido la víctima más visible. Cerca del billón (trillion anglosajón) de dólares se esfumaron de las acciones de software y servicios a nivel global durante una breve pero intensa corrección a principios de año, cuando los inversores temieron que los agentes de IA sustituyeran a las aplicaciones tradicionales. Es indudable que algunos productos de software acabarán siendo comoditizados. Pero los sistemas de registro, la nómina, la contabilidad, la fiscalidad, el cumplimiento normativo y el software específico de cada sector no son simples colecciones de código: contienen datos propietarios, controlan flujos de trabajo esenciales y están profundamente integrados en las operaciones del cliente. Es posible que la IA acabe siendo una interfaz más de acceso a estos sistemas, y no su sustituto. La consultoría tecnológica ha sufrido por la creencia de que la IA reducirá la necesidad de programadores y de equipos de implementación. En la práctica, las grandes compañías siguen necesitando ayuda para depurar datos, integrar sistemas heredados, controlar riesgos de ciberseguridad y rediseñar procesos de negocio. La primera fase del boom de la IA consistió en comprar capacidad de cómputo. La siguiente fase podría consistir en hacer que esa capacidad resulte útil, lo que podría desviar el gasto desde el hardware hacia la implementación, la integración y la consultoría. Las compañías de recursos humanos también han sido tratadas como perdedoras estructurales, bajo la premisa de que la IA eliminará puestos de trabajo. El cambio tecnológico eliminará, en efecto, algunos roles, pero también genera desajustes entre las competencias que las empresas tienen y las que necesitan. Es posible que aumente la demanda de especialistas en ciberseguridad, ingenieros de datos, profesionales de gobernanza de la IA y trabajadores temporales contratados durante las transiciones corporativas. Las empresas de selección de personal siguen siendo cíclicas, pero el mercado podría estar infravalorando su papel en la reasignación de mano de obra a medida que las compañías se adaptan. Las compañías de atención al cliente y de externalización de procesos de negocio (BPO) representan una versión más arriesgada del mismo argumento. La IA automatizará las interacciones sencillas, pero los problemas complejos de los clientes, los procesos regulados y las transacciones sensibles probablemente seguirán requiriendo intervención humana. La oportunidad, por tanto, no consiste simplemente en apostar contra la IA. Consiste en separar la adopción tecnológica de la rentabilidad de la inversión. Es posible que los mayores beneficios económicos terminen fluyendo hacia las compañías que usan la IA de forma barata, y no hacia las que más gastan en construirla. Los negocios con datos propietarios, determinadas compañías de software, los consultores tecnológicos, las firmas de selección de personal, las agencias de publicidad y otras presuntas víctimas podrían resultar considerablemente más resilientes de lo que sugieren sus valoraciones actuales. En nuestras carteras, julio de 2026 ha sido uno de nuestros meses de mejor rentabilidad relativa, a medida que el complejo de la IA se ha corregido y las acciones de valor han atraído capital. Un solo mes no establece una rotación duradera. Aun así, podría estar indicando que el mercado empieza a redescubrir flujos de caja olvidados fuera de la operación de IA. El estallido de una burbuja no destruye la tecnología subyacente. Destruye las expectativas excesivas. Para el inversor paciente, la oportunidad más interesante quizá no sea encontrar al próximo ganador de la IA, sino identificar negocios sólidos que el mercado, prematuramente, dio por perdedores de la IA.

Cambiando de tercio, el Tribunal de Cuentas destapa un agujero de 500 millones en activos financieros de empresas públicas. Renfe es una de las compañías afectadas por el sobrepago. Entre las afectadas por los pagos millonarios por cubrirse frente a una subida de tipos que no se dio están ADIF, Aena, Renfe o Navantia. El Tribunal de Cuentas ha destapado un perjuicio económico de 490 millones de euros en varias empresas del sector público estatal por la contratación de derivados financieros entre los años 2016 y 2023, según hizo público en un informe de fiscalización. En dicho documento, el organismo examina los derivados financieros mantenidos por entidades del sector público empresarial estatal no financiero en dicho período. En concreto, ha fiscalizado a doce entidades públicas que representaban más del 90 % de estos productos. Las compañías supervisadas son el Canal de Navarra, ADIF, ADIF Alta Velocidad, Aena, Renfe Operadora, las autoridades portuarias de Valencia, Castellón y Las Palmas; Acuaes, Acuamed, Enresa y Navantia. Diez de estas empresas mantenían swaps vinculados a préstamos a tipo variable. El objetivo de esos swaps era el de actuar como una especie de seguro para las empresas públicas, de manera que pudieran cobrar si el índice de referencia sobre el que se sostenían, en este caso el euríbor, subía de manera imprevista. Sin embargo, durante buena parte del período fiscalizado, los tipos se mantuvieron bajos o negativos, lo que hizo que las empresas tuvieran que pagar unos intereses netos asociados a esos swaps por importe de 401 millones, de los que 383 correspondieron a la rama a tipo fijo y 18 millones a la rama a variable.
