La inflación superando el 4%

En esta pasada semana nos hemos encontrado con la noticia de que el BCE admite que tendrá que subir los tipos de interés más de lo que creía y no solo para contener la inflación: la economía de Europa resurge cuando nadie lo esperaba. El Banco Central Europeo (BCE) está empezando a allanar el terreno para lo que viene. Los precios, medidos a través del IPC armonizado (el cálculo que hace Eurostat para el conjunto de la eurozona), podrían mantenerse por encima del 2% durante más tiempo de lo previsto. Ya son pocos los que ven una salida limpia y sostenible en Ormuz (por donde pasaba un tercio de todo el petróleo del mundo), mientras que los certeros ataques de Ucrania a refinerías rusas también complican la normalización de los precios en los combustibles refinados. Mientras tanto, la ‘cantinela’ de esta situación es insostenible y ya empiezan a escucharse en varios sectores (agricultura, ganadería, transporte, etc.) quejas al ver cómo los combustibles, fertilizantes, piensos, mano de obra, etc. se disparan, lo que provocará más pronto que tarde los efectos de segunda ronda que elevarán aún más el precio en buena parte de la cesta. Con este panorama de inflación de costes, solo faltaba que de repente se avivase lo que se conoce como inflación de demanda (producto de un mayor crecimiento económico, consumo e inversión). Ahora el BCE empieza a temer que esto ocurra. Las subidas de tipos llegarán para contener la inflación, pero también porque la economía de la zona euro parece mostrar más resistencia de lo que se creía. La alemana Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, conocida por ser la ‘batuta intelectual’ de los conocidos como halcones del organismo (defienden una política monetaria más restrictiva), ha afirmado que los tipos de interés deben seguir subiendo, ya que el prolongado conflicto en Oriente Medio y la sorprendente resiliencia de la economía de la eurozona plantean riesgos al alza para la inflación. Es probable que el crecimiento de los precios al consumidor supere el 2% durante un periodo prolongado debido a los elevados costes energéticos, ha declarado la funcionaria alemana. Actuar solo cuando esto se refleje en los salarios dejaría a los responsables políticos rezagados, ha advertido. Con el tipo de interés oficial actual, es improbable que la inflación vuelva al objetivo a medio plazo, por lo que será necesario un mayor ajuste según Schnabel. A las puertas de la nueva reunión de política monetaria del BCE en septiembre, las cartas son las siguientes. Aunque todavía no se ha registrado un preocupante contagio del shock energético post-Irán a la inflación subyacente (excluye elementos más volátiles como energía o alimentos), el IPC se situó en un elevado 2,9% interanual en julio que excede en casi un punto el objetivo del banco central y en un momento en el que las tensiones en torno Irán han vuelto a recrudecerse. Al mismo tiempo, el crecimiento del bloque del euro ha aguantado bastante bien el embate energético, con una expansión del PIB del 0,4% inter-trimestral en el segundo trimestre. Incluso excluyendo los datos de Irlanda, que habitualmente distorsionan la cifra global por la presencia de grandes corporaciones globales en el país, el repunte fue de un meritorio 0,3%. Con estas coordenadas de inflación y crecimiento, empieza a ser una apuesta más que seguro que el BCE subirá de nuevo los tipos en septiembre en 25 puntos básicos hasta alcanzar la tasa de depósito un 2,5%.

Por otro lado, la economía de Europa resurge. Los datos económicos de la eurozona siguen sorprendiendo positivamente. La gran sorpresa reside en la resiliencia de la economía de la eurozona ante el aumento de los precios de la energía este año. De hecho, Schnabel ha sugerido que, en la reunión de septiembre, el BCE podría tener que interpretar los riesgos para el crecimiento al alza. Estas declaraciones deberían consolidar las expectativas de una subida de tipos de 25 puntos básicos, hasta el 2,5%, en la reunión de septiembre, y probablemente mantengan la previsión del mercado de otra subida de 25 puntos básicos a principios del próximo año. Para muestra, un botón. Los últimos datos de PIB de Alemania, la mayor economía de la eurozona, han sorprendido positivamente con un 0,3% inter-trimestral entre abril y junio que ha superado la estimación preliminar. Con más empuje de las exportaciones pese al incierto escenario global que por las mediáticas inversiones todavía de Berlín en defensa e infraestructura, la recuperación del doliente coloso teutón para coger tracción y a eso no puede ser ajeno el BCE. En este contexto de mayor crecimiento en Europa, la confianza en una nueva subida de tipos de interés por parte del BCE en su reunión de septiembre ha aumentado aún más.