En otro orden de cosas, cabe preguntarse qué sueldo hay que tener para ser clase media en España: estos son los nuevos umbrales. El nivel de ingresos es uno de los factores más utilizados para establecer si una persona forma parte de una clase u otra, pero también influyen otros aspectos como el nivel educativo o el lugar de residencia. Saber si una persona pertenece a la clase baja, media o alta no tiene una respuesta única. Influye el nivel de ingresos, pero también otros aspectos como el patrimonio, la estabilidad laboral, el nivel educativo o el lugar de residencia. Aun así, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera clase media a los hogares cuyos ingresos se sitúan entre el 75% y el 200% de la renta mediana del país. La Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondiente a 2023 marca como salario mediano en España los 28.049,94 euros brutos anuales. Basándose en estos datos, Abanca ha marcado unos umbrales orientativos sobre los ingresos que debería tener una persona para pertenecer a un grupo u otro:
- Clase baja: menos de 21.037 euros brutos al año, aproximadamente 1.425 euros netos al mes.
- Clase media: entre 21.037 y 56.099 euros brutos anuales, lo que equivale aproximadamente a entre 1.425 y 3.260 euros netos mensuales.
- Clase alta: más de 56.099 euros brutos al año, es decir, por encima de unos 3.260 euros netos mensuales.
Pero el sueldo no lo es todo, ya que pertenecer a la clase media no depende exclusivamente del salario. La estabilidad laboral, ser propietario de una vivienda, el nivel educativo, la capacidad de ahorro o el acceso al ocio y a determinados servicios también forman parte de los indicadores que tradicionalmente se utilizan para definir la posición económica de una persona o de un hogar.

A nivel local, destacar que Oviedo y Gijón, entre las ciudades en las que más se puede regatear el precio de los pisos. Si bien la mayoría de las comunidades autónomas españolas ha experimentado un notable encarecimiento del mercado inmobiliario en los últimos años, la estadística evidencia que Asturias encadena un largo periodo de subidas sostenidas en el coste de los inmuebles, con un encarecimiento acumulado superior al 15% en la última década. Esta tendencia continuada ha convertido el acceso a la vivienda en una problemática social de primer orden para los ciudadanos, afectando con especial severidad a los jóvenes que buscan independizarse. Sin embargo, las principales ciudades asturianas se cuentan entre las que es más fácil regatear y renegociar el precio final, hasta el punto de rebajar en un tercio el importe definitivo alcanzado en la compraventa de una vivienda. Oviedo destaca en el mapa nacional con un sobreprecio de salida del 29%, situándose entre las capitales donde los vendedores inflan más sus pretensiones iniciales respecto al valor acordado en la firma, lo que supone un descuento efectivo de entre 300 y 570 euros por metro cuadrado. Por su parte, Gijón registra una diferencia media del 21% entre el coste de salida publicado y el precio notarial; ambas ciudades se encuentran entre las que más se puede rebajar el precio final en una negociación. Esta constante disparidad entre las expectativas del vendedor y la realidad económica final responde a diversos factores sociológicos y dinámicas del mercado general. Tras fases prolongadas de incrementos acumulados en el sector inmobiliario, muchos propietarios tienden a mantener una inercia alcista e introducen sus viviendas en el mercado a precios de partida desproporcionadamente elevados. Sin embargo, estas aspiraciones chocan directamente con los límites financieros de los compradores, cuya capacidad adquisitiva y acceso al crédito fijan un límite a menudo infranqueable. A esto se suma la estrategia comercial de algunas agencias inmobiliarias, que aceptan valorar de inicio las viviendas por encima de su precio real para captar el encargo de los propietarios, asumiendo que el ajuste terminará produciéndose de forma inevitable durante el proceso de negociación. En el caso concreto asturiano, la amplitud de esta brecha obedece a razones vinculadas a la propia estructura de su oferta. Un elemento determinante es que la vivienda de segunda mano se erige como el principal motor del mercado en el Principado, con repuntes interanuales en las operaciones que contrastan con la caída de la obra nueva. Al tratarse mayoritariamente de pisos usados y con cierta antigüedad en concejos como Oviedo, Gijón o Avilés, los compradores utilizan las futuras obras de reforma y el encarecimiento de los materiales para exigir descuentos sustanciales sobre la oferta inicial. Además, mientras los vendedores lanzan «globos sonda» al fijar sus anuncios basándose en las subidas históricas de la última década, la demanda real luego puede forzar a los propietarios a reajustar sus pretensiones para evitar que los inmuebles permanezcan estancados durante meses en los portales. A escala nacional, esta situación dibuja un panorama profundamente polarizado en España. Por un lado, coexisten grandes mercados altamente tensionados y con acusada escasez de oferta (como Madrid, Barcelona o Bilbao) donde la diferencia entre el precio publicado y el firmado apenas oscila entre el 1% y el 11%, dejando un margen de maniobra residual al comprador. Por otro lado, la amplia mayoría de las ciudades medias del mapa peninsular, entre las que destacan de forma muy pronunciada las asturianas, ofrecen un escenario diferente, donde el precio del anuncio no constituye un importe cerrado, sino únicamente un punto de partida a partir del cual el comprador dispone de un amplio recorrido de negociación.