Yendo a lo que destaco en el titular del blog, es que la inflación alcanzará y superará el 4% en agosto por primera vez desde abril de 2023.  Los españoles tienen presente aún el último periodo inflacionista, en el que sus bolsillos experimentaron una pérdida de poder adquisitivo de la que la mayoría aún no se han recuperado. Todavía la evolución de los precios está lejos de igualar su comportamiento en 2022, si bien, después de cinco meses en los que la guerra de Irán ha impulsado el indicador de inflación, los expertos advierten que el IPC puede cerrar el mes de agosto por encima del 4%, una cifra no anotada en tres años. Este repunte viene dado por el precio de los productos energéticos, fundamentalmente por los combustibles y lubricantes para vehículos personales. Su crecimiento en el mes de julio obligó al Gobierno a dar marcha atrás en la retirada progresiva de las ayudas aprobadas a inicios de año y recuperar la bonificación de 20 céntimos por litro. El bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques a refinerías de países de la región, así como a las ubicadas en Rusia, han mantenido la presión sobre la gasolina y el diésel en agosto. La situación internacional se ha reflejado en el IPC español, que ha pasado de indicar un incremento interanual de los precios del 2,3% en febrero a un 3,6% de julio, según el último dato publicado por el INE. La previsión es que la cifra recoja un nuevo incremento de los precios que superaría el 4%. La presión procede de los precios energéticos, en ese momento (la pandemia) era una disrupción generalizada de la cadena de suministros como consecuencia del desconfinamiento y compuestos atacados y tráfico marítimo desorganizado que generó un encarecimiento generalizado de todo tipo de costes, en este caso, está más concentrada. Si bien, a medida que los incrementos se extienden, el país pierde competitividad de cara al turismo. A finales de marzo, el Banco de España ya advirtió que la inflación podría ascender al 6% al cierre de 2026 si se extendía el conflicto en Oriente Medio.

Pasando a otras cuestiones domésticas, la economía de España cae por debajo de México y Australia y queda fuera de los 12 países con mayor PIB del mundo. Según el FMI, España no volverá al top 12 de las grandes economías. México disfruta de un fuerte crecimiento demográfico y Australia de su divisa. España se coló en 2025 entre las 12 economías más grandes… por poco tiempo. La economía de España se ha convertido en el gran motor de crecimiento de Europa desde 2021 a esta parte. La potente expansión del PIB copa titulares en la prensa nacional e internacional. La economía crece al calor de un fuerte crecimiento demográfico, producto de la llegada de alrededor de 500.000 inmigrantes cada año, que alimentan un mercado laboral hambriento de mano de obra. Tras la pandemia del covid, el mundo modifico sus preferencias y patrones de consumo. De una economía de bienes se pasó a una mucho más intensiva en servicios, lo que dejó a España en una posición privilegiada para crecer y crear empleo. Así, la intensa demanda nacional e internacional de servicios como el turismo, la hostelería, actividades de ocio… han ayudado a que el PIB supere por primera vez en la historia los 2 billones de dólares. Sin embargo, la economía de España ha vuelto quedar fuera de las 12 economías más grandes del mundo en la última revisión del Fondo Monetario Internacional, donde México (con una demografía más favorable) y Australia (con una economía más sofisticada, una divisa que se ha apreciado frente al euro y ayudada por el boom de las materias primas) han vuelto a superar a una España que queda relegada a la decimocuarta posición del ranking global. Según los datos del FMI, la economía de España cerrará 2026 con un PIB de 2,09 billones de dólares, por detrás de los 2,12 billones de México y los 2,123 billones de Australia.  La clasificación se mantendrá así por poco tiempo, puesto que el FMI prevé que México supere a Australia en 2027 para auparse en la decimosegunda posición, mientras que España quedará relegada a la decimocuarta hasta 2030, fecha en la que concluye la proyección del fondo.

En otro orden de cosas, se ha producido un golpe mundial de Interpol a las redes de estafas financieras por internet. La operación ‘Jackal IV’, que aún mantiene muchas investigaciones abiertas, movilizó a fuerzas policiales de 22 países para seguir el rastro del dinero, desmantelar las redes y localizar a sus principales responsables. Una operación internacional contra las redes del crimen organizado de África Occidental responsables de grandes estafas financieras por internet se saldó con 58 detenidos y 263 sospechosos identificados, informó Interpol en un comunicado hecho público esta pasada semana. La operación Jackal IV, coordinada por la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) durante ocho meses, entre noviembre de 2025 y junio de 2026, movilizó a fuerzas policiales de 22 países, entre ellos Argentina, Italia, Rumanía, Sudáfrica o España, para seguir el rastro del dinero, desmantelar las redes y localizar a sus principales responsables. Las redes de África Occidental, entre ellas ‘Black Axe’ y otros grupos similares, están detrás de una parte importante de las estafas financieras cometidas por internet en todo el mundo, indicó Interpol, con sede en Lyon (sureste de Francia). Sus métodos incluyen los llamados fraudes románticos, falsas inversiones y operaciones con criptomonedas, así como el denominado fraude del correo electrónico empresarial, además de otros delitos graves y violencia. La operación permitió desmantelar redes en Argentina, Sudáfrica, Italia y Rumanía. En Argentina, la operación permitió detener a 17 personas e identificar a otras 196 vinculadas a una red de «crimen como servicio», que ofrecía a organizaciones criminales de África Occidental herramientas y servicios necesarios para delinquir, como dominios de internet y mecanismos para blanquear capitales. En Sudáfrica, la operación se centró en una red que estafaba a jubilados de países de habla inglesa mediante falsas relaciones sentimentales y supuestas inversiones. Allí hubo 39 detenidos, 257 cuentas bancarias fueron bloquedas y se incautaron 2,67 millones de dólares. En Italia, Interpol detectó una red europea de blanqueo que utilizaba sociedades pantalla, servicios de envío de dinero y retiradas de efectivo para ocultar el origen de los fondos. Una sola cuenta bancaria canalizó 845.000 euros a través de 560 operaciones y para borrar pistas utilizó 20 instrumentos financieros diferentes. Rumanía desmanteló otra trama de grandes dimensiones que ofrecía falsas inversiones en acciones y criptomonedas a través de un centro de llamadas y que habría robado y blanquedado 143 millones de euros en todo el mundo. Once personas fueron detenidas y se incautaron unos 330.000 euros en efectivo y criptomonedas, seis inmuebles y varios relojes de lujo.