Por otro lado, Indra pondrá en marcha en As Pontes una planta de producción de vehículos militares. La planta de vehículos militares se instalará en una parcela que pertenecía a Hierros Añón. La compañía ha adquirido unos terrenos de más de 50.000 metros cuadrados para levantar su fábrica, en la que invertirá 18 millones de euros y generará entre 70 y 120 empleos directos Indra pondrá en marcha una nueva fábrica de vehículos militares en As Pontes, en la provincia de A Coruña, con la que el gigante tecnológico español da un paso adelante en la creación en el norte de España de uno de los mayores polos industriales de plataformas terrestres de Europa. La compañía ha adquirido unos terrenos de más de 50.000 metros cuadrados, con una superficie construida de casi 15.000, para implantar esta nueva instalación, a la que destinará una inversión de alrededor de 18 millones de euros. La parcela se encuentra en el polígono de Penapurreira y pertenecía desde el año 2018 a la empresa Hierros Añón. La fábrica generará en Galicia entre 70 y 120 empleos directos de alta cualificación, además de numerosos puestos de trabajo indirectos en la cadena de suministro, proveedores y servicios asociados. La instalación se sumará al centro de producción de Indra en Gijón, elevando la superficie industrial construida con la que cuenta la división especializada en vehículos terrestres, Indra Land Vehicles, hasta los 40.000 metros cuadrados, cifra que podría alcanzar los 55.000 metros cuadrados con la incorporación de una tercera planta en el corredor norte aún en proceso de selección. Está previsto que el centro de As Pontes asuma la integración de los vehículos anfibios de combate, vehículos lanza-puentes y sistemas de artillería sobre ruedas que Indra desarrollará para las Fuerzas Armadas españolas. Este centro contará con capacidad para integrar, probar, validar y poner en servicio estos sistemas, así como con nuevas capacidades industriales para abordar programas de alta complejidad y una pista de pruebas propia que contribuirá a acelerar su ejecución y entrega. Josep María Recasens, consejero delegado de Indra Group, afirmó: «Lo que estamos construyendo en el corredor norte es mucho más que una ampliación de nuestra capacidad productiva. Estamos desarrollando una nueva generación de fábricas diseñadas desde cero para integrar digitalización avanzada, automatización e inteligencia artificial, con el objetivo de situarlas entre las más eficientes y competitivas de Europa. La compañía informa que los planes pasan por disponer de una base industrial capaz de garantizar entregas mucho más rápidas, más fiables y competitivas que las existentes actualmente en el mercado. En el último año, Indra Group ha impulsado la creación de un gran número de centros industriales, «demostrando su compromiso con el fortalecimiento de la industria de defensa española y europea». Solo en el ámbito de la fabricación de vehículos en el corredor norte, Indra dispondrá de capacidad de integración y producción de alrededor de 500 unidades al año, lo que convierte a esta región en uno de los mayores polos industriales especializados en plataformas terrestres de Europa. La iniciativa se enmarca, a su vez, dentro de un plan más amplio de Indra para reforzar su huella industrial en todo el territorio, siguiendo los tres corredores o ejes definidos por el Ministerio de Defensa en su estrategia industrial. En este sentido, la compañía contempla multiplicar su superficie productiva, pasando de unos 36.000 metros cuadrados a más de 154.000, mediante una inversión superior a 200 millones de euros y la creación de más de 1.000 empleos industriales directos y 1.400 puestos de trabajo de ingeniería y alta cualificación. Indra es la multinacional española de referencia en el sector de la defensa y una de las principales compañías globales de defensa, tráfico aéreo y espacio.
Con esta buena noticia empresarial, le deseo muy feliz descanso estival, amable lector. ¡Hasta pronto!
SUSANA ÁLVAREZ OTERO ES CATEDRÁTICA DE ECONOMÍA FINANCIERA Y CONTABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO E INVESTIGADORA VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE.
Página web: https://www.unioviedo.es/saotero/
Blog personal: https://catedraticasusanaalvarezotero.blogspot.com/