Una cuestión importante para nuestro país: el número de personas que ni trabajan ni buscan un empleo supera los 17,4 millones. La prolongación de los estudios y el aumento de población jubilada lo impulsan. La transformación que está experimentando el país en el plano social y en el demográfico también se hacen notar en una de las estadísticas que más desapercibida pasa dentro del INE: la población inactiva. El número de personas que no tienen trabajo ni buscan encontrarlo ha crecido en la última década más que el de parados u ocupados y al inicio de 2026 supera los 17,4 millones, de acuerdo con la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE. Esta variable recoge a todas las personas con más de 16 años y por tanto, en edad de trabajar, que se encuentran en esta situación. Por eso, el aumento de la población que tiene más de 65 años es uno de los factores que más contribuye a explicar este fenómeno, junto al hecho de que la etapa formativa de los jóvenes cada vez se extiende por más años y que, sobre todo los menores de 19 años, no se plantean dejarlos por comenzar en un empleo. El grupo de las personas que superan los 70 años es el más mayoritario y supera los siete millones, sin embargo, el mayor incremento porcentual de la última década se da entre los más jóvenes. Ahora hay un 23% más de chicos y chicas con edades comprendidas entre los 16 y 19 años que al ser encuestados por Estadística responden estar fuera del mercado laboral. Una variable que responde a la reducción que ha experimentado el abandono escolar tras la crisis financiera de 2008. No obstante, al poner el foco en la evolución experimentada en el último año, la cohorte que muestra un mayor incremento es la de los jóvenes con edades comprendidas entre los 25 y los 29 años. Son un 12% más que los anotados entre enero y marzo del 2025, casi 470.000 y la mayoría de ellos explican que están cursando estudios superiores. Este avance gana mucha distancia a cualquier otro tipo de variación, ya que los mayores de 65 años solo aumentan un 4% en este año. El sondeo elaborado de forma trimestral por el Instituto Nacional de Estadística no desgrana más esta información, pero los datos parecen apuntar a que se trata de perfiles que han terminado una carrera universitaria y están cursando un título de Máster o posgrado. El motivo es que 41.000 de ellos se declaran como desanimados, una etiqueta que utiliza la EPA para señalar a las personas que estarían dispuestas a empezar a trabajar pero que no lo buscan activamente. Esta cifra solo se ve superada en la franja de edad que va de los 55 años en adelante, etapa previa a la jubilación en la que se concentra el desempleo de larga duración. Esta situación también se refleja entre los que se califican como desanimados, puesto que dejaron de buscar de empleo por perder la esperanza de encontrar uno. Más de 125.000 afirmaban estar disponibles si surgía un empleo y 63.000 haber abandonado la búsqueda por desánimo. Todo ello compone la otra cara de la moneda del crecimiento que está experimentando la población española, que podría llegar a los 50 millones de personas antes de que termine la década, gracias a unos flujos migratorios por el momento compensan la caída de la natalidad. La tasa de actividad española se mantiene ligeramente por debajo de la media europea, 74,9% frente al 75,6% arrojado por Eurostat. No obstante, el organismo estadístico de la Unión Europea excluye a los mayores de 65 años a la hora de aportar esta variable, por lo que el problema se concentra en la población que estando cerca de alcanzar la edad de jubilación se ha visto expulsada del mercado laboral. Este mismo año, España ha alcanzado por primera vez los 35 millones de personas que trabajan o que buscan un puesto de trabajo, es decir, activas. Un hito alcanzado a comienzos del ejercicio en un contexto de empleo récord, con más de 22 millones de ocupados y en el que el desempleo se sitúa, en promedio, en los niveles de 2008. La llegada de más de medio millón de inmigrantes al año en los últimos años ha contribuido a llegar a esta cifra, que en los próximos meses se verá engrosada por el proceso de regularización de inmigrantes llevado a cabo a las puertas del verano. Desde 2022, la incorporación de mano de obra extranjera ha sido clave para la economía española, hasta el punto de explicar la mitad del crecimiento del PIB en los últimos tres años, según Funcas. Estas personas han permitido cubrir las demandas de trabajadores que tenían las empresas y ensanchar el potencial productivo del país, no obstante, el envejecimiento de la población tanto nacional como extranjera persiste como uno de los principales problemas que condicionarán el desempeño de la economía. Es por ello que el Gobierno ya ha anunciado que pondrá en marcha un nuevo plan de choque dirigido al desempleo juvenil y de larga duración, con el objetivo de movilizar a estos parados hacia la economía activa y evitar que puedan acabar desanimados o dejen de buscar un empleo de forma activa.

A nivel bancario, destacar que la gran banca echa la persiana a otras mil sucursales, el 40% en España. La banca española ha cerrado el primer semestre de 2026 con unos resultados récord de 20.164 millones de euros, un 18% más. Sin embargo, aunque el foco ha estado puesto en los beneficios, hay una tendencia que se mantiene y que también reflejan las cifras: el sector sigue manteniendo el rumbo, aligerando sus plantillas y reduciendo su red de oficinas. Respecto a la gran infraestructura de los seis grandes grupos españoles —Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja—, en el primer semestre redujeron el 5,44% de toda la red que tenían estas entidades. Estamos hablando de 1.094 oficinas menos en sus redes globales, aunque España ha sido uno de los mercados donde más se ha dejado sentir la reducción. En el país ibérico se han recortado unas 440 oficinas. Algo muy parecido a lo que ocurre con el empleo de las seis grandes firmas bancarias del Ibex 35. En este caso, se han destruido 6.881 puestos de trabajo netos entre todas a nivel global, lo que corresponde a un descenso del 1,73%, una cifra ostensiblemente menor que la del cierre de oficinas. Además, en el caso de España —quitando Santander, que no ofrece datos por país hasta el cierre del año—, se ha producido precisamente un leve saldo positivo en las plantillas. En cualquier caso, estas cifras suponen una aceleración en los recortes en ambos frentes frente a los movimientos que se dieron en el primer semestre de 2025. En aquel entonces ya se habían destruido unas 944 oficinas, pero se destruyeron 1.147 empleos, muchos menos. En el caso del Santander, el motivo de los cierres de oficinas y de una plantilla más ligera es el enfoque del banco hacia la rentabilidad y la digitalización. Según su plan estratégico, la empresa busca mejorar su ratio de eficiencia hasta el 36%, desde el 42,8% actual. Para ello se ha encomendado al programa ONE Transformation, mediante el que quieren automatizar y simplificar procesos a escala, «al tiempo que impulsamos estructuras más ligeras y ágiles», comenta en sus informes financieros la firma. En oficinas, España es donde más se ha notado el cierre, con una reducción del 15,4% en su red, que la ha dejado en 1.458. Respecto a la red, el banco está inmerso en un proceso de reestructuración de su modelo de sucursales, cambiando las oficinas más pequeñas por sus hubs comunitarios y Work Cafés. En el caso de las oficinas de BBVA, en el país ibérico se ha reducido desde las 1.879 hasta las 1.865. Los empleados han caído muy ligeramente en el caso de España hasta los 29.206 (un 0,2%). Estas cifras se dan incluso cuando BBVA ha puesto en marcha un proceso de salidas voluntarias en el primer trimestre, por el que ha disminuido su plantilla en 750 personas. En el caso de CaixaBank, el número de empleados ha aumentado en 627 en España, 253 en Portugal y el resto en el conjunto de sus otros mercados. En el caso de las oficinas, la situación fue relativamente estable, con 24 cierres en España y cinco nuevas aperturas en Portugal. Por su parte para Sabadell cabe destacar que la entidad se ha desprendido de TSB, que cuenta con una plantilla de 4.600 personas y 175 oficinas. Sin embargo, la comparativa se ha realizado sin contar la firma, ahora propiedad de Santander.

A nivel local, destacar un par de cuestiones. La primera es la alerta de los constructores asturianos: hacen falta 8.000 trabajadores. La falta de personal se ha convertido en una de las grandes dificultades para muchos sectores y la construcción es uno de los ámbitos donde esa carencia se hace más visible. En Asturias, la patronal CAC-Asprocon calcula que hacen falta 8.000 trabajadores para cubrir las necesidades del sector, en un momento en el que la actividad ha recuperado parte del empleo perdido durante la crisis, pero todavía está lejos de los niveles que alcanzaba antes de aquella caída. La falta de mano de obra cualificada sigue siendo señalada por los empresarios como un problema importante, al que se suma la ausencia de relevo generacional. Los datos de evolución de la construcción en Asturias hasta junio de 2026 permiten poner esa necesidad en contexto. El sector suma actualmente 12.248 trabajadores vinculados al Convenio Colectivo de Trabajo para la Construcción y Obras Públicas del Principado de Asturias. Si se suman las personas vinculadas al sector, pero sujetas a otros convenios, el número se eleva a 28.129. La cifra supone un avance respecto a los últimos años, pero representa todavía una parte reducida del volumen de empleo que tenía el sector en 2007, cuando se contabilizaban 30.896 trabajadores en el convenio y 50.482 en total. El descenso entre los trabajadores dentro del convenio fue especialmente acusado durante los años de la crisis. La patronal ha defendido precisamente la necesidad de atraer talento y formar a más profesionales para responder a las necesidades de la construcción.

Por otro lado y para cerrar esta entrada una mala noticia: Asturias tiene la mayor deuda media por impagos del alquiler en España. Asturias registró en el segundo trimestre de 2026 el mayor coste medio por impago del alquiler en España, con una deuda acumulada de 4.629 euros por expediente, según el informe trimestral elaborado por la Sociedad Española de Alquiler Garantizado (SEAG). En contraste con el elevado volumen económico de las deudas, la comunidad asturiana se situó entre las más rápidas del país en la recuperación de los inmuebles, con un plazo medio de 236 días desde la primera falta de pago. A escala nacional, el estudio refleja que el 81,9% de los conflictos por impago en el mercado del arrendamiento se resuelven mediante acuerdos amistosos o entregas voluntarias de la vivienda, frente al 18,1% que requiere vía judicial. Asimismo, el informe sitúa la deuda media del país en 3.022 euros y fija el tiempo medio de restitución de las propiedades en 380 días, con importantes variaciones entre comunidades autónomas.

SUSANA ÁLVAREZ OTERO ES CATEDRÁTICA DE ECONOMÍA FINANCIERA Y CONTABILIDAD DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO E INVESTIGADORA VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE. 

Página web: https://www.unioviedo.es/saotero/

Blog personal: https://catedraticasusanaalvarezotero.blogspot.com/